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domingo, 26 de marzo de 2023

RRR

RRR (S. S. Rajamouli, 2022)

 


Hacer una película de tres horas que no aburra en ningún momento es meritorio. Hacer que una película india de tres horas de duración, contando una historia acerca de los horrores del colonialismo británico en India, en forma de aparente película de aventuras clásica, pero que a la vez toque prácticamente TODOS los géneros, incluyendo un número musical larguísimo, y se divida claramente en tres películas distintas que están dentro de la misma historia, sin que haya prácticamente nadie en occidente hablando mal de ella, es para coger a sus creadores y que les den la presidencia del país, sinceramente.

Nos presentan al inicio de la película las tres Rs del título: el detonante de la historia (el episodio de robo de una niña de un poblado hindú a manos de unos despiadados colonos ingleses) y los dos protagonistas reales: un soldado hindú en el ejército británico que no para de intentar hacer honores, incluso enfrentándose él solo a una turba en una escena cuya coreografía deben envidiar desde la Marvel, para que el racismo lleve a que esos honores se les otorguen a los cobardes británicos; y el encargado de rescatar a la raptada, una especie de guía/protector de la tribu, que se nos presenta cazando, con una trampa y sus propios brazos, a un enorme tigre de bengala. El destino de ambos se une cuando se promete un ascenso a cualquiera que encuentre a la especie de semidios que la inteligencia británica sabe que ha venido a rescatar a la niña, lo que supone la única oportunidad para el soldado que de otra forma nunca logrará esos honores que desea, y que empezará a buscar un fantasma sin saber, llegado el momento, que ambos se han encontrado mucho tiempo antes en la propia película, mientras salvaban a un niño de un incendio en el río (sí) haciendo ambos de Tarzán desde un puente (sí). 

Su compenetración y su propia amistad, casi en los términos de cualquier bromance de comedia adolescente americana, evitará que se den cuenta de quiénes son el uno y el otro, ayudándose involuntariamente desde a conseguir pareja, a otros aspectos necesarios para el plan de ambos, negando indicios evidentes de la realidad y todo para que, finalmente, termine triunfando la traición en una secuencia (la del asalto al palacio) que es una barbaridad en todo (extras, fuego, animales salvajes matando casacas rojas, los protagonistas haciendo de Spiderman...). A partir de ahí, cambia la secuencia, cambia el estilo (como ya había cambiado cada dos escenas) y empezamos a entenderlo todo mucho mejor, incluyendo al traidor. 

RRR huye como de la peste de la profundidad, y es uno de sus grandes aciertos. Huye hasta el punto en que parece deliberado que siendo capaces de desarrollar la trama de forma tan sutil en algunos momentos, los personajes sean tan planos y estereotipados, las subtramas sean tan ramplonas (el racismo inglés se subraya a base de los mismos personajes con las mismas interacciones en distintos momentos de la película). Es como si hubieran decidido que nada tenía importancia más allá del desarrollo de la historia y, sobre todo, la espectacularidad de las escenas, ya sean de baile, ya sean de acción, ya sea de confesiones a la luz de la luna en la selva.

RRR es monumental en todos los sentidos. Un ejercicio megalómano, hipertrofiado, con una duración injustificable si tenemos en cuenta sólo el argumento, un guión en el que ocurren muchas cosas que sólo tienen sentido para poder hacer el más difícil todavía de las escenas de acción, una vez detrás de otra, todo es más... Parece que su concepción ha sido un brainstorming donde han dicho a todo que sí y luego se han puesto a unir las piezas. Y es lo bien que están unidas las piezas lo que hace que funcione como un reloj y que no es que salve las deficiencias, es que hace que casi nos olvidemos de ellas.

Luego ya está esa última parte final con ese discurso patriótico, demasiado cercano al ultranacionalismo, que no sólo no hacía falta (tampoco lo hacían la mitad de las secuencias y no quitaría ninguna), sino que molesta un poco, por más que no logra empañar las tres horas previas.

sábado, 25 de marzo de 2023

Madres paralelas

Madres paralelas (Pedro Almodóvar, 2021)

 


Creo que Almodóvar nunca ha sido especialmente hábil a la hora de conectar lo que cuenta con el mensaje que se supone que pretende dar, cuando le da por eso, y, de hecho, creo que lo que escribe mejora mucho cuando se olvida de intentar hacerlo, pero, vista la cantidad de premios que obtuvo esta película, lo mismo puede que esté equivocado, aunque no lo creo.

Si nos limitamos a lo que sucede realmente, Almodóvar nos cuenta la historia de una fotógrafa que se queda embarazada de quien no debe, decide llevar el embarazo para adelante sola y, a la hora del parto, coincide como compañera de habitación con una adolescente abandonada emocionalmente, con un embarazo que tiene que llevar a término, y que encuentra en nuestra fotógrafa la figura materna que su madre, a la que conocemos, no ha ejercido nunca. 

El amor por su hija hace que nuestra protagonista no se dé cuenta de que esta hija no se parece ni a ella ni a su padre, hasta que éste aparece para conocerla y se lo hace ver, y termina descidiéndose a sí misma y cerciorándose de ello. Como es muy buena persona, los remordimientos no la dejan vivir, mucho menos cuando se vuelve a encontrar a aquella adolescente, que, aparentemente de forma casual, se encuentra trabajando en la cafetería de debajo de su casa, y termina de contarle su desgraciada vida. 

La fotógrafa le ofrece casa y comida, y su relación se complica muchísimo porque cuando la gente tiene traumas, faltas o fallos emocionales, las cosas no se desarrollan con ningún tipo de sentido, llevando a un desenlace desastroso, por más razonable que resulta desde fuera, que luego se resuelve no se sabe muy bien por qué.

El por qué todo esto tiene que ver con niños robados, la ley de memoria histórica y la gente que sigue enterrada en cunetas (porque en este país hay un montón de gente que ha decidido que no está tan mal parecerse a la Camboya de Pol Pot, aunque eso es otro tema), es algo que Almodóvar intenta justificar añadiendo conexiones de los personales con algún tipo de hecho en ese sentido, si bien no termina de entenderse en ningún momento por qué es eso algo cardinal en la película, tal y como su director estuvo diciendo durante toda la promoción.

Muy interesante, y sospecho que por ahí debería haber ido la relación, el personaje de la madre de la adolescente, una señora bien, de derechas, de la dictadura que podría haber sido una hija robada y podría, para haber dado consistencia al relato, haber usado su dinero e influencias para cambiar/robar niños, lo que añadiría también aspectos sobre el racismo que podrían haberse denunciado también... No sé exactamente qué es lo que pasó para que Almodóvar no terminara de enredar el enredo melodramático e ir por ese camino, que por más exagerado que hubiese resultado, hubiera dado a la película una coherencia que falta (la última parte, preciosamente contada sin prácticamente palabras, es lo mejor de la película y parece un parche).

Es precisamente esa especie de desconexión entre las partes lo que, por momentos, termina por desconcertar al espectador y hacer que se pueda incluso salir de lo que, visto por partes, está tan bien contado como las mejores películas de su director. Mi problema es el todo. 

La historia es tan trágica e irreal como necesita un melodrama, las actrices están soberbias, el guión tiene los mismos fallos que siempre han tenido los de su director (siempre me ha parecido que el cine de Almodóvar cuenta muchísimo más con lo que cuenta en imágenes que con lo que dicen sus personajes, que chirría con bastante frecuencia), visualmente es impecable y hay momentos, efectivamente, espectaculares dentro de la cotidianeidad. Pero al final, falla en dar un mensaje unívoco, en que sepamos de qué nos está hablando sin tener que pensar. Y eso en una película no creo que sea bueno, por mejores mimbres que tenga.



sábado, 25 de febrero de 2023

Los crímenes de la Academia

The pale blue eye (Scott Cooper, 2022)

 

 

Christian Bale parece haber decidido encasillarse, desde hace muchos años, en personajes atormentados a los que da su peculiar enfoque, exactamente igual para todos, que es el de ser lo más histrión posible llegando con frecuencia al ridículo. Parece que, además, si puede estar lo más sucio posible, mejor, así que era de esperar que aceptara este personaje.

Augustus Landor (Bale), antiguo detective alcohólico, alérgico al jabón y muy atormentado por algún tipo de drama familiar del que intenta no hablar sistemáticamente durante todo el metraje, por más que no paran de repetirlo no vaya a ser que pensemos que no tiene nada que ver, es contratado por los responsables de una academia militar para que investigue el asesinato de uno de los cadetes, cosa para la que contará con la ayuda de un cadete "rarito", con el que nadie parece tener mucha más relación, y que resultará ser, ni más ni menos, que Edgar Allan Poe, por algún motivo que no terminamos de entender en ningún momento (cualquier John Smith hubiera podido hacer lo mismo), enredados al final en una especie de complot satánico que parecería explicarlo finalmente todo.

Presuntamente estamos ante una película de "intriga y terror gótico", según wikipedia, que en la práctica no va más allá de una película detectivesca muy bien ambientada, dirigida con esa cosa que se llama oficio (es decir, sin ningún tipo de personalidad), bien planteada, con momentos de tensión solventes, pero poco más. No hay casi ningún tipo de sorpresa, los giros son más que esperables, y se hace un poco larga de más, sinceramente. Lo del "terror gótico" no sé de dónde lo sacan, la verdad.

Para echar la tarde sin pensar mucho, está bien.

viernes, 24 de febrero de 2023

Top Gun: Maverick

Top Gun: Maverick (Joseph Kosinski, 2022)

 


Quién me iba a decir a mi que iba a estar yo hablando de la continuación del, probablemente, blockbuster más repulsivo que recuerdo haber visto en mi adolescencia. Pues aquí estamos. Pero no sólo eso, sino que pretendo hasta hablar bien. La vejez no me está sentando, creo. O a lo mejor sí.

La secuela de Top Gun, veinticinco años después y sin Tony Scott, descanse en paz él y casi toda su filmografía, comienza con la misma premisa de la película anterior, que es que Maverick (Tom Cruise) es el mejor, aunque ya esté viejo de narices, y el problema son los que no lo dejan hacer todo lo guay que él puede hacer, no esa megalomanía que lo lleva a no saber cuándo parar. Como en el fondo es imbécil, la caga, y termina siendo "degradado" a dar clases en la misma academia en la que ya se cargó a su compañero por ir de chulo, y donde no sólo se enfrenta a ese recuerdo, sino a su propio fracaso en la vida sobrecompensado por sus habilidades al mando de los "cazas".

No evitamos los planos de señores sudorosos semidesnudos jugando a deportes físicos, los atardeceres en el desierto, las banderitas... Pero el mensaje es diferente, casi a modo de sopapo continuo a los adalides del "individualismo". Cruise parece estar en vías de maduración, adopta una posición casi de padre con los cadetes a los que tiene que entrenar para otra misión imposible, termina enrollándose con una mujer de su edad (qué guapa es Jennifer Connelly) aunque ambos actúan como adolescentes, y fomenta el espíritu de grupo que en la película original se despreciaba sistemáticamente. 

La historia de amor, de amantes que se reencuentran y comienzan a comportarse como niñatos, es creíble y está bien integrada en la trama (y en el viaje de Maverick hacia su madurez), las instituciones siguen saliendo malparadas, aunque en este caso más por desconfianza lícita que por puro capricho, los conflictos entre compañeros y con su superior parecen tener sentido y estar también bien manejados en el guión, los compañeros se alegran por los logros ajenos,  y toda la epopeya final, la misión que lo genera todo y el rescate posterior (donde hasta el más "individual" de todos los pilotos termina jugándose la vida para ayudar a sus compañeros) es trepidante y emocionantísimo.

No deja de ser un blockbuster, no va a cambiar nada en la historia de la cinematografía, pero qué bien ver una película bien hecha. Y qué bien que te sorprenda tanto algo de lo que esperabas tan poco.

miércoles, 22 de febrero de 2023

Los 100

The 100 (serie de TV, Alloy Entertainment/Warner Bros, Television/ Bonanza Productions/ CBS Productions)
 
 
 
¿Hay algún motivo para que alguien más allá de la primera parte de la veintena pierda ciento y pico horas de su vida viendo una serie de adolescentes distópica? Pues podría ser, si al menos fuera buena, lo que no es el caso. ¿Que por qué lo he hecho yo? Pues miren ustedes, si algún día lo averiguo, ya lo haré saber.
Inicialmente The 100 es divertida en el mismo sentido en que es divertida Pretty Little Liars, una colección de adolescentes haciendo cosas que no les corresponden, tomando decisiones que los adultos aceptarán sin problemas a pesar de decantarse siempre por las peores decisiones posibles, y empeorando sistemáticamente situaciones ya de por sí imposibles, siempre es motivo de disfrute, aunque sea por las risas. En este caso, además, situar esa dinámica en un entorno cercano al fin del mundo acentúa la posibilidad de desastre completo, y eso siempre es un plus para los que tenemos poco aprecio a la humanidad, todo sea dicho. 
La historia es que hubo un apocalipsis nuclear, y unos cuantos supervivientes llevan siglos en una nave, "El Arca", orbitando la Tierra esperando a que  los niveles de radiación bajen lo suficiente para poder volver a vivir en ella. Una nave donde cada vez los recursos son más escasos, lo que parece servir a sus dirigentes para adoptar un estilo dictatorial, en el que cualquier mínima actuación contra las férreas normas que presuntamente van encaminadas a no desaprovechar lo poco que tienen, será castigado severamente con la muerte. 
Pero se les ocurre que por qué matar a un manojo de adolescentes descerebrados y cargar con esa culpa, cuando siempre pueden mandarlos a la Tierra para "comprobar" si pueden vivir en ella. Al parecer, es una especie de medida de gracia porque, por lo que sea, pueden vivir cientos de años en el espacio pero no tienen forma de saber los niveles de radiación en superficie.
Cuando los desechados llegan al planeta no sólo no se mueren, sino que optan por intentar establecer una convivencia cuando, en su mayoría, son una panda de inadaptados egoístas que estarán peleándose entre ellos para ver quién la tiene más larga demostrando ser el más psicópata, envite que gana de lejos (y lo seguirá haciendo durante siete larguísimas temporadas) nuestra, no por más protagonista, querida, Clarke, que demuestra ser otra demagoga más que dice hacerlo todo por los demás, pero al final todo se reduce a que hay que hacer lo que diga su coño.
Una vez resuelto ese pequeño escollo, nuestra pequeña dictadora tendrá que vérselas con unos humanos que sobrevivieron a la presunta guerra nuclear volviendo a las sociedades tribales primitivas, porque la radiación parece que les hizo olvidar el desarrollo de la civilización durante miles de años, que no quieren a los nuevos por allí, también por lo que sea, hasta que nuestra dictadorcita termina haciéndose "amiga", que dirían en la prensa rosa, de la de ellos. 
A partir de ahí, pasan y pasan las temporadas con los conflictos con los "indígenas" y su aceptación, el descubrimiento de unos humanos ricos haciendo cosas de gente que se cree mejor que el resto en un búnker, más apocalipsis nucleares, supervivencia extrema, guiños a Mad Max, superpoderes de la radiactividad, huidas de planetas que estallan, viajes a la velocidad de la luz, teletransporte, gente sin ningún tipo de moral, alienígenas que se creen dioses... Demasiadas vueltas de tuerca sin mucho sentido más allá de seguir haciendo una serie que debía funcionar en audiencia.
Las dos primeras temporadas son entretenidas y tienen aspectos interesantes, por más que el guión no es precisamente su fuerte (ni el posterior planteamiento, cada temporada y cada decisión parecen más improvisadas que la anteriores), pero más allá de ahí no tiene prácticamente ningún sentido si no es el observar el descarrilamiento mental que deben haber tenido sus creadores para terminar así. Casi ningún personaje termina siendo simpático, los actores consagrados hacen lo que pueden y los noveles son guapos (algunos al menos), la tensión y la emoción se terminan intentando conseguir a base de cargarse personajes principales o, directamente, de matanzas por malos malísimos a los que no se han cargado antes para que puedan hacer eso, supongo... Mira, mira, qué desastre termina siendo todo. Eso sí, si no te lo tomas en serio, hasta te puedes reír un rato.

martes, 21 de febrero de 2023

Amsterdam

Amsterdam (David O. Russell , 2022)


Por más que no la conozco entera, y por más que me gustara Three Kings, no encuentro en la filmografía de David O. Russell razones para que los estudios le confíen tanto, la verdad. Pero me alegro mucho por él. Una vez visto este pastiche, no tanto por nosotros.

Amsterdam nos presenta la historia de dos veteranos en la Gran Guerra, un médico tullido que, repudiado por la familia rica de su esposa, dedica su desquiciado tiempo a intentar resolver las secuelas de otras pobres víctimas de las luchas de poder, y su mejor amigo, negro en un Nueva York no muy amigable para los de su raza, que son contactados con la hija de uno de sus oficiales durante la Guerra, el único que los trató como personas, fallecido en extrañas circunstancias de camino a USA. Esa misma hija será asesinada, y ellos culpados de ello, al inicio de la investigación que realizan para saber el motivo de la muerte de su querido superior, y que los conducirá a un antiguo amor y amiga de la postguerra que pasaron en el Amsterdam del título, y a una conspiración para introducir el nazismo en los Estados Unidos, aprovechándose de la posición propagandística, y sólo propagandística, de esos presuntos héroes de guerra.

Con todo ello se habla de racismo, de lo hipócrita de la cultura de "los veteranos" (venerados mediáticamente por los sectores conservadores, ninguneados políticamente y desechados socialmente), la salud mental, la deficiente asistencia sanitaria, la corrupción, el poder y la influencia que tuvo el ideario hitleriano en una parte importante de la alta sociedad americana (y en todas las europeas en realidad), que se ha ido trasladando hasta nuestros días.

¿Y qué hay de malo, entonces? Dirán. Pues el cómo, en realidad. El guión hila finísimo, pero de la forma más enrevesada posible sin llegar a resultar realmente complejo, y la dirección termina yendo en tantas direcciones que resulta confusa, ofreciendo cambios casi de género no sólo cada pocos minutos, sino a la vez en la misma escena. Amsterdam son veinte películas a la vez, sin que ninguna de ellas llegue a desarrollarse lo suficiente como para entender qué estamos viendo. Ni siquiera el tramo final, el más coherente en su desarrollo e ingenioso en resolución, el único en que en algún momento logra que la mezcla de géneros funcione, consigue mantener un pulso narrativo suficiente que ayude a que resulte emocionante. Es como si tuviera miedo de lograrlo.

Al final, deja cabos sueltos y sólo los momentos cómicos que incluyen al protagonista funcionan realmente, quizá porque Christian Bale está tan pasado de rosca que parece convertirse en una parodia involuntaria de su propio personaje. Y queda la sensación de que si no hubiesen querido ser tan ingeniosos, tan listos, tan artísticos, podrían haber logrado una estupenda película. Los mimbres estaban.

jueves, 8 de diciembre de 2022

Argentina 1985

Argentina 1985 (Santiago Mitre, 2022)


 
Toda esa gente que se queja de cómo las plataformas están arruinando el cine no han vivido en su vida en una ciudad de provincias donde, si hay algún cine cerca, no emitirían nunca una película como Argentina 1985. Por lo que personalmente agradezco mucho a Amazon que la tenga en su catálogo desde poco después de su estreno.

No seré yo quien diga que esta es una de las mejores películas del año, ya hay cientos de webs que lo afirman y que sí que han tenido acceso (y ganas) para ver el resto con lo que hacer la comparativa, lo que sí que es cierto es que estamos ante una película enorme, monumental, a la que no consigo encontrarle un pero. 

Argentina 1985 trata la historia del Fiscal designado para hacerse cargo de la acusación del juicio civil contra los militares que llevaron a cabo el "Proceso de Reorganización Nacional" argentino, esa dictadura que sumió al país en el terror y la ruina, tras el vergonzoso juicio militar que los exoneraba de toda responsabilidad. Un cargo que conlleva una responsabilidad de la que nadie puede exonerarlo, la del Fiscal, que nadie quiere, a la que nadie ayuda, que es puesta continuamente en duda por todas las partes implicadas, que se boicotea, que le lleva a recibir amenazas (hasta el punto de tener que sacar a su familia de Buenos Aires) y para la que sólo logra ayuda de un grupo de jóvenes recién licenciados que no tienen nada que perder, y un ayudante idealista que puede perderlo todo.

Habla, con profundo respecto, del dolor y el miedo de las víctimas, a las que da voz e, incluso, justifica cuando no quieren tenerla, y señala sin miramientos a los culpables, tanto los que se sientan en el banquillo, como los que no (las presiones sociales, de los militares, del gobierno, el manejo de los jueces...), mostrándose reacia a aceptar el veredicto de compromiso que finalmente se logró.

Y lo hace con un tono, hasta cierto punto, amable. Con momentos de intriga, de humor, de drama, de miedo, mezclando costumbrismo familiar y maquinaciones políticas, y haciéndonos partícipes de la idea de que la vida es puro teatro (por lo que, precisamente, el personaje de Somigliana es tan importante para lo que pasa en la sala), y de que el esfuerzo por la lucha por la justicia debe ser conjunto, no personal.

Se apoya en un guión estupendo, una dirección inmaculada que articula sin fisuras momentos casi videocliperos con otros largos e intimistas, y, sobre todo, unos actores que están para chillarles, especialmente un Ricardo Darín que se lo come todo desde la primera a la última escena. Es emocionante, divertida, ágil, trepidante... todo por momentos y todo a la vez.

Aún hay sitios en los que está en el cine. Si tienen la suerte de poder disfrutarla en pantalla grande, háganlo. Por los que no pudimos.

miércoles, 7 de diciembre de 2022

After life

After life (serie de TV, Netflix)

 


Ricky Gervais puede ser controvertido como cómico, y mucho más controvertido cuando habla en serio, no vamos a discutirlo. Incluso podríamos decir que a nivel personal parece un imbécil, y poca gente nos llevaría la contraria. Pero lo que es innegable es que es listo como él solo. Y para muestra, esta serie, que no deja de ser The Office, la buena, la de la BBC, en versión dramática.

Tony es un señor que enviuda de una mujer a la que considera maravillosa, y decide que no quiere seguir viviendo en un mundo sin ella. Entre otras cosas porque vive en un pueblucho de la campiña inglesa donde no hay mucho que hacer, no tiene amigos, su padre está demenciado, vive en una residencia y todos los días tiene que recordarle que su mujer está muerta, y trabaja en un periodicucho local que no cubre ninguna noticia importante, con una serie de compañeros que dan más pena que otra cosa. Intenta suicidarse, a pesar de que su perro se lo impida, y como no lo consigue en primera instancia, decide darse a la autodestrucción, a pesar de que toda la gente que conoce le tiene cariño e intenta ayudarle, porque está cabreadísimo con el mundo y ha decidido compartirlo con él de la forma más explícita posible. Su enfado no será entendido por nadie, ni siquiera por quienes, como Anne, comparten pérdida, y entre el apoyo de esta última para que tome conciencia de sus actos y varios acontecimientos que llevarán a episodios trágicos, parece que Tony irá tomando conciencia de que hay otros caminos. 

En la segunda temporada se va tratando ese cambio de actitud (que no lo es tanto) y la aceptación del inicio de su nueva vida sin Lisa (que así se llama la muerta). Tras una primera temporada durísima, donde el humor, caustiquísimo como es marca de la casa, aparecía como alivio a lo que nos estaba contando, esta segunda,  como el cambio que se produce en Tony, va dejando atrás el ego del protagonista para centrarse en los que lo rodean, y convertirlo, hasta cierto punto, en una extensión de su mujer fallecida, esa cuidadora incansable que lo cuidó tanto que no paró de dejarle vídeos para que, una vez no estuviera ella, él fuera capaz de seguir adelante con su vida (por más que no le haga ni puto caso). Y, en ese sentido, Gervais  retrata la miseria en todas sus vertientes (moral, ética, personal...) con una mordacidad envidiable, aunque, sin embargo, de una forma sensible y empática que cuesta más detectar en sus productos cómicos.

Si bien la serie podría haber terminado (con un final más que digno) con esa segunda temporada, parece que decidieron hacer una tercera para que Gervais hiciera otra serie donde demostrara que él es capaz, como un Cameron cualquiera, de recurrir a la sensiblería facilona llegado el momento, y donde se olvidara casi completamente del arco de su protagonista, para volver al punto cerril inicial, aunque con una motivación externa para seguir viviendo que pasa por no intentar hacer nada por ser feliz que no dependa del otro (tal y como parece que hacía su mujer). Se centra en el resto de personajes, elimina un par de los mejores de las temporadas previas y no da nada que se parezca a lo previo, aunque la escena final sea muy bonita y valga para cerrar de forma lacrimógena algo que no lo era tanto. A mi me sobraba.


lunes, 28 de noviembre de 2022

Master of none presenta: Momentos de amor

Master of none presents: Moments in love (serie de TV, 3 Arts Entertainment/Universal Pictures Television)


 

A Aziz Ansari la mayoría lo conocimos como el ayudante payasete (y un poquito corrupto) de la impoluta Leslie Knope en la maravillosa Parks and Recreation, lo que sirvió para lanzar su carrera (aunque ya era un cómico conocido en los EEUU), llegando a grabar varios especiales de stand-up para distintas cadenas. Cierto es que sí parece que fue en el set de P&R donde estableció relación con Alan Yang, uno de los guionistas, con quien crea una ficción que se estrenará en Netflix en 2015, la Master of None original.

En clave de humor, durante una primera temporada memorable, hacen una especie de homenaje a las comedias de lucha de sexos neoyorkinas de los noventa, adaptadas al siglo XXI y, sobre todo, a las distintas realidades socio-demográficas siempre invisibilizadas, planteando, siempre desde el buen rollo, todas las dificultades añadidas para el desarrollo personal que implica no haber nacido en un entorno privilegiado, no sólo en lo económico, sino especialmente en lo racial. Todo ello por medio de la historia de Dev, un cómico que está teniendo éxito y no sabe cómo manejarlo, un alter-ego del propio Ansari, cuya situación vital les servía también para hablar de la creatividad, el arte, los altibajos y lo difícil que es afrontar que todo te vaya bien cuando habías nacido para lo contrario.

Se trasladaba en su segunda temporada a Italia, país al que había huido Dev nunca quedó claro por qué, más allá de porque los creadores querían hacer un homenaje nada sutil al neorrealismo italiano, y que seguían aprovechando para hablar de lo mismo que habían tratado hasta entonces, sólo que en un nuevo entorno en forma de lugar de paz, en el que, desgraciadamente, no se puede estar siempre. El mismo tono íntimo, de comedia pausada, sensible y cariñosa con sus personajes, sin desaprovechar lo cáustico del humor de Ansari, seguían dando forma a un producto que, en su mejor momento, desapareció.

No sé si sería por aquella especie de intento de cancelación que sufrió el cómico, o porque ya habían hablado de lo que querían hablar, o porque vino la pandemia de las narices, lo cierto es que no es hasta 2021 cuando reaparece en nuestra vida este "maestro de nada" a seguir no dándonos clases de cosas, en forma de esta ¿tercera temporada?/¿spin-off? donde seguimos parte de la vida de su amiga Denise, personaje recurrente de las anteriores temporadas, y protagonista de ya uno de los mejores capítulos de la serie, aquella de la comida con su madre y su abuela (si no recuerdo mal) donde se abordaba con tanto humor (y tanta mala hostia) lo difícil que es ser negro en EEUU, mucho más siendo lesbiana.

El punto de partida, de hecho, es ese mismo. El tiempo ha pasado, Denise ha triunfado como escritora y tiene una pareja estable con quien ha desarrollado su plan ideal de vida, y está en un punto en el que ya no parece tener nada más que hacer, salvo tener un hijo que no quiere, para complacer a su pareja. Dev, de hecho, sólo aparece para que haya constancia de que, al final, terminó fracasando, para que Denise se obsesione, quizá, con su mayor temor. 

El tono se va hacia lo dramático y el homenaje va al melodrama escandinavo, esa especie de frialdad mezclada con represión que terminará estallando sin estallar, estando quizá más cerca de Woody Allen cuando le dio por intentar imitar a Bergman,  que de algo puramente genuino. Pero al final eso es sólo una formalidad.

La crítica que lo adoraba ahora se le haya echado encima, parece que para ellos Yang y Anzari han perdido su "mojo", aunque también parecen olvidarse de que el guión es en colaboración con Lena Waithe, y no tengan en cuenta que, posiblemente, haya sido la única forma en la que Waithe pudiera tener la oportunidad de contar la historia que le interesaba contar a ella. Y con todo ello,  no estoy en absoluto de acuerdo con esos críticos. 

Me parece interesante el tratamiento, el cómo la historia se desarrolla en base a anécdotas, el cómo no se nos instruye, sino se nos muestra, el cómo se tratan temas tan difíciles como el ser madre por fecundación in vitro (y lo horrible que suele ser para la mujer que lo desea) con total naturalidad y el como, con el mismo sentido estético, la misma sensibilidad, la misma sutileza de siempre, se trata a los espectadores con respeto, como adultos inteligentes que no necesitan que nadie les haga de "maestro". 

¿Que no es tan buena como las dos primeras temporadas? Pues puede ser, no se puede comparar el contenido, aunque el continente sigue siendo inmaculado. Es cierto que guardo mejor recuerdo que la sensación que me ha dejado esta Moments in love, pero es que trata aspectos durísimos. Y sigo creyendo que está por encima de la media, de todas formas.


sábado, 19 de noviembre de 2022

Julieta

Julieta (Pedro Almodóvar, 2016)



Me ha costado mucho volver a Almodóvar, quizá porque con Los amantes pasajeros terminó de gastar lo poco que le quedaba del crédito que sus películas de los ochenta y noventa le habían concedido en mi mente. Será también que, sin haberla vuelto a ver, me he ido reconciliando con La piel que habito, gracias a todos los que han hablado bien de ella, pero cuando me encontré que Netflix había incorporado Julieta a su catálogo, sentí que había llegado el momento de volver. 

¿Por qué Julieta y no Dolor y gloria o Madres paralelas, más recientes, más recordadas y laureadas? Pues porque desde su propia protagonista es la que menos me recuerda a ese Almodóvar autocomplaciente que terminó hastiándome. Y me equivoqué, en cierto punto, y acerté, por otra parte.

Julieta está basada en tres relatos, que Almodóvar une para dar forma a un melodrama que es Almodóvar puro. Incoherente, hiperbólico, lleno de diálogos pomposos para decir con voces engoladas, tragedias forzadas para seguir construyendo el drama, mucha anécdota que podría haber sobrado, mucho cameo que sólo parece servir para que sepamos que sigue relacionándose con el moderneo madrileño, mucha referencia cultural metida con calzador… que, sin embargo, parece que le sirve para descansar de él mismo.

No sé si, quizá, será que hace ya mucho que no vuelvo a ver nada suyo, pero salvo Rossy de Palma volviendo a hacer de señora de pueblo y todo lo estético,  no percibo tanto autohomenaje. Y lo agradezco muchísimo.

Porque se centra más en la historia, rocambolesca, forzada, pero historia que nos conduce a lo más interesante, que es el estudio de su personaje original, esa Julieta del título, y su propia vivencia depresiva de la vida, casi heredada de su madre, se diría. Disecciona finísimamente, no sé siquiera si sería el propósito, las cogniciones depresivas, y con sólo el final y de forma indirecta, en la aclaración de la amiga de Antía y la carta que Julieta recibe, consigue dar sentido a todo lo que ha pasado y que seamos capaces, por fin, de ponernos en el lugar de unos protagonistas a los que, hasta entonces, no terminamos de entender bien.

Es excesiva hasta decir basta y la sobreactuación es la norma, pero eso es marca de la casa. Emma Suárez está espectacular, como viene siendo costumbre durante toda su carrera, Adriana Ugarte se sale y, tanto Grao, Grandinetti y, sobre todo, Inma Cuesta, sirven de contrapunto para el exceso emocional del resto del elenco. Me ha encantado volver, y lo haré con lo que me queda de él en breve.

Por cierto, qué bien le sienta a Almodóvar salir de Madrid.

viernes, 4 de noviembre de 2022

La casa del dragón

House of the Dragon (serie de TV, HBO/1:26 Pictures)


Al contrario de lo que contábamos ayer con The rings of power, parece que todo el mundo está muy contento con la adaptación de la historia de los Targaryen post-unificación de los siete reinos, y no es de extrañar porque, básicamente, repite los esquemas de todo lo que hizo un gran éxito a Game of Thrones, y tiene al propio autor de la saga asociado al desarrollo, con lo que se nos asegura cierto nivel de lealtad a la historia que la de los anillos no va a poder tener, porque no tiene suficiente material en la que basarse.

En ese sentido, House of the Dragon no deja de ser una serie de intrigas palaciegas, aderezada con sexo y violencia, en la que no hay personajes íntegros, y hay una fijación a la resolución trágica y/o sórdida de cualquier acontecimiento, seña de identidad de la franquicia y de su autor.

Centra su visión en la historia de Rhaenyra, hija única del Rey Viserys, elegido como monarca en vez de su prima Rhaenys, simplemente por ser hombre, y que deberá desafiar al reino nombrando como heredera a su única hija, cuya sucesión se complicará con el nuevo matrimonio del Rey con la hija de La Mano, antigua amiga íntima de nuestra protagonista, del que nacerán dos hijos varones.

No voy a destripar mucho más de lo que pasa, porque quien quiera spoilers tiene toda la historia de la casa Targaryen a su disposición en la red, pero sí que, independientemente de las diferencias, si en algo se parecen ésta y The rings of power es que, en realidad, todo lo que nos cuentan nos lleva, al final de temporada, al inicio de lo que nos va a contar en realidad, en este caso la guerra civil Targaryen o Danza de los dragones, cuyo inicio involuntario se nos presenta en forma de evento tremebundo a final del último capítulo de esta primera temporada.

Por lo demás, el tratamiento es completamente opuesto. Si bien el tono es reposado y dedica tiempo suficiente a la construcción de personajes y conflictos, los años pasan demasiado rápido, se descuidan personajes fundamentales (Rhaenys nos cae bien, pero casi sólo se esboza, y Daemon no se nos presenta más que como un perverso, por poner los ejemplos más evidentes), se da mucha importancia a detalles escabrosos y se dejan sin explicar situaciones que parecen fundamentales en la trama.

A pesar de todo es entretenida, desagradable por momentos, maneja bien el drama y la épica y nos enfrenta a situaciones terribles porque, sigo pensando, George R.R. Martin es el que se lo pasa bomba viendo hasta donde puede aguantar el público. Al parecer, bastante. Y por lo que he leído respecto a la historia, esta temporada no va a ser nada comparada con la siguiente. Otro año y medio tendremos que esperar, y yo lo haré con ansia.

jueves, 3 de noviembre de 2022

Los anillos de poder

Lord of the Rings: The rings of power (serie de TV, New Line Cinema/Warner Bros. Television/Amazon Studios/Harper Collins Publishers)



¿Quién podría imaginarse que el fandom de Tolkien iba a indignarse muchísimo porque Amazon no ha adaptado un libro del que no tiene los derechos, y en su lugar ha optado por inventarse una trama que sólo aparece bocetada en algunos de los libros, haciendo, además, modificaciones mínimas que encajan mejor con la idea de los guionistas acerca de lo que quieren contar? 
Dejando la estupidez de los de siempre aparte, las impresiones iniciales de la que se ha presentado como la serie más cara de la historia no han sido precisamente entusiastas, entre otras cosas porque ha coincidido temporalmente, y se ha vendido una competición absurda entre ellas, con el estreno de La Casa del Dragón, que tenía mucho más fácil contentar a los fanses. Ya hablaremos de ello mañana, creo.
En todo caso, me parece desproporcionado. No creo que The rings of power sea una mala serie, ni siquiera una mediocre. La producción es impresionante, objetivamente es una serie bella, y como toma de contacto inicial para presentarnos la Tierra Media y el ascenso y primera caída de Sauron, además de la caída de Númenor, la formación de los reinos de los hombres, el declive élfico y su conflicto con los enanos, cumple más que de sobra, por más que el ritmo sea deliberadamente pausado y el protagonismo de Galadriel (esa especie de témpano insufrible) al final pese como una losa sobre el resto de personajes, mucho más interesantes.
Cierto es que no terminamos de ver adónde van determinados caminos, a veces el guión va dando demasiadas vueltas para no llegar a ningún sitio, la tensión es sólo intermitente y, en definitiva, tarda mucho más de lo que debería para llegar, al final de la temporada, al inicio de lo que será la historia que nos quieren contar.
A pesar de todo, yo he disfrutado del viaje. Me sigue intrigando mucho Adar, los orcos y el resto de personajes siniestros, la acción funciona muy bien, me fascinó la erupción del Monte del Destino y ver cómo los elfos son, finalmente, los responsables de todo el desastre desde su atalaya moral.
Casi dos años tendremos que esperar para la siguiente temporada. Curiosamente, el ritmo adecuado para esta serie. Deseando estoy ver qué nos tienen que contar.

domingo, 25 de septiembre de 2022

La perdición de los hombres

 La perdición de los hombres (Arturo Ripstein, 2000)

 

 

No recordaba haber visto esta película, por más que ya al inicio me sonaban todas las imágenes y diálogos, y sigo sin recordar haberla visto por más que lo hubiera hecho cuando se estrenó. Quizá debido a que, pasados los años,  mi lectura de ella debe haber sido completamente distinta a la primera vez que la vi, lo que no es malo, por otra parte, creo que ahora la he conseguido entender mejor.

Estructurada en tres actos y un epílogo, la película comienza con el asesinato de un hombre a manos de dos conocidos, que lo llevan a su casa, lo amortajan y lo velan, debatiéndose entre el respeto al muerto y la rabia que les producía su comportamiento, llegando finalmente a robarle unos botines de serpiente que eran su única posesión de valor. Son esos asesinos los que verbalizan en varias ocasiones, durante ese primer episodio, que la motivación del asesinato tiene que ver con "las mujeres", tal y como canta el corrido mejicano, premisa de la que, se nos da a entender, trata el film. 

En la segunda parte vemos a las dos mujeres que han supuesto "la perdición" del muerto en comisaría, ambas con hijos de él, y que se pelean por el cadáver, como una especie de reconocimiento de su familia como la verdadera. Se centra la atención en una de ellas y su hija adolescente, la primera mujer del hombre, una aparente miserable que parece estar más preocupada por las posesiones (incluyendo el cadáver, pero también los botines de serpiente robados) que por cualquier otra consideración que tenga que ver con la pérdida y que, finalmente, será agraciada con el cadáver, para cuyo traslado le permiten la ayuda de un detenido, ni más ni menos que uno de los asesinos, que ha terminado en el calabozo por cualquier otra cosa. 

En el tercer acto se nos muestra el traslado a su casa del cadáver, y cómo, tras reconocer la mujer los botines que lleva el asesino, sale todo a la luz, llevándose por ello varios golpes, teniendo que devolver del botín y enfrentándose al dolor de la viuda y a que esta le haga consciente de su responsabilidad y sus errores. 

Posteriormente, y a modo de epílogo, Ripstein y Paz Alicia Garciadiego, nos muestran la vida del hombre y los acontecimientos que lo llevan a su muerte, contradiciendo la letra del corrido que no para de cantarse durante el metraje, y demostrándonos que le perdición del hombre (al igual que la de su asesino) sólo tiene que ver con el egoísmo y la estupidez.

 Patricia Reyes Spindola está soberbia, como de costumbre, en esta tragicomedia macabra en la que, sin embargo, sobra un epílogo demasiado largo que no aportaba mucho más de lo que ya se hablaba en el tercer acto, y además hubiera podido resumirse muchísimo con el mismo resultado y sin que terminara provocando esa sensación tediosa con la que concluye. 

Me recuerda mucho al cine mexicano más "social" de Buñuel (la gestión de la miseria, como en Los Olvidados), aunque por momentos el ambiente opresivo sea parecido, también, a El ángel exterminador, si bien Ripstein no pierde sus señas de identidad (esos planos secuencias larguísimos), y nos da una versión más moderna de una sociedad que, tal y como la presenta, continúa viendo como miserable y profundamente machista.

Me alegro de haberla vuelto a ver.

martes, 20 de septiembre de 2022

Banda aparte

 Bande à part (Jean-Luc Godard, 1964)


No hay mal que por bien no venga, y la reciente muerte de Godard ha servido para que recordarme que, a pesar de ser uno de los movimientos cinematográficos más influyentes de la historia, la nouvelle vague francesa casi no ha pasado por mi educación cinematográfica.

Me he dispuesto, por tanto, a intentar mitigar esa falta, y para ello he decidido empezar por una película de la que llevo años escuchando maravillas, y que puedo decir, sin lugar a dudas, que, como el resto de cine que he visto de aquella ola, no es la mejor opción para ver después de un día de intenso trabajo.

Modernísima, incluso ahora, Godard adapta una novela estadounidense como aparente forma de hacer un homenaje al cine negro, aunque a mi difícilmente me lo parece. La historia comienza con un coche recorriendo los suburbios de París en busca de la casa de Odille, una chica a la que Franz ha conocido en clases de inglés, y donde vive al cuidado de una pareja mayor que esconde mucho dinero, según Franz le cuenta a Arthur. Arthur seduce a Odille, a pesar de no querer nada serio con ella, traicionando a Franz, enamorado de la joven, a la que, a la vez, convencen para que les ayude a robar la fortuna que esconden sus hospederos. Odille se muestra ambivalente, aunque finalmente accede al plan inicial, que tendrán que cambiar en el último momento por varias circunstancias, llevando a un final seudotrágico, disfrazado de falso final feliz en el último momento.

Bande à part es otro de esos ejemplos de que Lars von Trier no sólo no inventó absolutamente nada cuando se sacó de la manga aquello de su proyecto Dogma, sino que hubo otros que lo habían superado con creces mucho antes de que él ni siquiera supiera que quería rodar cine.

Me gustan mucho alguno de sus hallazgos formales, la estructura casi teatral de algunas escenas, incluyendo movimietos coreográficos, no entiendo, por más que me hayan fascinado, algunas de las ocurrencias estructurales, y puedo entrever el aire de novela negra de lo que, a mi modo de ver, es la historia de tres jóvenes que se encuentran y quieren disfrutar de la libertad que les concede la juventud, pasando por alto su propia inexperiencia. 

Personajes que se definen completamente en poco más de unas líneas de diálogo y cuatro acciones concretas, varios aparentes fallos de racord perfectamente buscados, primeros planos espectaculares y una mímica que recuerda al cine mudo, un breve paso al color, en medio del blanco y negro, y la escena del baile... me ha dado más de lo que esperaba, por más que todavía no lo haya terminado de digerir.

viernes, 16 de septiembre de 2022

La Reina

The Queen (Stephen Frears, 2006)



Aprovechando la muerte de la recién fallecida reina más longeva de Europa, en La1 volvieron a emitir una cinta de aparente homenaje a la vez que justificación, y que le valió a Helen Mirren un más que merecido premio de aquellos del copyright.

Volví a verla porque me pilló de paso sin otra cosa que me atrajera más, y porque con las películas de Stephen Frears siempre me pasa lo mismo, me gustan.

La cinta gira en torno a una especie de fantasía de lo que le debió ocurrir en aquella semana horrible para la monarquía británica en la que murió Ladi Di, y la monarquía siguió queriendo ser la misma monarquía de siempre en un mundo que ya no era el mismo, y que teóricamente les exigía otra cosa, por más que al final el espíritu británico haya terminado imponiéndose.

Puede que lo mejor de la película sea la interpretación de Mirren, soberbia, pero por más que no sea, quizá, una gran película, me resulta muy interesante la escasa conmiseración que se tiene no sólo con los miembros de la familia real, sino especialmente con los políticos laboristas, aunque terminen salvando tanto a la Reina como a Tony Blair. 

Estamos ante una película muy británica,  con un tratamiento más parecido a las cintas noventeras de revoluciones irlandesas que a la grandilocuencia de un aparente homenaje a la figura real, posiblemente buscada y que aparece como natural en esta mirada, posiblemente más simpática de lo que merecía, al cargo real y a la carga que eso conlleva. 

Siempre he pensado que Frears sabe hacerlo muy bien. No deja de ser un artesano, pero un artesano listo y muy hábil, tanto como para saber transmitir la dureza autoimpueata en esa preciosa escena del ciervo, la única en la que la Reina llora amargamente, en un momento ya de gota que colma el vaso, de espaldas a la cámara y a la que alegra la vista del animal al que intenta salvar, igual que lo está intentando con su imagen.

Como ya he dicho, no es una grana película, quizá, pero me gusta.

martes, 16 de agosto de 2022

Stranger Things

Stranger Things (serie de TV, Netflix/21 Laps Entertainment)


A los Duffer Brothers se les ocurre que pueden intentar hacer una serie, aprovechando la nostalgia por los ochenta, de suspense/terror metiendo todas las referencias posibles (desde Los Goonies o Cuenta conmigo a Poltergeist), a Netflix le parece una buena idea y allá por 2016 ya (creía que fue posterior, pero el internet me dice lo contrario) se estrena la primera temporada de la que es actualmente la única serie original de Netflix que parece conseguir una repercusión importante de forma continua.

Niños inadaptados buscando a su amigo perdido, junto con su inadaptadada madre y el inadaptado hijo mayor de esta, descubren un mundo paralelo en el que su amigo está atrapado por unas fuerzas malignas,  y consiguen aparentemente liberarlo con la ayuda de un experimento gubernalmental en forma de niña con superpoderes que ha vivido aislada toda su vida. Todo ello con música de la época, una ambientación donde no falta un calentador y un leve tono de denuncia para hacerlo todo más contemporáneo. 

La primera temporada funcionó a pesar de plantear un desarrollo más reflexivo y menos acelerado que la mayoría de sus semejantes actuales, en parte porque se aseguraba un target muy amplio, desde el actual hasta todos esos cuarentones que todavía no han terminado de superar su adolescencia y no paran de quejarse de que les han "destrozado la infancia" cada vez que se hace un remake de alguno de sus iconos infantiles. Pero también porque, reconozcámoslo, estaba muy bien rodada y escrita, centrándose más en promover la tensión que el susto, y con una optimización de recursos, en ese sentido, muy de agradecer. Señalo esto último porque es importante.

Estaba claro que el filón se tenía que aprovechar y, mcguffin previo, se han seguido rodando temporadas en las que, teóricamente, se acompaña a los personajes en su viaje por la adolescencia, mientras se incorporan nuevas tramas y personajes, y el mundo oscuro y la maldición del pueblo en el que, por más cosas raras que pasen, todos siguen viviendo, sigan haciendo de las suyas, aunque todo sea cada vez más forzado.

La cuarta temporada, teóricamente penúltima, se estrenó en dos partes, vayan ustedes a saber por qué, y sigue siendo tendencia en la plataforma meses después de la publicación de su capítulo final, que debe ser el motivo por el que aún no se han decidido a darle carpetazo por más que, perdónenme que les diga, esta última temporada viene a confirmar que, como serie, hace ya rato que murió de éxito.

Con el tiempo los defectos se han ido aumentando, y por más que la trama general sigue siendo resultona y entretenida, y los que la vemos queremos saber qué les ocurre a los personajes porque les tenemos cariño, nada justifica el continuar rizando un rizo que ya está quemado de tanto rizador, con capítulos larguísimos justificados por tramas secundarias que no aportan nada a la principal, un montón de secuencias de tránsito que podrían haberse ahorrado, conversaciones repetitivas con lo que explicar lo que no hace falta, y una lentitud en el desarrollo que, en momentos, llega a ser desesperante. Se ha terminado de sustituir la construcción del clímax por el efectismo, y por más que, al final, las secuencias de miedo funcionan, todo en medio es tan confuso e innecesario que a más de uno nos ha terminado cansando. Especial mención para sus dos últimos episodios, largometrajes seriados que podrían haberse recortado hasta una duración normal sin que nadie se hubiera perdido absolutamente nada.

La cuarta ya me costó ponerme a verla, porque me temía lo peor. No tengo claro si veré la quinta.

lunes, 18 de julio de 2022

Relatos salvajes

 Relatos Salvajes (Damián Szifron, 2014)


Situaba a esta película mucho más atrás en los dos mil que el año en que se estrenó, no sé si porque la confundí con alguna otra de esas coproducciones hispano-argentinas que, de vez en cuando, se hacen con un arsenal de premios y se convierten en películas de visión "obligatoria", pero me desconcertó saber que era relativamente reciente. No sé si será el machaque que dieron con ella en su momento. 

Tampoco sé si esa fue la razón de que no le hiciera caso antes, o quizá el que muchos de estos productos tampoco son para tanto (algunos, de hecho, me han parecido soberanas estafas, pero no quiero hablar de Marcelo Pyñeiro ahora), pero tras mucho evitarla, el otro día me la volví a encontrar en el catálogo de Rtve play (que vuelvo a recomendar visitar, es gratuito, sin anuncios, y tienen películas estupendas) y anoche me acordé de ella y me puse a verla.

Seis relatos tragicómicos, plagados de humor muy negro, más cortos los tres primeros, más desarrollados los tres últimos, sin ningún tipo de conexión aparente, y en los que los personajes, de un modo u otro, dejan vía libre a sus instintos, sirven a Szifron para dibujarnos una humanidad amoral en un país corrupto, donde las élites se libran, la ética no existe y las relaciones familiares son anormales (esa madre acariciando el pecho del hijo tras la camisa...). Seis relatos donde nadie sale especialmente bien parado, pero que muestra esos desenlaces como parte de una narrativa que no parece juzgar lo que se hace ni por qué se hace. Por eso somos capaces de empatizar con los protagonistas, por más despreciables que sean.

Sinceramente, me queda mi duda respecto a su coherencia interna, y en ese sentido no sé se fue demasiado generoso con ella. Personalmente, la he disfrutado mucho y es algo que me importa más bien poco.

martes, 21 de junio de 2022

El olivo

 El olivo (Icíar Bollaín, 2016)


Pues como no sabía si tenía ganas de caldo, cayeron seguidas dos tazas. Decíamos ayer muchas cosas acerca de mis impresiones generales del cine de Bollaín, muchas de ellas replicables al hablar de esta película, por más que, en general, me parece que el resultado es más redondo.

En cierta medida recuerda a su debut, una historia sencilla y un viaje en carretera en el que sus protagonistas se descubrirán a sí mismos, se realiza, como punto de partida, un retrato inteligente de una familia en apariencia normal, en conflicto continuo simbolizado por la venta de un olivo milenario, en el que parte de la familia deposita una salida para su crisis económica, mientras el resto, abuelo y nieta, viven como un atentado contra su propia unión y vida, y cuya recuperación, años después, por parte de la nieta en un intento de salvar a un abuelo que lo ha perdido todo y parece no tener nada por lo que seguir viviendo, es el leit-motiv del viaje, emprendido con un supuesto engaño que nadie se creería, acompañado de su compañero, interés amoroso no explícito, y su tío preferido, que prefiere que lo tomen por tonto para no tener que afrontar sus propios demonios.

Esa búsqueda, tan infructuosa como estúpida, sirve de metáfora de la búsqueda adolescente de la resolución de imposibles, que termina, obviamente, con un mazazo de realidad, por más que al final haya un rayo de esperanza.

Un guión mucho más solvente que el de La boda de Rosa, si bien no escapa a sus errores habituales (reconversiones casi milagrosas, ayudas demasiado efectivas…), sirve a la directora para hablar de las injusticias, especialmente económicas, y de la hipocresía de las grandes corporaciones, de forma menos sutil de lo deseable, dado el tono general, pero efectiva y sin restar a la historia que está contando.

Resulta emocionante, reconfortante por momentos aunque muy triste en otros, si se animan a verla, estará disponible en Rtveplay durante bastante tiempo, según explica la propia web. Merece la pena.

lunes, 20 de febrero de 2012

La vida mancha

La vida mancha (Enrique Urbizu, 2003)



Sirva este post, perdido como estoy por distintas circunstancias de este mundo bloguero que tantas alegrías siempre me ha dado, como homenaje al que es, y lo creo fervientemente, uno de los mejores directores en activo del cine español, ayer por fin premiado en los premios esos que tan poco crédito me merecen. 




Creo que ya he dicho más de una vez que de Urbizu me gustan hasta sus obras menores, pero elijo hoy esta no sólo porque sea la última que he visto de él, sino porque realmente estoy más que convencido de que es una estupenda película. 
En realidad el guión no viene a ser más que el de cualquier otro melodrama de desgracias que tanto se estila en estas tierras: dificultades económicas, adicciones, triángulos amorosos... ya los hemos visto antes y, quizá, demasiadas veces. 
La particularidad, o mejor dicho, la grandeza de La vida mancha es alejarse del melodrama lacrimógeno para narrarnos con absoluta seriedad la historia de un reencuentro  y las dificultades que genera en un seno familiar que no anda escaso de ellas. 
Serena y muy cruel cuando tiene que serlo, el alarde de sensibilidad que nos regala Urbizu es digno de los mejores maestros, mesurado, contenido y sin desperdiciar ni un solo plano en vacuidad sensiblera. 
Lo de menos son las incógnitas, lo de menos es a qué se ha dedicado el personaje que, tan espléndidamente, interpreta José Coronado (con el que, desde ya, me reconcilio), lo que realmente importa son las emociones que se ponen en juego en lo cotidiano, las decepciones, las soledades, los desamparos, las esperanzas. 
Lo que más importa de La vida mancha son escenas como la del camisón o el rasurado de barba. 
Lo que más importa es la vida.

miércoles, 19 de octubre de 2011

La reina Margot

La reina Margot (Patrice Chéreau, 1994)



Hay muchas cosas que tenemos que envidiar a los franceses, y una de ellas es su cinematografía, capaz de haber desarrollado un sistema al que en este país aspiramos (pero, me temo, nunca llegaremos) basado en crear de forma sistemática productos de entretenimiento dirigidos al gran público y con un mínimo de calidad (comedias aparte, que ya sabemos que en lo de las comedias los franceses son como son) para luego poder hacer películas autorales sin miedo a que las taquillas las destrocen. 
El caso que nos ocupa, sin embargo, entra dentro de otro de los grandes aciertos del cine galo, el aunar ambas propuestas. Porque a mi todo lo que he visto de Patrice Chéreau me parece de una calidad más que aceptable (cuando no llega, como en Intimidad, directamente a lo sublime) y con una capacidad de llevar historias a su terreno que no tienen todos los considerados autores. 
La reine Margot se basa en un libro de aventuras de Alejandro Dumas y, sin embargo, trasciende más allá de lo que pueda aparecer en él, precisamente, gracias a la lectura que Chéreau realiza de la historia. 


Ambientada en las guerras de religión entre católicos y protestantes de la Francia del siglo XVI y centrada en la Matanza de los Hugonotes, la historia romántica de la princesa Margarita (en la que se centra casi todo el metraje) con un soldado y las intrigas palaciegas urdidas por su familia para conseguir su matrimonio con Enrique de Borbón (y la renegación de éste del protestantismo) son transformadas por Chéreau en un fresco vibrante de emociones ante la adversidad que, además, es capaz de entretener y mantener la tensión durante sus (larguísimas) dos horas y cuarto de metraje. 
Que no es una película perfecta lo demuestra tanto la elección de una Isabel Adjani demasiado operada ya como protagonista, pero que aún así compone su personaje con un aplomo y resolución envidiable (el film le sirve de vehículo de lucimiento, si bien quizá no mereciera tanto), y que la historia romántica a la que tanto tiempo se dedica se hace prácticamente invisible por el poderío demostrado en el resto del libreto. 
Pero aún así merece la pena pasarse por un metraje espléndidamente planificado, con una producción que no debió escatimar en gastos para conseguir una ambientación que ya hubiera querido Díaz Yanes para Alatriste, y una lectura sentimental de relaciones político-familiares que me siguen recordando mucho, años después, a esa joya que es El león en invierno. 
Y Virna Lisi, por cierto, como Catalina de Médici, madre de Margarita y araña tejedora de la gran red en la que están atrapados todos los demás personajes del film, se los come a todos con patatas.