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lunes, 27 de febrero de 2023

Arny: Historia de una infamia

Arny: Historia de una infamia (Miniserie de TV, Cuarzo Producciones, 2023) 

 


El "caso Arny", para la gente que no lo conozca, investigó y juzgó, allá a mediados de los noventa, un caso de explotación sexual de menores en una serie de locales de ambiente en la Sevilla post-Expo'92, y produjo tal ruido que sirvió para seguir señalando la diversidad sexual como peligrosa en una ciudad no especialmente tolerante con lo diverso en aquellos entonces, y una persecución mediática a cualquier marica que pasara por ahí. Lo cuento con conocimiento de causa porque precisamente estaba yo empezando la Universidad en Sevilla aquel año, y recuerdo como influyó, negativamente, en la percepción de la libertad sexual y el riesgo que podríamos correr los no heterosexuales.

Entiendo que, precisamente para que no se vuelva a repetir, es necesario recordar no sólo que existió, sino lo que ya quedó claro entonces y han ido refrendando a lo largo de los años parte de los que generaron el propio caso mediático, el fraude que fue casi todo ello y lo mucho que afectó a gente que no tenía nada que ver, simplemente porque desde los medios de comunicación durante esos años noventa se nutrían sistemáticamente de basura, y daba voz (y mucho dinero) a cualquiera que hablara mal de cualquier personaje importante, por más que fueran consciente de la falsedad de sus testimonios. Todo ello unido a la cerrilidad de una jueza instructora que, con la excusa de proteger a los menores afectados, se emperró en negar las evidencias e, incluso, los propios testimonios de esos menores, que fueron uno por uno descidiéndose previo al juicio, llevaron a una caza de brujas de la que no se libró ni el Juez Decano de Menores de Sevilla, implicado colateralmente por aparente indicación de algún alto cargo policial.

La miniserie sirve, hasta cierto punto, para poner orden a todo el circo que se montó a nivel judicial y mediático, señalando las posibles corruptelas (policiales, inmobiliarias...) que no terminan de aclararse, y denunciando de forma dura las malas artes de la profesión periodística, apuntando con bala a medios concretos, y olvidando convenientemente otros que parece que a lo largo de los años no han tomado conciencia alguna del mal que pueden ejercer (recordemos que la productora que hace el documental fue fundada por Ana Rosa Quintana, una de las actuales reinas del sensacionalismo mañanero en televisión). 

Resultan interesantes las entrevistas a los afectados, tanto en persona como familiares, aunque algunos no terminan de salir demasiado bien parados (entiendo el dolor de Jesús Vázquez y su interés en compartirlo, pero se hace a sí mismo un traje que le queda regular), pero, como pasaba en Salvar al Rey o en la miniserie sobre Dolores Vázquez, echo en falta una profundización, una real investigación, y, sobre todo algún tipo de conclusión, algo que ayude a compactar todo lo que se cuenta, y que pueda plantear alguna reflexión al espectador. Es como si les diera miedo hacerlo.

viernes, 25 de noviembre de 2022

A la mierda el 2021

 Death to 2021 (Charlie Brooker, Annabel Jones, Jack Clough, Josh Ruben, 2022)



Hay muchas sentencias que hablan de la relación entre la risa y el drama. Quizá la más famosa es aquella de que “tragedia más tiempo igual a comedia”, pero personalmente me parece mucho más interesante esa otra que decía que “La cosa no está tan mal como para reírse”, que implica que llega un momento de desesperación en la vida de las personas que la única solución para poder sobrevivir a ello es tomárselo a broma.

Y eso lo aprovechó Netflix en el año 2020, al que dedicó un especial de comedia, Death to 2020, que fue un éxito, entre otras cosas, porque el mundo entero estaba pasando por un momento tal que lo único que podíamos hacer para soportarlo era reírnos, aunque no fue la razón principal para ello. Death to 2020 era, ante todo, una sátira inteligentísima de la situación política mundial (aunque centrado en la política estadounidense), especialmente mordaz con el trumpismo, aunque repartía estopa en todas las direcciones. Era sorprendente, fresca y, sobre todo, necesaria como alivio, una vez pasado lo peor de la pandemia y sin que hubiéramos sido capaces aún de digerir toda la angustia. Por eso nos vino estupendamente, y por eso fue el especial más visto de Netflix, según confesó la misma cadena.

La historia es que repetir el experimento con el 2021 no les salió igual de bien. Primero porque se yerra en la premisa inicial, que el conservadurismo yanqui terminara de perder la cabeza a principios de año, tanto que terminaron invadiendo el Capitolio, no es un fenómeno extrapolable al resto del mundo, y ya nos estábamos acostumbrando a los altos y bajos de la pandemia. Los problemas ya volvían a ser más locales, y, además, el efecto sorpresa se perdía, cuando era de las mayores bazas del original.

No está mal, pero interesa menos. Lo mejor son algunos de los personajes, esa inglesa que no termina de entender muy bien qué es lo que está pasando y, sobre todo, esa “madre y americana, en ese orden”, que guardan un desarrollo y unos chistes (ese final de la trumpista es maravilloso) que recuerdan lo mejor de la primera parte, aunque el resto suena a más de lo mismo, la estructura es más forzada y hay una cierta defensa de lo woke que puede apartar a mucha gente de ella.

En general es más aburrida, aunque la parte buena es que dura sólo una hora. ¿Merece la pena verla cuando ya va a terminar 2022? Pues si no hay tiempo de ver una peli completa, no hay ganas de empezar una serie y hay cierto afán completista, puede ser. Mejor que cualquier programa de televisión sí es.


lunes, 3 de octubre de 2022

La marquesa

La marquesa (serie de TV, Komodo Studio)



No tenía el más mínimo interés en ver el enésimo blanqueamiento de la fundamentalista católica hija de la Preysler, pero tras leer un par de artículos ensalzando sus virtudes, con los que estoy bastante de acuerdo, me animaron a ello. 

Empecemos por decir que a mi la niña esta me interesa nada, y la serie no deja de ser un megareportaje publicitario de las marcas que la patrocinan, incluyendo la que le ha regalado su pedazo de ático nuevo en Puerta de Hierro, pero en realidad a eso es a lo que menos importancia se le da.

La serie, en realidad, es una autoparodia, posiblemente en contra de la voluntad de su protagonista, de una niña rica, de su familia, de su “padrastro” intelectual, de sus aficiones, de sus creencias y de la superficialidad en la que se mueve todo ello, con la pretendida excusa de la “espontaneidad” de la protagonista (sus caras a la producción son memorables), aunque salvo el capítulo dedicado a su religión (las tomas rezando parece sacadas de cualquier sketch de los Monty Python), la edición no es tan bestia como podría.

Al contrario que en Salvar al Rey, lo bueno de esta serie es el cómo lo cuenta, una pena que lo que cuenta no tenga interés alguno salvo que seas una cotilla reconocida, como el que firma esto.

domingo, 2 de octubre de 2022

Salvar al Rey

 Salvar al Rey (serie de TV, Campanilla Films/Producciones Mandarina/HBO España)


La premisa es buena, el resultado no tanto. Salvar al Rey es una mini-documéntales-serie de apenas tres capítulos donde se hace un recorrido por el reinado de Juan Carlos I y lo que todos los poderes de este país se han esforzado en ocultar de sus miserias, todo, supuestamente, por el bien de Ejpaña.

Mirándolo con cierta perspectiva, lo que nos presentan viene a ser un heredero de una monarquía rancia, cuya decadencia a lo largo de los últimos dos siglos no ha impedido nunca que se crean por encima del bien y del mal, que es elegido por un dictador que también se creía elegido por designio divino y cuya dictadura,  como todas, se sostenía en una red clientelar corrupta, que el nuevo monarca adopta como fórmula de obtener una riqueza a la que cree tener derecho. Un privilegiado legalmente que incumple sus deberes a su antojo, conocedor de ese privilegio, más preocupado por su propia líbido y de sacar tajada que de las obligaciones que le dan derecho a su estatus, y al que no le pasa nada antes porque todos se preocupaban de que no se notara, cuando no nos lo vendían como el salvador del país.

Por tanto, lo que nos cuentan no es nada nuevo para el que haya visto con cierta frecuencia un informativo, por más que haya muchos rasgándose las vestiduras por haberse dado cuenta ahora de que vivimos en un país de pandereta. Se aportan algunos datos, muchas anécdotas sin mayor importancia, y se ignora o se pasa por alto temas importantes y más graves que un par de amenazas (ni nombran el caso de Sandra Mozarowky, la implicación en el 23F se presupone por una conversación, pero se habla de ello de pasada y no se aporta ni un solo dato…), y ese es uno de los problemas del documental, que lo único que hace es medio ordenar lo que ya se sabía sin que salpique demasiado, no vaya a ser.

La estructura es desordenada, se centra demasiado en los casos conocidos (Bárbara Rey y Corina son casi más protagonistas que el propio rey) y el tono es chapucero, por más ambiente lúgubre que presenten. El retrato se queda a medias y parece más orientado a vanagloriar a los que se intentaron poner puertas al campo intentando, realmente, salvar al propio rey de sí mismo, y salvar a los que consiguieron que abdicara, especialmente a su hijo, realizando ellos mismo el salvamento que se critica del emérito.

No deja de ser interesante, no sé si me habré expresado bien, pero parece que tienen miedo a profundizar, cosa que hace sospechar todo lo que habrá debajo. A medias me quedo. Veremos si algún día alguien se atreve.

martes, 15 de febrero de 2011

This film is not yet rated

This film is not yet rated (Kirby Dick, 2006)


Si tengo que destacar, así de inicio, algo de este documental es que es una película francamente divertida.
Y no sólo por la ridiculización sistemática de la institución encargada de calificar por edades las películas en EEUU, que es lo que se pretendía al fin y al cabo, sino por todo el tono general de la cinta, plagado de ironía y sarcasmo cuando no directamente delirante.
Por una vez, y sin que sirva de precedente, se les quita la voz a los q
ue deciden lo correcto, esos mismos que pretenden poner freno a la creatividad, y se les da a las víctimas, en este caso los directores, que cuentan entre la estupefacción y la sorna sus experiencias, más o menos sesgadas pero las suyas, con la cámara censora más importante del mundo.
Las tácticas cuasi mafiosas que utilizan en sus recomendaciones son otro de los puntos de mira de este interesante film que, sin embargo, es en su trama donde encuentra su mejor baza.
Porque lo verdaderamente fascinante del documental es la búsqueda que organiza Dick, vía investigadora privada, de los miembros de la Comisión, vertebradora de toda la historia de la conquista de una buena calificación para esta película que está filmando.
Descacharrantes son las persecuciones, búsquedas en la basura y lla
madas telefónicas que consiguen localizar a los fenómenos encargados de hacerlo, cuya capacitación para el cargo es tan cuestionado como sus propias decisiones.


Lo más triste es que en EEUU, más que en ninguna otra parte del mundo, no sólo estos señores deciden el público apropiado para cada una de las cintas, sino que esa misma calificación es la que decidirá la carrera comercial (e incluso si se llegará a estrenar) de las cintas sin tener en ninguna consideración algo tan simple como su calidad. Y eso es lo más indignante de todo.
Claro que lo mismo no es tema para aquí, ni para hoy.