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sábado, 10 de septiembre de 2022

El agente invisible

 The gray man (Anthony Russo, Joe Russo, 2022)

 


Ryan Gosling es un asesino convicto al que Billy Bob Thornton recluta como asesino para algo, a cambio de su excarcelación, al inicio de la película. Ese algo, según vemos en las siguientes escenas, tiene que ver con convertirse en mercenario para una gran comporación, y asesinar a alguien que, en un giro de los acontecimientos, resulta ser otro asesino reclutado por Billy Bob Thornton y que lleva una información que puede hacer caer a esa gran corporación, que no es otra que la CIA. Como no entrega esa información, se convierte en objetivo a matar de sus contratantes iniciales, eligiendo su jefe a un Chris Evans reconvertido en psicópata de manual, que se dedica a perseguirlo por distintos países europeos, de los que nuestro protagonista no para de huir, con la ayuda inestimable de una Ana de Armas que pasa de agente a repudiada, y que tampoco tenemos muy claro por qué hace todo eso. Un secuestro doble, la muerte de su mentora y varios giros de guión después, llevarán a nuestro protagonista a una traca final en un castillo croata, donde todo sale más o menos porque los de la CIA son muy tontos o muy corruptos. 

Y esto es El agente invisible, básicamente. Netflix se ha gastado todo el presupuesto en contratar a actores carísimos, a los directores de las últimas películas de Los Vengadores y a dinamitar media europa (incluyendo descarrilar tranvías en Praga) para darnos la enésima superproducción de acción de los últimos años, tan larga, aburrida y previsible como imprevisible y emocionante quiere ser. 

No hay nada que no hayamos visto antes, todo se centra en el espectáculo y su único punto de interés, porque es lo único que lo diferencia de muchos de estos productos, es que no parece haber redenciones de ningún tipo, cosa que personalmente agradezco.

Ana de Armas sigue siendo guapísima y muy fotogénica, eso sí.

martes, 22 de febrero de 2011

Toy Story 3

Toy Story 3 (Lee Unkrich, 2010)


Aunque detrás del proyecto, en la producción concretamente, está John Lasseter, que ya filmó las dos anteriores.
Traemos aquí la mejor película de 2010 (lo es sin duda alguna, no hace falta haber visto el resto) porque lo merece, porque este domingo no se va a llevar el premio del copyright ya que en Hollywood no hay justicia, y porque celebraré recordándola (
a ella y a todo lo que me hizo llorar) que llevamos ya ochocientos post en este site, cada vez más abandonado dada mi desidia y mi última adicción al despelleje tuitero.
En fin, que Toy Story se ha convertido durante todo su recorrido en posiblemente la mejor saga fílmica de la historia, abordando bajo una falsa apariencia infantil temas tan importantes como el nacimiento, el crecimiento, la adultez y la senectud. E incluso el camino a la muerte y la desaparición, tan presentes en esta tercera parte.
Pixar lleva años demostrando que se puede hacer cine de entretenimiento emocionante y con alma (y, como siempre, a Wall-E me remito) y más allá del per
iplo vital de Andy (que casi es una anécdota), vuelve a los personajes que más han hecho por el estudio (y por la Disney, claro) para rodar una película sobre la más irreversible de las pérdidas, la final que, incluso, y esa es la esperanza que nos queda, puede ser elegida y digna.


Bajo el mismo cuento lleno de personajes entrañables y divertidísimos, con malos perversos y engañosos como en ningún otro, nuestros héroes vivirán todo tipo de aventuras que permiten, porque para eso es para lo que sirve un buen guión, el desarrollo de la historia de una familia, la de los juguetes, que parecen querer permanecer unidos en la salud, en la enfermedad y hasta que la muerte les separe.
Francamente bella, Toy Story 3 es el perfecto cierre para una historia que yo empecé a ver cuando dejaba la adolescencia y que no hace otra cosa que mejorar con los años, aunque sea por las comparaciones.
"Hay un amigo en mi, hay un amigo en mi..." Versión Gipsy Kings, eso sí...



jueves, 20 de enero de 2011

Destrozando a... Spartacus: Blood and Sand

Spartacus: Blood and Sand (Starz, 2010)



Retomamos sección (tenía pensadas otras, pero como bastante es que esté actualizando, tanto tiempo después, lo iremos dejando para más adelante) con la prueba irrefutable de que hay productos que pueden ser interesantes una vez a modo de experimento, pero más...
Spartacus (Blood and Sand) es una serie que se apoya en un tratamiento digital similar al empleado por Zack Snyder en 300 (película que creo que fui el único al que gustó). Tratamiento que era luz y guía de una película que se basaba en un comic cuyo aliciente principal era la estética, y que ha querido ser trasladado en todas sus premisas a serie de televisión de capítulos tediosos e inacabables.


Como con sangre parece que los productores no terminaban de estar contentos, acabaron rellenándolo todo de sexo (tan estético, tan impersonal, tan vacío), preferiblemente masculino, para olvidarse de los guiones y las actuaciones (parece que nadie puede decir nada si no es en medio de un polvo o una matanza) y realizar un videoclip carísimo perfectamente olvidable.
Como me decía Josito el otro día, yo también prefiero una porno y termino antes.


martes, 18 de enero de 2011

Yo, robot

Yo, robot (Alex Proyas, 2004)


De alguien que fue capaz de perpetrar El cuervo y poco después dirigir esa pequeña joya que se llamó Dark City se puede esperar prácticamente cualquier cosa. Incluso puede esperarse que teniendo un guión de ciencia ficción espléndido basado, aunque vagamente, en las Leyes fundamentales de la robótica de Asimov (además de compartir título), se dedique a darle la cuota chistosa que los amantes de The Fresh Prince querían de Will Smith estando casi a punto de estropear una película por lo demás impoluta si consideramos sólo el entretenimiento.
Si consideramos el abismo que termina separando la propuesta de Pr
oyas de toda la temática Asimoviana nos daremos cuenta de que, por más que por momentos se acerque, las demasiadas concesiones a la comercialidad del film terminan haciendo sombra a lo que se intuye como una lúcida mirada al desarrollo de vida inteligente, como una aproximación a la aberración que pudiera suponer que el hombre juegue a ser Dios sin tener el poder que un Dios tendría para corregir lo que ha hecho.


Tanta cera para tan poca mecha entre chistes de superhéroe chulesco y artillería visual (la escena de la persecución por el túnel es grandiosa en ese sentido) que Proyas acaba por dejar la filosofía para otro momento y entregarse a la narración de la historia que, al fin y al cabo, tampoco es mala opción.
Eso sí, por más que se esfuerce en hacer planos impactantes, lejos está el miedo que inspira la nada de Dark City con el de la reunión robótica de esta... tan lejos como la profundidad que las separa cuando en esencia están contando lo mismo.


martes, 2 de noviembre de 2010

Machete

Machete (Ethan Maniquis, Robert Rodríguez, 2010)



Lo más interesante de Machete quizá sea su concepción. Nació como un falso trailer al inicio de Planet Terror, posiblemente lo mejor de una cinta que tenía bastantes momentos buenos, y comenzó a convertirse en una leyenda años antes de la concepción y realización de la película.
La única figura que se repetía es la de Dani Trejo, el Machete de uno y otro, especie de superhéroe inanimado (sólo hay que verle la cara todo el metraje) cuya lucha inicial contra la corrupción de su país terminará con él emigrado a Estados Unidos y luchando como todo ilegal por sus papeles.
Dentro del circo seudogore que Rodríguez y Maniquis nos ofrecen, un circo tan innecesario como divertido, se pueden ver muchas cosas interesantes, no obstante. Gracias entre otras cosas a contar con estrellas como Robert de Niro y Steven Seagal (si, según para qué Seagal es una estrella), la inefable Lindsay Lohan o Jessica Alba (que repite con Rodríguez tras Sin City), que cumplen perfectamente con su función de ridiculización de roles que el libreto pretendía, consiguiendo una radiografía del racismo contra los mejicanos que dudamos mucho haya servido para congraciarlos con el público estadounidense.


Claro que para ello primero se tienen que dar cuenta de lo que les están contando, y ahí es donde van a terner más problemas entre tanto fuego de artificio. Porque el guión, más allá de la locura de sus premisas roza lo patético en las conversaciones, es, como toda la película, demasiado largo y demasiado anecdótico, y no da oportunidades para el lucimiento a nadie. Cosa por la que nadie en su más mínimo juicio vería más allá del despampanante artefacto visual que esconde esa visión no demasiado optimista de la extranjería en Estados Unidos.
Pero tenerlo, lo tiene. Otra cosa es que para contener tan poco se necesite un juguete tan grande, un juguete tan enrevesado en el vacío y tan alargado innecesariamente. Eso lo tendrán que juzgar los fans, entre los que desafortunadamente me encuentro.


jueves, 9 de septiembre de 2010

Destrozando a... Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal

Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal (Steven Spielberg, 2008)

Aunque bien podría haber sido The last crusade, que fue el primer paso que dio Spielberg para destrozar una saga de entretenimiento ejemplar. Claro que The last crusade era, al menos, mediocre.
El reino de la calavera de cristal
es una bazofia de marca mayor donde, además de su edulcoramiento habitual (final incluido) parece que Spielberg se ha olvidado de rodar acción y ha preferido realizar una caricatura de su otrora héroe, ya en horas bajas, pero que extiende a todo el planteamiento y estructura de lo que se hace llamar película.
La mala malísima, encarnado con un sano sentido del ridículo por Cate Blanchett, es con mucho lo único medianamente salvable de la cinta, aunque el bochorno es máximo en una de sus escenas de lucimiento, justo la de los extraterrestres... Estebitan, por dior...


miércoles, 8 de septiembre de 2010

Atrápame si puedes

Atrápame si puedes (Steven Spielberg, 2002)


No pensaba hablar de ella, pero dado que ayer decidí que esta sería la semana Spielberg, aprovecharemos que la vi hace poco para, me temo, repetirme en parte con lo que dije ayer.
Porque por más que Spielberg consiga, que lo hace, realizar una película mucho más madura de lo que es habitual en él, sigue cagándola donde siempre, en un final edulcorado hasta la médula que casi logra deshacer el encanto de todo lo que nos ha contado antes.
Un final basado en la redención de un tipo que logró estafar a todo el sistema bancario, no sólo estadounidense, y que es, con mucho, la parte menos interesante de lo que nos está contando.
Sin embargo, si somos capaces de abstraernos de la moralina recalcitrante pro-capitalista, por muy vergonzosa que resulte, lo que nos ha emocionado previamente sigue manteniéndose.
Y es que un chico de dieciseis años que ve como la fachada de la felicidad familiar se le ha ido descascarillando hasta hacerse pedazos se dedique, precisamente, a impostarse dentro de los papeles más descabellados, como metáfora de la propia mentira que ha envuelto su vida, podría irse de madre en manos de alguien más efectista.
Pero la corrección habitual de Spielberg potencia esa historia, real, que en tono casi cómico nos narra las peripecias del que busca la felicidad real valiéndose de engaños y sólo consiguiendo una amistad más o menos duradera con su perseguidor, el único anclaje al mundo que él mismo no se ha inventado.
El retrato de la estupidez humana, capaz de cambiar de idea simplemente por un traje (de piloto de Pan Am, desde luego), capaz de confundir ignorancia con sabiduría o capaz de no darse cuenta de una confesión a tiempo con tal de tener enfrente a quién ellos desean tener, es otra pieza más de ese puzzle falso que el estafador compone con demasiada poca astucia para no ser cazado.

Y aún así logra escapar una y otra vez y se deja capturar de la forma más absurda, quizá para huir de esa farsa que parece necesitar para salir de su incómoda realidad, pero que no termina de darle eso que durante tanto tiempo ha ido buscando.
Quizá porque todos nos hacemos mayores y necesitamos anclarnos a algo real, aunque sea al peor de nuestros enemigos.
Quizá porque nuestros enemigos nunca lo fueron tanto.


martes, 7 de septiembre de 2010

La guerra de los mundos

La guerra de los mundos (Steven Spielberg, 2005)

Me acabo de dar cuenta, justo cuando comenzaba este post, que sin haberlo pensado mucho al final le voy a dedicar casi la mitad de la semana al tito Esteban. Así que, pensándolo bien, la redondearemos y tendremos el honor de asistir a todo un homenaje al Rey Midas de Hollywood, empezando por ayer, que podemos tomar como un claro ejemplo de lo que el dinero le hizo al talento (frase de la semana) y de cómo se puede ser emocionante sin llegar a empalagar (Modern Family), cosa esta última que este señor no termina de tener claro.

Empezaremos hablando de War of the Worlds precisamente por eso, por el hecho de que Spielberg es totalmente incapaz de no intentar aleccionar com
o si fuéramos imbéciles acerca de valores morales no ya caducos, sino basados en la ñoñería.
Aquí es donde naufraga [como en Schindler's list, como en Catch me if you can... como casi siempre, vamos] este proyecto de Spielberg, que no puede presentar dramatismo real (sino basado en tópicos), no puede denunciar de forma profunda y no puede dejar de meter niños insoportables a los que dan ganas de acuchillar en cuanto
empiezan a chillar. Porque a los niños hay que quererlos, debe pensar él.
Afortunadamente para él mismo, la novela en la que se basa da al guionista suficientes recursos para hacer una aproximación adulta a un ataque alienígena a gran escala y mostrar la crueldad del hombre en los momentos de desesperación, cosa que Spielberg usa para hacer lo que mejor sabe hacer, espectáculo.

Realmente trepidante e incluso terrorífica en algunos momentos, War of the Worlds es una innecesaria, pero entretenida, versión de la novela y película homónimas que funciona magníficamente bien cuando se trata simplemente de contar lo que ocurre.
El resto cae por su propio peso.


martes, 10 de agosto de 2010

Harry Potter y el misterio del príncipe

Harry Potter y el misterio del príncipe (David Yates, 2009)

Hace un par de meses me encontré, no me pidan que recuerde dónde, con el trailer de lo que será la última de las películas de Harry Potter, la versión de la séptima novela de la Sra. Rowling que, en un ardid de marketing ya visto en algunas ocasiones, irá dividida en dos cintas a estrenar en 2010 y 2011.
No me cabe ni la más mínima duda de que ni por esas conseguirán disminuir el principal problema de todas las películas de la saga, la excesiva duración en base a escenas de relleno de cada uno de los episodios rodados, pero eso es otro tema...
Jamás he sido especial seguidor de la saga del joven mago con ga
fas de hippie y sus amiguitos (insoportables todos ellos en general), y nunca se me ha pasado por la cabeza leerme un libro de los de la señora esta, pero debía reconocerles a las primeras que, pese al infantilismo reinante (esas sonrojantes escenas de compañerismo o las bromas para adolescentes imberbes), escapaban de la mediocridad gracias a buenas producciones y directores más que solventes (con mucho la mejor es El prisionero de Azkaban, la más madura y oscura de toda la serie, no en vano Cuarón ya tenía experiencia rodando cuentos macabros y ahí está esa estupenda versión que realizó de Great Expectations).
Y como siempre que acaba algo, a mi
me da por querer ser parte de, como a cualquier adolescente hiperhormonado , he visto en estos últimos meses las tres siguientes producciones como parte importante para poder disfrutar de un final que en trailer tiene una pinta estupenda. De todas ellas no me quedo con ninguna.
La referencia que haré hoy a El misterio del príncipe (mestizo, palabra eliminada del título en España) es más, como ya se estará observando, un recopilatorio que lleva a preparar el final que una verdadera reseña.
En un intento de conservar público y recompensar a los fieles, la saga Potter se ha negado a reinventarse y ha continuado exactamente igual con el consiguiente debilitamiento de su propuesta.


La última de todas ellas, de hecho, parece más una sucesión de escenas que preparará para el desenlace que una verdadera película con entidad propia. Sólo la presencia de algunos de los mortífagos animan el cotarro (iba a gritar Spoiler! pero tampoco creo que nada que cuente va a sorprender a los habituales), pero por lo demás estamos ante una película de transición dentro de la historia, con una producción innegablemente excelsa pero unos intentos de acercamientos psicológicos de lo más superfluos.
A las dos horas y media le sobran tres cuartos como poco, pero aún así la película se deja ver. Con mucho lo más flojo de toda la serie y tan sólo justificable como prólogo al final que, vuelvo a repetir, si lo saben llevar, tiene un aspecto impresionante.
De producto mainstream, no se me equivoquen. El que quiera cine de autor que se pase por aquí otro día... si acaso otro mes de hecho.


miércoles, 30 de junio de 2010

Solomon Kane

Solomon Kane (Michael J. Basset, 2009)

Hace bastante tiempo que las productoras europeas se han dado cuenta de que en este continente se pueden realizar blockbusters yanquis iguales o mejores que los que hacen en EEUU.
Muchos intentos se han realizado antes y periódicamente algunos van llegando (el cine de Amenábar es el ejemplo más cercano) confiando en mantener su aire independiente en base a una estética oscura y sucia que sólo ocasionalmente logran su cometido.
Solomon Kane ni siquiera llega a intentarlo. La ambientación es oscura porque tiene que serlo, por el tema que trata, y ni siquiera llega a ser más sucia que las de muchas otras producciones en esa moda del supuesto hiperrealismo que toca todos los palos y todos los continentes aunque poco logren más allá del hastío.
Así que Solomon Kane se convierte en otro film más de acción con escasas entrañas, vacío de contenido y resolución increíblemente fácil (y tonta) en uno de los finales más simples y aturullados que he visto en años.


Y sin embargo, quizá sea lo peor de todo, Solomon Kane es de las muestras de cine de entretenimiento más agradecibles de los últimos años, aunque solo sea por comparación. Y lo es porque las escenas de acción funcionan, la trama es simple pero coherente, el inicio (que todo el mundo dice que sobra) es potente y sobre todo, y ante todo, dura poco, virtud que se está olvidando y que aquí incluso merma la capacidad del producto. Ay, si James Cameron dominara el tiempo...


miércoles, 16 de junio de 2010

El silencio de los corderos

El silencio de los corderos (Jonathan Demme, 1991)


Pocas veces en la historia última de los premios del copyright ha habido una película que más mereciera el premio (si exceptuamos a Clint Eastwood, por supuesto) que esta The silence of the lambs, ejemplo claro de que mientras peor la novela mejor puede salir la película.
Porque estamos ante un buen producto de encargo, una estupenda cinta de intriga bien planificada y con más personalidad de la que suelen tener las obras de su director, y que basa la mayor parte de su atractivo en una cuidada atmósfera opresiva y en el perfecto Hannibal Lecter, personaje que descubrió para muchos a ese gran actor que es Anthony Hopkins y que dibuja al psicópata con una minuciosidad casi tan enfermiza como los juegos de poder que establece con la agente Starling.


Esta última, falsa protagonista, es sin embargo un personaje tan mal dibujado como bien llevado tanto por Jodie Foster como por un guión que se desentiende de su simplista perfil psicológico para centrarlo en el resto del elenco, mucho más rentable, mejor perfilado y con más sentido para el desarrollo y la forma de la historia tal y como se nos cuenta.
Y ya si encontramos una banda sonora que acompaña perfectamente todo lo que se nos va contando... nos queda una de las mejores películas de no autor de los últimos veinte años, así sin ir más lejos...


miércoles, 9 de junio de 2010

Colors

Colors (Dennis Hopper, 1988)


Hace poco más de una semana fallecía uno de los últimos grandes de Hollywood de verdad. Dennis Hopper perdía la última de sus batallas con un enemigo mucho más poderoso que cualquiera con los que se pudiera haber topado durante toda su vida.
Y en sus necrológicas y sus muchos obituarios he echado de menos la película que dio verdadera validez como actor a Sean Penn y que nos lo descubrió a muchos adolescentes como director.Ni es la primera ni la mejor, ni pasará posiblemente a la historia del cine, pero Colors es un ejercicio bello y muy duro de narrativa policiaca que se sale del género.


Estereotipos diseccionados hasta la ruptura y la casi demonización en un mundo tan hostil e inhóspito como del que huían los héroes de Easy Rider, que toman cuerpo en el primer gran papel de Penn y en uno de los muchísimos trabajos excelentes de Robert Duvall, mostrados por Hopper con todo el tacto y a la vez toda la crudeza precisa para no hacer lo mismo de siempre por más que lo estuviera haciendo.
Estupenda muestra de cine de género que no me resistí a traer, aunque fuera en tan tristes circunstancias, a modo de breve homenaje y recordatorio... aunque también fuera más tarde de la cuenta... la cabeza la tengo últimamente donde yo les cuente, qué quieren que les diga...


miércoles, 19 de mayo de 2010

The game

The game (David Fincher, 1997)


Puede que haya demasiados directores que me caen bien, soy consciente. Y Fincher es uno de ellos a pesar de Alien 3, sobre todo porque después realizó Seven y The fight club, dejémoslo claro. Pero en medio de las dos tuvo un (semi)tropiezo llamado The Game que no gustó a casi nadie y a otros nos dejó un tanto confusos.He llegado a la conclusión (donde conclusión toma la acepción de ocurrencia, como todas las mías) de que Fincher hace muy bien su trabajo (dirigir), aportando a sus películas cierto tono autoral (basado en su tipo de dirección), pero que, al contrario de los autores personales, el resultado depende mucho de la base escrita. Y eso en The Game quizá es lo más flojo. Y sin embargo no es malo...


Pero no se qué le pasa a esta película que no termina de enganchar. La historia es aceptable, las posibles interpretaciones múltiples y complejas, la dirección es solvente, emocionante y más que adecuada y tanto Michael Douglas (la película está hecha para su lucimiento personal) como Sean Penn (menos sobreactuado que de costumbre) realizan trabajos sin fisuras... y aún así The Game no termina de convencer, hay algo que falla y que impide que creamos que es la gran película que puede ser... aunque yo sigo sin saber qué es...


jueves, 13 de mayo de 2010

Destrozando a... Pocahontas in Outer Space

Avatar (James Cameron, 2009)
El bisnieto de John Locke, pariente muy muy muy lejano de John Smith, se va a ayudar a conquistar tierras indígenas en su silla de ruedas. Como aquello no es la isla de Lost, no se cura de la paraplejia y para que pueda caminar le han construido un pitufo gigante amorfo a semejanza de los alienígenas indígenas (alindígenas, a partir de ahora) que le permitirá desplazarse por la selva. Allí está la Teniente Ripley, que después de ver lo que hicieron en Alien vs. Predator (para la segunda parte no tuvo huevos ni ella) decidió irse a convencer a los alindígenas de que si llegaba un productor de Hollywood que quisiera hacer una secuela, mejor que lo acribillaran a flechazos envenenados. Pero los alindígenas no le hicieron caso y ahora necesita al bisnieto de John Locke para que se líe con la Pocahontas alindígena pitufa gigante amorfa y le hagan caso. Pocahontas del espacio salva al bisnieto de John Locke de unos bichos mu feos y con muchos colorines y se lo presenta a su padre, que no está precisamente por la labor de que su hija se relacione con un yanqui. Pero como el bisnieto de John Locke es un americano guay, los convence de que quiere aprender y logra convertirse en uno de ellos (con el traje pitufo gigante amorfo, que no se si lo he dicho) y descubrir sus secretos, que consisten en que el planeta alindígena es una sucursal del Bershka (y produce los mismos ataques epilépticos y las mismas ganas de hartarse de éxtasis) organizada como una red libre de internet por la que se pueden descargar piráticamente todo lo que les de la gana, y que los indígenas mantienen relaciones sexuales por rozamiento, como un vulgar viejo verde en el metro de Madrid. Como eso no puede ser, hay también unos marines mu malos, sobrinos por parte de madre de los marines descerebrados y misóginos de Aliens, que no están por la labor y que son enviados por la Menestra de Verduras para que protejan y se lleven el material de los ladr... perdón, de los artistas de la SGAE (deuvedeses con forma de piedras) y que lo paguen si quieren escuchar al rey del pollo frito. Mientras el bisnieto de John Locke hace de agente doble, la Pocahontas del espacio le enseña lo maravilloso que es ser ecologista y los beneficios de la soja, a subir a montañas que no conocieron a Newton y a volar en pterodáctilos lisérgicos durante horas, días, semanas, meses, años, lustros, décadas, siglos, edades y eras. Total, que después por fin pasa algo y es que los marines de la Sindescargas atacan el cuartel general de los alindígenas y luego los otros se pelean y todos gruñen y al final la Pocahontas del espacio se casa con el bisnieto de John Locke que, intoxicado por el tofu, prefiere quedarse allí y downloadarse en el cuerpo del pitufo gigante amorfo. Y la gente que la vio en tres dimensiones me dicen (la vi en dos, de gratis y en mi casa) que es que así no vale. Por lo visto es que en 3-D si que se aprecia una discurso existencial heideggeriano que en formato habitual no fui capaz de hallar. Si alguien todavía no ha disfrutado de este pestiño, la puede encontrar por ahí con el nombre de Avatar, aunque hubiera sido más sensato llamarla Al-water, que es adonde deberían haber llegado la cinta original y todas sus copias. P.D.: hay un grupo en facebook llamado "Directores que revolucionan el cine y su exmujer los apaliza en los Oscars" al que se deberían unir todo amante de las redes sociales y del buen cine... bueno, y del malo también. P.D.2: también me estoy planteando crear yo un grupo que se llamará "Alguien que prefiere el tofu al jamón de bellota no puede ser de fiar", pero ya otro día os digo si eso...

martes, 11 de mayo de 2010

Minority report

Minority report (Steven Spielberg, 2002)

No se si lo dije alguna vez, pero en caso de que lo hiciera no me importa repetirme. Del cine de Spielberg prefiero con mucho las cintas más modestas en sus pretensiones que a sus supuestas grandes obras (excepción hecha evidentemente con A.I. y posiblemente con Saving Private Ryan).De esas obras dedicadas al entretenimiento, esta Minority Report está a la altura de las mejores suyas porque aunque hace un esforzado intento de liberarla de cualquier tipo de lectura pseudofilosófica, no logra más que una fábula futurista acerca de la paranoia global que asola el mundo occidental.Un mundo en el que podemos averiguar cómo y cuándo van a ser asesinadas las víctimas y quiénes serán los asesinos para así poder salvaguardar la integridad de los habitantes. El problema viene del mismo planteamiento de la solución: ¿sabemos a ciencia cierta que los acontecimientos sucederán cómo se cuentan o tenemos las herramientas para diferenciar futuro real del futuro que nos cuentan los que supuestamente lo conocen y que es, en todo caso, susceptible de manipulación?

Con una historia basada en otro relato que nunca leí y al que, efectivamente, atribuyo todo el mérito de la trama, Spielberg se dedica a narrar limpiamente, a poner en imágenes un guión milimétricamente calculado y dotar de estética propia, casi de cómic, un relato de puro entretenimiento que se supone que serviría para un lucimiento de Tom Cruise que no lo es tanto, y que sin embargo si nos descubre que Colin Farrell podría ser aprovechado como un magnífico actor de reparto si se dejara.


jueves, 29 de abril de 2010

Destrozando a... Alatriste

Alatriste (Agustín Díaz Yanes, 2006)También bautizada como Alatruño, Pollatriste, etc., etc.


Este es un claro ejemplo de que si a un zapatero se le encarga construir una catedral gótica, mejor que rehuse.
Lo peor de Alatriste no es que se base en un cuento del sobrevalorado (e insoportablemente endiosado) Pérez Reverte, ni que dure más que un día sin pan cuando no tiene nada que contar, ni que sea aburrida como los libros que me he leído de su excelso autor original, ni que los actores parezca que se han tragado todos el espíritu de Vito Corleone, ni que esté mal rodada y mal planificada, ni que no tenga emoción y las secuencias de acción parezcan rodadas por artríticos... lo peor es que el intento de Díaz Yanes de hacer una película "de autor" para diferenciarla de las límpidas historias yanquis (aunque el presupuesto fuera desmesurado como si viniera de cualquier mayor) se limita a llenarlo todo de porquería, incluyendo el pelo de todos los actores, consiguiendo únicamente que todos los ellos estén feísimos...

miércoles, 21 de abril de 2010

Heat

Heat (Michael Mann, 1995)

Últimamente tengo siempre la impresión de que voy a hablar de algo de lo que ya he hablado. Será la misma angustia que inunda mi vida de un tiempo esta parte, pero también es verdad que hoy ni siquiera lo he comprobado. Porque Michael Mann me cae bien, porque creo que es un buen cineasta, y porque Heat me gusta mucho, ya digo que no se si lo dije.
Elaborado como un complicado y falso largometraje de marketing (¡la primera vez que Al Pacino y Robert de Niro compartirían pantalla!¡Juhu!), Mann, igual que hace siempre, trasciende la comercialidad y realiza una película larguísima, bellísima y trepidante sobre dos hombres únicos que viven solos (por más que los acompañe gente), cuyas familias reales se circunscriben al trabajo y que en su soledad se encuentran como enemigos: el policía y el ladrón.
Mann demuestra como rodar en dieciseis milímetros con una planificación como muy pocos además de él saben hacer, y realizar una película convencional y comercial que no es ni lo uno ni lo otro.


Rueda acción como se debe rodar acción (y es que para lograr sensación de movimiento no es necesario ni mover la cámara sin parar ni mucho menos realizar un videoclip carísimo) y nos engaña como a bobos con la supuesta campaña de marketing que finalmente sólo tendría un plano como leit-motiv. Y además realiza una película compleja y emocionante. Casi nada.


jueves, 1 de abril de 2010

Destrozando a... Batman y Robin

Batman y Robin (Joel Schumacher, 1997)

Hubo algún sesudo crítico que quiso ver en la segunda (y afortunadamente última) película shumacheriana de la serie Batman una especie de revulsivo y de reducción al absurdo de todo el universo superheroico.
Creo que deberían mirárselo, en especial buscando algún impulso homosexual más que latente que es lo único que se puede sacar en claro de esta bazofia.
Tenemos a los superhéroes más ridículos de la historia (con permiso de Los cuatro fantásticos 1 y 2) vestidos de lagarteranas con corazas de cuero (con pezones y todo en las armaduras, sólo les falta el látigo... a no, que no les falta) y dos de los villanos más fascinantes del universo Batman llevados al más atroz de los ridículos no sabemos por qué motivo.


Schumacher vuelve a hacer una de esas películas suyas donde lo único que sacamos en claro son las ganas que tiene de que Clooney y O'Donnell le metan de todo menos miedo (que ya hay que ser pervertido para que te ponga el O'Donnell)... y ponemos de jarrones (carísimos, casi de dinastía Ming) a Nicole Kidman y a Alicia Silverstone (haciendo de superheroína con sobrepeso, por si faltaba algo que produjera risa en el respetable).
Señor Schumacher: no creo que tenga que recordárselo, pero existe el cruising, las saunas, los cuartos oscuros y otras muchas formas de saciar la líbido. Deje las adaptaciones de cómic en paz, déjelas para quien, al menos, les tenga un cierto respeto.


jueves, 25 de marzo de 2010

Destrozando a... Caballos salvajes

Caballos salvajes (Marcelo Piñeyro, 1995)


Recuerdo haberme enterado de que en Argentina se hacía cine allá cuando escuché hablar de la estupenda Un lugar en el mundo de Aristarain.
Recuerdo que posteriormente fui haciéndome consciente de que cada vez más producciones de allende los mares sudamericanos iban llegando a las pantallas españolas con, cada vez, más aceptación, cimentada en la buena acogida de estupendos filmes como
Martin (Hache) (también de Aristarain), Nueve reinas (uno de los mejores thrillers de los noventa) y, sobre todo y ante todo por haber conseguido su popularización en el sentido más vulgar, El hijo de la novia.
Y asistí con un estupor como sólo había presenciado con las vanaglorias descerebradas al cine francés a un ensalzamiento por parte de crítica y público de obras de la misma nacionalidad simplemente por venir de donde venían. Y es ahí donde entra esta Caballos salvajes.
Personalmente el cine de Piñeyro no me termina de convencer. Creo que tiene buenas ideas y, sobre todo, buenas intenciones pero que adolece como el que más del mayor de los males de los discursos argentinos, quiero decir, de superficialidad disfrazada de retórica.
Caballos salvajes en ese sentido funciona aceptablemente como la road-movie que vende, pero fracasa estrepitosamente en sus intenciones existenciales, que las tiene.
Piñeyro no logra que el discurso pase de lo inmaduro de la huida como forma de liberación, abocando a sus personajes a la mayor de las tragedias como si eso constituyera en si una salida digna, como si en esta vida todo fueran disertaciones y no importara el futuro ni la responsabilidad, como cuando Valdano habla de fútbol, quedándose en palabras (o imágenes) bonitas sin significado alguno.
Sinceramente, siempre creí que esta película y algunas otras de sus compatriotas podrían haber conformado una serie a la que podrían haber llamado Filosofía de la nada. Al menos así hubiera quedado más claro lo que cuenta y nadie se habría hecho ilusiones con lo que plantea.


martes, 9 de marzo de 2010

La princesa Mononoke

La princesa Mononoke (Hayao Miyazaki, 1997)

Hablaba con unos amigos el otro día y les decía que hace años que tengo la impresión de que las mejores películas que se están realizando de un tiempo a esta parte son o bien de Miyazaki o bien de Pixar.
Porque, aún sin haber visto todavía "Pocahontas in outer space" (aunque me alegro y considero justo su vapuleo en los premios del copyright... aunque lo mejor que concursaba era Up) y su supuesto discurso "ecologista" en boca de muchos de mis conciudadanos, sigo recordando y revisitando cintas con discursos mucho más maduros y ambientes mucho más sugerentes de lo que se me antojan los de los pitufos esos.

Miyazaki, por ejemplo, maestro en imaginar animales mitológicos, comunes, monstruos y humanos, realizó hace ya casi trece años este impresionante cuento en el que ponía en liza la inutilidad y el fanatismo de los discursos procivilización y ecológico, llegaba posiblemente sin saberlo a ser el germen de lo que se ha dado en llamar el "desarrollo sostenible", pero como es mucho más inteligente que toda la clase política mundial, si que obtiene un resultado maduro y comprometido cuyo origen está en su propio ideario y su capacidad de llevar lo que piensa a imágenes.


Todo en las cintas de Miyazaki es lo que tiene que ser: los monstruos son terroríficos, la gente tiene aristas, no hay nadie que haga chistes para sacarte de tu miseria, los conflictos existen por el poder y la muerte, lo que asusta, asusta y lo que no, no... todo es realidad en un universo de magia en el que entramos casi sin querer, todo es emoción verdadera y no artificios sensibleros, todo es cine y no lo que hace la Disney.