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viernes, 7 de abril de 2023

La Tierra según Philomena Cunk

Cunk on Earth (miniserie de TV, Broke and Bones para Netflix y BBC)
 

 
¿Qué pasaría si se deja una serie divulgativa en manos de alguien que cree ser un experto, pero que no es capaz de entender la progresión temporal y cuyas fuentes de información son internet y lo que le va contando su colega Paul? Pues aquí tenemos la respuesta para el mundo, en UK ya la tenían desde hacía años.
Philomena Cunk, la conductora de esta miniserie británica, es precisamente esa "experta", que va viajando por el mundo y, más concretamente, por distintas zonas del Reino Unido y EEUU, mientras nos cuenta su versión de la historia de la humanidad y la confronta con distintos expertos universitarios de uno y otro lado del Atlántico. Todo en la línea de esos documentales, muy británicos, en la que éstos se pasean por el mundo analizando la vida e historia de los demás desde el sesgo de la "britaniedad".
En ese sentido, Philomena Cunk es digna heredera de los Jaime Olivers del mundo (si no han visto alguna de las series de este cocinero inglés recorriendo países para explicarles cómo hacer mejor sus comidas tradicionales, les recomiendo la que hizo en Italia, se pasó toda la serie cabreadísimo con los italianos porque no le dejaban destrozar su comida típica), mezclando anacronismos, pensamiento mágico y conspiraciones, con una visión del comportamiento humano rígido, donde no se concibe la existencia de culturas más allá de la occidental actual, según la cual va modelando su interpretación del desarrollo de la humanidad. 
Los chistes funcionan espléndidamente bien, empezando por el chiste que es, ya desde el inicio, el planteamiento de la serie, y creo que lo consiguen porque nunca se salen de su estructura, seria y rígida, como Philomena, como occidente. Apreciaciones delirantes fruto del pensamiento del personaje, acompañan a críticas a la visión británica del mundo, al planteamiento globalista y a cómo estamos insultando la historia con tal de cumplir con lo turístico, por ejemplo, no menos de lo que lo hace Philomena.
Toda la serie es hilarante, pero quiero dar una especial mención a los expertos reales a los que se entrevista. Es impresionante cómo intentan mantener el tipo, sin conseguirlo la mayoría, ante los planteamientos de Cunk, que incluyen el desacreditar lo que estos expertos están explicando o, hablando de Alejandro Magno, preguntarle por su cuidado de cabello, por ejemplo. Sólo unos pocos parecen darse cuenta de lo que hay (o conocer al personaje, ahora les cuento) y entran al trapo de la broma, el resto (especialmente los americanos) no salen de su estupor o se muestran visiblemente enfadados.
Conocía a Diane Morgan, la cómica inglesa detrás de Philomena, de algún trabajo anterior (el capítulo que le dedican a su personaje en al final de After life es, posiblemente, lo mejor de su última temporada) y merece todo el crédito por conseguir mantener la compostura con lo que suelta por la boca. Aunque lo tiene dominado, lleva haciendo de Philomena desde 2016, en que en la BBC comenzaron con el chiste, tanto en un par de series como en otro par de especiales, que pueden encontrar sin rebuscar mucho en esa famosísima aplicación de canales de vídeo donde empezaron todos los "creadores de contenido" antes de que el contenido fueran fotos.  

domingo, 26 de marzo de 2023

RRR

RRR (S. S. Rajamouli, 2022)

 


Hacer una película de tres horas que no aburra en ningún momento es meritorio. Hacer que una película india de tres horas de duración, contando una historia acerca de los horrores del colonialismo británico en India, en forma de aparente película de aventuras clásica, pero que a la vez toque prácticamente TODOS los géneros, incluyendo un número musical larguísimo, y se divida claramente en tres películas distintas que están dentro de la misma historia, sin que haya prácticamente nadie en occidente hablando mal de ella, es para coger a sus creadores y que les den la presidencia del país, sinceramente.

Nos presentan al inicio de la película las tres Rs del título: el detonante de la historia (el episodio de robo de una niña de un poblado hindú a manos de unos despiadados colonos ingleses) y los dos protagonistas reales: un soldado hindú en el ejército británico que no para de intentar hacer honores, incluso enfrentándose él solo a una turba en una escena cuya coreografía deben envidiar desde la Marvel, para que el racismo lleve a que esos honores se les otorguen a los cobardes británicos; y el encargado de rescatar a la raptada, una especie de guía/protector de la tribu, que se nos presenta cazando, con una trampa y sus propios brazos, a un enorme tigre de bengala. El destino de ambos se une cuando se promete un ascenso a cualquiera que encuentre a la especie de semidios que la inteligencia británica sabe que ha venido a rescatar a la niña, lo que supone la única oportunidad para el soldado que de otra forma nunca logrará esos honores que desea, y que empezará a buscar un fantasma sin saber, llegado el momento, que ambos se han encontrado mucho tiempo antes en la propia película, mientras salvaban a un niño de un incendio en el río (sí) haciendo ambos de Tarzán desde un puente (sí). 

Su compenetración y su propia amistad, casi en los términos de cualquier bromance de comedia adolescente americana, evitará que se den cuenta de quiénes son el uno y el otro, ayudándose involuntariamente desde a conseguir pareja, a otros aspectos necesarios para el plan de ambos, negando indicios evidentes de la realidad y todo para que, finalmente, termine triunfando la traición en una secuencia (la del asalto al palacio) que es una barbaridad en todo (extras, fuego, animales salvajes matando casacas rojas, los protagonistas haciendo de Spiderman...). A partir de ahí, cambia la secuencia, cambia el estilo (como ya había cambiado cada dos escenas) y empezamos a entenderlo todo mucho mejor, incluyendo al traidor. 

RRR huye como de la peste de la profundidad, y es uno de sus grandes aciertos. Huye hasta el punto en que parece deliberado que siendo capaces de desarrollar la trama de forma tan sutil en algunos momentos, los personajes sean tan planos y estereotipados, las subtramas sean tan ramplonas (el racismo inglés se subraya a base de los mismos personajes con las mismas interacciones en distintos momentos de la película). Es como si hubieran decidido que nada tenía importancia más allá del desarrollo de la historia y, sobre todo, la espectacularidad de las escenas, ya sean de baile, ya sean de acción, ya sea de confesiones a la luz de la luna en la selva.

RRR es monumental en todos los sentidos. Un ejercicio megalómano, hipertrofiado, con una duración injustificable si tenemos en cuenta sólo el argumento, un guión en el que ocurren muchas cosas que sólo tienen sentido para poder hacer el más difícil todavía de las escenas de acción, una vez detrás de otra, todo es más... Parece que su concepción ha sido un brainstorming donde han dicho a todo que sí y luego se han puesto a unir las piezas. Y es lo bien que están unidas las piezas lo que hace que funcione como un reloj y que no es que salve las deficiencias, es que hace que casi nos olvidemos de ellas.

Luego ya está esa última parte final con ese discurso patriótico, demasiado cercano al ultranacionalismo, que no sólo no hacía falta (tampoco lo hacían la mitad de las secuencias y no quitaría ninguna), sino que molesta un poco, por más que no logra empañar las tres horas previas.

jueves, 16 de marzo de 2023

Machos alfa

Machos alfa (serie de TV, Contubernio)

 


Que los creadores de ese engendro plagado de ranciedad y heredero directo de los peores defectos del "morenismo" televisivo, incluyendo la falsa liberalidad moral desde la condescendencia más conservadora,  que es La que se avecina hicieran una serie sobre la masculinidad tóxica no ya que no oliera a naftalina y misoginia reprimida, sino cuyo mensaje fuera más o menos adecuado y no diera vergüenza ajena en (casi) ningún momento, es algo que debe haber sorprendido a los propios hermanos Caballero, pero, miren por donde, lo han conseguido.

Machos alfa nos presenta una comedia de enredos de pareja de estructura clásica que comienza con cuatro amigos que parecen verse obligados a hacer un curso de masculinidad tóxica en el que sólo parecen estar a gusto los dos que menos lo necesitan, como suele ser habitual, por otra parte. Esa primera escena sirve como punto de partida para que nos cuenten el qué es lo que los ha llevado ahí, sus desastres amorosos y la hija de uno de ellos. Cuatro relaciones de parejas (o ex-) muy distintas, y en parte estereotipadas, que tienen en común la falta de respeto mutuo, parece que casi siempre por las propias inseguridades de sus integrantes masculinos, algunos de ellos empeñados en forzar la maquinaria para compensar sus miserias, aún a costa de poder quedarse más solos que la una.

Cuernos, relaciones abiertas a las que los infieles se niegan, desencuentros de pareja, malentendidos, polvos en sitios insospechados en cumpleaños infantiles, amistades que se avergüenzan de la situación económica de los otros, influencers, aprovechados, falsos profetas, adolescentes más maduros que sus propios padres y, sobre todo, señores que no saben lidiar con algo más que no sea una serie de valores que creen importantísimos ellos, otros señores con la misma mala autoestima y sus cabezas.

Funciona muy bien con la mayor parte de los personajes, mostrando cierta empatía con sus desgraciados protagonistas (porque, en realidad, eso es lo que se esconde debajo de sus actitudes de mierda) hay secundarios fantásticos, y presenta situaciones divertidísimas, por más que hayamos visto versiones similares una y mil veces. Realiza lecturas más que adecuadas acerca del machismo, la intolerancia y las nuevas relaciones, a la vez que no tiene miedo en meterse en fregados y cuestionar las cuotas, la existencia de mujeres que manipulan a sus parejas o el por qué los hombres se han erigido referentes a la hora de "coachinear" espacios feministas. Todo con cierta elegancia y el suficiente tacto para que nadie se sienta atacado ni molesto (aunque si algo nos ha demostrado Twitter es que la masculinidad es el elemento más frágil conocido en la naturaleza), por más que chirrían (como lo hacen en otras producciones de sus mismos autores) esas parrafadas educacionales o la falta de sororidad con algunos de los ligues de Tinder, donde se nos presentan como risibles gente realmente herida. Por más que luego lo intenten arreglar.

En realidad estamos, salvando las muuuuuuuuuuchas distancias, con la enésima versión de The Philadelphia Story o Bringing up, Baby (y vuelvo a pedir perdón por la comparación), presuntamente modernizada, presuntamente local, presuntamente castiza, pero que no deja de beber de las mismas fuentes sin aportar mucho nuevo, más allá de que veamos que, si quieren, los Caballero pueden hacer cosas más que decentes. La disfruté mucho, y la vergüenza ajena siempre casi se ciñó a las situaciones y no a lo que se presentaba. Lástima ese "casi".

martes, 28 de febrero de 2023

El menú

The Menu (Mark Mylod, 2022)

 


Estoy por hacer lo mismo que el artículo que me animó a verla , y recomendarla sin más, por intentar no desvelar nada, pero a la vez me muero de ganas de hablar de ella. A ver cómo lo hago.

Una pareja está en un muelle esperando un barco que los llevará a la cena en un restaurante estrella de un chef estrella. Ella parece desconfiar bastante de todo, incluyendo la exorbitante suma de dinero que ha costado una velada diseñada sólo para doce afortunados, mientras él siente una fascinación nada disimulada ante todo el elitismo culinario. Mientras esperan el barco, van llegando al muelle distintas personas, relacionadas de algún u otro modo con la cultura "michelinista" de la comida, salvo una pareja, que provoca una incomodidad llamativa en nuestra protagonista, pero que no es lo más tenso de la espera. Tensión (y recelo por su parte) que no mejora al llegar a la isla en la que se encuentra el restaurante (y que parece haberse dedicado exclusivamente a éste) y notar lo nerviosos que se ponen todo cuando comprueban que ella no era la pareja original de su acompañante, que no había avisado del cambio. A partir de ahí, y tras recorrer unas instalaciones en un tour que maneja unos niveles de tensión que ya les hubiera gustado a los responsables de The pale blue eye, empieza la cena, donde desde el principio, tenemos claro que algo va a pasar. Y hasta aquí puedo contar sin desvelar nada importante, aunque creo que he contado demasiado.

The Menu, tal y como el del restaurante donde se desarrolla, es una experiencia inmersiva, completa y con afán de resultar totalmente satisfactoria, donde se nos presenta lo que a todas luces no deja de ser una comedia dislocada, pero de la forma más opuesta posible a lo cómico, aunque sin perder el toque absurdo (y con momentos hilarantes). Es tensa desde el inicio hasta el final, no para de provocar "sensaciones" en forma de sorpresas, literalmente llega un momento en que desconfiamos de todo lo que estamos viendo, y aún así resulta emotiva y casi misericordiosa con sus personajes. 

Más allá de la "crítica" a todo el negocio montado alrededor de la comida (que profundiza sin mucho problema, y a la que parece que es a lo que se le ha dedicado toda la atención crítica), es otro "Eat the Rich!" como lo era Glass Onion, sólo que con mucha peor baba (y casi resentimiento), y mucho más difícil de digerir, según lo que he ido leyendo. 

Si bien necesitamos el momento dramático/melancólico a mitad de metraje para que se pueda producir el final en las condiciones en las que tiene que hacerlo, es posiblemente el único momento que desentona, porque el resto es impoluto.  No hay una escena que sobre, ni siquiera una línea de diálogo que esté puesta por rellenar, casi que los planos parecen contados para que el espectador sienta lo que "el chef" quiere que se sienta, y sólo al final parece darse el lujo de recrearse un poco, sólo para que disfrutemos bien de la traca. 

Lo mismo no es para todos los paladares, pero deberían, al menos, intentar probarlo.

martes, 21 de febrero de 2023

Amsterdam

Amsterdam (David O. Russell , 2022)


Por más que no la conozco entera, y por más que me gustara Three Kings, no encuentro en la filmografía de David O. Russell razones para que los estudios le confíen tanto, la verdad. Pero me alegro mucho por él. Una vez visto este pastiche, no tanto por nosotros.

Amsterdam nos presenta la historia de dos veteranos en la Gran Guerra, un médico tullido que, repudiado por la familia rica de su esposa, dedica su desquiciado tiempo a intentar resolver las secuelas de otras pobres víctimas de las luchas de poder, y su mejor amigo, negro en un Nueva York no muy amigable para los de su raza, que son contactados con la hija de uno de sus oficiales durante la Guerra, el único que los trató como personas, fallecido en extrañas circunstancias de camino a USA. Esa misma hija será asesinada, y ellos culpados de ello, al inicio de la investigación que realizan para saber el motivo de la muerte de su querido superior, y que los conducirá a un antiguo amor y amiga de la postguerra que pasaron en el Amsterdam del título, y a una conspiración para introducir el nazismo en los Estados Unidos, aprovechándose de la posición propagandística, y sólo propagandística, de esos presuntos héroes de guerra.

Con todo ello se habla de racismo, de lo hipócrita de la cultura de "los veteranos" (venerados mediáticamente por los sectores conservadores, ninguneados políticamente y desechados socialmente), la salud mental, la deficiente asistencia sanitaria, la corrupción, el poder y la influencia que tuvo el ideario hitleriano en una parte importante de la alta sociedad americana (y en todas las europeas en realidad), que se ha ido trasladando hasta nuestros días.

¿Y qué hay de malo, entonces? Dirán. Pues el cómo, en realidad. El guión hila finísimo, pero de la forma más enrevesada posible sin llegar a resultar realmente complejo, y la dirección termina yendo en tantas direcciones que resulta confusa, ofreciendo cambios casi de género no sólo cada pocos minutos, sino a la vez en la misma escena. Amsterdam son veinte películas a la vez, sin que ninguna de ellas llegue a desarrollarse lo suficiente como para entender qué estamos viendo. Ni siquiera el tramo final, el más coherente en su desarrollo e ingenioso en resolución, el único en que en algún momento logra que la mezcla de géneros funcione, consigue mantener un pulso narrativo suficiente que ayude a que resulte emocionante. Es como si tuviera miedo de lograrlo.

Al final, deja cabos sueltos y sólo los momentos cómicos que incluyen al protagonista funcionan realmente, quizá porque Christian Bale está tan pasado de rosca que parece convertirse en una parodia involuntaria de su propio personaje. Y queda la sensación de que si no hubiesen querido ser tan ingeniosos, tan listos, tan artísticos, podrían haber logrado una estupenda película. Los mimbres estaban.

sábado, 18 de febrero de 2023

Good Omens

Good Omens (serie de TV, BBC Studios/Amazon Studios/Narrativia/The Blank Corporation/Salt River Studios/Bang Post Production)
 

 
Hace sólo un par de meses se anunciaba una segunda temporada de una serie que había olvidado que tenía que ver, gracias a lo cual la recordé, y hoy estoy aquí hablando de ella. Lo que es injustísimo porque se merecería un par de entradas por capítulo, soy consciente.
De la mente de Neil Gaiman y Terry Pratchett llegó un libro, que actualmente parece ser bastante difícil conseguir, llamado Buenos presagios, donde se contaba la historia de dos ángeles, uno celestial (Azirafel) y otro demoniaco (Crowley), encargados de acompañar a la humanidad, tras la expulsión de Adán y Eva del paraíso, para nivelar la lucha entre el bien y el mal. 
Lo consiguen gracias a un acuerdo no oficial entre ellos, que, confiando en capacidad de la humanidad para lo mejor y lo peor, no sólo les había permitido a lo largo de la toda la historia de la humanidad trabajar lo mínimo cumpliendo sus objetivos (y evitando que ningún "alto ejecutivo" del cielo o el infierno se preocupasen mucho de ellos), sino disfrutar de la vida humana sin consecuencias. Pues lo que vienen siendo un par de trabajadores sensatos, básicamente.
Tras miles de años, las historia que nos van a contar comienza, ante todo, con el "nacimiento" del anticristo, cuya venida final es encargada a un Crowley no muy consciente de sus consecuencias, que con una fe ciega en si mismo y su capacidad de manejo, delegado a un grupo de monjas satánicas, ignora el azar y consigue que el anticristo termine perdiéndose de la poderosa familia a la que tenía que haber llegado (un embajador estadounidense y su petulante esposa) y acabe viviendo en la campiña inglesa acompañado del cerbero que, para complacer a su amo, termina siendo un perrito faldero adorable, tirando al traste una planificación de millones de años.
Aún así, como pasa en todas las empresas, donde nadie comprueba nada, y Azirafel y Crowley siguen creyéndose capaces de mantener su situación, inconscientes de las consecuencias de sus actos, el fin del mundo sigue su curso y, llegado el momento, los Cuatro Jinetes del Apocalipsis aparecen para acompañar a su amo a un Armaggedon que nadie en el cielo quiere evitar porque, al final, lo de menos es el bien o el mal, y lo importante es demostrar quién mea más lejos. 
Nuestros ángeles, amigos y residentes en Londres, tendrán que intentar impedir el fin de un mundo al que aprecian y en el que están muy a gusto, ayudados sin querer por el anticristo y sus colegas púberes en bicicleta. Para eso mismo también viene a UK la última descendiente de la última bruja quemada en la hoguera, cuyos presagios no sólo sirven de hilo narrativo de toda la serie, sino que le permiten a su descendiente hasta saber qué comer en cada momento, por más que ella, una vez instalada, parezca más interesada en placeres terrenales con el último aprendiz del último cazador de brujas.
Me imagino que, como en Sandman, el que Gaiman esté en la producción ayuda a que se vean claras las intenciones y, supongo, a que al guión no se le vea un defecto de primeras y visualmente sea también maravillosa.  Tiene un sentido del humor muy pratchettco, es una comedia perfectamente facturada, como todo lo que hace la BBC, con seis capítulos divertidísimos en los que, como en el resto de obras de sus autores, se cuestiona lo establecido como importante, haciendo muchísima risa con las motivaciones, actitudes, comportamientos y justificaciones de lo normalizado, y apostando claramente por los inadaptados, los que se saltan las reglas y los que se preocupan por disfrutar sus vidas, porque para ellos a lo mejor no es el reino de los cielos, pero si no nos terminamos de cargar el plantea, lo cierto es que aquí se puede estar muy bien. 
 

miércoles, 11 de enero de 2023

Puñales por la espalda

Knives out (Rian Johnson, 2019)

 


Cuando se estrenó Knives Out a todo el mundo le supuso un soplo de frescura, cuando lo que presentaba era más viejo que el hilo negro, básicamente una película en la línea de todo el cine y series de televisión detectivescas de los 60-80, esas en las que se basa el Cluedo, y que se parodiaban en Murder by death,  especialmente esos que mezclaban el misterio con lo cómico, tipo Murder she wrote y, sobre todo, Columbo, cuya versión modernizada encarna a la perfección un Daniel Craig que parece estar huyendo como de la peste de James Bond.

La historia es que llevábamos tanto tiempo sin un divertimento de este tipo que cualquiera que nos hubieran presentado y que se hubiera hecho con un mínimo cuidado nos iba a encantar, y supongo que sus artífices eran conscientes de ello. Pero en un ejercicio de interés que, últimamente, cada vez vemos menos en el cine de las mayors hollywoodienses, realizan un guión perfecto, que apoyándose en varias direcciones estupendas (incluyendo la de arte) y unos actores en perpetuo estado de gracia, nos ofrecen esta pequeña joyita que ha tenido continuación reciente (y esperemos que sea la primera de muchas) en esa otra obra de arte que es Glass Onion, de la que precisamente hablamos ayer.

Ya dijimos todo acerca de la estructura, de su estructura juguetona y de la complicidad con el espectador, que es traicionado para su propio deleite en un giro final respecto al presunto asesinato principal que no sólo termina siendo originalísimo, por su rareza (aunque recuerdo no ser la primera vez que lo he visto en pantalla), sino que enfrenta a nuestros protagonistas a una difícil situación final para con que el responsable asuma la culpa, resuelta en parte gracias a una anécdota que se viene repitiendo como alivio cómico durante todo el metraje, y con un acting final tan tramposo y repetitivo como efectivo, conectando con un chiste que se hace en la primera parte del metraje. 

Si su segundo episodio, igual de autoconcluso que éste, se centra en los ricos modernos, este se presenta como un caso de asesinato en una familia rancia, con sus trumpistas, sus demócratas antitrump, sus nazis masturbatorios y su racismo disfrazado (geniales los chascarrillos con el origen geográfico de la enfermera), en forma de misterio típico (todos tienen razones para haber matado al asesinado) cuya investigación pone de manifiesto los trapos sucios de la alta sociedad americana, a la vez que su no conclusión en la forma en la que todos ellos esperan deja al descubierto su miseria, moral más que económica.

Y al final, siempre hay un rico, un hijo de papá, que se cree por encima del bien y del mal y que va a salirse con la suya, tan soberbio que es capaz de poner a prueba al resto, conocedor de que nada va a hacer que se le castigue, pero que, al menos en la ficción, no se sale con la suya.

Y Ana de Armas está espectacular.

martes, 10 de enero de 2023

Puñales por la espalda: el misterio de Glass Onion

Glass Onion: A Knives out Mystery (Rian Johnson, 2022)


Mucho miedo me dio que Netflix anunciara esta película. Su predecesora me gustó tantísimo que temía lo que hubieran podido hacer con ella para ajustarla al tono de la plataforma. Afortunadamente, parece que lo único que han hecho es permitirle a Johnson desmelenarse del todo, sólo exigiendo que se mantuviera la marca en el título original, aún en contra del criterio de éste. Visto el resultado, poco me importa.

Glass Onion es la versión hipervitaminada de su predecesora, tan aparentemente libre como hipócrita, que presenta un misterio en forma de divertimento en el juego se establece con el espectador, pero a la vez con su complicidad. 

La estructura aparentemente es igual, se nos presenta un misterio que parece que va en un sentido, pero en medio del camino nos hacen partícipes de que no, que la verdad ni siquiera se parecía a lo que creíamos que estaba pasando, para, finalmente, darnos la misma hostia que al verdadero asesino al descubrirlo.

Sólo que todo es más aquí. Más estrellas (el cameo, vía zoom con nuestro detective protagonista, de distintos detectives televisivos, incluida Angela Lansbury, es impagable, más ahora), más vueltas de tuerca, más idas de olla, más ridículos detectivescos, y más traca final, traca real en este caso, necesaria para forzar que se asuman las consecuencias de los actos.

Situar el desarrollo de la historia en el confinamiento no sólo da chistes visuales sublimes (el cameo de Hugh Grant lleno de harina y con el bote de masa madre…), sino que subraya realmente de lo que trata la película, la escasa vergüenza del rico que se cree con derecho a todo porque lo es, y que en realidad lo es, teniendo un remedio para poder estar jugando en una isla privada sin preocuparse por el COVID cuando todo el mundo estaba encerrado en sus casas, 

Es el mismo “Eat the rich!”  hipócrita hollywoodiense que el de su precursora, centrado en este caso en los nuevos ricos, esos que parecían wokes y han terminado desenmascarándose como nazis liberales en lo económico, con especial inquina hacia ese presunto genio, que todo el mundo tiene como tal porque él mismo lo ha ido diciendo, y que, en realidad, lo que tiene es mucha pasta de sus padres y muchos amigos conseguidores. Desde luego, para ser un estreno previsto hace un año, no ha podido llegar en un momento más adecuado. Me pregunto si Elon Musk también se vestía en su momento como el Tom Cruise incel de Magnolia

jueves, 8 de diciembre de 2022

Argentina 1985

Argentina 1985 (Santiago Mitre, 2022)


 
Toda esa gente que se queja de cómo las plataformas están arruinando el cine no han vivido en su vida en una ciudad de provincias donde, si hay algún cine cerca, no emitirían nunca una película como Argentina 1985. Por lo que personalmente agradezco mucho a Amazon que la tenga en su catálogo desde poco después de su estreno.

No seré yo quien diga que esta es una de las mejores películas del año, ya hay cientos de webs que lo afirman y que sí que han tenido acceso (y ganas) para ver el resto con lo que hacer la comparativa, lo que sí que es cierto es que estamos ante una película enorme, monumental, a la que no consigo encontrarle un pero. 

Argentina 1985 trata la historia del Fiscal designado para hacerse cargo de la acusación del juicio civil contra los militares que llevaron a cabo el "Proceso de Reorganización Nacional" argentino, esa dictadura que sumió al país en el terror y la ruina, tras el vergonzoso juicio militar que los exoneraba de toda responsabilidad. Un cargo que conlleva una responsabilidad de la que nadie puede exonerarlo, la del Fiscal, que nadie quiere, a la que nadie ayuda, que es puesta continuamente en duda por todas las partes implicadas, que se boicotea, que le lleva a recibir amenazas (hasta el punto de tener que sacar a su familia de Buenos Aires) y para la que sólo logra ayuda de un grupo de jóvenes recién licenciados que no tienen nada que perder, y un ayudante idealista que puede perderlo todo.

Habla, con profundo respecto, del dolor y el miedo de las víctimas, a las que da voz e, incluso, justifica cuando no quieren tenerla, y señala sin miramientos a los culpables, tanto los que se sientan en el banquillo, como los que no (las presiones sociales, de los militares, del gobierno, el manejo de los jueces...), mostrándose reacia a aceptar el veredicto de compromiso que finalmente se logró.

Y lo hace con un tono, hasta cierto punto, amable. Con momentos de intriga, de humor, de drama, de miedo, mezclando costumbrismo familiar y maquinaciones políticas, y haciéndonos partícipes de la idea de que la vida es puro teatro (por lo que, precisamente, el personaje de Somigliana es tan importante para lo que pasa en la sala), y de que el esfuerzo por la lucha por la justicia debe ser conjunto, no personal.

Se apoya en un guión estupendo, una dirección inmaculada que articula sin fisuras momentos casi videocliperos con otros largos e intimistas, y, sobre todo, unos actores que están para chillarles, especialmente un Ricardo Darín que se lo come todo desde la primera a la última escena. Es emocionante, divertida, ágil, trepidante... todo por momentos y todo a la vez.

Aún hay sitios en los que está en el cine. Si tienen la suerte de poder disfrutarla en pantalla grande, háganlo. Por los que no pudimos.

miércoles, 7 de diciembre de 2022

After life

After life (serie de TV, Netflix)

 


Ricky Gervais puede ser controvertido como cómico, y mucho más controvertido cuando habla en serio, no vamos a discutirlo. Incluso podríamos decir que a nivel personal parece un imbécil, y poca gente nos llevaría la contraria. Pero lo que es innegable es que es listo como él solo. Y para muestra, esta serie, que no deja de ser The Office, la buena, la de la BBC, en versión dramática.

Tony es un señor que enviuda de una mujer a la que considera maravillosa, y decide que no quiere seguir viviendo en un mundo sin ella. Entre otras cosas porque vive en un pueblucho de la campiña inglesa donde no hay mucho que hacer, no tiene amigos, su padre está demenciado, vive en una residencia y todos los días tiene que recordarle que su mujer está muerta, y trabaja en un periodicucho local que no cubre ninguna noticia importante, con una serie de compañeros que dan más pena que otra cosa. Intenta suicidarse, a pesar de que su perro se lo impida, y como no lo consigue en primera instancia, decide darse a la autodestrucción, a pesar de que toda la gente que conoce le tiene cariño e intenta ayudarle, porque está cabreadísimo con el mundo y ha decidido compartirlo con él de la forma más explícita posible. Su enfado no será entendido por nadie, ni siquiera por quienes, como Anne, comparten pérdida, y entre el apoyo de esta última para que tome conciencia de sus actos y varios acontecimientos que llevarán a episodios trágicos, parece que Tony irá tomando conciencia de que hay otros caminos. 

En la segunda temporada se va tratando ese cambio de actitud (que no lo es tanto) y la aceptación del inicio de su nueva vida sin Lisa (que así se llama la muerta). Tras una primera temporada durísima, donde el humor, caustiquísimo como es marca de la casa, aparecía como alivio a lo que nos estaba contando, esta segunda,  como el cambio que se produce en Tony, va dejando atrás el ego del protagonista para centrarse en los que lo rodean, y convertirlo, hasta cierto punto, en una extensión de su mujer fallecida, esa cuidadora incansable que lo cuidó tanto que no paró de dejarle vídeos para que, una vez no estuviera ella, él fuera capaz de seguir adelante con su vida (por más que no le haga ni puto caso). Y, en ese sentido, Gervais  retrata la miseria en todas sus vertientes (moral, ética, personal...) con una mordacidad envidiable, aunque, sin embargo, de una forma sensible y empática que cuesta más detectar en sus productos cómicos.

Si bien la serie podría haber terminado (con un final más que digno) con esa segunda temporada, parece que decidieron hacer una tercera para que Gervais hiciera otra serie donde demostrara que él es capaz, como un Cameron cualquiera, de recurrir a la sensiblería facilona llegado el momento, y donde se olvidara casi completamente del arco de su protagonista, para volver al punto cerril inicial, aunque con una motivación externa para seguir viviendo que pasa por no intentar hacer nada por ser feliz que no dependa del otro (tal y como parece que hacía su mujer). Se centra en el resto de personajes, elimina un par de los mejores de las temporadas previas y no da nada que se parezca a lo previo, aunque la escena final sea muy bonita y valga para cerrar de forma lacrimógena algo que no lo era tanto. A mi me sobraba.


domingo, 4 de diciembre de 2022

Archer

Archer (serie de TV, FX Productions/Floyd County Productions)


Hará poco más de un mes que Netflix estrenó en España la ¿última? temporada de una serie que lleva trece años siendo, creo, injustamente ignorada por el mainstream. Y hace ya casi tres semanas que me tragué la última, y demasiado corta, temporada en dos tardes, y que llevo pendiente hablar de ella porque no sé qué es lo que tengo que decir de Archer más que animar al que no la haya visto a qué lo haga. Y que la disfrute.

Oficialmente, Archer es una serie de animación para adultos, si es que eso quiere decir algo. Archer comienza como una comedia de acción, en forma de animación realista, y que se inspira en la vida de Stearling Archer, espía de profesión en la empresa de su madre, que no sólo comparte con su progenitora interés profesional, sino una lista completa de cualidades que convierten a ambos en seres francamente despreciables hechos el uno para el otro, con más que evidentes traumas compartidos y un alcoholismo galopante que sólo preocupa a los demás.

Trabajar en una empresa de espionaje supone una cierta laxitud moral, cosa de la que no se salva ni Lana, quizá el único personaje medianamente normal, pero es que el resto de miembros del ISIS (sí, así se llama la empresa de espionaje que trabaja en gran parte para el gobierno de los EEUU) se mueven entre el desquicie y la perversión, cuando no ambas cosas. Tanto que, cuando el Gobierno de los EEUU termina cerrando una empresa que no hace más que dar problemas, el modo de ganarse la vida que encuentran es dedicarse al tráfico de drogas.

Se bromea con la violencia, el sexo, las inseguridades, la delincuencia, los experimentos científicos inmorales, la muerte, la explotación, el capitalismo… cualquier cosa que sea de dudosa moralidad va a ser alguna de las características de algunos de unos personajes a los que, a pesar de todo, se les va cogiendo cariño, tanto como a su impresentable protagonista.

No hay ningún tipo de evolución en los personajes, al menos no a mejor. Parece que cada historia quiere superar en locura a la anterior y, ciertamente, casi siempre lo consigue, a base de descolocarnos cada vez que puede, cambiar de género cada vez que tiene oportunidad, y no parecerse nunca a ella misma.

Optó por poner en coma a su protagonista durante tres de sus temporadas, dedicando cada una de ellas a uno de sus sueños, donde vivía vidas similares con personajes similares a los de su vida real, pero inspirado en épocas diferentes, permitiendo explorar otras estéticas, y homenajear estilos cinematográficos diferentes, hasta que Archer se despierta al final de la temporada 10.

Las dos últimas temporadas son de duelo, el primero el que tiene que hacer Archer sobre su vida previa al coma y su mayordomo/esclavo muerto, y la segunda, involuntaria, la que tuvieron que hacer frente los creadores con el fallecimiento de la grandísima Jessica Walter, voz de Mallory Archer, fallecida el año pasado y a la que se le dedica un último episodio de la duodécima temporada que llega de forma precipitada, en forma de desenlace completo, y sin que dejar abierta posibilidad de continuación aparente. Aunque, a pesar de que ella ya no esté, ojalá me equivoque.

lunes, 28 de noviembre de 2022

Master of none presenta: Momentos de amor

Master of none presents: Moments in love (serie de TV, 3 Arts Entertainment/Universal Pictures Television)


 

A Aziz Ansari la mayoría lo conocimos como el ayudante payasete (y un poquito corrupto) de la impoluta Leslie Knope en la maravillosa Parks and Recreation, lo que sirvió para lanzar su carrera (aunque ya era un cómico conocido en los EEUU), llegando a grabar varios especiales de stand-up para distintas cadenas. Cierto es que sí parece que fue en el set de P&R donde estableció relación con Alan Yang, uno de los guionistas, con quien crea una ficción que se estrenará en Netflix en 2015, la Master of None original.

En clave de humor, durante una primera temporada memorable, hacen una especie de homenaje a las comedias de lucha de sexos neoyorkinas de los noventa, adaptadas al siglo XXI y, sobre todo, a las distintas realidades socio-demográficas siempre invisibilizadas, planteando, siempre desde el buen rollo, todas las dificultades añadidas para el desarrollo personal que implica no haber nacido en un entorno privilegiado, no sólo en lo económico, sino especialmente en lo racial. Todo ello por medio de la historia de Dev, un cómico que está teniendo éxito y no sabe cómo manejarlo, un alter-ego del propio Ansari, cuya situación vital les servía también para hablar de la creatividad, el arte, los altibajos y lo difícil que es afrontar que todo te vaya bien cuando habías nacido para lo contrario.

Se trasladaba en su segunda temporada a Italia, país al que había huido Dev nunca quedó claro por qué, más allá de porque los creadores querían hacer un homenaje nada sutil al neorrealismo italiano, y que seguían aprovechando para hablar de lo mismo que habían tratado hasta entonces, sólo que en un nuevo entorno en forma de lugar de paz, en el que, desgraciadamente, no se puede estar siempre. El mismo tono íntimo, de comedia pausada, sensible y cariñosa con sus personajes, sin desaprovechar lo cáustico del humor de Ansari, seguían dando forma a un producto que, en su mejor momento, desapareció.

No sé si sería por aquella especie de intento de cancelación que sufrió el cómico, o porque ya habían hablado de lo que querían hablar, o porque vino la pandemia de las narices, lo cierto es que no es hasta 2021 cuando reaparece en nuestra vida este "maestro de nada" a seguir no dándonos clases de cosas, en forma de esta ¿tercera temporada?/¿spin-off? donde seguimos parte de la vida de su amiga Denise, personaje recurrente de las anteriores temporadas, y protagonista de ya uno de los mejores capítulos de la serie, aquella de la comida con su madre y su abuela (si no recuerdo mal) donde se abordaba con tanto humor (y tanta mala hostia) lo difícil que es ser negro en EEUU, mucho más siendo lesbiana.

El punto de partida, de hecho, es ese mismo. El tiempo ha pasado, Denise ha triunfado como escritora y tiene una pareja estable con quien ha desarrollado su plan ideal de vida, y está en un punto en el que ya no parece tener nada más que hacer, salvo tener un hijo que no quiere, para complacer a su pareja. Dev, de hecho, sólo aparece para que haya constancia de que, al final, terminó fracasando, para que Denise se obsesione, quizá, con su mayor temor. 

El tono se va hacia lo dramático y el homenaje va al melodrama escandinavo, esa especie de frialdad mezclada con represión que terminará estallando sin estallar, estando quizá más cerca de Woody Allen cuando le dio por intentar imitar a Bergman,  que de algo puramente genuino. Pero al final eso es sólo una formalidad.

La crítica que lo adoraba ahora se le haya echado encima, parece que para ellos Yang y Anzari han perdido su "mojo", aunque también parecen olvidarse de que el guión es en colaboración con Lena Waithe, y no tengan en cuenta que, posiblemente, haya sido la única forma en la que Waithe pudiera tener la oportunidad de contar la historia que le interesaba contar a ella. Y con todo ello,  no estoy en absoluto de acuerdo con esos críticos. 

Me parece interesante el tratamiento, el cómo la historia se desarrolla en base a anécdotas, el cómo no se nos instruye, sino se nos muestra, el cómo se tratan temas tan difíciles como el ser madre por fecundación in vitro (y lo horrible que suele ser para la mujer que lo desea) con total naturalidad y el como, con el mismo sentido estético, la misma sensibilidad, la misma sutileza de siempre, se trata a los espectadores con respeto, como adultos inteligentes que no necesitan que nadie les haga de "maestro". 

¿Que no es tan buena como las dos primeras temporadas? Pues puede ser, no se puede comparar el contenido, aunque el continente sigue siendo inmaculado. Es cierto que guardo mejor recuerdo que la sensación que me ha dejado esta Moments in love, pero es que trata aspectos durísimos. Y sigo creyendo que está por encima de la media, de todas formas.


domingo, 27 de noviembre de 2022

She-Hulk: abogada Hulka

She-Hulk: Attorney in law (serie de TV, Marvel Studios)


 

En este blog se banca esta serie, lo digo para el que no quiera leer más.  Porque parece ser que hay señores muy molestos porque a una superheroína que ni siquiera conocían (y que están convencidos de que Marvel se acaba de inventar por aquello de la diversidad) le hagan una serie que, además, no es de superhéroes, sino una comedia legal. Y mucho menos que se promocione como una serie creada por mujeres porque ya sabemos que si no hay ahí en medio testosterona sólo se pueden hacer seriales. En fin, que el incelismo mundial decidió, antes de verla, boicotearla sin siquiera darle una oportunidad (cuando podían haberla ignorado, nadie está obligado a ver algo que no le gusta) y tiene unas notas pésimas en las páginas especializadas cuando es, posiblemente, la mejor serie del MCU tras Wandavision. 

Lo grandioso, y parte de lo que la convierte en una serie tan buena, es que el argumento de toda la serie se basa en las reacciones que se esperaban por parte de toda esa morralla humana, de sus comportamientos estereotipados y sus quejas infantiles, de su deseo de ser amados en sus propios términos sin respetar absolutamente al otro, y en su poder a la hora de destrozar la vida de gente que está por encima de ellos en todos los sentidos. Y lo hace convirtiéndolos en los villanos de una serie que, recuerdo nuevamente, es una comedia legal, con una superheroína como protagonista, eso sí.

No voy a hablar de todas las teorías loquísimas que he estado escuchando sobre ella, no me interesan lo más mínimo visto el resultado, y me quedaré con lo que hay. She-Hulk: Attorney in law se inicia con un capítulo de introducción estupendo donde se nos deja claro que, por más que Jennifer se contagie de la sangre radioactiva de su primo y tenga que aprender a controlar sus poderes, ella ha venido a otra cosa y para eso está aquí.Y nos lo cuenta continuamente a nosotros, nos hace cómplices de su recorrido, de sus inseguridades, de su familia tradicional que la presiona, de los imbéciles con los que comparte trabajo y de que tiene todo el derecho del mundo, por más superpoderes que tenga, a salir, hacer twerk, divertirse y buscar un hombre que la quiera y que le tenga llenita la nevera.

Todo ello con un par de compinches divertidísimos, unas tramas hilarantes, unos malos de caricatura y distintas apariciones de personajes del MCU porque hay que darle al fandom lo que el fandom quiere, incluyendo a Daredevil para cebar su próximo ¿reboot?, cosa que, por cierto, también ha enfadado mucho a los comedoritos porque cómo va a ser que Daredevil esté involucrado en situaciones que den risa, en fin...

No quiero y no puedo contar mucho más sin terminar de destriparla, pero sí que tiene el mejor capítulo final de todos los capítulos finales de una temporada de presentación, donde, como decían en Espinof, creo que era, no es que rompieran la cuarta pared, es que la derribaban, la bombardeaban, la sepultaban y no dejaban en pie ni los escombros para, nuevamente, llevarnos donde nos quería llevar desde el principio aún en contra de lo que se esperaba y se estaba haciendo.

Mi único pero, lo desaprovechado que está Titania, el personaje que borda Jameela Jamil. Espero que rectifiquen porque es maravilloso.


viernes, 25 de noviembre de 2022

A la mierda el 2021

 Death to 2021 (Charlie Brooker, Annabel Jones, Jack Clough, Josh Ruben, 2022)



Hay muchas sentencias que hablan de la relación entre la risa y el drama. Quizá la más famosa es aquella de que “tragedia más tiempo igual a comedia”, pero personalmente me parece mucho más interesante esa otra que decía que “La cosa no está tan mal como para reírse”, que implica que llega un momento de desesperación en la vida de las personas que la única solución para poder sobrevivir a ello es tomárselo a broma.

Y eso lo aprovechó Netflix en el año 2020, al que dedicó un especial de comedia, Death to 2020, que fue un éxito, entre otras cosas, porque el mundo entero estaba pasando por un momento tal que lo único que podíamos hacer para soportarlo era reírnos, aunque no fue la razón principal para ello. Death to 2020 era, ante todo, una sátira inteligentísima de la situación política mundial (aunque centrado en la política estadounidense), especialmente mordaz con el trumpismo, aunque repartía estopa en todas las direcciones. Era sorprendente, fresca y, sobre todo, necesaria como alivio, una vez pasado lo peor de la pandemia y sin que hubiéramos sido capaces aún de digerir toda la angustia. Por eso nos vino estupendamente, y por eso fue el especial más visto de Netflix, según confesó la misma cadena.

La historia es que repetir el experimento con el 2021 no les salió igual de bien. Primero porque se yerra en la premisa inicial, que el conservadurismo yanqui terminara de perder la cabeza a principios de año, tanto que terminaron invadiendo el Capitolio, no es un fenómeno extrapolable al resto del mundo, y ya nos estábamos acostumbrando a los altos y bajos de la pandemia. Los problemas ya volvían a ser más locales, y, además, el efecto sorpresa se perdía, cuando era de las mayores bazas del original.

No está mal, pero interesa menos. Lo mejor son algunos de los personajes, esa inglesa que no termina de entender muy bien qué es lo que está pasando y, sobre todo, esa “madre y americana, en ese orden”, que guardan un desarrollo y unos chistes (ese final de la trumpista es maravilloso) que recuerdan lo mejor de la primera parte, aunque el resto suena a más de lo mismo, la estructura es más forzada y hay una cierta defensa de lo woke que puede apartar a mucha gente de ella.

En general es más aburrida, aunque la parte buena es que dura sólo una hora. ¿Merece la pena verla cuando ya va a terminar 2022? Pues si no hay tiempo de ver una peli completa, no hay ganas de empezar una serie y hay cierto afán completista, puede ser. Mejor que cualquier programa de televisión sí es.


martes, 8 de noviembre de 2022

Jungle Cruise

Jungle Cruise (Jaume Collet-Serra, 2021)



Intentar poner de acuerdo a mucha gente que no tiene nada que ver en gustos cinematográficos lleva, a veces, pocas veces, a ver películas con las que todo el mundo se queda contento. No porque sean obras maestras, sino porque son asépticas, entretenidas, y ayudan a pasar el trámite de ver la película en familia sin conflictos ni quejas.
Por más que Dwayne Johnson me caiga simpático tras haberlo visto en sus visitas al Saturday Night Live, nunca me hubiera puesto a ver una película suya si no hubiese sido una solución de compromiso. Y tampoco es que me arrepienta, vistos resultados anteriores.
Jungle Cruise no inventa la rueda, ni lo pretende. Es una cinta de aventuras hollywoodiense clásica con mucho toque humorístico, una historia que ya hemos visto antes y unos giros de guión que no sorprenden en absoluto. Es como una copia de cualquier película de Errol Flynn, con un guión más repetitivo, un humor más actualizado y, sobre todo, mucho CGI (es de lo que se trata), que cumple perfectamente su función.
Es amena, divertida, tiene momentos de tensión bien llevados y, aunque, como todas las superproducciones de unos años a esta parte, podrían haberse ahorrado al menos media hora de repetición de situaciones y circunstancias que no aportan nada, resulta simpática y es disfrutable.
Me hizo mucha gracia que dos de los malos sean Dani Rovira y Quim Gutiérrez en estado de descomposición, por cierto.

martes, 1 de noviembre de 2022

No mires arriba

Don’t look up (Adam McKay, 2021)



Unos científicos de una universidad no muy importante descubren que un meteorito chocará con La Tierra provocando, al menos, la extinción de toda la vida y se pasan dos horas y media de película intentando que las autoridades norteamericanas, en primera instancia, y ya posteriormente la gente en general, se comporten como adultos funcionales sin conseguirlo. Y eso sería el resumen más sensato, pienso, de lo que cuenta esta cinta, porque si entramos en detalle lo mismo no terminamos hoy. 
Don’t look up es una comedia porque sus productores han decidido que sea así, porque la mayor parte del tiempo se mueve entre el terror existencial y el falso documental, casi, por más que no parezca pretender ni lo uno ni lo otro. 
Y es que el recorrido que hacen nuestros científicos en su demanda de que “hagan algo” para evitar el fin de un mundo que está más preocupado por no querer saber nada de su propia futilidad, dándose más importancia al provecho que se le pueda sacar al acontecimiento, a nivel publicitario, económico, mediático…, poniendo en riesgo la humanidad por intereses de grandes gurús, y siendo ellos mismos seducidos y utilizados por el poder para justificar sus atrocidades, se parece demasiado a cosas que vemos en los periódicos habitualmente.
Incluso la conversión de hechos objetivos en cuestiones de fe con las que desacreditar al que cuenta tu incompetencia, seguidos por una multitud de gente que creen ser especiales y más listos que el resto, negando la realidad y afirmando como reales sus teorías conspiratorias, hasta que ya es demasiado tarde para ellos. Porque los que los han usado van a estar bien protegidos de todo.
Hay momentos que me han desconcertado, funciona muy bien cuando se acerca a lo paródico, y flojea más en los momentos dramáticos. Las esperas, el timo del general, la caricatura de Trump/Palin y de Jobs,  o el confiar el futuro de la humanidad a una serie de vejestorios riquísimos, pero sin capacidad de procrear, son los mejores chistes de una cinta que, no obstante, se cree demasiado lista, y pierde más metraje del necesario en explicar cosas que no necesitan explicación.
Los actores están todos monumentales, eso sí.

jueves, 27 de octubre de 2022

Lightyear

Lightyear (Angus MacLane, 2022)



Pixar parece empeñado en querer reinventar la rueda que ellos mismos perfeccionaron, contándonos una vez tras otra la misma película que ya nos han enseñado un millón de veces. Y eso no necesariamente es malo, si la rueda funciona, ¿qué hay de malo en usarla? Pues, a mi modo de ver, que la película de aventuras perfectamente diseñada, con el discurso de lo sentimental como motor de todo lo bueno, ensombrece lo interesante de algunas propuestas, como la interesantísima reflexión acerca del paso del tiempo y los riesgos que esconde la obediencia acrílica con base ideológica.

Porque Lightyear es una estupenda cinta de aventuras, pero sería mucho mejor película si hiciera más caso a lo que cuenta que a hacer la comedieta aventurera familiar perfecta. Todo ello para que haya padres de familia que la boicoteen por una escena que dura, literalmente, un segundo, y que puede ayudar a que mucha gente termine de entender que hay familias que existen y van a seguir existiendo. Sólo por eso, merece un punto más.

domingo, 23 de octubre de 2022

Community

Community (serie de TV, Krasnoff Foster Productions/Sony Pictures Television/Harmonius Claptrap/AGBO/Universal Media Studios)



Hace un par de semanas, justo después de que acabara de ver la serie, anunciaron, siete años después de su finalización, el proyecto de hacer la película de la que se hablaba en chiste más repetido en la serie, “seis temporadas y una película” y que, una vez acabado el producto televisivo, es lo único que parece justificar el alargamiento de una serie que podría, y debería, haber terminado, como mucho, en su cuarta temporada. Y me explico.

No creo que Community sea, ni mucho menos, una mala serie de comedia, entre otras cosas  porque no es exactamente una serie. Community es una comedia de situación en la que una serie de personajes que difícilmente encajan entre sí, se ven obligados, por su propio fracaso, a compartir espacio en una de esas desastrosas universidades públicas yanquis, a raíz de un intento de ligoteo que genera un improbable grupo de estudio que llega a centrar la vida de sus integrantes, y de la que todo el mundo quiere ser parte.

La gracia, sin embargo, es que la historia inicial es un mero pretexto para lo que realmente es lo más interesante de toda la serie, el homenaje que hace a lo audiovisual (la televisión, el cine, incluyendo el stop-motion y los videojuegos) y a su industria, y que lleva a centrar cada capítulo en una temática, que es en realidad lo que podría ser considerada de temática uniforme.

Porque, por lo demás, más allá del arrastrar a sus personajes por los más absolutos ridículos en las tramas más absurdas posibles (el paint-ball anual o la guerra con la Universidad Municipal son de traca), la fundamental línea argumental es la cabeza de Ahmed y su obsesión en vivir en una serie (de la que harían “seis episodios y una película”), por más que se aproveche para realizar críticas sociales brutales (cuanto más exageradas, más divertidas y efectivas) y se alerte de los peligros del sistema individualista/neocon, que dificultaron la propia producción de la serie, interrumpida en varias ocasiones, y cuya última temporada fue emitida directamente por internet, y todo gracias al mismo fandom que ahora ha conseguido que se vaya a terminar el proyecto.

El problema es que, por más divertidas que sean las primeras temporadas, la premisa absurda para empezar la cuarta y, sobre todo, la progresiva desintegración del grupo original (con la marcha de Chevy Chase y Donald Glover en la temporada 5, y de Yvette Nicole Brown en la seis), todo muy ligado aparentemente a las dificultades de producción (y de Chevy Chase con todo el mundo), la serie parece ir dando tumbos con tal de terminar sus seis temporadas, sin que los divertidísimos nuevos personajes sean capaces de compensar la falta. El que el resto de personajes principales se conviertan (si no lo eran ya) en caricaturas de ellos mismos (el tratamiento que se le termina dando a Brita me enervó personalmente) tampoco ayuda.

En todo caso, los muchos peros en los que parece que me he centrado, porque me ha salido así, no empañan una de las comedias más ingeniosas que he visto. Denle una oportunidad si aún no lo han hecho.


miércoles, 19 de octubre de 2022

Broadway Danny Rose

 Broadway Danny Rose (Woody Allen, 1984)


Parece que últimamente hay que pedir perdón por ver el cine de Allen, pero no será este espacio desde donde se haga, porque aquí se le tiene respeto al cine e interesa relativamente poco la vida de los que lo hacen. 

En ese sentido, negar la genialidad de prácticamente todas las comedias hasta finales de los 90 de un personaje que, especulaciones aparte, nunca me ha resultado simpático, no es algo que me plantee, y mucho menos de esta pequeña joya que no recuerdo haber disfrutado hasta hace poco.

Danny Rose es un representante de artistas improbables, absurdos y difícilmente representables, cuya entrega hará que se vea inmiscuido en un lío de faldas de su representado más importante, terminando perseguido por la mafia de New Jersey, para ser finalmente traicionado por su representado y la amante de éste, origen de todos sus problemas con la cosa nostra. 

Allen aprovecha su talento para la comedia irreverente y los gags visuales, además de a una Mia Farrow cambiadísima y que pocas veces estuvo mejor, para realizar su particular homenaje al mundo del show businnes americano, y especialmente a los cómicos que se dedican a ello, que estaba empezando a ser devorado por la publicidad y el mainstream. 

Todo ello en una película de noventa minutos, porque no se necesita más, de situaciones absurdas, familias patológicas, estafadores de distinta calaña, diálogos endiablados que se superponen entre ellos, y todo con un ritmo envidiable que sólo cesa para que cojamos resuello entre carcajada y carcajada.

Si no saben separar al autor de su obra, no la vean. Aunque se perderán una de las mejores comedias de los ochenta.

domingo, 25 de septiembre de 2022

La perdición de los hombres

 La perdición de los hombres (Arturo Ripstein, 2000)

 

 

No recordaba haber visto esta película, por más que ya al inicio me sonaban todas las imágenes y diálogos, y sigo sin recordar haberla visto por más que lo hubiera hecho cuando se estrenó. Quizá debido a que, pasados los años,  mi lectura de ella debe haber sido completamente distinta a la primera vez que la vi, lo que no es malo, por otra parte, creo que ahora la he conseguido entender mejor.

Estructurada en tres actos y un epílogo, la película comienza con el asesinato de un hombre a manos de dos conocidos, que lo llevan a su casa, lo amortajan y lo velan, debatiéndose entre el respeto al muerto y la rabia que les producía su comportamiento, llegando finalmente a robarle unos botines de serpiente que eran su única posesión de valor. Son esos asesinos los que verbalizan en varias ocasiones, durante ese primer episodio, que la motivación del asesinato tiene que ver con "las mujeres", tal y como canta el corrido mejicano, premisa de la que, se nos da a entender, trata el film. 

En la segunda parte vemos a las dos mujeres que han supuesto "la perdición" del muerto en comisaría, ambas con hijos de él, y que se pelean por el cadáver, como una especie de reconocimiento de su familia como la verdadera. Se centra la atención en una de ellas y su hija adolescente, la primera mujer del hombre, una aparente miserable que parece estar más preocupada por las posesiones (incluyendo el cadáver, pero también los botines de serpiente robados) que por cualquier otra consideración que tenga que ver con la pérdida y que, finalmente, será agraciada con el cadáver, para cuyo traslado le permiten la ayuda de un detenido, ni más ni menos que uno de los asesinos, que ha terminado en el calabozo por cualquier otra cosa. 

En el tercer acto se nos muestra el traslado a su casa del cadáver, y cómo, tras reconocer la mujer los botines que lleva el asesino, sale todo a la luz, llevándose por ello varios golpes, teniendo que devolver del botín y enfrentándose al dolor de la viuda y a que esta le haga consciente de su responsabilidad y sus errores. 

Posteriormente, y a modo de epílogo, Ripstein y Paz Alicia Garciadiego, nos muestran la vida del hombre y los acontecimientos que lo llevan a su muerte, contradiciendo la letra del corrido que no para de cantarse durante el metraje, y demostrándonos que le perdición del hombre (al igual que la de su asesino) sólo tiene que ver con el egoísmo y la estupidez.

 Patricia Reyes Spindola está soberbia, como de costumbre, en esta tragicomedia macabra en la que, sin embargo, sobra un epílogo demasiado largo que no aportaba mucho más de lo que ya se hablaba en el tercer acto, y además hubiera podido resumirse muchísimo con el mismo resultado y sin que terminara provocando esa sensación tediosa con la que concluye. 

Me recuerda mucho al cine mexicano más "social" de Buñuel (la gestión de la miseria, como en Los Olvidados), aunque por momentos el ambiente opresivo sea parecido, también, a El ángel exterminador, si bien Ripstein no pierde sus señas de identidad (esos planos secuencias larguísimos), y nos da una versión más moderna de una sociedad que, tal y como la presenta, continúa viendo como miserable y profundamente machista.

Me alegro de haberla vuelto a ver.