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lunes, 17 de mayo de 2010

Texto de la semana


[...]En estas ocasiones suele decirse: por haberme sido otorgado inmerecidamente este magnífico premio. Yo no lo diré. En primer lugar, este premio no es magnífico. En realidad es una ridiculez. […]


Duslav en El final de Duslav (Tres vidas de santos, Eduardo Mendoza).

lunes, 18 de mayo de 2009

Big fish

Big fish (Tim Burton, 2003)


Burton quiso hacer Eduardo Manostijeras por segunda vez, pero no lo consiguió. Big fish es un nuevo cuento de unos de los directores más freaks de la historia, acompañado para la ocasión de la otra freak oficial del panorama cinematográfico anglosajón, la insoportable Helena Bonham Carter.
La vida de Edward Bloom, sembrada de historias fantásticas que él mismo crea y que vive, entra en conflicto con la racional vida de su hijo, ese que no le ha perdonado que las fantasías que le contaba no fueran reales. Ni siquiera en su lecho, cuando ya está cercano a la muerte, el hijo deja de interrogar, de preguntar, por una vida real y creíble, vida que su padre no le puede narrar porque sus propias supuestas fantasías son par
a él tan reales como la vida triste y aburrida que lleva su hijo, son tan reales porque puede que ocurrieran en realidad, porque para él ocurrieron en realidad.
Edward Bloom
es un hombre optimista, libre, que quiere ayudar a los demás y que maquilla la realidad para hacerla mejor para todos, para él y para los que lo rodean, consiguiendo la felicidad y el aprecio ajenos. Y todos se dan cuenta de que lo que cuenta Bloom es cierto, todos menos el primero que tiene que darse, ese hijo que bajó a su padre del trono de los dioses para asemejarlo a los demás mortales, y que no se quiere enterar de lo que hasta su mujer, que casi no conoce al suegro, si hace: la realidad es la que cada uno viva, la forma en la que cada uno la percibe, hasta el final.


Big fish es un precioso cuento que sin embargo se ve mermado por un infantilismo que va poblando sin aparente remedio la filmografía de un director que se forjó buena reputación precisamente por lo contrario. Big fish pierde por su simplismo último, por su necesidad (como ya hiciera antes en Sleepy Hollow) de explicarlo todo hasta el más mínimo detalle, por su intento de gustar a todo el mundo y que nadie se pierda en la narración, por su no dejar pensar y descubrir.
Pierde tanto que se convierte en una pequeña gran obra fallida, porque en realidad el mundo que nos cuenta Burton, la historia familiar que nos cuenta Burton, queda a medio rodar. Por no mencionar lo desaprovechada que está Jessica Lange en un papel para el que bien podrían haber puesto un florero, y ante el que no nos podemos dejar de preguntar por qué el hijo no recurre a ella para que le explique lo que ya todos sabemos desde el primer minuto, que su padre es el que es y el que se le presenta, y no las fantasías que él pueda hacerse de un hombre normal.



sábado, 10 de enero de 2009

Blancanieves y los siete enanos

Blancanieves y los siete enanos (Walt Disney 1938).


Hubo un tiempo, hace no demasiado, en el que la cultura occidental (Japón siempre fue otra cosa) trataba a los niños como seres inteligentes capaces de desarrollarse con normalidad y aguantar cualquier tipo de afecto. Era un tiempo en que la Disney hacía películas que ahora serían censuradas por traumatizantes, pero muchos niños crecieron con entretenimientos fílmicos basados en la muerte de los seres queridos (Bambi), abandonos forzados (Dumbo) y desgracias varias, sin que ninguno de ellos tuviera ningún problema. Es más, desde un punto de vista evolutivo, para alcanzar la madurez es necesario que el ser humano se vaya enfrentando y sea capaz de lograr estrategias para afrontar con éxito las circunstancias adversas, pero eso ahora no está de moda y hay que sobreproteger a los niños para que vivan en burbujas en las que nada les afecte y lleguen a los dieciocho con la misma edad mental que si tuvieran ocho... claro que eso es otro tema.


En ese tiempo se gestó este primer largo de animación de la historia, que por mucho enano gracioso y mucho baile con animales que contenga, en el fondo no es más que un cuento terrorífico sobre el poder, el poder de quien consigue lo que quiere y quiere más. Esa Reina, una de las mejores malvadas salidas de la factoría (con permiso de Maléfica), llegada a lo más alto, no se conforma con ello, y desea ser la más bella del reino, decretando la muerte para su rival, la adolescente hija de su marido que escapará por designios de la providencia. Juegos de luces y sombras casi expresionistas, colores matizados, ambientes y personajes oscuros (comenzando por el Espejo) y todas y cada una de las apariciones de la Reina, absoluta protagonista del evento, hasta su transformación, huida y muerte (magistral secuencia en sombras) sirven para dar cuerpo a una historia suficientemente infantilizada para sus fines pero siniestra como sólo de esa factoría salió años después Alicia en el país de las maravillas, quizá otra de mis películas favoritas. Luego ya...

viernes, 2 de noviembre de 2007

Para lo que da un inglés: Los juguetes de la guerra, La cuadratura del huevo.

Los juguetes de la guerra. La cuadratura del huevo. (H.H.Munro, alias Saki).



Ya lo había anunciado hace tiempo. Me he decidido bastante a terminar este libro, quizá por lo que cuesta terminar esas cosas que te gustan. Comencemos por el principio.
De vez en cuando suelo hacer excursiones a las librerías. Desgraciadamente no demasiado a menudo me aventuro a ver qué es lo que hay interesante, sino que suelo ir a tiro hecho. Pero cuando estoy de vacaciones, y tengo tiempo, es una de mis aficiones preferidas. Pues bien. El año pasado, allá por mayo, me vine de vacaciones al que luego se convertiría en mi lugar de residencia. Y me dio por llevarles libritos a los amigos, porque eso de recuerdos de..., salvo que estés en el quinto carajo, siempre me pareció una soberana ordinariez. Estando rebuscando, me encontré esta maravilla, que me quedé para mí. Todavía no se por qué, pero me resultó atractiva la presentación. Saki es un escritor inglés de principios del siglo pasado, cuya obra más destacadas son los cuentos cortos. El libro que nos ocupa es una recopilación de unos cuantos, que ya salieron recopilados bajo los títulos de Los juguetes de la paz y La cuadratura del huevo, que además dan nombre a dos de los cuentos, y que publicó la editorial Valdemar en 2006.
La mayoría son humorísticos, basados en anécdotas de la época, aunque tiene también un buen manojo de relatos de terror. Todos ellos espectaculares. Por el simple hecho de la cotidianeidad. El sarcasmo ronda a sus anchas, lo terrorífico se encuentra en lo cercano, y ninguna clase alta (especialmente la política) sale bien parada. Niños odiosos, muñecos diabólicos, estudios sobre la nada, discusiones ingeniosas sobre los sistemas políticos occidentales... Todo es tremendamente irónico y, desafortunadamente, verídico. Humor inteligente de verdad, e inquietud en los de miedo. Una de esas grandes sorpresas que hacen la vida más interesante. Recomiendo, quizá porque es uno de los últimos y lo retengo con especial firmeza en mi memoria, El parlamento infernal, del que a continuación reproduzco el inicio:

"En un tiempo en que cada vez era más difícil hacer algo nuevo u original, Bavton Bidderdale captó el interés de su generación muriéndose de una enfermedad desconocida.
-Siempre estuvimos seguras de que cualquier día haría algo notable -dijeron sus tías-; ha demostrado que merecía toda nuestra confianza."

Ahí queda eso.