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martes, 21 de julio de 2009

Memento

Memento (Cristopher Nolan, 2000)



Uno de los recursos más socorridos para intentar innovar en el mundo del cine es el juego con el tiempo. Ese juego bien puede ser usado tanto de forma caprichosa como con intenciones más dramáticas, pero hacía ya años que parecía un filón agotado cuando descubrimos la primera (y mejor) película de Nolan.
El juego que guía al espectador no tiene que ver tanto con un puro recurso narrativo, sino que es parte fundamental de la línea de construcción de todo el film, curiosamente a base de deconstruir los momentos de la historia que nos relata y engarzar partes inconexas de las dos formas de mirar la misma.
Utiliza para ello dos cuentas
, una hacia atrás y otra hacia delante, que convergen finalmente a mitad de la historia para terminar de dar sentido no ya a la búsqueda del asesino de la mujer del protagonista, sino a nuestra propia búsqueda de la interpretación de la historia que nos cuenta Nolan.



Al final, evidentemente, esa manera inhabitual de manejar el tiempo no deja de ser uotrocapricho, pero es cierto que a lo que cuenta, a la extraña enfermedad de Leonard, que no puede memorizar más allá de unos cuantos minutos y tatúa todo su cuerpo con recordatorios tan vagos como toda la historia que él mismo está intentando ordenar, le sienta estupendamente.
Ante todo para que finalmente nos demos cuenta de las mismas trampas en las que cae Leonard al optar por inventarse, poco a poco, el sentido de su vida, las mismas que son necesarias para que nosotros nos podamos seguir lo que él mismo fabrica.


sábado, 4 de octubre de 2008

El caballero oscuro

El caballero oscuro (Christopher Nolan, 2008)

Que la reseña que yo fuera a hacer en cualquier momento de El caballero oscuro iba a ser buena era algo que sabían hasta los chinos de Rusia. Que iba a ser tan buena no me lo creo ni yo. Pero ya aclaro, me he negado a ser objetivo, si es que con el cine eso es posible.
Batman y toda su imaginería son poderosos. Tanto que han sido capaces de lograr que yo sea conocedor y seguidor aunque no me haya leido ni un solo cómic suyo en mi vida. Y por tanto, el acordarme de la aparición de determinados personajes que no tengo en memoria porque no soy fan, en este caso el fiscal del distrito que acabará convertido en Dos Caras, me pone los vellos de punta. Es lo que tiene la incoherencia.

El caballero oscuro es la muestra palpable de que todavía a estas alturas se pueden hacer buenas películas con muchísimos efectos especiales y sacar una pasta. El tema fundamental de la película, como el de todo el personaje de Batman, es el bien y el mal y su interrelación mutua, con las dudas morales que conlleva la diferencia entre lo uno y lo otro, entre la ética y el instinto, que incluso Nolan nos pone delante como si nosotros pudiéramos decidir qué es lo que va a pasar. Y esa es la base para lo que ocurre durante dos horas y media de metraje en que no paran de suceder cosas, en que no hay espacio para la tregua.


Quizá sea ese el único fallo de Nolan. El caballero oscuro quiere tratar tantas cosas, se enrevesa tanto, que termina durando demasiado. Aunque no sepamos de dónde se puede quitar metraje. Las secuencias de acción no son excesivamente largas, las escenas relacionales tampoco, el que aparezcan tres de los malos de Batman (por más que la aparición inicial de El espantapájaros valga para poco) reconforta a cualquier seguidor de la serie, y la trama es tan complicada que cuesta pensar que se pueda solucionar en menos tiempo... pero veinte minutos menos no le hubieran venido nada mal.
Poderosa como su protagonista, densa, trepidante, excesiva, fascinante, compleja, arrolladora, con una producción y una dirección espléndidas, El caballero oscuro es la continuación natural de ese otro monumento a la figura del Hombre Murciélago que era Batman Begins, en forma de monumento aún más megalómano de lo que era esta, no sólo para Batman, sino también para sus malvados complementos, tanto Jocker (un impresionante Heath Ledger, del que no hablaré aquí porque ya ha hablado todo el mundo) como Dos caras (Aaron Eckhart en estado de gracia).


Y por cierto, leí en su momento una crítica de Elvira Lindo en su estreno neoyorquino que la describía como sangrienta y desagradable. No se si el montaje en Europa será distinto, pero a mi me ha parecido sutil y elegante en esos términos como pocas adaptaciones de cómic. En resumen, que voy a verla otra vez.


domingo, 10 de febrero de 2008

Batman Begins.

Batman Begins (Christopher Nolan, 2005)


Demasiada información para una entrada. Acabo de verla, y estoy emocionado. Empecemos por el principio, nunca mejor dicho. En los 80, DC comics intentaron modernizar la serie Batman, contratando para ello primero a Frank Miller y después a Alan Moore, que son dos de esos dibujantes que conocemos hasta los que no leemos comics con asiduidad, quizá porque últimamente estén llevando demasiados al cine. Pues bien, sobre todo Miller, en su línea habitual, dio un tono muchísimo más oscuro al Batman que se conocía, y de ahí se inspiró la estética de todas las películas. Pero el tono oscuro general, atormentado y, no se como decirlo, "vulgar" podríamos, en el sentido de sacar el héroe y acercarlo a lo humano, lo tiene sólo esta.
La humanidad en pleno se cabreó mucho. A los amantes del comic les gustó más esta. En realidad yo creo que no tienen nada que ver. Y si que es verdad que esto es el principio de otra cosa, que nada tiene que ver con las cuatro anteriores.

Las dos primeras, de la mano de Tim Burton, consiguieron ser divertimentos estéticos admirables, bien rodados, y que recibieron múltiples alabanzas, básicamente porque eran muy buenas películas, Batman y Batman vuelve, si tenían más de toda la imaginería burtoniana que de otra cosa. A mi esa imaginería me gusta mucho, el tatuaje que me hice el año pasado lo demuestra, y por tanto, no puedo ser parcial.
Las dos siguientes eran una bazofia. Creo que las dirigió Joel Schumacher, al menos una, que es de esos directores que es capaz de hacer algo bueno... pero no sabemos por qué la mayoría del tiempo se dedica a hacer películas horrorosas como estas dos. Ridiculizaron al mito, a los malos (pobre Hiedra Venenosa, ella no se merecía esto, por mucho que la interpretara Uma Thurman), y sólo sirvió para que se rumoreara acerca de la posible carga homosexual de la relación entre Batman y Robin (¿Cómo se les ocurrió poner a Chris O'Donnell?).


Y, casi diez años después, se estrena esta. La elección del director también es importante, sobre todo cuando se tiene al ideólogo de una de las películas comerciales más turbadoras, imprevisibles, originales y comentadas de los últimos años, la espléndida Memento. Luego realizó Imsomnio, que a mi me gustó, pero creo que fui la excepción. Tanto en una como en otra se podía admirar el estilo visual que imprime también Nolan a este Batman Begins. Y que hace que saque de ello mucha de su fuerza. Y en la próxima también lo hará, esperemos. Ya está en postproducción, y estoy que vivo sin vivir en mi a la espera de su estreno. El pobre Heath Ledger tuvo el mal gusto de morir antes de verse en el cine vestido de Jocker (y, por las fotos que hemos visto, de forma bastante impresionante). ¡Que le vamos a hacer! Descanse en paz. Por cierto, de verdad que me parece una pena.
Pero a lo que voy: la película es soberbia. En todos los aspectos. Habrá quien me quiera matar por decir esto, así que he decidido darle más razones, y lo voy a volver a repetir: la película es soberbia. Y, efectivamente, consiguen revivir la carrera cinematográfica del hombre murciélago. Y no necesitan meter sangre ni sexo, que es lo que entienden otros como modernización de los mitos. Claro que es una pena que tengamos que privarnos de todo el físico del grandísimo Christian Bale (aunque ya se lo hemos visto todo, de todas formas). Como único pero, y lo tengo que decir, quizá por ese amor que profeso a la imaginería burtoniana, Gotham se parece cada vez más a Nueva York. Y eso no se si me gusta.