¿Qué cojones es esto, El piano? ¿Por qué coño no habla esta tía?
lunes, 20 de septiembre de 2010
Frase de la semana
¿Qué cojones es esto, El piano? ¿Por qué coño no habla esta tía?
martes, 5 de enero de 2010
Persiguiendo a Amy

Quizá no haya quedado para la historia del cine, puesto que dentro del cine de su director ocupa Clerks por razones más que obvias, pero antes de su bajada a la zafiedad a partir de Dogma, Chasing Amy continuaba por la senda antes visitada por su creador de comedia sutil, en este caso romántica, analizando las relaciones personales entre una generación camino de los treinta y que sin embargo no acababa de salir de la adolescencia y de las inseguridades propias de la misma.

Todo ello impregnado del mismo espíritu gamberroide, cultura pulp y ácida ironía que ya se observaba en sus anteriores cintas, solo que perfeccionada y sofisticada dentro de lo posible.
En definitiva, que el camino era el bueno, pero Smith se salió en un cruce y todavía no se ha vuelto a encontrar. Por más que muchos quieran.
sábado, 11 de octubre de 2008
Clerks

Diatribas políticas aparte, Clerks es la demostración primaria de que lo mismo hecho con más dinero no da mejores resultados. Porque todas las películas posteriores de Kevin Smith son Clerks versionadas, con mayor o menor acierto. Quizá la única que la supere, quizá digo, es Persiguiendo a Amy, que procuraré recordar para comentar cuanto antes, porque se centra más en la relación afectiva y no hay tanto batiburrillo de asuntos como en el resto. Pero por lo demás, todo lo hecho posteriormente es peor que Clerks, cuando al final está tratando lo mismo.

Con una premisa que usaría un par de años después Paul Auster para que Wayne Wang dirigiera la fantástica Smoke, pero siete u ocho o nueve veces menos dinero, Smith realiza un retrato de la parte de la sociedad que conoce y le interesa a través de un día en la vida de un cajero, Dante, que tiene que ir a trabajar su día libre, y los pintorescos personajes que se van cruzando con él, incluyendo a su mejor amigo, Randal, cajero del videoclub de al lado, y lo opuesto a él en intenciones y maneras, probablemente el mejor personaje de la película.
Las diserciones del film, tanto explícitas como tácitas, se dedican a lo mismo de siempre en el cine de su director: las relaciones de pareja y los malentendidos que en ella se dan por las diferencias en calificación de actos sexuales; la amistad masculina como sustituta primera de una homosexualidad latente que aquí queda más o menos reflejada en los gustos pornográficos de Randal; iconos de la cultura pop expuestos a la discusión; adultos inmaduros que se empeñan en no responsabilizarse de sus vidas; chistes y más chistes acerca de superfluosidades; el tabaco, la maría, el resto de drogas, el sexo, el sexo, el sexo... y Jay y Bob el Silencioso cuando todavía traficaban. Y la cotidianidad de la ciudad, que lleva a que finalmente aquello parezca un pueblo donde todo el mundo se conoce y todo el mundo sabe las dificultades del resto de gente.

Diálogos ingeniosos para una comedia ágil y muy divertida que se aleja de los grandes temas para tratar de ese tema tan insignificante que es lo que hacemos con nuestra vida. Con dos duros muy bien utilizados Smith crea una película generacional que, afortunadamente para ella, no lo fue. Por eso no ha caído en el ridículo y sigue conservándose tan fresca. De Reality bites hablaré cualquier jueves de estos.
lunes, 25 de agosto de 2008
Dogma

A veces repasar la filmografía de algunos directores resulta desolador. Es el caso de Smith, un director que había dado señales de grandiosidad cuando dirigió su primera película, Clerks, tuvo un pequeño bache del que salió airoso con Mallrats (y es que parece que contratar a Shanen Doherty tiene sus riesgos) y se recuperó con creces con la magnífica Persiguiendo a Amy (si bien hace mucho tiempo que la vi, debería repasarla), para comenzar a caer con Dogma, y seguir cayendo y cayendo... hasta no saber dónde.
Porque Dogma no es especialmente buena, pero funciona. Y funciona porque el que la escribe y dirige tiene buenas ideas. En momentos determinados resulta francamente genial, como la aparición de Janeane Garofalo, en el papel de judía trabajadora en una clínica abortista, cuando llega a la misma y, para conseguir librarse de los antiabortistas exclama “¡Ostia puta, el Papa!”. El problema es que esa genialidad se limita a situaciones concretas, y no terminan de inundar un metraje que resulta excesivo a todas luces.
Y es que la historia de los ángeles Loki y Bartleby, esos que quieren regresar al mismo cielo del que fueron expulsados ( “¿Les envió al infierno?” “Peor, a Wisconsin.”), y a quien Bethany (qué guapa es Linda Fiorentino aunque tenga cara de no haberse acostado en quince días) tiene que detener con la ayuda de Jay y Bob el silencioso entre otros, se complica demasiado para una película de estas características. Quizá uno de los problemas de Dogma es que hay demasiada gente a la que dar protagonismo, y es que, aparte de Ben Affleck, Matt Damon, la ya mencionada Fiorentino, Mewes y Smith (Jay y Bob), aparecen Rufus, el supuesto decimotercer apostol (Chris Rock), Serendipity (Salma Hayek, en el papel de musa), Azrael (el demonio interpretado por Jason Lee), el Megatron (Alan Rickman como la Voz de Dios, tipo de ángel de vuelta de todo que conforma quizá el mejor personaje de la película)... y demasiada gente para darle cabida en una historia a la que dos horas le vienen bien largas.

Todo ello a pesar de los hallazgos, a pesar de las reflexiones sobre las religiones, tan presente en el cine de Smith, a pesar de una primera escena, esa la desvelación de esa “reforma” del catolicismo llamado el “Catolicismo guay” y su figura fundamental, la que sustituye al crucificado, el “Jesucristo colega” (todavía recuerdo las carcajadas que pegamos en el cine yo y la amiga que me acompañaba). Porque a mi el cine de Smith, en ese sentido, me recuerda mucho al de otros grandes obsesionados con la religión (Buñuel, Allen...) lo que hace que las comparaciones sean odiosas a pesar de que no tiene nada comparable, porque el cine de Smith no tiene comparación con el de ninguno de estos genios. Quizá el cine más parecido sea el de John Hughes, salvando las muchísimas distancias. Un cine al que hace muchísimas referencias y del que parece su hermano cafre, solo que con mucho más talento.
Porque talento hay, por más que a veces no se note. Y es que lo fundamental en esta película es la irregularidad, que es el problema básico del cine de Smith, mezcla de escenas y, sobre todo, diálogos memorables con otros bastante mediocres. Ahí precisamente es donde creo que pierde. Y puede perder mucho. En esta película no tanto, pero es un avance de las siguentes. Y es que hay caídas que parecen imparables. Aunque algunos tengamos la esperanza de que se vuelvan a recuperar.
Por cierto, y como última nota: me encanta la escena en que Dios (no revelaré quién lo interpreta, por si alguien no la ha visto) aparece. Dios no habla, sólo actúa, y Jay le pregunta: “¿Qué coño es esto, El Piano? ¿Por qué coño no habla esta tía?”.