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lunes, 2 de junio de 2008

La tormenta de hielo

La tormenta de hielo (Ang Lee, 1997)

Bueno, este post va dedicado a Ricardo Baticón. Con lo que me es más difícil porque me veo más forzado si cabe a resultar pedante. Lo intentaré.


Ang Lee es un director espléndido. Un director que ha sabido desplazarse desde el panorama oriental (Chino-Hong-Kongniense) al estatus hollywoodiense sin mayores problemas, y manteniendo unas ciertas señas de identidad y un cierto aire de autor que no todos los que emigran a esas tierras en aras del prestigio económico son capaces de mantener.
Esta es su segunda película por esas lides, después de la preciosa Sentido y sensibilidad, y vuelve a realizar, a pesar del reparto lleno de caras
conocidas y del presupuesto que manejaría el hombre, una película pequeña, intimista e intimísima. Basada en una novela de un tal Rick Moody, esta es una película sobre seres atormentados, raros, frustrados, descontentos con sus vidas, con el pequeño pueblo y la pequeña sociedad en la que viven. Unos seres que mienten, no menos que esa sociedad a la que pertenecen. Unos seres hipócritas, que engañan a otros y se engañan a si mismos, que saben que lo hacen, y a los que eso sólo sirve para atormentarse aún más. Porque lo que diferencia fundamentalmente esta película de las anteriores de Lee es que, mientras que en El banquete de bodas, Comer, beber, amar, o la ya citada Sentido y sensibilidad, por muy tristes que fueran en ocasiones, había una puerta, más o menos ancha, a la esperanza, en esta no hay. Todo el tono que rezuma la película es amargura, la misma que impregna la mayoría de las películas de Lee, esa amargura del que vive en la mentira, solo que aquí no hay ninguna vía de escape. Todo es trágico y triste, y no hay, como en El banquete de bodas, finales seudofelices que apacigüen el malestar. Los personajes están, como por esa tormenta de hielo con funestas consecuencias, aislados del resto del mundo, y sin posibilidad de escapar de una existencia que no les resulta satisfactoria, ni siquiera mínimamente gratificante. La escena del intercambio de parejas, vía llaveros de coche, da idea de toda la mentira en que los personajes viven, de esa falsa felicidad que tantas veces ha sido llevada al cine, pero raras veces con esta crueldad.


Para todo ello Lee se vale de un reparto coral, magnífico, donde destaca una Sigourney Weaver en su papel de señora de vuelta de todo, que ha conseguido convencerse de que su vida merece la pena gracias a los engaños a su marido. Joan Allen está espléndida también, Kevin Kline... Todos están estupendos, el guión es soberbio, y la dirección espléndida. Cierto es que el que no deje escape para esos pobres personajes, esos personajes para los que parece no existir la piedad, puede producir mucho malestar. Pero, al fin y al cabo, esa era la idea. Para mucha gente, así es la vida.

sábado, 17 de noviembre de 2007

Historias de amor: Brokeback mountain.

Brokeback mountain. (Ang Lee, 2005).
En ese grandísimo monumento de estudio sociológico que es South Park, hay un capítulo donde Robert Redford decide llevarse el Festival de cine independiente de Sundance a South Park, y a los niños los obligan a ver, al menos, una película "independiente", que, inmediatamente, son definidas por el gran Cartman como "películas de vaqueros gays que hacen puding", y que, cuando se aburren, exploran su sexualidad. Pues eso mismo. Sólo que aquí no hay puding, sino latas de judías que hacen al baño maría. No voy a entrar en la dependencia o independencia de las películas de cine indie, porque no viene al caso, y me dedicaré a hablar de esta maravilla.
Me he resistido mucho, sobre todo porque yo todo eso que se haga famoso lo llevo regular si no lo he descubierto previamente, uno es así de pedante. Y más cuando todavía sigo cabreado por la escasa repercusión mediática que tuvo una de las mejores películas de los 90, La tormenta de hielo. Que Ang Lee resonara con esta historia de vaqueros, siendo La tormenta de hielo la obra maestra que es (y teniendo siete años más) podía con mis nervios.
Pero al final la he visto. No me esperaba otra cosa, sigo a Ang Lee (más o menos) desde sus tiempos hongkoneses, su medio salto a la occidentalidad (qué buena es El banquete de bodas), y su permanencia en el staff de directores hollywoodienses con algo de personalidad. Con lo que ya se qué es lo que me voy a encontrar. Y que además me va a gustar.
Sensible (que no sensiblera), bella (visualmente y en el contenido), profunda, emotiva... Acabo de verla y no tengo palabras para calificarla. Todavía no puedo entender por qué me pongo tan burro cuando se me mete algo en la cabeza, y me arrepiento de llevar dos años perdiéndomela. En parte también porque hacía mucho que no lloraba con una película. ¿Por qué no le dieron el Oscar a Heath Ledger?