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viernes, 11 de marzo de 2011

Barry Lyndon

Barry Lyndon (Stanley Kubrick, 1975)



Hace dos semanas, cuando pensé en escribir sobre esta película, tenía muy claro lo que quería decir. El tiempo pasa y mi cerebro está dando claros signos de deterioro porque ahora mismo no recuerdo lo que era. Pero aún así, intentaré, ahora que tengo un rato para actualizar, dar una pequeña visión de una de las obras magnas de Kubrick, lo que no es moco de pavo.
Lo primero que sorprende de Barry Lyndon es el tratamiento de las imágenes. Y no sólo porque Kubrick se empeñara en rodar con luz natural (veinte años antes del movimiento Dogma, por cierto) ni porque siguiera con su milimétrica composici
ón de planos, sino porque consigue, y eso muy pocos lo han logrado a pesar de la infografía, realizar cuadros en movimiento.
Con un gusto exquisito, las imágenes del film, el recorrido por Europa que realiza el futuro señor Lyndon, presentan una plasticidad visual sorprendente, sirviendo de perfecto decorado para las andanzas del antihéroe con el que Kubrick disecciona los males no tanto de una época como de la existencia humana en general.
Redmond Barry, futuro señor de Lyndon, es el hombre a seguir para ello. Presentado en primera instancia como un pasional romántico, desventurado y engañado, pronto sin embargo se nos empiezan a presentar los defectos de un supuesto héroe que terminará a su vez engañando y haciendo desventurada la vida de su esposa con
tal de lograr un prestigio y una posición que se nos antoja la causa de su supuesta metamorfosis y su final melotrágico.
Con esta línea que narra el ascenso y la caída de un pobre hombre llevado por las circunstancias a modo de drama romántico, Kubrick sin embargo nos muestra toda la miseria que ese supuesto buen hombre arrastra consigo (tanto en él como en el personaje de su madre, última protagonista del evento) y que nos lo convierte en un redomado cobarde, buscavidas y traídor.
Para ello se sirve, y personalmente creo que es la gran baza de la película, de una voz en off que, en tono casi cínico, nos va narrando la realidad de
lo que acontece más allá de las imágenes que se nos van presentando.
Esa voz en off se nos convierte en la gran protagonista de la historia, la que pone en palabras las que los mismos personajes no pronuncian, para realizar un salto metalingüístico definitivo: no sólo nos dice Kubrick lo que vemos, sino lo que no queremos oír.


Especie de bellísima crónica de una clase, la aristocrática, que todavía sigue existiendo, aunque sustituyendo títulos nobiliarios por puestos en la lista Forbes, y de todas las miserias que la rodean a ella y a los que aspiran a conseguirla, Barry Lyndon es, como pocas veces ha sido el cine, arte completo, de sonidos, de silencios, de vista, de tacto, de emociones y pasiones.
Y todo ello por muy larga que sea (que a mi no me lo pareció) y por mucha frialdad que dicen que demostrara Kubrick (que yo en esta no la veo por ninguna parte). Para los que se vayan a quejar de lo mismo de siempre, digo.


sábado, 6 de septiembre de 2008

The universal

The Universal (The Great Escape, Blur, 1995)

El resurgimiento del Brit Pop en los noventa dio a conocer a bastantes bandas, unas mejores que otras. E incluso en discos menores de buenos grupos, como este The great escape que no daba para más, había maravillas (o al menos así me parece) como este The Universal. Claro que lo que no tengo claro es si prefiero la canción o el video-clip, basado levemente en La naranja mecánica, que muestra un mundo surreal donde Albarn y los suyos se mueven como peces en el agua junto al resto de participantes, y que combina magníficamente bien con su preciosa letra.



"This is the next century,
the Universal is free,
you can find it anywhere,
yes, the future has been sold.
Every night we are gone
and to kareokee songs,
we like to sing along
although the words are wrong.
It really, really really could happen
It really, really, really could happen,
when the days seem to fall straight through you
just let them go.
No one here is alone,
satellites in every home,
the Universal is here
here for everyone.
Every paper that you read
says tomorrow is your lucky day
well, here's your lucky day.
It really, really, really could happen
It really, really, really could happen,
when the days seems to fall straight through you
just let them go."

Lo mismo mañana es nuestro día de suerte.

P.D.: estoy pensando que lo mismo mi fascinación por esta canción y este video también se puede deber al leve hecho de que fueron los responsables de uno de mis enamoramientos más duraderos y apasionados. Y es que Damon Albarn con esa cara de perturbado ha seguido pudiendo conmigo hasta unas fotos recientes, al darme cuenta de que ha envejecido muy mal.


viernes, 30 de mayo de 2008

Atraco perfecto

Atraco perfecto (Stanley Kubrick, 1956)


Tercera película de Kubrick, y la primera que le daría fama internacional, Atraco perfecto es una perfecta película policiaca acerca de una panda de delincuentes no habituales que planean un robo a un hipódromo que les permitirá de forma fácil cambiar sus vidas y permanecer impunes. Pero nada ni nadie es perfecto, y ni un plan urdido hasta el más mínimo detalle escapa a las contrariedades más o menos previsibles, entre ellas el que una película comercial en los 50 no podía dejar a los "malos" por ahí sueltos.
Independientemente de las novedades que supuso esta película en su momento (comenzando porque los héroes son el grupo de ladrones, que, en ningún momento se presentan como malvados), lo más importante, sobre todo dentro de la filmografía de su director, es la falta de pretensiones. Es una película de puro cine negro, perfecta en su realización, perfecta en su planificación, perfecta en su guión, magníficamente interpretada... y Kubrick no trata de darle más importancia de la que tiene la historia. El resultado es una película que, aun en estos momentos, continúa resultando moderna (adivinen en que película se inspiró el grandísimo Tarantino en Reservoir dogs, cosa que no le quita ningún mérito, desde luego), con una capacidad de sorpresa e intriga como solo tienen las buenas, y que, cuanto más la ves, más te gusta. De esta si que soy fan.

jueves, 29 de mayo de 2008

Teléfono rojo, volamos hacia Moscú

Teléfono rojo, volamos hacia Moscú (Stanley Kubrick, 1964)

Esta película, en realidad, hace tiempo que no la veo. Tendría que haber comenzado por Atraco perfecto (de la que daré cuenta pronto), pero me ha dado por aquí.
Hablar de cualquier película de Kubrick a mi me supone mucho. Más que nada porque todavía no se si es un director que me gusta. Lo que, teniendo en cuenta que creo que la única película suya que no he visto completa ha sido Barry Lindon, y que todo el resto me han gustado (algunas mucho), puede resultar un tanto incoherente, pero creo que no lo es.


Las películas de Kubrick tienen un aire "humanista", como dicen en la wikipedia, de estudio sobre la humanidad, casi existencialista en ocasiones, que a mi me debiera fascinar. El estilo de rodaje, esos planos cuadriculados, exactos en lo geométrico, simétricos hasta la náusea en muchas ocasiones, son apabullantes... pero esa especie de megalomanía, esa tendencia que tenía Kubrick a mostrarlo todo como si él tuviera la última palabra, ese exceso de precisión en todo, esa frialdad que fue desarrollando su cine con el tiempo, llega a turbarme demasiado para ser incondicional. Incluso ya fallecido, y, como ya digo, con casi toda su filmografía visitada y revisitada, no puedo ser incondicional. En casi todas sus películas encuentro un pero. Y esta no es una escepción.


Comedia irónica, cuyo título original (Dr. Strangelove or how I learned to stop worrying and love the bomb) no tiene nada que ver con el que se le puso en España, y es mucho más revelador de lo que nos vamos a encontrar, es la única comedia de Kubrick, y, probablemente, tenía razón. Demasiado poco sentido del humor albergaba el autor para haber continuado. Y eso que la película como comedia funciona bastante bien, pero más por las magníficas actuaciones de Peter Sellers (interpreta tres papeles) y por el guión, que por el desarrollo general, demasiado parecido a ese estilo geométrico con el que Kubrick se obsesionó tanto en determinado momento. Está bien rodada, tiene gags divertidísimos, chistes aún más divertidos, Peter Sellers está espléndido (repito), sobre todo en el papel de Strangelove, ese asesor fascistoide del presidente de los EEUU (que también interpreta él), y tiene secuencias que ponen los pelos de punta (el muchacho encima de la bomba, por ejemplo), pero cada vez que la he visto me ha dado la impresión de que no termina de cuajar, fundamentalmente porque Kubrick se lo toma todo demasiado en serio, y, en vez de dejarse llevar por el divertimento, opta por querer hacer una gran película. Y eso no se busca, eso sale. Es decir, la película es buena y muy divertida, pero podría haber llegado a ser una obra maestra.


lunes, 25 de febrero de 2008

La naranja mecánica.

La naranja mecánica (Stanley Kubrick, 1972)


Anoche no podía dormir, y me acordé de lo monótono que es el cine de Kubrick, por más que me guste, por lo que me puse a ver esta película, que hacía años que no visionaba, con la idea de poder dormir. Pero fue que no, así que disfruté de nuevo de una de las cintas más polémicas de los 70. Y que queda todavía como una de las obras más arriesgadas del cine comercial. Crítica brutal a la violencia (tanto la ilegal como la legal), basada en una novela de Anthony Burgess que yo no he leído, pero a la que le tengo ganas, La naranja mecánica es, como todo el cine de Kubrick, una película difícil. Remueve las tripas y todos los sentidos, y turba como pocos otros saben hacerlos. ¿Que no es perfecta? Puede ser, pero si que quedará en la mente de todo el que la vea. Por algo será.