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lunes, 23 de marzo de 2009

Martirio en concierto

Martirio en concierto (Auditorio de Teror, 21 de marzo de 2009)


Hay espectáculos pequeños que son capaces de dar mucho más que macroconciertos. Martirio, la gran Martirio, el personaje y no la persona, se ha ido convirtiendo en aquello que no parecía en sus inicios, una gran dama de la canción. De la copla, para ser más exactos.
El pasado sábado ofreció, ante unos pocos espectadores (no estaba la policía para contarnos, pero dudo que pasáramos de cien) un precioso y larguísimo concierto que se nos pasó volando.
Celebra actualmente sus veinticinco años de carrera, esa carrera que surgió como una especie de espantajerío y que poco a poco se ha ido afianzando en lo que siempre fue: una cantante que ha querido hacer algo diferente a través de un género tan popular como inmerecidamente maltratado como es la copla. Y lo ha hecho, como bien demuestra este espectáculo: ha sabido mezclar copla (y sevillanas) con blues, con jazz, con tango... con versiones y canciones originales que siguen esos preceptos de hacer elegante lo que antes parecía que no lo era.
Martirio, el personaje, realizó un recorrido a su carrera, empezando por El productor, maravillosa e irónica canción de la búsqueda de la fama, y terminando por su eterno himno, ese Estoy mala que tanto escuchamos algunos en nuestra infancia y que tantas sonrisas y risas sigue provocando.
Un público escaso pero entregado disfrutó, aplaudió y vitoreó unas canciones interpretadas (porque Martirio interpreta, no sólo canta) de forma exquisita acompañada sólo de guitarra (su hijo Raúl) y piano (Jesús Lavilla, creo recordar), pero que gracias a un buen sonido y a una iluminación muy bien trabajada, lograron un espectáculo delicioso, cálido y agradable. Y seguimos demostrando que para hacer buena música hace falta muy poco dinero. Lo fundamental es el talento.

domingo, 6 de abril de 2008

Rosendo en concierto.

Rosendo en concierto (Festival Carpa Dorada en vivo)


Aunque el recinto es lo de menos. La compañía de la cerveza Dorada organiza un festival que recorre todas las islas y que trae a gente muy buena, de rock de toda la vida. El concierto de Rosendo fue estupendo, como era de esperar. Venía a presentar el último disco, y eso fue lo que hizo. Y para que los incondicionales y seguidores de toda la vida no nos quedáramos frustrados, al final tocó Agradecido, Flojos de pantalón, Masculino singular, Maneras de vivir, Pan de higo, y todo lo que a mi se me pasaba por la cabeza. Casi ninguno de los no muchos que ahí estábamos nos sabíamos las canciones del último disco (incluído yo, que me lo compré nada más salir, pero no le he hecho mucho caso), pero da lo mismo, porque Rosendo sigue tocando lo mismo casi treinta años después, el mismo rock que ha tocado siempre. Y es ahí donde está su grandeza, porque a pesar de seguir tocando lo mismo y con los mismos contenidos, no deja de sorprender su capacidad para hacer letras y dar giros de tuercas a las mismas guitarras, bajos y baterías de siempre. Y esa es toda la crónica del concierto de Rosendo. Ya a estas alturas, decir algo más sería perder el tiempo. Es muy grande.
Pero la organización fue insufrible. El festival se organiza en la carpa del título del mismo, donde no se permitía fumar (no fumar en un concierto de rock, dios...), todo se escucha desde fuera, con lo que fuimos pocos los que pagamos los 19 eurazos que costó el concierto, comenzó una hora tarde, los teloneros eran El bar de Moe, un grupo autóctono que suenan a El canto del loco en light, y que, por lo tanto, no pegaban ni con cola, y en los cortes antes, entre y después de los conciertos, ponían a Pastora y a Dover en la última época. Es decir, todo un despropósito. Menos mal que Rosendo es muy grande.

P.D. Por si no quedó claro: Qué grande eres, Rosendo.

sábado, 10 de noviembre de 2007

Ojalá: Silvio Rodríguez.

Silvio Rodríguez en concierto (Telde, 9 de noviembre de 2007)
No se podía titular de otra manera. Yo a Silvio hacía años que lo había dejado, pero forma parte, como muchas otras cosas, de mi educación sentimental. Era la primera vez que tenía oportunidad de verlo en concierto, y allí me fui.
Todos los que ya lo habían visto lo describían con huraño, poco entregado, y bastante borde. No se qué le pasó ayer, pero saludó, se permitió bromear, cantó todo lo que se le pidió, hizo tres bises, y dio un concierto de casi dos horas y media que fue monumental. Repertorio de canciones conocidas (algunas más que otras), donde no faltaron Te doy una canción, Playa Girón, La era, El unicornio azul, Gaviota... y por supuesto, cuando ya todos creíamos que no la cantaría, Ojalá, con cinco mil personas coreándolo. Todo con un punto emotivo, y lo justo para que los que lo habíamos dejado lo volvieramos a recuperar, y los fans fueran más fans todavía. Se portó. A pesar de las malas maneras de alguno que otro, que incluso llegaron a subirse al escenario... Curso de comportamiento y buenas costumbres en próximos capítulos.
Todo ello muy bien acompañado de cinco músicos fantásticos (no recuerdo cómo se hacían llamar), especialmente, Niurka González, que tocó la flauta travesera de una forma que nos dejó a todos boquiabiertos. Habrá que seguirle la pista.
Al final terminó el concierto, todos nos fuimos muy contentos, y yo ya puedo tachar de la lista de deberes una cosa más. Cada vez estoy más cerca de poder morirme tranquilo.