Mostrando entradas con la etiqueta television. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta television. Mostrar todas las entradas

viernes, 12 de agosto de 2022

(Des)encanto

 Disenchantment (serie de TV, The ULULU Company, Netflix, The Curiosity Company).


Hace ya unos años que llegó a la parilla netflixneana la última creación de Matt Groening, al que mucho dábamos ya por perdido después de la deriva de los Simpson, para, gracias a su primera temporada, hacernos creer que una nueva Futurama era posible, y, posteriormente, hacernos añicos el corazón. Pero vayamos en orden.

Estrenada en 2018 con una primera parte de una primera temporada (no entiendo este tipo de clasificaciones) cuya segunda parte, como si fuera una segunda temporada corriente, llegó justo un año después, (Des)encanto parte de la misma base que las otras creaciones famosas de Groening, una especie de relectura llevada al límite de, en este caso, los cuentos de hadas. Nuestra heroína es una princesa que se viste con pantalones, le gusta matar gente, bebe como un cosaco y tiene una vida sexual disoluta, y a la que acompañan un elfo desterrado, enamorado de ella, torpe y, en general, bastante insoportable, y un demonio personal que poco tiene que hacer para encargarse que de vaya por el mal camino. Su padre, el Rey, no deja de ser un cretino integral al que no le importa nadie más que él mismo, y al que todo su reino odia, y su madrastra y su hermanastro son dos salamandras antropomorfizadas (literalmente) a los que todo les aburre y su padre tiende a torturar. La princesa se llama Bean (efectivamente, judía o habichuela, como ustedes prefieran) y durante esa primera temporada luchará por no ser una princesa de cuento y poder desarrollar su propia vida. 

Los cortesanos son intrigantes, las criaturas mágicas son depravadas, los príncipes son machos tóxicos que se merecen que se los abofetee hasta el día del juicio final por la tarde y, en resumen, todo pinta muy bien para hacer un traslado de un panorama ideológico más actual a un mundo de fantasía poblado de estereotipos, en forma de revisión cómica de los mismos. 

Es cierto que el que la trama fuera lineal, más que en capítulos cerrados, no terminaba de convencerme mucho y que se echaba de menos un poco más de desate, pero a grandes rasgos, su primera temporada (o primera parte) no sólo no estuvo mal, sino que tuvo capítulos más que decentes y divertidos.

El problema vino después. Porque, en lugar de aprovechar el material para continuar el camino de la forma más natural posible (primero presentas y luego desarrollas dando rienda suelta a lo que se vaya ocurriendo), la segunda temporada (o segunda parte, yo ya no sé) pasó directamente a la autocomplacencia, continuando una historia que, seamos sinceros, no tiene ningún interés, y limitando lo cómico a ocurrencias puntuales respecto a los tipos iniciales. Por así decirlo, pasamos de los primeros capítulos de Futurama a la temporada 15 de Los Simpson (por decir un número, hace ya muchos años que perdí todo el interés por ella). 

La tercera no mejora demasiado, pero la cuarta directamente me ha parecido aburridísima. De hecho, no tengo muy claro por qué no la he dejado de ver, igual que no tengo claro por qué siguen dándole cancha a esta y cancelan BoJack Horseman, por ejemplo (temas sindicales aparte). Luego que si pierden dinero...

lunes, 25 de abril de 2011

Frase de la semana


No puedes ser gay por una sola persona. A no ser que seas una mujer y conozcas a Ellen.


Liz Lemon en 30Rock (S02E07).

lunes, 4 de abril de 2011

Monty Python's Flying Circus

Flying Circus (BBC 1969-1974)


Creía haber hablado ya de esta serie, pero viendo la lista de entradas, parece ser que no. Claro que cuando la he tenido presente desde inicios de este blog, allá en 2007, mientras hacía anotaciones de las posteriores Los caballeros de la mesa cuadrada y La vida de Brian, también es fácil confundirse.
Estoy convencido de que pocas veces en la historia de la cultura del siglo XX ha habido más talento reunido que dentro de los Monty Phyton. Y con eso ya estoy
diciendo lo que va a ser esta entrada.
Amos absolutos del humor absurdo, creadores de un tipo de comicidad que luego ha sido explotado por todos los que han querido hacer humor inteligente y plagiados hasta por ellos mismos (The meaning of life no es otra cosa que una sucesión de sketches que bien podrían haber formado parte de esta serie), es en esta obra maestra incontestatable de la televisión donde dan forma, pulen y embellecen lo que nos ha llegado de ellos y conforma todo el universo que los rodeó cuando existían y los ha seguido rodeando tras su disolución.


En realidad lo que hacen no es más que lo que ya expliqué aquí antes, y tampoco me quiero repetir. Así que simplemente diré que, cuarenta años después, el circo de los Python sigue volando alto, alto, mucho más alto, que toda la comedia que hemos podido ver en la catodia desde entonces.
Y no hablemos, evidentemente, del producto patrio, que es harina de otro costal... Aunque es curioso que uno de los más divertidos e ingeniosos gags que tenía el programa fuera a costa de nuestra historia. Recuerden (y si el youtube me deja, lo insertaré) que Nobody expects the Spanish Inquisition.




lunes, 28 de marzo de 2011

30Rock

30Rock (NBC)

[Nota mental: Tres entradas en dos días, no se quejaran]



Tengo hasta las narices a los tuiteros que tuvieron a bien darle al botón para seguirme (pobrecicos) de hablarles de mi último descubrimiento televisivo. Último porque sigo siendo un burro y no me termino de fiar de lo que me dicen los amigos que llevan recomendándome esta serie años.
30Rock, serie a mayor gloria de Tina Fey (esa Liz Lemon antipro
totipo femenino de la Gran Manzana) y Alec Baldwin (que no se ha llevado tantos premios ni ha estado mejor nunca) es una auténtica joya de la comedia.
Si el cine dentro del cine ha dado frutos excelentes, la televisión dentro de la televisión no ha tenido normalmente la misma suerte (si exceptuamos Sigue Soñando, serie que alabo en mi memoria pero que no tengo manera de encontrar para ver si es así).
Por ello, la apuesta de la NBC en manos de una cómica curtida en el Saturday Night Live y que tiene como baza fundamental la sátira de la producción telev
isiva de mercado actual, parecía como mínimo interesante.
Una vez comienzan a explorarse sus temporadas (ya va terminando la quinta) nos damos cuenta de que lo es mucho más que todas las expectativas que teníamos en ella.
Exageradísima recreación de las fuerzas dinamizadoras de la economía televisiva, afilada sátira del intelectualismo neoyorquino, 30Rock consigue lo que pretende de la forma más difícil, la exageración hasta casi el infinito de los roles de sus personajes sin que, sin embargo, lleguen a rozar el ridículo.


Acometidas constantes contra actores famosos (Anne Heche es la gran damnificada) incluso en los textos de los programas que ellos mismos visionan, repetición de situaciones periódicas para subrayar la nula evolución de los personajes (esas llamadas telefónicas de Liz Lemon borracha son antológicas), homenajes confesos a grandes y menores obras cinematográficas, publicidad falsamente encubierta (y bromas sobre la forma de encubrir esa publicidad) y estereotipaciones ideológicas que ridiculizan a los que pueblan Manhattan y hacen series para televisión, son solo algunas de las cosas que nos ofrece una de las sitcom más ingeniosas y completas que he visto desde hace tiempo (y saben ustedes que frecuento bastantes) y que utiliza la "blancura" del humor que tiene que desarrollar precisamente en su faceta de producto de multinacional para dinamitar sin cortapisas lo políticamente correcto de lo que, se supone, debería hacer gala.
Muy grande, señores, muy grande.


lunes, 21 de febrero de 2011

Los Tudor

Los Tudor (Showtime)


Ante la idea que tienen las productoras españolas de que lo que ellos hacen es ficción televisiva de calidad, dejaré claro que lo mismo un día de estos hablo de El barco. Será un jueves.
Mientras tanto nos vamos a países donde si se toman en serio sus producciones aunque, en el caso que nos ocupa, la calidad sea más un espejismo estético que c
ualquier otra cosa.
Para empezar, pongamos una imagen de lo que, ante todo, puede justificar el visionado completo de esta serie:


Efectivamente, es Cavill, el gran Cavill, que aparte de ser un estupendo actor, contenido pero potente como nunca hubo salido ninguno del Actor's Studio, es guapo a rabiar.
Porque básicamente de eso se trata The Tudors, de hacernos bello el inicio de una de las épocas más terribles de la historia europea en general e inglesa en particular, las guerras de religiones.
La dinastía Tudor y sus personajes permanecen en la mente de todos los que alguna vez estudiamos Historia por anécdotas en las que los guionistas de
la serie, sin embargo, centran toda su atención, olvidándose del rigor histórico más allá del forzar fechas para que Tomás Moro sea decapitado el día que le tocaba.
Aunque en realidad da lo mismo, porque The Tudors de lo que menos va es de historia. La serie es una larguísima recreación de intrigas palaciegas de esas que azotaban todas las cortes europeas, queriendo que fueran las que se desarrollaron durante el reinado de Enrique VIII y favorecidas por su líbido y su deseo de que le parieran un heredero varón.
Y a pesar de querer pretender ser un homenaje al desarrollo del anglicanismo y a su primer representante, nos presentan a Enrique, el supuesto héroe, como un cantamañanas salido y caprichoso que se cree bajado del cielo y no puede tolerar la m
ás mínima afrenta, cambiando de opinión y cortando cabezas cual Reína de Corazones al descubrir que en el jardín se habían plantado rosas blancas.
Y vamos acompañándolo en sus desamores con Catalina de Aragón, en su affair con Ana Bolena (en modo arpía), su posterior enamoramiento por Juana Seymour (yo es que los nombres me los aprendí en el colegio así)... hasta su muerte, poco heroica, solo en su castillo.


Irregular, en todo caso, sólo la primera parte de la vida de Enrique, especialmente la segunda temporada, consigue emocionar y merece un buen repaso, pudiendo haber copado la mayor parte del tiempo con lo que nos hubiéramos ahorrado una tercera y una cuarta temporada tediosas y repetitivas, cuyo único sentido era el desenlace conocido y donde hasta los despelotes parecían escasear.
Personajes que aparecían y desaparecían, tramas incompletas, estereotipaciones, personajes desaprovechados (la futura Isabel, la gran reina del periodo, y su deseo de permanecer lejos de los hombres habrían dado mucha más emoción que los devaneos del monarca)...
Ni siquiera el capítulo final, facilón e infantiloide, salvó lo que hacía diez capítulos había perdido el norte.
En fin, que estoy escuchando la radio a toda voz y no se lo que he dicho, pero... ¡qué guapo es Henry Cavill!


lunes, 14 de febrero de 2011

Californication

Californication (Showtime)


Leía en alguna parte (o en varias) que Californication era el Sexo en Nueva York (o en su defecto el Queer as folk USA) para heterosexuales cuarentones. Sin querer contradecir dicha afirmación, cierta como que la Gala de los Goya se va superando en cutrez año tras año, si que pretendo dejar claro desde el principio una cosa muy sencillita: Californication es muchísimo mejor que ambas dos. De largo.
Cambiamos Nueva York por Los Ángeles, a un grupo de amiguitas por un escritor vicioso que sólo tiene a un amigo, igual de pervertido, que además es su agente (patrón mucho más masculino), una ex-mujer (arquetipo del cuarentón libérrimo )y una hija adolescente gótica (e inadaptada) que, como no podía ser de otra manera, se lleva mucho mejor con el padre que con la madre que pone las normas.
De ahí en adelante lo que tenemos son muchos personajes con los que nuestro Hank Moody (infinitamente más simpático que la insoportable Bradshaw) se va topando en su desastrosa carrera hollywoodiense, la mayoría de ellas mujeres licenciosas que no dudan en calmar su apetito sexual con el seductor escritor venido a menos mientras este sueña con volver con su ex-mujer, supuesto amor de su vida, y que nunca termina de salir bien.
Hasta ahí podemos apreciar el parecido, pero a diferencia del inexistente periplo de las pijas neoyorquinas en búsqueda del amor de sus vidas, Californica
tion utiliza el estereotipo opuesto para mostrarnos las miserias de la supuesta Meca del glamour estadounidense, convirtiendo las experiencias sexuales de sus protagonistas en bromas con las que describe (o denuncia) la vacuidad de una ciudad pagada de si misma y de unos habitantes demasiado complacidos pensando que son el ombligo del mundo como para darse cuenta de que existe algo más.
Visión demoledora aunque optimista de la más alta cota que se le presupone al american way of life, Californication sin embargo sufre de algo que también padecía aquella con la que la comparábamos y que lastra especialmente su tercera temporada, y que no es otra cosa que el estatismo.



Porque queramos o no, Californication se plantea como una sitcom evolucionada, queriendo huir de la teatralidad y mezclarse con el drama, sin conseguirlo del todo. Y una vez resueltos todos los chistes posibles sobre el estilo de vida que presenta, lo único que queda son dimes y diretes con la vuelta o abandono de la mujer amada y las múltiples transgresiones amatorias que las provocan, algo ya visto desde la primera temporada y que, pese a capítulos con gags y espacios cómicamente monumentales, dejan cierta sensación de aburrimiento y tedio que, si bien no viene bien a ningún producto, precisamente a esta serie la deja bastante más tocada de lo deseable.
Teóricamente se iba a cancelar, pero hace unos días me he encontrado con los primeros capítulos una cuarta temporada que acaba de empezar y que, sin haber visto todavía, promete una estancia en Nueva York (aunque supongo que no en la zapatería de Blahnik) como revulsivo contra esa misma quietud dramática. Esperemos que si.



P.D.: Y, se me olvidaba, lo que vi anoche en los Goya aquí.

sábado, 12 de febrero de 2011

Dog days are over

Dog days are over (Florence + The Machines)

El llevar años sin escuchar regular y atentamente la radio (radio 3, que es lo único que se puede en este país) te desconectan del mundo musical, de tal forma que a pesar de recomendaciones varias, se queda uno estancado en lo suyo y necesita que venga la Banda Sonora de Glee, repleta por otro lado de ídolos adolescénticos, a descubrir pequeñas joyitas de vez en cuando, que es lo que me pasó hace un par de capítulos con Florence + The machines.
Como todavía no los conozco de verdad, me limitaré a dejar su canción, especie de folk evolucionado y mucho mejor que la edulcorada versión de la, por otra parte, divertidísima serie, una de mis preferidas actualmente.




lunes, 31 de enero de 2011

Frase de la semana


Pilar Rubio se ha puesto tan cerda que se haría la matanza a sí misma.


MiAmigoAlvaro en el twitter de #otlive.

P.D.: las redes sociales son muy peligrosas, sobre todo cuando llueve. No dejen que les atrapen o terminarán viendo cosas infumables con tal de desvariar... aunque perlas como estas merecen la pena, para qué negarlo...

lunes, 24 de enero de 2011

jueves, 20 de enero de 2011

Destrozando a... Spartacus: Blood and Sand

Spartacus: Blood and Sand (Starz, 2010)



Retomamos sección (tenía pensadas otras, pero como bastante es que esté actualizando, tanto tiempo después, lo iremos dejando para más adelante) con la prueba irrefutable de que hay productos que pueden ser interesantes una vez a modo de experimento, pero más...
Spartacus (Blood and Sand) es una serie que se apoya en un tratamiento digital similar al empleado por Zack Snyder en 300 (película que creo que fui el único al que gustó). Tratamiento que era luz y guía de una película que se basaba en un comic cuyo aliciente principal era la estética, y que ha querido ser trasladado en todas sus premisas a serie de televisión de capítulos tediosos e inacabables.


Como con sangre parece que los productores no terminaban de estar contentos, acabaron rellenándolo todo de sexo (tan estético, tan impersonal, tan vacío), preferiblemente masculino, para olvidarse de los guiones y las actuaciones (parece que nadie puede decir nada si no es en medio de un polvo o una matanza) y realizar un videoclip carísimo perfectamente olvidable.
Como me decía Josito el otro día, yo también prefiero una porno y termino antes.


lunes, 22 de noviembre de 2010


Hippies. Están por todas partes. Dicen que quieren salvar la Tierra, pero lo único que hacen es fumar maría y oler mal. ¡Odio a los hippies!


Eric Cartman, aproximadamente un millón de veces en South Park.

lunes, 13 de septiembre de 2010

Parks and recreation

Parks and Recreation (NBC)


Si les parece que vamos a hacer una recopilación de lo que el mockumentary ha dado de si... pues si, al menos lo parece.
Y vamos con una de las últimas adquisiciones para un género que en general no hace otra cosa que darnos alegrías a los amantes de la comedia.
Planteada como un spin-off de The Office (versión yanqui) que no es tal, Parks and Recreation es sin embargo el reverso oficial de La oficina, entendiendo como tal el que, efectivamente, se sitúa en la gestión y funcionamien
to de una entidad, en este caso gubernamental.
Entre los personajes que pueblan el funcionariado del pequeño pueblo de Pawnee (donde curiosamente el ayuntamiento es mayor que el de cualquier ciudad media española) destaca, con mucho, la sin par Leslie Knope, interpretada con maestría por Amy Poehler, también productora ejecutiva de la serie.
Siendo la segunda de a bordo del Departamento de Parques y Actividades recreativas del ayuntamiento, la cámara se dirige a ella por ser una rara avis dentro de toda la burocracia.
A Leslie le apasiona su trabajo y se entrega a él con diligencia y excesivo entusiasmo, tanto que la primera vez que la observamos está realizando un
a encuesta a niños de parvulario para dilucidar la opinión de la "ciudadanía" sobre los juegos de uno de los parques que ha construido su gobierno.
El destino de un solar deshabitado será tomado por la Knope como su caballo de batalla contra las injusticias, planificando un parque que nadie ha pedido pero que ella considera necesario para "el pueblo" y para su carrera política.
Fotos de Janet Reno y Hillary Clinton presiden el despacho compartido de esta defensora del sistema que, llegado el momento y gracias a su amistad con Ann Perkins (Rashida Jones), inquilina de una vivienda cercana al solar de marras que pon
e la primera piedra de la fantasía del parque de Leslie, se dará cuenta de que no tiene vida personal real y hará lo posible para remediarlo.
Leslie no nos cae bien desde el primer momento. Es irracional, terca, agresiva en sus luchas (sus argumentos para convencer a las madres que se oponen a su proyecto carecen de cualquier tipo de ética y, por tanto, son descacharrantes) y vive ajena a la realidad del mundo laboral que la rodea: nadie, excepto ella, cree que en los políticos ni los gobiernos, incluidos sus jefes y sus colaboradores que, también desde el primer momento, se nos hacen mucho más identificables.
El ridículo continuo de Leslie y las tomaduras de pelo que sufre por parte del antiseductor y holgazán Tom, del sabihondo Mark (y su no relación am
orosa años atrás), la ¿emo? April (y su relación triangular con su novio bisexual y el novio gay de este) y, sobre todo, su jefe Ron, un republicano que entiende que la mejor forma que tendría un gobierno sería dinamitándolo, no hacen más que conseguir que poco a poco, le vayamos cogiendo cariño a una señora que, pese a las formas, es la única que lucha por un futuro mejor.


Tras una primera temporada de tan sólo seis episodios algo dubitativa y más seria de lo deseable, la continuación en forma de segunda temporada completa logró que la serie subiera enteros en cuanto a su conformación como sátira y como ridiculización tirando a salvaje del panorama político estadounidense y casi que mundial, no sólo centrado en los políticos, también en los votantes que se nos presentan como egocéntricos meapilas que, como dice Ron, tienen demasiado tiempo para preocuparse de tonterías.
Además sirvió para la incorporación a la serie con todas las de la ley del bobalicón Andy, ex-novio de Ann y objeto de deseo de April, grandísimo payaso del show en el que además brillan con luz propia unos secundarios excelentes.
Una gran apuesta que no sabemos si durará mucho más (la tercera temporada está renovada, pero sólo la dejaron en media), por lo que habrá que aprovecharla.


Frase de la semana


No soy idiota. Se que Tom pierde a propósito, pero me cae bien. No trabaja mucho, no muestra ninguna iniciativa, no sabe trabajar en equipo, nunca hace un esfuerzo... Tom es exactamente lo que busco en un empleado del gobierno.


Ron en Parks and Recreation.

lunes, 6 de septiembre de 2010

Modern Family

Modern Family (ABC, 2009-...)


No sabemos por qué, pero los premios Emmy, los más importantes galardones de la televisión norteamericana, asemejados en categoría a sus primos del cine (esos que no podemos nombrar so pena de que nos pidan que paguemos el copyright) dan la impresión de ser siempre mucho más justos.
La gran triunfadora de este año, junto con la omnipresente Mad Men, es una pequeña comedia en tono mockumentaroide que ha ido calando poco a poco en todos los que la conocimos hasta hacerse imprescindible.
Mucho más blanca en apariencia que casi todas sus hermanas de género, Modern Family narra las andanzas de una familia (los Pritchett y sus ramificaciones) que cumple todos los requisitos para entrar dentro del molde de las nuevas entidades fa
miliares.
La parte tradicional la llevan el bobalicón Phil y la redimida Claire Dunphy junto con sus tres hijos (la guapa y tonta, la lista y no tan guapa y el más tonto).
La parte más rancia la lleva el patriarca Jay, casado en segundas nupcias con la colombiana y visceral Gloria y el romántico y pasado Many, hijo de esta
y de un delincuente que siempre se nos dibuja como mafioso.
Y la parte más moderna y revolucionaria la llevan el reprimido Mitchell y la loca Cameron, pareja gay que convierte su vida en la más típica fantasía heterosexual al adoptar a una niña vietnamita.


La parte más sutil se la llevan los guionistas que, sin preocuparse de mayores, diseccionan minuciosamente y casi sin que se note los arquetipos, tópicos y preocupaciones de las nuevas relaciones interfamiliares de forma tan realista que miedo da el poder observar en qué se está convirtiendo la "piedra angular de la sociedad occidental".
Mentiras piadosas dichas por bocas que se cierran en cuanto se escuchan, padres que no saben serlo, hijos que los manipulan como si fueran imbéciles (Phil lo es, desde luego), prejuicios que solo tienen los que se sienten víctimas de ellos, buenos sentimientos que esconden frustraciones personales, persecuciones que se basan en la propia conciencia del perseguidor, y toda la mierda que cabe encontrar en una familia en la que todo se habla y se discute como si todos tuvieran voz y voto igualitario, que Modern family consigue rescatar de la quema mediante aspectos tan estupendos y tan pasados de moda como el cariño, base angular, eso si, de los sacrificios y menesteres que supone mantener a tanta gente distinta unida.
Y eso que como el patriarca Jay tenemos a Ed O'Neill, que pasará a la historia como ese zafio, maleducado y encantador padre de esa grandísima serie que fue Matrimonio con hijos, y que aquí se convierte en un malhumorado y mentiroso hombre casado con una mujer mucho más joven y diferente (colombiana, de hecho) que intenta acercarse al mundo de sus hijos con menos tacto y dedicación de la que debería, pero con más interés del que le presuponen.
El resto del reparto tampoco tiene desperdicio y la hilaridad que provocan ellos mismos y sus vidas menos aún.
Si quieren comprobarlo y les pesa la conciencia con las descargas, Antena 3 mediante su filial Neox sin que necesariamente sirva de precedente (aunque esperamos que si) la emite desde la semana pasada, todos los lunes a las diez de la noche (nueve en Canarias).
Ahora, que si no vieron el primer capítulo no puedo más que recomendarles que lo recuperen y aprecien cuanta belleza, cuanta sutileza y cuanta mala baba contiene la escena de la pizarra de los eventos de la familia Dunphy. No quiero decir más.


lunes, 30 de agosto de 2010

Frase de la semana


¿Sabe que nueve de cada diez consumidores de metaanfetamina dijeron lo mismo que usted?


Leslie Knope en Parks & Recreation.

lunes, 23 de agosto de 2010

Arrested Development

Arrested Development (FOX, 2003-2006)


¿Que voy a decir yo ahora que no dijera Josito en mayo? Pues absolutamente nada, miren ustedes. De hecho tan poco voy a decir que no esté en este magnífico artículo que incluso me he tomado la libertad de robarle las fotos. Pero como algo tendré que hacer para que no me acusen de vagancia, resumiré en un par de cositas mis impresiones propias.
Arrested Development, monumento televisivo a la comedia, fue una desafortunadamente desaparecida (y por tanto, de culto a estas alturas) sitcom que jugaba con la baza del falso documental.
A diferencia de los mockumentarys, sin embargo, Arrested Development transgredía los límites metalingüísticos y, salvo puntuales atisbos que dejaban entrever la posibilidad de que todo lo que sucediera fuera grabado en vivo, se situaba precisamente en la trama final, sólo apuntada, de la traslación de la historia de los Bluth a la televisión.
Y es en el preciso instante en que nos damos cuenta de lo chirriante del supuesto documental, más o menos a los cinco minutos del inicio, c
uando Arrested Development se perfila como la sátira corrosiva que realmente es.


Porque Arrested Development arremete contra todo y contra todos mientras narra historias deliberadamente exageradas, basadas en la reducción al absurdo, respecto a una familia de la que nadie en su sano juicio querría ser miembro y de la que Michael Bluth (Jason Bateman), cabeza responsable y seudohonesta de la misma, no puede escapar aun queriendo.
En base a unos guiones como poco inteligentes, Arrested Development decapita al sistema económico americano, al gobierno de los Estados Unidos (incluida la guerra de Irak), al consumismo, a las apariencias, al estilo de vida de los ricos, a la familia y sus dinámicas, a las esperanzas vanas, a la moral conocida, a las series de televisión, a las productoras de cine... de forma totalmente insalvable pero con suficiente sentido del humor para no poder ser criticada por el objeto de sus burlas.
Como no podía ser de otra forma, su cancelación llegó antes de tiempo y tras solo tres temporadas en antena. Pero qué tres temporadas, señores.


lunes, 16 de agosto de 2010

The Office UK

The Office UK (BBC, 2001-2003)


Tengo relativamente claro que el humor difiere mucho de unas culturas a otras, y si bien los mediterráneos, por ejemplo, habíamos sido capaces de hacer arte a costa de reírnos de la desgracia propia (y ajena también, por qué no reconocerlo), por más que la corrección política esté acabando con tan sana costumbre, los ingleses son los auténticos maestros a la hora de practicar el humor basado en la vergüenza ajena.
En este sentido, The Office, la serie original de tan sólo doce capítulos (mas un especial de navidad) que daría lugar a la mucho más exitosa versión norteamericana, no aporta absolutamente nada nuevo.
Sin embargo The Office ostenta el título de inspiradora (si no creadora) de un género que no sólo se ha seguido cultivando con excesiva profusidad, sino que continúa dando excelentes resultados en muchas ocasiones, eso que llaman el mockumentary.
En tono de falso documental grabado por la BBC sobre el trabajo en una oficina de una empresa papelera en el culo del mundo inglés, la cámara se va adentrando por los rincones del lugar de trabajo de una serie de personajes que no paran de hacer el ridículo para deleite del espectador.
El gran protagonista del evento es ese cretino llamado David Brent (Ricky Gervais, uno de los creadores de la serie), jefe inicial de la oficina que aspira a ser humorista y cuyos intentos por agradar y ser el más popular del lugar sólo llevan a una decepción tras otra y a la continua y vergonzante exposición de sus miserias.
El resto del equipo de trabajo no le va a la zaga y se humillan del mismo modo que Brent, sobre todo cuando comprobamos gracias a una cámara cotilla que se agazapa como el león que caza a su presa, las contradicciones de sus actos con lo dicho en las entrevistas que conceden.El punto álgido y la mayor secrección de bilis coincide con la aparición de Neil Godwin, ascendido a jefe de Brent y con quien este mantiene un duelo por la popularidad que sólo existe en su cabeza y que acabará con su empleo y con su fantasía laboral.
El especial de navidad, teóricamente grabado dos años después, sirve para finalizar la serie con un sabor menos amargo de boca del que se nos queda al concluir la segunda temporada y tengo que decir que fue muy de agradecer, porque la desesperanza que transpira todo el metraje era casi demasiado honda hasta para ser inglesa.
Especie de obra maestra de un género que se iba desdibujando a pasos agigantados, es buen momento para volver a recuperarla y taparse la cara de vez en cuando observando cuan imbéciles pueden ser nuestros congéneres e incluso, nosotros mismos.
Porque de eso es lo que va The Office en realidad, de gente que no sabe lo que hace y que debería empezar a mirárselo.


lunes, 2 de agosto de 2010

Frase de la semana


Vamos a derribar el edificio del Ministerio de Igualdad. Total, para lo que sirve. Es como un hijo tonto, todo son gastos.


Miki Nadal caracterizado como Pedro Almodóvar en Sé lo que hicisteis.

lunes, 21 de junio de 2010

Mujeres ricas

Mujeres ricas (La Sexta)
Emulando formatos norteamericanos, la cadena televisiva que compite por el estatus de progre junto con Cuatro a base de pretender ofrecer lo mismo pero en formato cafre en vez de glamouroso, estrenaba hace unas semanas Mujeres ricas, supuesto docu-reality (esa nueva forma de llamar a los documentales preparados) que aparentemente se aleja de la línea editorial habitual de la cadena pero que, sin siquiera ellos ser conscientes del todo me temo, se está convirtiendo en uno de sus mayores éxitos al ser el más sarcástico de todos sus experimentos.
En un mundo en crisis se ha criticado mucho el que "la cadena del gobierno", ese que dice ser de izquierda (risas enlatadas) dirija su mirada al lujo y el glamour ensalzando las virtudes de unas mujeres que se dedican a dilapidar fortunas y al distraido trabajo del shopping.
Evidentemente el que opine eso es que no ha dedicado diez minutos de su vida a ver esta auténtica obra maestra de la miseria humana.
Como dije previamente, creo que ni sus propios creadores han sido conscientes del monstruo que han creado hasta que no lo han tenido entre manos.
Mujeres ricas nos presenta, para empezar, unas cuantas familias, no sólo a las amas de casa en si, que, como bien dijo Mariana Nannis, estrella indiscutible del programa y a la que volveré posteriormente, no son tan ricas como se nos presentan "en Miami si que hay mujeres ricas [...]Deberíais cambiarle el título al programa y llamarlo Mujeres pobres".
Porque nos movemos en el lujo ibérico, lujo que tiene sus epicentros en Marbella, Las Rozas y El Ejido, como si cualquiera de estos sitios fueran equiparables a Montecarlo o las colinas de Los Ángeles.
En realidad tenemos una representación del medio-pelito patrio entre el que nos encontramos mujeres de mundo (Valére y Nannis) y pijas autóctonas (las Collado y Segura) y que oscilan corportamentalmente entre las que realmente quieren creer que viven en un mundo de lujo y glamour inigualable (Valére tiene una discoteca en Marbella en la que todavía puede creerse algo, Segura sólo tiene la pose) y las que viven en el mundo real, más práctico (las Collado y Nannis).
A base de retazos vamos conociendo cada una de las personalidades y cada uno de los estilos de vida de varias mujeres que han sabido labrarse un futuro (Valére), que tienen que hacerlo ahora que están divorciadas y se ven en un mundo en el que todavía tienen mucho que aprender (las Collado), que vienen de dar muchas vueltas y están ya demasiado hartas como para hacer mucho más allá de cuidar de sí mismas y los suyos (Nannis) o que han luchado y seguirán haciéndolo para representar perfectamente el rol de florero (Segura).

Cada una con una personalidad definida, un grupo familiar (y qué grupos familiares) y un estilo marcado, poco cohesionadas como grupo e individualmente ricas fuera de estereotipos, sólo dos de ellas acaparan especialmente la atención: Mar Segura, almeriense cortijera y que vive por y para la apariencia (su dramático episodio de las bolsas en los ojos para su fiesta de cumpleaños es de antología de la histeria) y la gran Mariana Nannis (y sus hijos), resignada y hastiada a la posibilidad de la cornamenta y con los pies suficientemente en el suelo como para compaginar la más absoluta de las superficialidades con la capacidad de dar palizas sin manos a la hora de bajar a la realidad al resto de la gente con la que se va topando.
El enfrentamiento del último programa con la Segura fue un ejemplo de ello:
"¿Estarás muy orgullosa de tu marido?" preguntaba la Segura.
"¿Orgullosa?¿De qué? Orgullosa estaría si fuera médico. Pero orgullosa porque le esté dando patadas a un balón..." Respondía llena de coherencia dentro del resto de su discurso Mariana.
Lo titularon España-Argentina... porque al menos el señor de los rótulos sí que ha tenido claro desde el principio lo que se traía entre manos... y bien que lo ha hecho...