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domingo, 26 de marzo de 2023

RRR

RRR (S. S. Rajamouli, 2022)

 


Hacer una película de tres horas que no aburra en ningún momento es meritorio. Hacer que una película india de tres horas de duración, contando una historia acerca de los horrores del colonialismo británico en India, en forma de aparente película de aventuras clásica, pero que a la vez toque prácticamente TODOS los géneros, incluyendo un número musical larguísimo, y se divida claramente en tres películas distintas que están dentro de la misma historia, sin que haya prácticamente nadie en occidente hablando mal de ella, es para coger a sus creadores y que les den la presidencia del país, sinceramente.

Nos presentan al inicio de la película las tres Rs del título: el detonante de la historia (el episodio de robo de una niña de un poblado hindú a manos de unos despiadados colonos ingleses) y los dos protagonistas reales: un soldado hindú en el ejército británico que no para de intentar hacer honores, incluso enfrentándose él solo a una turba en una escena cuya coreografía deben envidiar desde la Marvel, para que el racismo lleve a que esos honores se les otorguen a los cobardes británicos; y el encargado de rescatar a la raptada, una especie de guía/protector de la tribu, que se nos presenta cazando, con una trampa y sus propios brazos, a un enorme tigre de bengala. El destino de ambos se une cuando se promete un ascenso a cualquiera que encuentre a la especie de semidios que la inteligencia británica sabe que ha venido a rescatar a la niña, lo que supone la única oportunidad para el soldado que de otra forma nunca logrará esos honores que desea, y que empezará a buscar un fantasma sin saber, llegado el momento, que ambos se han encontrado mucho tiempo antes en la propia película, mientras salvaban a un niño de un incendio en el río (sí) haciendo ambos de Tarzán desde un puente (sí). 

Su compenetración y su propia amistad, casi en los términos de cualquier bromance de comedia adolescente americana, evitará que se den cuenta de quiénes son el uno y el otro, ayudándose involuntariamente desde a conseguir pareja, a otros aspectos necesarios para el plan de ambos, negando indicios evidentes de la realidad y todo para que, finalmente, termine triunfando la traición en una secuencia (la del asalto al palacio) que es una barbaridad en todo (extras, fuego, animales salvajes matando casacas rojas, los protagonistas haciendo de Spiderman...). A partir de ahí, cambia la secuencia, cambia el estilo (como ya había cambiado cada dos escenas) y empezamos a entenderlo todo mucho mejor, incluyendo al traidor. 

RRR huye como de la peste de la profundidad, y es uno de sus grandes aciertos. Huye hasta el punto en que parece deliberado que siendo capaces de desarrollar la trama de forma tan sutil en algunos momentos, los personajes sean tan planos y estereotipados, las subtramas sean tan ramplonas (el racismo inglés se subraya a base de los mismos personajes con las mismas interacciones en distintos momentos de la película). Es como si hubieran decidido que nada tenía importancia más allá del desarrollo de la historia y, sobre todo, la espectacularidad de las escenas, ya sean de baile, ya sean de acción, ya sea de confesiones a la luz de la luna en la selva.

RRR es monumental en todos los sentidos. Un ejercicio megalómano, hipertrofiado, con una duración injustificable si tenemos en cuenta sólo el argumento, un guión en el que ocurren muchas cosas que sólo tienen sentido para poder hacer el más difícil todavía de las escenas de acción, una vez detrás de otra, todo es más... Parece que su concepción ha sido un brainstorming donde han dicho a todo que sí y luego se han puesto a unir las piezas. Y es lo bien que están unidas las piezas lo que hace que funcione como un reloj y que no es que salve las deficiencias, es que hace que casi nos olvidemos de ellas.

Luego ya está esa última parte final con ese discurso patriótico, demasiado cercano al ultranacionalismo, que no sólo no hacía falta (tampoco lo hacían la mitad de las secuencias y no quitaría ninguna), sino que molesta un poco, por más que no logra empañar las tres horas previas.

sábado, 25 de marzo de 2023

Madres paralelas

Madres paralelas (Pedro Almodóvar, 2021)

 


Creo que Almodóvar nunca ha sido especialmente hábil a la hora de conectar lo que cuenta con el mensaje que se supone que pretende dar, cuando le da por eso, y, de hecho, creo que lo que escribe mejora mucho cuando se olvida de intentar hacerlo, pero, vista la cantidad de premios que obtuvo esta película, lo mismo puede que esté equivocado, aunque no lo creo.

Si nos limitamos a lo que sucede realmente, Almodóvar nos cuenta la historia de una fotógrafa que se queda embarazada de quien no debe, decide llevar el embarazo para adelante sola y, a la hora del parto, coincide como compañera de habitación con una adolescente abandonada emocionalmente, con un embarazo que tiene que llevar a término, y que encuentra en nuestra fotógrafa la figura materna que su madre, a la que conocemos, no ha ejercido nunca. 

El amor por su hija hace que nuestra protagonista no se dé cuenta de que esta hija no se parece ni a ella ni a su padre, hasta que éste aparece para conocerla y se lo hace ver, y termina descidiéndose a sí misma y cerciorándose de ello. Como es muy buena persona, los remordimientos no la dejan vivir, mucho menos cuando se vuelve a encontrar a aquella adolescente, que, aparentemente de forma casual, se encuentra trabajando en la cafetería de debajo de su casa, y termina de contarle su desgraciada vida. 

La fotógrafa le ofrece casa y comida, y su relación se complica muchísimo porque cuando la gente tiene traumas, faltas o fallos emocionales, las cosas no se desarrollan con ningún tipo de sentido, llevando a un desenlace desastroso, por más razonable que resulta desde fuera, que luego se resuelve no se sabe muy bien por qué.

El por qué todo esto tiene que ver con niños robados, la ley de memoria histórica y la gente que sigue enterrada en cunetas (porque en este país hay un montón de gente que ha decidido que no está tan mal parecerse a la Camboya de Pol Pot, aunque eso es otro tema), es algo que Almodóvar intenta justificar añadiendo conexiones de los personales con algún tipo de hecho en ese sentido, si bien no termina de entenderse en ningún momento por qué es eso algo cardinal en la película, tal y como su director estuvo diciendo durante toda la promoción.

Muy interesante, y sospecho que por ahí debería haber ido la relación, el personaje de la madre de la adolescente, una señora bien, de derechas, de la dictadura que podría haber sido una hija robada y podría, para haber dado consistencia al relato, haber usado su dinero e influencias para cambiar/robar niños, lo que añadiría también aspectos sobre el racismo que podrían haberse denunciado también... No sé exactamente qué es lo que pasó para que Almodóvar no terminara de enredar el enredo melodramático e ir por ese camino, que por más exagerado que hubiese resultado, hubiera dado a la película una coherencia que falta (la última parte, preciosamente contada sin prácticamente palabras, es lo mejor de la película y parece un parche).

Es precisamente esa especie de desconexión entre las partes lo que, por momentos, termina por desconcertar al espectador y hacer que se pueda incluso salir de lo que, visto por partes, está tan bien contado como las mejores películas de su director. Mi problema es el todo. 

La historia es tan trágica e irreal como necesita un melodrama, las actrices están soberbias, el guión tiene los mismos fallos que siempre han tenido los de su director (siempre me ha parecido que el cine de Almodóvar cuenta muchísimo más con lo que cuenta en imágenes que con lo que dicen sus personajes, que chirría con bastante frecuencia), visualmente es impecable y hay momentos, efectivamente, espectaculares dentro de la cotidianeidad. Pero al final, falla en dar un mensaje unívoco, en que sepamos de qué nos está hablando sin tener que pensar. Y eso en una película no creo que sea bueno, por mejores mimbres que tenga.



martes, 28 de febrero de 2023

El menú

The Menu (Mark Mylod, 2022)

 


Estoy por hacer lo mismo que el artículo que me animó a verla , y recomendarla sin más, por intentar no desvelar nada, pero a la vez me muero de ganas de hablar de ella. A ver cómo lo hago.

Una pareja está en un muelle esperando un barco que los llevará a la cena en un restaurante estrella de un chef estrella. Ella parece desconfiar bastante de todo, incluyendo la exorbitante suma de dinero que ha costado una velada diseñada sólo para doce afortunados, mientras él siente una fascinación nada disimulada ante todo el elitismo culinario. Mientras esperan el barco, van llegando al muelle distintas personas, relacionadas de algún u otro modo con la cultura "michelinista" de la comida, salvo una pareja, que provoca una incomodidad llamativa en nuestra protagonista, pero que no es lo más tenso de la espera. Tensión (y recelo por su parte) que no mejora al llegar a la isla en la que se encuentra el restaurante (y que parece haberse dedicado exclusivamente a éste) y notar lo nerviosos que se ponen todo cuando comprueban que ella no era la pareja original de su acompañante, que no había avisado del cambio. A partir de ahí, y tras recorrer unas instalaciones en un tour que maneja unos niveles de tensión que ya les hubiera gustado a los responsables de The pale blue eye, empieza la cena, donde desde el principio, tenemos claro que algo va a pasar. Y hasta aquí puedo contar sin desvelar nada importante, aunque creo que he contado demasiado.

The Menu, tal y como el del restaurante donde se desarrolla, es una experiencia inmersiva, completa y con afán de resultar totalmente satisfactoria, donde se nos presenta lo que a todas luces no deja de ser una comedia dislocada, pero de la forma más opuesta posible a lo cómico, aunque sin perder el toque absurdo (y con momentos hilarantes). Es tensa desde el inicio hasta el final, no para de provocar "sensaciones" en forma de sorpresas, literalmente llega un momento en que desconfiamos de todo lo que estamos viendo, y aún así resulta emotiva y casi misericordiosa con sus personajes. 

Más allá de la "crítica" a todo el negocio montado alrededor de la comida (que profundiza sin mucho problema, y a la que parece que es a lo que se le ha dedicado toda la atención crítica), es otro "Eat the Rich!" como lo era Glass Onion, sólo que con mucha peor baba (y casi resentimiento), y mucho más difícil de digerir, según lo que he ido leyendo. 

Si bien necesitamos el momento dramático/melancólico a mitad de metraje para que se pueda producir el final en las condiciones en las que tiene que hacerlo, es posiblemente el único momento que desentona, porque el resto es impoluto.  No hay una escena que sobre, ni siquiera una línea de diálogo que esté puesta por rellenar, casi que los planos parecen contados para que el espectador sienta lo que "el chef" quiere que se sienta, y sólo al final parece darse el lujo de recrearse un poco, sólo para que disfrutemos bien de la traca. 

Lo mismo no es para todos los paladares, pero deberían, al menos, intentar probarlo.

sábado, 25 de febrero de 2023

Los crímenes de la Academia

The pale blue eye (Scott Cooper, 2022)

 

 

Christian Bale parece haber decidido encasillarse, desde hace muchos años, en personajes atormentados a los que da su peculiar enfoque, exactamente igual para todos, que es el de ser lo más histrión posible llegando con frecuencia al ridículo. Parece que, además, si puede estar lo más sucio posible, mejor, así que era de esperar que aceptara este personaje.

Augustus Landor (Bale), antiguo detective alcohólico, alérgico al jabón y muy atormentado por algún tipo de drama familiar del que intenta no hablar sistemáticamente durante todo el metraje, por más que no paran de repetirlo no vaya a ser que pensemos que no tiene nada que ver, es contratado por los responsables de una academia militar para que investigue el asesinato de uno de los cadetes, cosa para la que contará con la ayuda de un cadete "rarito", con el que nadie parece tener mucha más relación, y que resultará ser, ni más ni menos, que Edgar Allan Poe, por algún motivo que no terminamos de entender en ningún momento (cualquier John Smith hubiera podido hacer lo mismo), enredados al final en una especie de complot satánico que parecería explicarlo finalmente todo.

Presuntamente estamos ante una película de "intriga y terror gótico", según wikipedia, que en la práctica no va más allá de una película detectivesca muy bien ambientada, dirigida con esa cosa que se llama oficio (es decir, sin ningún tipo de personalidad), bien planteada, con momentos de tensión solventes, pero poco más. No hay casi ningún tipo de sorpresa, los giros son más que esperables, y se hace un poco larga de más, sinceramente. Lo del "terror gótico" no sé de dónde lo sacan, la verdad.

Para echar la tarde sin pensar mucho, está bien.

viernes, 24 de febrero de 2023

Top Gun: Maverick

Top Gun: Maverick (Joseph Kosinski, 2022)

 


Quién me iba a decir a mi que iba a estar yo hablando de la continuación del, probablemente, blockbuster más repulsivo que recuerdo haber visto en mi adolescencia. Pues aquí estamos. Pero no sólo eso, sino que pretendo hasta hablar bien. La vejez no me está sentando, creo. O a lo mejor sí.

La secuela de Top Gun, veinticinco años después y sin Tony Scott, descanse en paz él y casi toda su filmografía, comienza con la misma premisa de la película anterior, que es que Maverick (Tom Cruise) es el mejor, aunque ya esté viejo de narices, y el problema son los que no lo dejan hacer todo lo guay que él puede hacer, no esa megalomanía que lo lleva a no saber cuándo parar. Como en el fondo es imbécil, la caga, y termina siendo "degradado" a dar clases en la misma academia en la que ya se cargó a su compañero por ir de chulo, y donde no sólo se enfrenta a ese recuerdo, sino a su propio fracaso en la vida sobrecompensado por sus habilidades al mando de los "cazas".

No evitamos los planos de señores sudorosos semidesnudos jugando a deportes físicos, los atardeceres en el desierto, las banderitas... Pero el mensaje es diferente, casi a modo de sopapo continuo a los adalides del "individualismo". Cruise parece estar en vías de maduración, adopta una posición casi de padre con los cadetes a los que tiene que entrenar para otra misión imposible, termina enrollándose con una mujer de su edad (qué guapa es Jennifer Connelly) aunque ambos actúan como adolescentes, y fomenta el espíritu de grupo que en la película original se despreciaba sistemáticamente. 

La historia de amor, de amantes que se reencuentran y comienzan a comportarse como niñatos, es creíble y está bien integrada en la trama (y en el viaje de Maverick hacia su madurez), las instituciones siguen saliendo malparadas, aunque en este caso más por desconfianza lícita que por puro capricho, los conflictos entre compañeros y con su superior parecen tener sentido y estar también bien manejados en el guión, los compañeros se alegran por los logros ajenos,  y toda la epopeya final, la misión que lo genera todo y el rescate posterior (donde hasta el más "individual" de todos los pilotos termina jugándose la vida para ayudar a sus compañeros) es trepidante y emocionantísimo.

No deja de ser un blockbuster, no va a cambiar nada en la historia de la cinematografía, pero qué bien ver una película bien hecha. Y qué bien que te sorprenda tanto algo de lo que esperabas tan poco.

martes, 21 de febrero de 2023

Amsterdam

Amsterdam (David O. Russell , 2022)


Por más que no la conozco entera, y por más que me gustara Three Kings, no encuentro en la filmografía de David O. Russell razones para que los estudios le confíen tanto, la verdad. Pero me alegro mucho por él. Una vez visto este pastiche, no tanto por nosotros.

Amsterdam nos presenta la historia de dos veteranos en la Gran Guerra, un médico tullido que, repudiado por la familia rica de su esposa, dedica su desquiciado tiempo a intentar resolver las secuelas de otras pobres víctimas de las luchas de poder, y su mejor amigo, negro en un Nueva York no muy amigable para los de su raza, que son contactados con la hija de uno de sus oficiales durante la Guerra, el único que los trató como personas, fallecido en extrañas circunstancias de camino a USA. Esa misma hija será asesinada, y ellos culpados de ello, al inicio de la investigación que realizan para saber el motivo de la muerte de su querido superior, y que los conducirá a un antiguo amor y amiga de la postguerra que pasaron en el Amsterdam del título, y a una conspiración para introducir el nazismo en los Estados Unidos, aprovechándose de la posición propagandística, y sólo propagandística, de esos presuntos héroes de guerra.

Con todo ello se habla de racismo, de lo hipócrita de la cultura de "los veteranos" (venerados mediáticamente por los sectores conservadores, ninguneados políticamente y desechados socialmente), la salud mental, la deficiente asistencia sanitaria, la corrupción, el poder y la influencia que tuvo el ideario hitleriano en una parte importante de la alta sociedad americana (y en todas las europeas en realidad), que se ha ido trasladando hasta nuestros días.

¿Y qué hay de malo, entonces? Dirán. Pues el cómo, en realidad. El guión hila finísimo, pero de la forma más enrevesada posible sin llegar a resultar realmente complejo, y la dirección termina yendo en tantas direcciones que resulta confusa, ofreciendo cambios casi de género no sólo cada pocos minutos, sino a la vez en la misma escena. Amsterdam son veinte películas a la vez, sin que ninguna de ellas llegue a desarrollarse lo suficiente como para entender qué estamos viendo. Ni siquiera el tramo final, el más coherente en su desarrollo e ingenioso en resolución, el único en que en algún momento logra que la mezcla de géneros funcione, consigue mantener un pulso narrativo suficiente que ayude a que resulte emocionante. Es como si tuviera miedo de lograrlo.

Al final, deja cabos sueltos y sólo los momentos cómicos que incluyen al protagonista funcionan realmente, quizá porque Christian Bale está tan pasado de rosca que parece convertirse en una parodia involuntaria de su propio personaje. Y queda la sensación de que si no hubiesen querido ser tan ingeniosos, tan listos, tan artísticos, podrían haber logrado una estupenda película. Los mimbres estaban.

domingo, 19 de febrero de 2023

The Witcher: El origen de la sangre

The Witcher: Blood Origin (miniserie de TV, Sean Daniel Company/Netflix/Platige Films)


No sé si queriendo emular a los videojuegos o, quizá, las novelas (desconocía completamente la existencia de este personajes y sus mundos hasta el lanzamiento de la primera temporada de la serie), Netflix parece haber decidido exprimir lo más posible al franquiciado televisivo de The Witcher, adaptando todo lo que pueda ser adaptado al formato televisivo/cinematográfico, comenzando por la leyenda que cuenta el origen del primer brujo, mil doscientos años antes del inicio de la historia principal. 

Una leyenda que, desgraciadamente, no consigue tener mayor interés que el de un cuentito que se podría haber resuelto en la mitad de tiempo, previsible, falto de ritmo, con un CGI sólo medio decente, y que, como le pasa a la segunda temporada de su serie máter, pierde mucho con la estructura lineal una vez resueltos los posibles enigmas de la historia, casi inexistentes ya a estas alturas, incluso siendo una historia completamente diferente. 

La han puesto verde en todas partes, por lo que veo. Y, sin ser terrible, en general estoy de acuerdo con todos ellos. Michelle Yeoh está estupenda, eso sí.

domingo, 5 de febrero de 2023

Ava

Ava (Tate Taylor, 2020)


Una asesina a sueldo tiene una misión que sale mal, y unos malos muy torpes la buscan para matarla, o algo así. Ava es otra olvidable película de acción y venganza que no tiene sentido, historia, ritmo, intriga ni ningún otro atributo que debiera tener una película de este estilo para poder llegar a ser considerada no ya buena, sino, al menos, entretenida. Tan olvidable que la vi hace meses, y hasta que no he visto que la emiten hoy en La 1 ni me acordaba de ella. No pierdan el tiempo.

jueves, 12 de enero de 2023

Wonder Woman 1984

Wonder Woman 1984 (Patty Jenkins, 2020)


Visto el resultado, no me extraña que tardaran más de la cuenta en ponerla en HBOMax ni que la promoción, dentro de la propia plataforma, haya sido más bien testimonial. Estamos ante un producto que, como Black Adam, intenta buscar un camino propio, en este caso mezclando el intensito cine de superhéroes DC con una comedia romántica, abarca más de lo que puede, quedando cortísima en casi todo, a la vez que desaprovecha un más que generoso metraje en un anecdotario que no para de repetir las mismas ideas y que consigue hacerla aburridísima.

Se desperdician los personajes de villanos, las tramas las hemos visto mil veces, se habla de la pérdida, los sacrificios, la redención, sin profundizar absolutamente nada en ello, las redenciones son absurdas, y Wonder Woman se pasa media película volando porque Gal Gadot entre las nubes es muy fotogénica, supongo. 

Kristen Wiig tiene un personaje que podría haber sido estupendo si los guionistas se hubieran acordado de él, claro que no parece ni que recordaran cómo hacer una estructura mínimamente coherente, y da hasta lastimica ver cómo agotan a Cheetah y como, después de dos horas y media, ese final es tan burdo y tramposo.

La dirección no se diferencia de la que cualquier artesano de Hollywood podría haber hecho, los actores hacen lo que pueden, y hasta los efectos especiales parecen cutres. Todo tan mal que no merece la pena ni perder más tiempo hablando de ella.

miércoles, 11 de enero de 2023

Puñales por la espalda

Knives out (Rian Johnson, 2019)

 


Cuando se estrenó Knives Out a todo el mundo le supuso un soplo de frescura, cuando lo que presentaba era más viejo que el hilo negro, básicamente una película en la línea de todo el cine y series de televisión detectivescas de los 60-80, esas en las que se basa el Cluedo, y que se parodiaban en Murder by death,  especialmente esos que mezclaban el misterio con lo cómico, tipo Murder she wrote y, sobre todo, Columbo, cuya versión modernizada encarna a la perfección un Daniel Craig que parece estar huyendo como de la peste de James Bond.

La historia es que llevábamos tanto tiempo sin un divertimento de este tipo que cualquiera que nos hubieran presentado y que se hubiera hecho con un mínimo cuidado nos iba a encantar, y supongo que sus artífices eran conscientes de ello. Pero en un ejercicio de interés que, últimamente, cada vez vemos menos en el cine de las mayors hollywoodienses, realizan un guión perfecto, que apoyándose en varias direcciones estupendas (incluyendo la de arte) y unos actores en perpetuo estado de gracia, nos ofrecen esta pequeña joyita que ha tenido continuación reciente (y esperemos que sea la primera de muchas) en esa otra obra de arte que es Glass Onion, de la que precisamente hablamos ayer.

Ya dijimos todo acerca de la estructura, de su estructura juguetona y de la complicidad con el espectador, que es traicionado para su propio deleite en un giro final respecto al presunto asesinato principal que no sólo termina siendo originalísimo, por su rareza (aunque recuerdo no ser la primera vez que lo he visto en pantalla), sino que enfrenta a nuestros protagonistas a una difícil situación final para con que el responsable asuma la culpa, resuelta en parte gracias a una anécdota que se viene repitiendo como alivio cómico durante todo el metraje, y con un acting final tan tramposo y repetitivo como efectivo, conectando con un chiste que se hace en la primera parte del metraje. 

Si su segundo episodio, igual de autoconcluso que éste, se centra en los ricos modernos, este se presenta como un caso de asesinato en una familia rancia, con sus trumpistas, sus demócratas antitrump, sus nazis masturbatorios y su racismo disfrazado (geniales los chascarrillos con el origen geográfico de la enfermera), en forma de misterio típico (todos tienen razones para haber matado al asesinado) cuya investigación pone de manifiesto los trapos sucios de la alta sociedad americana, a la vez que su no conclusión en la forma en la que todos ellos esperan deja al descubierto su miseria, moral más que económica.

Y al final, siempre hay un rico, un hijo de papá, que se cree por encima del bien y del mal y que va a salirse con la suya, tan soberbio que es capaz de poner a prueba al resto, conocedor de que nada va a hacer que se le castigue, pero que, al menos en la ficción, no se sale con la suya.

Y Ana de Armas está espectacular.

martes, 10 de enero de 2023

Puñales por la espalda: el misterio de Glass Onion

Glass Onion: A Knives out Mystery (Rian Johnson, 2022)


Mucho miedo me dio que Netflix anunciara esta película. Su predecesora me gustó tantísimo que temía lo que hubieran podido hacer con ella para ajustarla al tono de la plataforma. Afortunadamente, parece que lo único que han hecho es permitirle a Johnson desmelenarse del todo, sólo exigiendo que se mantuviera la marca en el título original, aún en contra del criterio de éste. Visto el resultado, poco me importa.

Glass Onion es la versión hipervitaminada de su predecesora, tan aparentemente libre como hipócrita, que presenta un misterio en forma de divertimento en el juego se establece con el espectador, pero a la vez con su complicidad. 

La estructura aparentemente es igual, se nos presenta un misterio que parece que va en un sentido, pero en medio del camino nos hacen partícipes de que no, que la verdad ni siquiera se parecía a lo que creíamos que estaba pasando, para, finalmente, darnos la misma hostia que al verdadero asesino al descubrirlo.

Sólo que todo es más aquí. Más estrellas (el cameo, vía zoom con nuestro detective protagonista, de distintos detectives televisivos, incluida Angela Lansbury, es impagable, más ahora), más vueltas de tuerca, más idas de olla, más ridículos detectivescos, y más traca final, traca real en este caso, necesaria para forzar que se asuman las consecuencias de los actos.

Situar el desarrollo de la historia en el confinamiento no sólo da chistes visuales sublimes (el cameo de Hugh Grant lleno de harina y con el bote de masa madre…), sino que subraya realmente de lo que trata la película, la escasa vergüenza del rico que se cree con derecho a todo porque lo es, y que en realidad lo es, teniendo un remedio para poder estar jugando en una isla privada sin preocuparse por el COVID cuando todo el mundo estaba encerrado en sus casas, 

Es el mismo “Eat the rich!”  hipócrita hollywoodiense que el de su precursora, centrado en este caso en los nuevos ricos, esos que parecían wokes y han terminado desenmascarándose como nazis liberales en lo económico, con especial inquina hacia ese presunto genio, que todo el mundo tiene como tal porque él mismo lo ha ido diciendo, y que, en realidad, lo que tiene es mucha pasta de sus padres y muchos amigos conseguidores. Desde luego, para ser un estreno previsto hace un año, no ha podido llegar en un momento más adecuado. Me pregunto si Elon Musk también se vestía en su momento como el Tom Cruise incel de Magnolia

lunes, 9 de enero de 2023

Black Adam

Black Adam (Jaume Collet-Serra, 2022)

 


Albergaba yo esperanzas, después de llegar James Gunn al intento de universo cinemático DC, y de esas maravillas de la locura y disfrute que son el último The Suicide Squad (y en menor medida Birds of Prey (And the Fantabulous Emancipation of One Harley Quinn)) y Peacemaker (serie de la que ya hablamos en estas páginas allá por verano), en que el camino sería más parecido a ese que al de la continuidad de las aburridísimas (y oscurísimas sólo en cuanto a luz) experiencias previas. 

Ya el último The Batman tendría que haberme dado una pista de lo contrario (parece ser que no escribí aquí lo mucho que me aburrí, tampoco voy a volver a verla para hacerlo ahora que me he dado cuenta), pero este Black Adam confirma que en Warner están más perdidos que el barco del arroz con qué es lo que van a hacer con todo el material de los cómics, cosa que confirmaron posteriormente cuando anularon prácticamente todo lo que había planificado (incluyendo la cancelación del contrato de un Henry Cavill que aparece, de hecho, al final de esta cinta a modo de cameo y posible anuncio de secuelas).

Esta película parece una metáfora de todo el desatino que envuelve los proyectos ligados al sello DC, fuera de los Batmans autorales. Quiere ser tantas cosas, tan profunda, tan intensa, tan interesante, tan emocionante... que no consigue prácticamente nada y, salvo las secuencias de acción, resulta terriblemente aburrida. Es previsible, el final se alarga mucho más de la cuenta, el arco del protagonista no tiene sentido y su colaboración con la "Sociedad de la Justicia" sólo sirve para dibujar unos superhéroes que no tienen mucho interés (y el único que lo tiene, de hecho, es sacrificado por el bien común). 

Dwayne Johnson hace de roca, nunca mejor dicho. Le sienta muchísimo mejor el tono disfrutón de Jungle Cruise, y ese padre atormentado que va buscando venganza y, de repente, deja de hacerlo para preocuparse lo justo por la humanidad, no termina de quedarle bien. Su dibujo como antihéroe parece sólo utilizarse para lograr un contrapunto cómico del que, cada vez que aparece, huye como de la peste, y sólo su interacción con el Doctor Destino funciona más o menos. Collet-Serra hace lo que puede con un guión que hace aguas por todas partes, aunque tampoco parece que la dirección se encamine más allá que a conseguir el efectismo que logre planos espectaculares y llevar a la gente a los cines, cosa que parece que lograron a medias.

Un despropósito.

domingo, 8 de enero de 2023

Rogue one: una historia de Star Wars

Rogue one: A Star Wars Story (Gareth Edwards, 2016)


Es interesante volver a ver Rogue one después de ver Andor, aunque yo lo hice por otros motivos, porque se entiende muchísimo mejor lo que ocurre en la película, incluyendo diálogos puntuales que parecne un intento sutil de remarcar ciertos aspectos desagradables, tan sutiles que no guardábamos siquiera memoria de ellos. Pero no nos adelantemos.

No me quiero extender mucho, porque no hace falta, no estamos hablando de Bergman. Pero no puedo asegurar que lo consiga, entre otras cosas porque esta es, con mucho, mi película preferida de la franquicia Star Wars (con permiso de The Empire Strikes Back), y además la mejor, en mi poco humilde opinión.

Y lo es, entre otras cosas, porque hace lo que la continuación de la original señala (y ya con eso nos volvimos locos dado el infantilismo del resto), que es dejar claro que existen matices, que la bondad y la maldad es relativa y nunca son absolutas, y que hay héroes que han tenido que ser villanos para poder realizar la heroicidad por la que se les celebra. No solo eso, Rogue one se aleja del canon de princesas, herederos, políticos y magos galácticos (que sólo aparecen en forma de cameos para unir la trama a la de la trilogía original) para centrarse en los verdaderos héroes, los olvidados, los que hacen el trabajo sucio para que luego llegue el Jedi de turno a rematar, cuando ya de ellos no quedan ni las cenizas.

La historia de la consecución de los planos de la Estrella de la Muerte, que llevarán a su destrucción en el presunto Episodio IV de la saga oficial, no sólo fue la primera de las películas off-canon, sino la que más se aleja de la superficialidad del resto de la franquicia, y la que más se acerca a lo que puede ser un desarrollo de personajes. Y a la vez es una película con una trama relativamente sencilla, con una estructura básica similar a las películas originales, y que, quizá, más se acerca al espíritu inicial de lo que presentaba George Lucas. 

Su tipo de final es inédito para este producto, no sólo siendo potentísimo por lo que cuenta, sino, sobre todo, por lo que significa la caída, uno a uno, de los salvadores. Ese es el tema central de la película, al final, lo terrible de la guerra por más que luzca divinamente en pantalla.  Porque Rogue One no deja de ser la película antibélica que del resto siempre se intuyó, y cuyo mensaje ha continuado con el paso a la pequeña pantalla de ese Cassian Andor que acompaña a la protagonista de esta historia, además de la saga del Mandaloriano y de Bobba Fett. Ojalá se dejen de Kenobis y sigan por este camino.


viernes, 16 de diciembre de 2022

Avatar: el sentido del agua

Avatar: The way of water (James Cameron, 2022)



Dado que lo de tener fe en las secuelas de Pocahontas in outer space ha llegado al punto en que gran parte de la crítica ya había decidido que le iba a gustar antes de verla, he decidido, tras ver el tráiler, hacer lo mismo, pero en el sentido contrario.

No sé si en algún momento me veré obligado a tragarme algo que, ya para atraerme al cine, me venden como más de lo mismo, LITERALMENTE (los humanos vienen a atacar nuestro planeta, esta vez por agua en vez de por tierra), pero por mi parte se va a meter al cine a ver una postal en movimiento de TRES HORAS Y CUARTO, nada más y nada menos, Rita la Cantaora. Y el perrito que la acompaña la puede acompañar si quiere a verla. Por más CGI “monumental” ( lo he leído) que lleve, prefiero cualquiera de Marvel, al menos no quieren engañar a nadie.

jueves, 8 de diciembre de 2022

Argentina 1985

Argentina 1985 (Santiago Mitre, 2022)


 
Toda esa gente que se queja de cómo las plataformas están arruinando el cine no han vivido en su vida en una ciudad de provincias donde, si hay algún cine cerca, no emitirían nunca una película como Argentina 1985. Por lo que personalmente agradezco mucho a Amazon que la tenga en su catálogo desde poco después de su estreno.

No seré yo quien diga que esta es una de las mejores películas del año, ya hay cientos de webs que lo afirman y que sí que han tenido acceso (y ganas) para ver el resto con lo que hacer la comparativa, lo que sí que es cierto es que estamos ante una película enorme, monumental, a la que no consigo encontrarle un pero. 

Argentina 1985 trata la historia del Fiscal designado para hacerse cargo de la acusación del juicio civil contra los militares que llevaron a cabo el "Proceso de Reorganización Nacional" argentino, esa dictadura que sumió al país en el terror y la ruina, tras el vergonzoso juicio militar que los exoneraba de toda responsabilidad. Un cargo que conlleva una responsabilidad de la que nadie puede exonerarlo, la del Fiscal, que nadie quiere, a la que nadie ayuda, que es puesta continuamente en duda por todas las partes implicadas, que se boicotea, que le lleva a recibir amenazas (hasta el punto de tener que sacar a su familia de Buenos Aires) y para la que sólo logra ayuda de un grupo de jóvenes recién licenciados que no tienen nada que perder, y un ayudante idealista que puede perderlo todo.

Habla, con profundo respecto, del dolor y el miedo de las víctimas, a las que da voz e, incluso, justifica cuando no quieren tenerla, y señala sin miramientos a los culpables, tanto los que se sientan en el banquillo, como los que no (las presiones sociales, de los militares, del gobierno, el manejo de los jueces...), mostrándose reacia a aceptar el veredicto de compromiso que finalmente se logró.

Y lo hace con un tono, hasta cierto punto, amable. Con momentos de intriga, de humor, de drama, de miedo, mezclando costumbrismo familiar y maquinaciones políticas, y haciéndonos partícipes de la idea de que la vida es puro teatro (por lo que, precisamente, el personaje de Somigliana es tan importante para lo que pasa en la sala), y de que el esfuerzo por la lucha por la justicia debe ser conjunto, no personal.

Se apoya en un guión estupendo, una dirección inmaculada que articula sin fisuras momentos casi videocliperos con otros largos e intimistas, y, sobre todo, unos actores que están para chillarles, especialmente un Ricardo Darín que se lo come todo desde la primera a la última escena. Es emocionante, divertida, ágil, trepidante... todo por momentos y todo a la vez.

Aún hay sitios en los que está en el cine. Si tienen la suerte de poder disfrutarla en pantalla grande, háganlo. Por los que no pudimos.

sábado, 3 de diciembre de 2022

El país de los sueños

Slumberland (Francis Lawrence, 2022)

 


Una niña repugante a la que su padre ha criado en un faro, completamente alejada de lazos sociales (que el padre tampoco mantiene) y sumergida en un mundo infantil que el padre se resiste a abandonar, tiene que enfrentar el mundo tras el trágico fallecimiento de este, ayudada por un tío al que no conoce y no sabe qué hacer con los niños, y, a pesar de que es tan inteligente que es capaz de desenvolverse sin problemas en contextos nunca vividos, refugiándose en el mundo de sueños que su padre le contaba, en el que buscará, con la ayuda de Jason Momoa con un poco de barriga (demostrando así su versatilidad), un imposible para volver a ver a su padre muerto, no terminan de aclarar durante todo el metraje para qué. Y hasta ahí voy a contar, no porque si suelto un par de spoilers vaya a desvelar nada que no se intuya desde el minuto tres, al menos cualquier adulto funcional, sino por un poco de respeto.

Quicir, la misma historia de elaboración de la pérdida que hemos visto treintaycinco millones de veces, basado aparentemente en una novela infantil que desconozco, y que no tiene el más mínimo interés en resultar interesante a otro público que no sea al que va dirigido. 

Personalmente, me ofendió muchísimo más la tontuna aquella de La Escuela del Bien y del Mal, pero por lo que he visto debo ser el único. Parece ser que toda la crítica estadounidense está muy enfadada porque una película da lo que anuncia, básicamente una película infantil de manual acerca de la pérdida, con algunas buenas ideas visuales y una estética y efectos especiales conseguidos. No sé si tendrá que ver con la misma idealización de la infancia que lleva a subir a los altares a la mitad de las mierdas que vimos en los ochenta (y que nos siguen gustando por lo afectivo, porque siguen siendo películas más que discretitas), o lo mismo es que creían que Netflix iba a estrenar en época prenavideña una sesuda crítica a la fábrica de desadaptados sociales que es el "home-schooling" yanqui, terminando con su pertinente tiroteo en la escuela de élite, yo qué sé. A mi, personalmente, me ha dado lo que me prometía: nada.

sábado, 19 de noviembre de 2022

Julieta

Julieta (Pedro Almodóvar, 2016)



Me ha costado mucho volver a Almodóvar, quizá porque con Los amantes pasajeros terminó de gastar lo poco que le quedaba del crédito que sus películas de los ochenta y noventa le habían concedido en mi mente. Será también que, sin haberla vuelto a ver, me he ido reconciliando con La piel que habito, gracias a todos los que han hablado bien de ella, pero cuando me encontré que Netflix había incorporado Julieta a su catálogo, sentí que había llegado el momento de volver. 

¿Por qué Julieta y no Dolor y gloria o Madres paralelas, más recientes, más recordadas y laureadas? Pues porque desde su propia protagonista es la que menos me recuerda a ese Almodóvar autocomplaciente que terminó hastiándome. Y me equivoqué, en cierto punto, y acerté, por otra parte.

Julieta está basada en tres relatos, que Almodóvar une para dar forma a un melodrama que es Almodóvar puro. Incoherente, hiperbólico, lleno de diálogos pomposos para decir con voces engoladas, tragedias forzadas para seguir construyendo el drama, mucha anécdota que podría haber sobrado, mucho cameo que sólo parece servir para que sepamos que sigue relacionándose con el moderneo madrileño, mucha referencia cultural metida con calzador… que, sin embargo, parece que le sirve para descansar de él mismo.

No sé si, quizá, será que hace ya mucho que no vuelvo a ver nada suyo, pero salvo Rossy de Palma volviendo a hacer de señora de pueblo y todo lo estético,  no percibo tanto autohomenaje. Y lo agradezco muchísimo.

Porque se centra más en la historia, rocambolesca, forzada, pero historia que nos conduce a lo más interesante, que es el estudio de su personaje original, esa Julieta del título, y su propia vivencia depresiva de la vida, casi heredada de su madre, se diría. Disecciona finísimamente, no sé siquiera si sería el propósito, las cogniciones depresivas, y con sólo el final y de forma indirecta, en la aclaración de la amiga de Antía y la carta que Julieta recibe, consigue dar sentido a todo lo que ha pasado y que seamos capaces, por fin, de ponernos en el lugar de unos protagonistas a los que, hasta entonces, no terminamos de entender bien.

Es excesiva hasta decir basta y la sobreactuación es la norma, pero eso es marca de la casa. Emma Suárez está espectacular, como viene siendo costumbre durante toda su carrera, Adriana Ugarte se sale y, tanto Grao, Grandinetti y, sobre todo, Inma Cuesta, sirven de contrapunto para el exceso emocional del resto del elenco. Me ha encantado volver, y lo haré con lo que me queda de él en breve.

Por cierto, qué bien le sienta a Almodóvar salir de Madrid.

martes, 8 de noviembre de 2022

Jungle Cruise

Jungle Cruise (Jaume Collet-Serra, 2021)



Intentar poner de acuerdo a mucha gente que no tiene nada que ver en gustos cinematográficos lleva, a veces, pocas veces, a ver películas con las que todo el mundo se queda contento. No porque sean obras maestras, sino porque son asépticas, entretenidas, y ayudan a pasar el trámite de ver la película en familia sin conflictos ni quejas.
Por más que Dwayne Johnson me caiga simpático tras haberlo visto en sus visitas al Saturday Night Live, nunca me hubiera puesto a ver una película suya si no hubiese sido una solución de compromiso. Y tampoco es que me arrepienta, vistos resultados anteriores.
Jungle Cruise no inventa la rueda, ni lo pretende. Es una cinta de aventuras hollywoodiense clásica con mucho toque humorístico, una historia que ya hemos visto antes y unos giros de guión que no sorprenden en absoluto. Es como una copia de cualquier película de Errol Flynn, con un guión más repetitivo, un humor más actualizado y, sobre todo, mucho CGI (es de lo que se trata), que cumple perfectamente su función.
Es amena, divertida, tiene momentos de tensión bien llevados y, aunque, como todas las superproducciones de unos años a esta parte, podrían haberse ahorrado al menos media hora de repetición de situaciones y circunstancias que no aportan nada, resulta simpática y es disfrutable.
Me hizo mucha gracia que dos de los malos sean Dani Rovira y Quim Gutiérrez en estado de descomposición, por cierto.

martes, 1 de noviembre de 2022

No mires arriba

Don’t look up (Adam McKay, 2021)



Unos científicos de una universidad no muy importante descubren que un meteorito chocará con La Tierra provocando, al menos, la extinción de toda la vida y se pasan dos horas y media de película intentando que las autoridades norteamericanas, en primera instancia, y ya posteriormente la gente en general, se comporten como adultos funcionales sin conseguirlo. Y eso sería el resumen más sensato, pienso, de lo que cuenta esta cinta, porque si entramos en detalle lo mismo no terminamos hoy. 
Don’t look up es una comedia porque sus productores han decidido que sea así, porque la mayor parte del tiempo se mueve entre el terror existencial y el falso documental, casi, por más que no parezca pretender ni lo uno ni lo otro. 
Y es que el recorrido que hacen nuestros científicos en su demanda de que “hagan algo” para evitar el fin de un mundo que está más preocupado por no querer saber nada de su propia futilidad, dándose más importancia al provecho que se le pueda sacar al acontecimiento, a nivel publicitario, económico, mediático…, poniendo en riesgo la humanidad por intereses de grandes gurús, y siendo ellos mismos seducidos y utilizados por el poder para justificar sus atrocidades, se parece demasiado a cosas que vemos en los periódicos habitualmente.
Incluso la conversión de hechos objetivos en cuestiones de fe con las que desacreditar al que cuenta tu incompetencia, seguidos por una multitud de gente que creen ser especiales y más listos que el resto, negando la realidad y afirmando como reales sus teorías conspiratorias, hasta que ya es demasiado tarde para ellos. Porque los que los han usado van a estar bien protegidos de todo.
Hay momentos que me han desconcertado, funciona muy bien cuando se acerca a lo paródico, y flojea más en los momentos dramáticos. Las esperas, el timo del general, la caricatura de Trump/Palin y de Jobs,  o el confiar el futuro de la humanidad a una serie de vejestorios riquísimos, pero sin capacidad de procrear, son los mejores chistes de una cinta que, no obstante, se cree demasiado lista, y pierde más metraje del necesario en explicar cosas que no necesitan explicación.
Los actores están todos monumentales, eso sí.

lunes, 31 de octubre de 2022

La escuela del bien y del mal

The School for Good and Evil (Paul Feig, 2022)


Llevo semanas leyendo artículos y/o pensamientos varios acerca de esa especie de nuevo orden de las cosas según el que todo se reduce a lo puro dicotómico, no sea que si se plantean todos los aspectos de una película, por ejemplo, tengamos que pensar si nos merece la pena.

Viene a colación para esta adaptación perpetrada por Netflix no porque genere dudas acerca de su calidad, ciertamente escasa, sino porque, precisamente, la base del conflicto que se genera tiene que ver con una separación dicotómica que, como no podía ser de otra forma, se revela no sólo como falsa, sino como perversa.

Quizá eso, por más que se desvele como una parte ínfima dentro de un metraje desmesurado, y los momentos de comedieta romántica adolescente, de haberse potenciado, podían haber salvado una cinta que, sin embargo, se decanta por la acción y el misterio de una historia que no tiene ni lo uno ni lo otro, a costa de unos efectos especiales justitos y de una dirección artrósica..

Por momentos parece un telefilm carísimo, la mayoría de los diálogos son vergonzantes y sólo los actores adultos parecen estar medianamente cómodos, como si estuvieran en una película distinta.

No es la peor película del año, ni la peor de Netflix, ni siquiera llegará al top 10 de lo peor que ha hecho la compañía en el año, por más que los titulares se empeñen en lo contrario. Es una película mediocre que podría no haber estado mal como entretenimiento, si se hubieran propuesto eso y no se lo hubieran tomado tan en serio.