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jueves, 21 de abril de 2011

Destrozando a... Vivir hasta el fin

Vivir hasta el fin (Gregg Araki, 1992)


Empezaré por decir que ya el título es espantoso (bueno, el original The living end tampoco es para tirar cohetes), pero de juzgado de guardia, vamos.
Y ahora iré al turrón.
Yo sigo sin ver dónde están las virtudes del cine de Gregg Araki, ese señor que consiguió convertirse en el abanderado del cine gay-indie-americano (aquella estupidez del New Queer Cinema... yo es que estoy ya de etiquetas hasta los mismísimos) aunque luego su relación sentimental más duradera fuera con una de sus actrices y terminara haciendo comedietas románticas bisexuales... pero eso es otro tema.
La cosa es que su tercera película, esta que comentamos hoy y que fue candidata a no se qué premio en Sundance (wikipedia dixit) es un perfecto ejemplo de todo lo que caracteriza a lo que se ha venido en llamar su "cine". Porque todas las películas que he visto de Araki, aunque lo he abandonado hace mucho, son prácticamente iguales.
Partimos de algún conflicto sexual entre varias personas (más o menos llamativo, aquí el descubrimiento de la seropositividad de un escritor y su encuentro con otro seropositivo un tanto psicopático), aparecen personajes secundarios "alocado
s" (que no aportan nada, que están ahí de adorno y que son totalmente prescindibles) y vemos muchas preciosas postales dialogadas con frases poéticas de mercadillo y que giran y giran y siguen girando acerca de la misma idea que es la que vertebra todo el guión (en este caso, eso de vivir rápido, morir joven y dejar un bonito cadáver).
Que puede tener su gracia, no digo yo que no, pero que aumentaría su valor si lo que van declinando tuviera algún sentido y, sobre todo, si Araki supiera dirigir (actores, entre otras cosas), lo tengo clarísimo.


Porque miren ustedes, yo puedo estar de acuerdo en que alguien quiera ser moderno y planifique las escenas con estilo pictórico seudopop, con que ese mismo alguien limite la actividad de los personajes a estereotipos motrices que se van repitiendo, con que ese alguien desarrolle la actividad dramática allende los actores y centrado en acciones vacuas, incluso con que ese mismo alguien acierte a desarrollar escenas cercanas al video-arte.
Pero con lo que no puedo estar de acuerdo, de ninguna de las maneras, es con que eso sea cine. Me niego.


jueves, 31 de marzo de 2011

Destrozando a... Cache

Cache (Michael Haneke, 2005)


Me duele a mi más que a nadie tener que hacer esta entrada, pero créanme que lo merece. Y no porque crea que Caché es, en modo alguno, una película tan mala como las que desfilan normalmente los jueves por aquí. La justificación tiene más que ver con la decepción que me supuso que uno de mis directores actuales favoritos cayera en la trampa de la autocomplacencia.
Haneke nunca ha sido idiota y sabe perfectamente lo que se espera de él. La inquietud, los silencios, el juego con las imágenes no vistas y la imaginación del que la ve... todo lo mismo de siempre que, normalmente, usa con imaginación para contarnos sus angustiantes historias.
El problema de Caché estriba en que esa riqueza habitual en el resto de su cine deja paso al recurso repetitivo y se limita a realizar lo que ya ha hecho antes, no sólo sin aportar nada nuevo, sino jugando vilmente con la paciencia del espectador.



A todas, absolutamente todas las escenas de Caché le sobran, como poco, diez segundos. Tiempo que es utilizado para que Daniel Auteuil y Juliette Binoche compongan unas actuaciones soberbias y las sigan recomponiendo una y otra vez de manera totalmente prescindible.
Tiempo que es utilizado para no exponer prácticamente nada más allá del tedio de una historia que no termina de enganchar.
Tiempo que es utilizado para difuminar los efectos de la culpa que es lo que en primera instancia parece que mueve las pesadillas del protagonista, de tal forma que no termina de quedar claro.
Tiempo malgastado en rodar una película donde al final todo es tan simple que no terminamos de entender nada de lo que ha pasado.
Tiempo, el nuestro, que está para recordar mejores películas suyas y querer darle cabezazos a todo el que premió y adoró esta cinta, que por más aciertos que tenga y más maestría que veamos en Haneke , no deja de ser mediocre.


jueves, 24 de febrero de 2011

A petición popular: Destrozando a... Nawja Nimri

Nawya Nimri (A petición popular porque yo no tengo nada malo que decir de esta...¿a qué habíamos dicho que se dedicaba?)



No quiero dar las conclusiones demasiado pronto, pero recapacitemos. ¿En que país del mundo con una industria cinematográfica inexistente y un panorama musical desolador, una señora que no tiene voz y no sabe actuar llevaría hechos diez discos y veintiocho películas en quince años? Pues en uno de pandereta, como el nuestro.
Reconoceré, porque lo hago y porque los tengo, que por más que se dedique a copiar a Björk en su versión más comercial, alguno de sus discos son más que salvables, aunque personalmente prefiero darle el mérito a Carlos Jean. Pero no seré hipócrita (ya digo que mi colección de cedeses me delataría) y asumo que algunas de sus propuestas musicales se salen de la mediocridad imperante en los cantantes españoles, sin ser ella nada de eso, porque a pesar de no tener voz, para hacer lo que ella hace, tampoco la necesita.
Pero el tema de la actuación ya es otro cantar...
Estar casada con un director de cine abre muchas puertas. Si es un director que se puede apuntar a una moda (en el caso de Calparsolo o Calparsoro o como se escriba, que nadie se pone de acuerdo, el de la hornada de nuevos directores vascos) dará para hacer una película inicial con cierto interés y otras cuantas que pasarán sin pena ni gloria (ya dije hace tiempo que a mi me gustó Asfalto, pero hasta en eso soy raro) y donde su esposa se podría dedicar a hacer lo que hace siempre: susurrar y poner cara de espantada sin saber entonar el texto y sin que los demás seamos conscientes de los motivos de sus impostadas angustias.
Amenábar la contrató para la infumable Abre los ojos (que ya se que tiene muchos frans, entre los que no me encuentro, como ya expliqué aquí) para hacer, como dicen Jordi Costa y Darío Adanti en la estupenda "Mis problemas con Amenábar" (a reivindicar uno de estos días) de "femme fatale" cuando ya ella es "fatal", creando así un monstruo que, como todo lo que viene del niño mimado del cine español, se creyó bueno (aunque está peor que Penélope, que ya es decir).
Para acabar de rematar la faena llegó un Medem en franca decadencia, pero que gracias al éxito mediático de Los amantes del Círculo Polar, consiguió que la susurradora se hiciera con un nombre y, en base a esa misma incapacidad fonatoria, se convirtiera en una especie de icono para directores más preocupados de la presencia que del cine.
Y Medem la siguió llamando, Salazar (que todavía está por hacer una película decente por más que en mundo gay patrio Piedras, donde hasta la gran Vicky Peña está espantosa, sea considerada una cuasi-obra maestra) la subió a los altares y a La Fura dels Baus se les acabó de ir la pinza llamándola para su versión de Fausto.
Total, que quince años después de que saltara al vacío sin desnuncarse, continúa sin saber dicción, sin que se la escuche cuando habla, y sin ser capaz de expresar nada que no tenga que ver con sus (preciosos, porque ahí está el secreto de su éxito) ojos mirando a la lejanía.
Eso sí, ella va de diva progre y de artista polifacética, y como la Etxebarría, tiene a su grupo de acólitos jadeándola. Lo único que explicaría que se le de el calificativo de actriz sería una enfermedad neurológica degenerativa. Y si fuera así... retiro todo lo dicho y ella que se retire a descansar por su bien y el de los demás.


jueves, 27 de enero de 2011

Destrozando a... El método

El método (Marcelo Piñeyro, 2005)


Debe ser horrible para un argentino, sobre todo con el ego que gastan, que le digan que deja a medias, pero con Piñeyro es la única sensación que tengo siempre presente.
Aunque no es el único responsable de haber logrado que una de las sensaciones teatrales de inicios del nuevo siglo pasara al cine con más pena que gloria, también merece ser castigado Mateo Gil, ese señor que como escribía guiones con Amenábar (ni que ese fuera el punto fuerte de su filmografía) creyó que podría dirigir cine (es harto injusto que Nadie conoce a nadie no haya pasado por aquí todavía) y lucirse como guionista de categoría en todo lo que le diera la gana... pos eso mismo.
Si además ponemos a esa señora que cree que susurrar es actuar y a unos cuantos más que intentan lucirse por todos los medios... pues ni Eduard Fernández la salva, miren ustedes.
Que la obra nunca la vi y después de ver esto ya nunca me quedaron ganas. ¿Cómo?


jueves, 16 de septiembre de 2010

Destrozando a... Un paseo por las nubes

Un paseo por las nubes (Alfonso Arau, 1994)


Serán las que pueblan los cielos de mi ciudad (y hace que tengamos probablemente el día más caluroso y/o bochornoso del año), pero ha sido acordarme de nubes y de películas que deberían haber sido destrozadas por las tormentas que traían... y cuál mejor que esta novelita rosa que supuso la primera experiencia norteamericana de Aitana Sánchez-Gijón... eso sí, al lado de el hombre de cera, que no es otro que Keanu Reeves.
El artífice de semejante pastelazo fue Alfonso Arau, que como había dirigido años antes una versión medianamente decente de una novela de su entonces mujer (no se cuál será su estado civil actual), otro experimento corintelladesco algo menos anquilosado llamado Como agua para chocolate, se creyó capaz de volver a repetir suerte.
Así que cogió el guión de Leyendas de Pasión (también de ese año, si es que fue grande, grande), Lo que el viento se llevó (o quizá ese otro llamado Scarlett), la misma Como agua para chocolate, todas las de mi querido Gere... y sacó lo peor de cada una de ellas para que nos aburriéramos como ostras y Aitana nunca volviera a trabajar en Hollywood.
Reeves, como es de cera, vale lo mismo para un roto que para un descosido, así que lo colocaron en Matrix y le fue bien.
Arau está en paradero desconocido para mi. Y mejor que siga allí mucho tiempo.


jueves, 9 de septiembre de 2010

Destrozando a... Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal

Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal (Steven Spielberg, 2008)

Aunque bien podría haber sido The last crusade, que fue el primer paso que dio Spielberg para destrozar una saga de entretenimiento ejemplar. Claro que The last crusade era, al menos, mediocre.
El reino de la calavera de cristal
es una bazofia de marca mayor donde, además de su edulcoramiento habitual (final incluido) parece que Spielberg se ha olvidado de rodar acción y ha preferido realizar una caricatura de su otrora héroe, ya en horas bajas, pero que extiende a todo el planteamiento y estructura de lo que se hace llamar película.
La mala malísima, encarnado con un sano sentido del ridículo por Cate Blanchett, es con mucho lo único medianamente salvable de la cinta, aunque el bochorno es máximo en una de sus escenas de lucimiento, justo la de los extraterrestres... Estebitan, por dior...


jueves, 2 de septiembre de 2010

Destrozando a... Fahrenheit 9/11

Fahrenheit 9/11 (II) (Michael Moore, 2004)

De sobra se sabe en el mundo del cine que las buenas intenciones no lo son todo, pero en los documentales deberían ser lo de menos ante la realidad completa de lo que se quiera contar.
Pero Michael Moore no está de acuerdo y además, confunde deliberadamente las buenas intenciones con el populismo que, justamente, coincide con las tesis de las que él se apropia y aprovecha.
Fahrenheit 9/11 es un documental que podrá ser (y eso es lo que más se sigue leyendo de él) totalmente necesario a fin de exponer las teorías conspiratorias que justificarían la todavía inconclusa Guerra de Irak, pero, bajo su supuesta veracidad, no encontramos en él más allá de un panfleto tendencioso contra George W. Bush y el Partido Republicano estadounidense.
Que el objeto de ataque sea digno de masacre no justifica en modo alguno la lectura parcial que Moore realiza sobre lo acaecido respecto a las relaciones de la familia Bush con los distintos imperios petrolíferos de Oriente Medio, pero se hubiera agradecido además una visión más compleja que la pobre que nos da Moore sobre la gestación de los ataques norteamericanos, si es que era eso lo que se pretendía.
Claro que para ello lo primero que habría que haber hecho es una planificación clara acerca de lo que se quería contar para apoyar las hipótesis esgrimidas, cosa que al orondo director no le pareció y quiso, sin embargo, enlazar un montón de datos sobre muchísima gente y muchas actividades que, al final, no sabemos muy bien adonde conducían.
Porque realmente Fahrenheit 9/11 no es un documental que explique la gran caída de Occidente en aras del neoliberalismo más agresivo, como se publicitó en su momento. El gran error de Fahrenheit 9/11 es que no se centra en nada y no llega a ninguna conclusión más allá de la que el señor Moore, con mucho el gran protagonista de este circo, tenía previamente instalada en su cabeza y que parece tener relación con el aniquilamiento de la familia Bush y todos sus amiguitos (muchos y poderosos).
Y precisamente de esa guerra habla Fahrenheit 9/11, no de ninguna otra. De la de dos dictadores (uno, el director, mucho más listo que el otro) que manipulan y tergiversan para conseguir transmitir a su audiencia la sensación de que ellos, y solo ellos, tienen razón.


jueves, 26 de agosto de 2010

Destrozando a... La poca vergüenza de James Cameron.

James Cameron (director de cine reconvertido en engañabobos)

Este fin de semana se reestrena en USA Pocahontas in outer space, y para mediados de septiembre se espera el estreno en España. Si, han leído bien los que todavía no se habían enterado (pueden leerlo aquí, aquí, aquí o en muchas otras páginas que salen en google).
Con sólo un año de diferencia y habiendo pasado por todo tipo de cajas, Cameron y la Fox han decidido que tenían que hacer una versión EXTENDIDA (si, han leído bien también esto) del coñazo de tres horas por el que lo apalizaron en los premios del copyright.
La versión extendida ayudará a entender los misterios de Pandora durante 8 MINUTOS MÁS. Sí, también han leído bien eso, extendida quiere decir ocho minutos.
Por si el timo no fuera suficiente, lo venden como si del descubrimiento de la pólvora se tratara y lo peor de todo es que todavía quedará algún imbécil que vaya a pagar diez o doce euros por ver otra vez lo mismo con algún remache...
Bueno, lo peor no es eso, lo peor es que anuncia versión en 3D de la del barco para cuando se cumpla el centenario del hundimiento, a pesar de haber despotricado lo más grande contra Clash of Titans, por ejemplo, por no haberse rodado específicamente en tres dimensiones (si eso fuera lo grave...).
Claro que como él se considera el padre del invento, puede hacer lo que le de la gana, ¿no es verdad, señor Cameron?


jueves, 12 de agosto de 2010

Hace calor

Hace calor (Kiko Veneno, Está muy bien eso del cariño, 1995)

Ya se qué esto no va hoy, pero es que no puedo pensar en otra cosa. Si quieren pueden tomarlo como una segunda parte del destrozando a... al verano que publiqué con más ira que gracia hace un año.
Total, que me encanta Kiko y que no hay mejor día como hoy para acordarse de esta estupenda canción.




jueves, 5 de agosto de 2010

Destrozando a... El indomable Will Hunting

El indomable Will Hunting (Gus van Sant, 1997)

Cuando se está de resaca nada más fácil que recurrir a valores seguros, y aquí tenemos a Robin Williams, a Ben Affleck y a un van Sant empeñado en no terminar de tener una carrera coherente.
Y entre el ñoño guión perpetrado por Affleck y Damon y la cursilería propia de los intentos norteamericanos de contar supuestas grandes historias que no lo son y que además no interesan a nadie, tenemos el cutre producto del momento disfrazado de metafísica que, por supuesto, se llevó a casa algún que otro premio del copyright.
Lo esperable, ¿no creen?, aunque eso no la hace ni mucho menos más digna ni aguantable.


jueves, 1 de julio de 2010

Destrozando a... Una historia diferente

Una historia diferente (Danny Boyle, 1997).


Yo fui uno de tantos a los que Boyle engañó con Trainspotting, llegando a la conclusión de que era un gran director sólo por esa película.
Por ello y sólo por ello (bueno, y por mi Ewan) fui al cine a ver A life less ordinary a pesar de las críticas y lo que me decían los amigos.
Y por ello y sólo por ello (y por mi Ewan) pensé que había visto una comedia fallida, con buenos ingredientes, con una historia original pero con resultados discretos.
No fue hasta años después cuando me di cuenta de que, en realidad, Boyle nos había tomado el pelo y con la idea de la cafretada pseudoexistencialista estaba vendiendo oro del que cagó el moro... no se si me explico.
Y no, no voy a hablar de La playa... de momento.


jueves, 17 de junio de 2010

Destrozando a... El cuerpo del delito

El cuerpo del delito (Uli Edel, 1992)


Durante los noventa hubo un género, el thriller erótico, en el que, como bien dice la página que tiene dedicada en facebook, "una mujer quiere cepillarse a la ciudad, un policía no le deja y acaban cepillándose entre sí".
Dentro de ese género se hicieron películas mejores, películas peores y se hizo El cuerpo del delito, posiblemente uno de los mayores atentados perpetrados contra la historia del cine y uno de los múltiples intentos de la inefable Madonna de venderse, en este caso como la diva sexual en que se quiso convertir a principios de los noventa, y que sólo confirmaba lo pésima actriz que era y lo peor que podía ser en manos de uno al que no sabemos quién dijo que podía ¿dirigir? una ¿película?
Willem Dafoe creo que tenía que pagar la hipoteca o algo...


jueves, 10 de junio de 2010

Destrozando a... Sexo en Nueva York

Sexo en Nueva York 1 y 2 (Michael Patrick King 2008 y 2010)


La HBO estuvo durante mucho tiempo convenciendo al mundo que lo normal era que las mujeres fueran estupendas, glamourosas, tuvieran cuatrocientos euros (o dólares) para comprarse un sólo par de zapatos cuando les viniera en gana a pesar de escribir columnas insulsas en periódicos y follaran mucho como pretexto para encontrar marido, que es lo que querían de verdad.
Ese futil ejercicio de ilustración sobre estereotipado neofeminismo estuvo encarnado durante años por cuatro estereotípicas pijas neoyorquinas que resultaban ser cuatro estereotipos de mujeres antagónicas pero cuyo amor por el lujo y por las charlas sexuales conseguían una amistad a prueba de bombas.
Como serie podía resultar divertida y ocasionalmente brillante debido precisamente a la interacción entre caracteres diferentes, si bien la protagonista (y productora e ideóloga y casi que guionista), la sin par Carrie Bradshaw resultara irritante casi todo el tiempo y el tono falsamente liberal quedara relegado a la estupenda Samantha, a la que finalmente también metieron en vereda y formalizaron su relación con un señor con el que a nadie que le guste un hombre tendría problemas en hacerlo.
Hasta ahí podía pasar, pero como los "Manolos" son caros y los bolsos de Vuitton ni te cuento, las pijas neoyorquinas se reunieron para hacer un pase de modelos larguísimo, superficial, estúpido y mononeuronal donde el drama se desencadena por las dudas acerca de una boda, culmen de la tragedia de unos personajes que, como ese mismo hecho hace ver, tampoco tienen demasiado de lo que preocuparse.


Que la planificación, el guión y el desarrollo argumental sean una pura bazofia para principiantes resulta una nimiedad si lo comparamos con el daño que podría hacer la exacerbación del mensaje que ya mermaba la serie y que tenía que ver con la mayor paletez que puede tener una pija: la idolatría a la marca y al marido rico que las pueda comprar y del que enamorarse como fin primero y último.
Como no había dos sin tres, acaban de estrenar una segunda parte que es todavía peor que la primera, y donde realmente dan ganas de coger a las cuatro imbéciles y quemarlas con un lanzallamas. A ver si así aumentamos la inteligencia media del género humano.


jueves, 3 de junio de 2010

Destrozando a... Jack

Jack (Francis Ford Coppola, 1996)


Anonadado quedé cuando la mitad de la crítica patria se rasgó las vestiduras ante Tetro (película que precisamente por la terrible crítica general todavía no he visto) como si Coppola, el otrora magnífico Coppola, el autor de El Padrino, La Ley de la calle y de la mejor adaptación del Dracula de Stoker jamás realizada, no hubiera cometido jamás un traspiés.
Olvidaban pues la última carrera noventera de un director venido a realizar productos que, por muy de encargo que fueran, llevaban su firma en los títulos de crédito, y cuyo máximo exponente, en el sentido de la negación creativa, llegaba con este insoportable cuento de hadas al estilo del episodio que hubiera dirigido años antes en Historias de Nueva York, pero sustituyendo a la niña insufrible por el no menos inefable Robin Williams en el papel de un pobre niño que crece mucho más de lo normal.
Vehículo de lucimiento para un actor que no está afiliado a esta sección en la misma línea que Gere porque he tenido mucho cuidado en perderme todo lo que contuviera su nombre, Jack es una película pueril, simple, sensiblera, bochornosa y sonrojante que parece dirigida por cualquier pelagatos realizador de telefilmes y que si que debería sorprender estando firmada por alguien con tanto crédito artístico.
Porque al menos Tetro parece arriesgada, pero el riesgo de esto... bueno, jugó con perder toda la credibilidad, pero entonces sacó a su hija y la gente se olvidó de lo malo del padre, me temo...


jueves, 27 de mayo de 2010

Bwana

Bwana (Imanol Uribe, 1996)


O el vivo ejemplo de que para hacer una película no es suficiente con buenas intenciones. Y ya no digamos para hacer una buena película... que por lo visto hubo gente a la que se lo pareció, tanto como para darle la Concha de Oro en San Sebastián (ax aequo con otro truño bienintencionado).
A mi no, a mi me pareció una patata aburridísima, evidentísima y superficial. Por muy bueno que estuviera el negro.

P.D.: Tenía pensado, desde hacía tiempo, que este jueves lo dedicaría a poner verde la última temporada de Lost... pero como me reconcilié con el impresionante último capítulo, he tenido que improvisar. ¿No se ha notao mucho, verdad?


jueves, 20 de mayo de 2010

Destrozando a... la carrera de Julio Medem

Julio Medem (director que empezó siendo de cine y terminó haciendo Caótica Ana)


Intento no repetirme pero el domingo me quedé con ganas. Así que hoy hablaremos de una de las carreras más erráticas, incoherentes e infundadas de la última historia del cine español (donde con historia quiero decir que ha pasado el tiempo, no se confundan).
Medem comenzó en los cortos, como todo hijo de vecino, y pasó al largo con Vacas, de la que no hablaré más porque ya lo hice hace cuatro días (sólo teneis que mirar un poco más abajo y si no, aquí), que pese a todas sus irregularidades sigue siendo su película más lograda.
Posteriormente se metió algo y le salió La ardilla roja, esperpento fotográficamente impoluto donde conseguía sugerir mucho sin contar nada coherente y donde empezaba a oler el existencialismo, o al menos esto pretendía.
En esas que tuvo un momento de lucidez para firmar Tierra, su película más sencilla en planteamiento y consecución y posteriormente ese cuento de hadas trágico que fue Los amantes del círculo polar. Y hasta la cosa estaba más o menos bien.
Disloques oníricos se mezclaban con realidad, saltos temporales y rupturas narrativas que contaban historias ligeras de amor y muerte de forma original y curiosa y con bastante acierto en la provocación de emociones en el respetable.Pero he ahí que Medem se empezó a tomar demasiado en serio, se quiso volver artista, renunció a lo que había sido su cine y perpetró Lucía y el sexo, un drama absurdo, disfrazado de intelectual, suerte de cine S de categoría, donde no contaba absolutamente nada más allá de los impulsos sexuales irrefrenables de unos cuantos personajes que no sabían hacer otra cosa y que consiguieron que los modernos españoles (esos que creen que el cine español es bueno simplemente por serlo) lo arroparan en una taquilla que se disparó de mala manera. Aun así, Lucía y el sexo podía tener un pase.
Pero ya lo de después...


Ya dije (fue antes de tener este blog, creo) que hay pocas cosas de las que más me arrepienta en mi vida que de haber pagado una entrada para ver ese engendro que es Caótica Ana. Circunstancial, deshilachada, absurda, zafia y confusa elevación del estilo de vida hippiepiji a la categoría de existencialismo transcultural, transgeneracional y transreligioso, semejante mamarrachada sólo sirvió para que muchos de los que disfrutamos de su primer cine nos lo pensáramos a la hora de ir a ver una nueva película suya.
Y así le está yendo a Habitación en Roma en taquilla... porque yo al menos no tengo ningún interés de ver a dos señoras simulando coitos durante dos horas mientras no pasa nada y encima me pretendan engañar queriendo hacerlo pasar por filosofía. No, Medem, no...

P.D.: Del documental aquel no hablo porque ni siquiera lo vi... no era lo que yo esperaba de él.


jueves, 13 de mayo de 2010

Destrozando a... Pocahontas in Outer Space

Avatar (James Cameron, 2009)
El bisnieto de John Locke, pariente muy muy muy lejano de John Smith, se va a ayudar a conquistar tierras indígenas en su silla de ruedas. Como aquello no es la isla de Lost, no se cura de la paraplejia y para que pueda caminar le han construido un pitufo gigante amorfo a semejanza de los alienígenas indígenas (alindígenas, a partir de ahora) que le permitirá desplazarse por la selva. Allí está la Teniente Ripley, que después de ver lo que hicieron en Alien vs. Predator (para la segunda parte no tuvo huevos ni ella) decidió irse a convencer a los alindígenas de que si llegaba un productor de Hollywood que quisiera hacer una secuela, mejor que lo acribillaran a flechazos envenenados. Pero los alindígenas no le hicieron caso y ahora necesita al bisnieto de John Locke para que se líe con la Pocahontas alindígena pitufa gigante amorfa y le hagan caso. Pocahontas del espacio salva al bisnieto de John Locke de unos bichos mu feos y con muchos colorines y se lo presenta a su padre, que no está precisamente por la labor de que su hija se relacione con un yanqui. Pero como el bisnieto de John Locke es un americano guay, los convence de que quiere aprender y logra convertirse en uno de ellos (con el traje pitufo gigante amorfo, que no se si lo he dicho) y descubrir sus secretos, que consisten en que el planeta alindígena es una sucursal del Bershka (y produce los mismos ataques epilépticos y las mismas ganas de hartarse de éxtasis) organizada como una red libre de internet por la que se pueden descargar piráticamente todo lo que les de la gana, y que los indígenas mantienen relaciones sexuales por rozamiento, como un vulgar viejo verde en el metro de Madrid. Como eso no puede ser, hay también unos marines mu malos, sobrinos por parte de madre de los marines descerebrados y misóginos de Aliens, que no están por la labor y que son enviados por la Menestra de Verduras para que protejan y se lleven el material de los ladr... perdón, de los artistas de la SGAE (deuvedeses con forma de piedras) y que lo paguen si quieren escuchar al rey del pollo frito. Mientras el bisnieto de John Locke hace de agente doble, la Pocahontas del espacio le enseña lo maravilloso que es ser ecologista y los beneficios de la soja, a subir a montañas que no conocieron a Newton y a volar en pterodáctilos lisérgicos durante horas, días, semanas, meses, años, lustros, décadas, siglos, edades y eras. Total, que después por fin pasa algo y es que los marines de la Sindescargas atacan el cuartel general de los alindígenas y luego los otros se pelean y todos gruñen y al final la Pocahontas del espacio se casa con el bisnieto de John Locke que, intoxicado por el tofu, prefiere quedarse allí y downloadarse en el cuerpo del pitufo gigante amorfo. Y la gente que la vio en tres dimensiones me dicen (la vi en dos, de gratis y en mi casa) que es que así no vale. Por lo visto es que en 3-D si que se aprecia una discurso existencial heideggeriano que en formato habitual no fui capaz de hallar. Si alguien todavía no ha disfrutado de este pestiño, la puede encontrar por ahí con el nombre de Avatar, aunque hubiera sido más sensato llamarla Al-water, que es adonde deberían haber llegado la cinta original y todas sus copias. P.D.: hay un grupo en facebook llamado "Directores que revolucionan el cine y su exmujer los apaliza en los Oscars" al que se deberían unir todo amante de las redes sociales y del buen cine... bueno, y del malo también. P.D.2: también me estoy planteando crear yo un grupo que se llamará "Alguien que prefiere el tofu al jamón de bellota no puede ser de fiar", pero ya otro día os digo si eso...

jueves, 6 de mayo de 2010

Destrozando a... Alice in Wonderland

Alice in Wonderland (Tim Burton, 2010)


El que Burton realizara una película, supuestamente según creíamos su propia versión de los inmortales, complicadísimos y fascinantes libros de Lewis Carroll parecía buena idea.
Cuando nos enteramos de que Disney era la que financiaba el proyecto ya algo nos olía mal.
Cuando vimos las primeras imágenes retomamos la esperanza.
Pero yo la mía la perdí el sábado en cuento me enfrenté a ella en el cine y terminé con la sensación de que nos habían timado pero bien.
La cosa es que parece que Burton ha realizado una supuesta segunda parte (cronológicamente cercana a A través del espejo) de la película que sesenta años antes había realizado la factoría, tomando tan solo los elementos que no habían sido robados para ese primer proyecto del segundo (el más impactante, interesante y siniestro de los dos) libro sobre las aventuras de Alicia y construyendo una historia en forma de cuento que no tiene nada que ver con la obra de Carroll y que tan solo lo asemeja en cuanto a personajes y elementos comunes (algunos, leves, de los artificios lingüísticos que adornaban y daban sentido a toda la bella historia de hadas).


Que además se queda en la estética (fascinante, asombrosa e inquietante, sin duda lo mejor del proyecto) y el recorrido es lineal y aburrido (salvo ocasionales y muy celebradas muestras de humor, ciertamente lo único que podría hacer que el film pudiera ser salvado) es algo que no se esperaba de él.
Pero lo que personalmente me resulta realmente curioso es que siendo la segunda parte de una película que ha aterrorizado a los niños de varias generaciones, resulte más pobre, infantil y disneyana que la original.
Y eso a Tim Burton no se lo perdono. Como no le perdonaré nunca a Woody Allen la de Barcelona... y yo que creía que ninguno de los dos pisaría nunca esta sección...


jueves, 29 de abril de 2010

Destrozando a... Alatriste

Alatriste (Agustín Díaz Yanes, 2006)También bautizada como Alatruño, Pollatriste, etc., etc.


Este es un claro ejemplo de que si a un zapatero se le encarga construir una catedral gótica, mejor que rehuse.
Lo peor de Alatriste no es que se base en un cuento del sobrevalorado (e insoportablemente endiosado) Pérez Reverte, ni que dure más que un día sin pan cuando no tiene nada que contar, ni que sea aburrida como los libros que me he leído de su excelso autor original, ni que los actores parezca que se han tragado todos el espíritu de Vito Corleone, ni que esté mal rodada y mal planificada, ni que no tenga emoción y las secuencias de acción parezcan rodadas por artríticos... lo peor es que el intento de Díaz Yanes de hacer una película "de autor" para diferenciarla de las límpidas historias yanquis (aunque el presupuesto fuera desmesurado como si viniera de cualquier mayor) se limita a llenarlo todo de porquería, incluyendo el pelo de todos los actores, consiguiendo únicamente que todos los ellos estén feísimos...

jueves, 22 de abril de 2010

Destrozando a... Macaco

Macaco (cantante)

Me cansan mucho todos estos pijippis perrofláuticos, la verdad. Me cansa además que sigan publicando una y otra vez el mismo disco (y en este lo digo con conocimiento de causa, tengo cuatro de los suyos)... pero lo que más me cansa es que todos estos supuestos antisistema se dediquen a cantar banalidades con la excusa trivial del mestizaje y terminen ganando millones participando en todos los conciertos que organizan los 40 Criminales... no se si me explico.

P.D.: a lo mejor debería haber empezado por Manu Chao, ahora que lo pienso...