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martes, 28 de febrero de 2023

El menú

The Menu (Mark Mylod, 2022)

 


Estoy por hacer lo mismo que el artículo que me animó a verla , y recomendarla sin más, por intentar no desvelar nada, pero a la vez me muero de ganas de hablar de ella. A ver cómo lo hago.

Una pareja está en un muelle esperando un barco que los llevará a la cena en un restaurante estrella de un chef estrella. Ella parece desconfiar bastante de todo, incluyendo la exorbitante suma de dinero que ha costado una velada diseñada sólo para doce afortunados, mientras él siente una fascinación nada disimulada ante todo el elitismo culinario. Mientras esperan el barco, van llegando al muelle distintas personas, relacionadas de algún u otro modo con la cultura "michelinista" de la comida, salvo una pareja, que provoca una incomodidad llamativa en nuestra protagonista, pero que no es lo más tenso de la espera. Tensión (y recelo por su parte) que no mejora al llegar a la isla en la que se encuentra el restaurante (y que parece haberse dedicado exclusivamente a éste) y notar lo nerviosos que se ponen todo cuando comprueban que ella no era la pareja original de su acompañante, que no había avisado del cambio. A partir de ahí, y tras recorrer unas instalaciones en un tour que maneja unos niveles de tensión que ya les hubiera gustado a los responsables de The pale blue eye, empieza la cena, donde desde el principio, tenemos claro que algo va a pasar. Y hasta aquí puedo contar sin desvelar nada importante, aunque creo que he contado demasiado.

The Menu, tal y como el del restaurante donde se desarrolla, es una experiencia inmersiva, completa y con afán de resultar totalmente satisfactoria, donde se nos presenta lo que a todas luces no deja de ser una comedia dislocada, pero de la forma más opuesta posible a lo cómico, aunque sin perder el toque absurdo (y con momentos hilarantes). Es tensa desde el inicio hasta el final, no para de provocar "sensaciones" en forma de sorpresas, literalmente llega un momento en que desconfiamos de todo lo que estamos viendo, y aún así resulta emotiva y casi misericordiosa con sus personajes. 

Más allá de la "crítica" a todo el negocio montado alrededor de la comida (que profundiza sin mucho problema, y a la que parece que es a lo que se le ha dedicado toda la atención crítica), es otro "Eat the Rich!" como lo era Glass Onion, sólo que con mucha peor baba (y casi resentimiento), y mucho más difícil de digerir, según lo que he ido leyendo. 

Si bien necesitamos el momento dramático/melancólico a mitad de metraje para que se pueda producir el final en las condiciones en las que tiene que hacerlo, es posiblemente el único momento que desentona, porque el resto es impoluto.  No hay una escena que sobre, ni siquiera una línea de diálogo que esté puesta por rellenar, casi que los planos parecen contados para que el espectador sienta lo que "el chef" quiere que se sienta, y sólo al final parece darse el lujo de recrearse un poco, sólo para que disfrutemos bien de la traca. 

Lo mismo no es para todos los paladares, pero deberían, al menos, intentar probarlo.

sábado, 25 de febrero de 2023

Los crímenes de la Academia

The pale blue eye (Scott Cooper, 2022)

 

 

Christian Bale parece haber decidido encasillarse, desde hace muchos años, en personajes atormentados a los que da su peculiar enfoque, exactamente igual para todos, que es el de ser lo más histrión posible llegando con frecuencia al ridículo. Parece que, además, si puede estar lo más sucio posible, mejor, así que era de esperar que aceptara este personaje.

Augustus Landor (Bale), antiguo detective alcohólico, alérgico al jabón y muy atormentado por algún tipo de drama familiar del que intenta no hablar sistemáticamente durante todo el metraje, por más que no paran de repetirlo no vaya a ser que pensemos que no tiene nada que ver, es contratado por los responsables de una academia militar para que investigue el asesinato de uno de los cadetes, cosa para la que contará con la ayuda de un cadete "rarito", con el que nadie parece tener mucha más relación, y que resultará ser, ni más ni menos, que Edgar Allan Poe, por algún motivo que no terminamos de entender en ningún momento (cualquier John Smith hubiera podido hacer lo mismo), enredados al final en una especie de complot satánico que parecería explicarlo finalmente todo.

Presuntamente estamos ante una película de "intriga y terror gótico", según wikipedia, que en la práctica no va más allá de una película detectivesca muy bien ambientada, dirigida con esa cosa que se llama oficio (es decir, sin ningún tipo de personalidad), bien planteada, con momentos de tensión solventes, pero poco más. No hay casi ningún tipo de sorpresa, los giros son más que esperables, y se hace un poco larga de más, sinceramente. Lo del "terror gótico" no sé de dónde lo sacan, la verdad.

Para echar la tarde sin pensar mucho, está bien.

miércoles, 14 de septiembre de 2022

Sandman

The Sandman (serie de TV, )


Desconocía la existencia del cómic original, por lo que, nuevamente, no voy a hablar de la adaptación del mismo. Tampoco de las dudas que me genera el que DC y Warner participen en su producción para Netflix cuando tienen servicio de streaming propio. Entre otras cosas porque eso me dejaría menos margen para hablar de lo realmente buena que me ha parecido la primera temporada de The Sandman. 

El dios del sueño viaja al mundo humano para atrapar a una pesadilla que ha huido de su reino, y es atrapado por error, en vez de su hermano Muerte, al que en realidad se buscaba, por un multimillonario británico que le roba sus "bártulos" de poder y lo mantiene preso a la vez que usa esos bártulos para conseguir todos sus sueños. Tras lograr escapar de su cautiverio, un siglo después, y vengarse del hijo de su captor, ya muerto, por más que fuera el único que le mostrara una cierta simpatía y ánimo de ayuda, descubre que su reino se ha ido al garete y necesita sus bártulos, desaparecidos de su dueño humano original hace décadas, para lograr restaurarlo. Su recuperación centrará la primera mitad de la temporada para, posteriormente, dar paso al control de un vórtice, humana que puede hacer que los límites del sueño y de la realidad se fusionen, acabando por tanto con el mundo tal y como lo conocemos. Es ahí donde Sueño/Morfeo, nuestro protagonista, conseguirá controlar a la pesadilla fugada, y descubre que al menos uno de los Eternos, sus hermanos, ha sido el que ha hecho todo lo posible por acabar con él, aunque ya antes hemos visto que no es el más popular entre la fratría. Su lucha con Lucifer en el Infierno para poder recuperar su máscara, en la que es capaz de vencer al ángel caído, animado por Deseo, su hermano/enemigo nos deja con un macguffin que, desgraciadamente, lo mismo nos quedamos con ganas de ver como se desarrolla, según las noticias que llegan acerca de su posible renovación en Netflix (ha funcionado muy bien, pero no tanto como esperaban siendo una serie tan cara).

Organizada como capítulos independientes que, aún avanzando en la historia, van explorando, precisamente, los comportamientos humanos e instintos que dan nombre a esos Eternos, se agradece una planificación sólida, unas motivaciones bien fundadas y explicadas, y que se nos muestre la evolución de los personajes de las que se nos habla (el capítulo del reencuentro con el "experimento" que le organiza Muerte es una auténtica delicia). No se apresura, pero el ritmo parece adecuado, juega con el género y los roles (parece que era uno de los puntos fuertes del cómic, según he podido leer) de forma natural, y lo sórdido no proviene tanto del continente sino de sus planteamientos (un mundo sin los hechos naturales que los Eternos ejemplifican, un mundo donde un humano tenga el poder de alguno de esos Eternos, un mundo en el que esos instintos puedan estar en guerra), así como del señalamiento de lo hipócrita del poder.

No es el MCU, no tiene nada que ver con las pobres adaptaciones de DC, ni con el traspaso del videojuego de The Witcher. Es otra cosa. Y es mejor.

lunes, 12 de septiembre de 2022

Castlevania

Castlevania (serie de TV, Frederator Studios/Powerhouse Animation Studios/MUA Films/Project 51 Productions/Shankar Animation/Konami)

 


Castlevania es una serie de videojuegos desarrollados por la compañía japonesa Konami, que trata inicialmente de un cazador de vampiros que tiene que acabar con una versión mejorada y un tanto sórdida de Drácula, que empezaron a comercializarse allá por los noventa y que dio uno de mis videojuegos preferidos (y que más me costó terminar porque uno es torpe, por eso dejé de jugar) que fue su primera versión para la SuperNintendo.

Como aún Konami siguen publicando nuevas versiones, se tuvo a bien hacer una serie de animación, donde gradualmente han ido apareciendo todos los héroes y villanos de la saga, en forma de ánime occidentalizado, que tuvo una primera temporada espectacular. 

Sórdida como los videojuegos iniciales (como ya dije, mi pasado gamer queda muy, muy atrás en el tiempo) y muy sangrienta, ambientada en una especie de medievo que por momentos recuerda demasiado a siglos posteriores, tiene un desarrollo un tanto lento, muy centrada en las funestas consecuencias del pensamiento mágico-religioso y el culto al líder, así como las intrigas que generan el querer convertirse en nuevos líderes o ampliar poderes territoriales para conseguir el dominio absoluto. Todo ello en un ambiente moral más que distraído, que hace que la falta de escrúpulos sea, con mucho, la gran protagonista del relato.

La cuarta y última temporada se estrenó hace ya bastante, en forma de cierre prácticamente completo, y ahonda un poco en lo que había desgastado las anteriores, incluyendo una cierta infantilización, las múltiples triquiñuelas para alargar una historia que no daba para más, aunque es cierto que parte de sus capítulos finales cogen ritmo suficiente para que a los que nos gustó su inicio sintamos que no hemos estado perdiendo el tiempo.

Quizá no sea para no fans o nostálgicos, como es mi caso, pero no me parecido mala serie, aún con muchas de sus imperfecciones.

martes, 16 de agosto de 2022

Stranger Things

Stranger Things (serie de TV, Netflix/21 Laps Entertainment)


A los Duffer Brothers se les ocurre que pueden intentar hacer una serie, aprovechando la nostalgia por los ochenta, de suspense/terror metiendo todas las referencias posibles (desde Los Goonies o Cuenta conmigo a Poltergeist), a Netflix le parece una buena idea y allá por 2016 ya (creía que fue posterior, pero el internet me dice lo contrario) se estrena la primera temporada de la que es actualmente la única serie original de Netflix que parece conseguir una repercusión importante de forma continua.

Niños inadaptados buscando a su amigo perdido, junto con su inadaptadada madre y el inadaptado hijo mayor de esta, descubren un mundo paralelo en el que su amigo está atrapado por unas fuerzas malignas,  y consiguen aparentemente liberarlo con la ayuda de un experimento gubernalmental en forma de niña con superpoderes que ha vivido aislada toda su vida. Todo ello con música de la época, una ambientación donde no falta un calentador y un leve tono de denuncia para hacerlo todo más contemporáneo. 

La primera temporada funcionó a pesar de plantear un desarrollo más reflexivo y menos acelerado que la mayoría de sus semejantes actuales, en parte porque se aseguraba un target muy amplio, desde el actual hasta todos esos cuarentones que todavía no han terminado de superar su adolescencia y no paran de quejarse de que les han "destrozado la infancia" cada vez que se hace un remake de alguno de sus iconos infantiles. Pero también porque, reconozcámoslo, estaba muy bien rodada y escrita, centrándose más en promover la tensión que el susto, y con una optimización de recursos, en ese sentido, muy de agradecer. Señalo esto último porque es importante.

Estaba claro que el filón se tenía que aprovechar y, mcguffin previo, se han seguido rodando temporadas en las que, teóricamente, se acompaña a los personajes en su viaje por la adolescencia, mientras se incorporan nuevas tramas y personajes, y el mundo oscuro y la maldición del pueblo en el que, por más cosas raras que pasen, todos siguen viviendo, sigan haciendo de las suyas, aunque todo sea cada vez más forzado.

La cuarta temporada, teóricamente penúltima, se estrenó en dos partes, vayan ustedes a saber por qué, y sigue siendo tendencia en la plataforma meses después de la publicación de su capítulo final, que debe ser el motivo por el que aún no se han decidido a darle carpetazo por más que, perdónenme que les diga, esta última temporada viene a confirmar que, como serie, hace ya rato que murió de éxito.

Con el tiempo los defectos se han ido aumentando, y por más que la trama general sigue siendo resultona y entretenida, y los que la vemos queremos saber qué les ocurre a los personajes porque les tenemos cariño, nada justifica el continuar rizando un rizo que ya está quemado de tanto rizador, con capítulos larguísimos justificados por tramas secundarias que no aportan nada a la principal, un montón de secuencias de tránsito que podrían haberse ahorrado, conversaciones repetitivas con lo que explicar lo que no hace falta, y una lentitud en el desarrollo que, en momentos, llega a ser desesperante. Se ha terminado de sustituir la construcción del clímax por el efectismo, y por más que, al final, las secuencias de miedo funcionan, todo en medio es tan confuso e innecesario que a más de uno nos ha terminado cansando. Especial mención para sus dos últimos episodios, largometrajes seriados que podrían haberse recortado hasta una duración normal sin que nadie se hubiera perdido absolutamente nada.

La cuarta ya me costó ponerme a verla, porque me temía lo peor. No tengo claro si veré la quinta.

jueves, 28 de julio de 2022

... 1, ¡GRITA!

Scream (Wes Craven, 1996)


Y he aquí que llegamos a la madre del cordero, el motivo de todo este recorrido por una saga que, reconozcámoslo, tampoco merece tanta atención, pero que es, quizá, la primera película de terror posmoderna que llegó al mainstream.

En un pequeño pueblo de la profundidad de los EEUU, una chica se está preparando para ver una película de terror. Suena el teléfono y aparece un desconocido que parece haberse equivocado, pero que no para de llamar de forma insistente hasta que establece un juego terrorífico, y con trampa, del que depende la vida del novio de la chica. La trampa funciona y el novio muere destripado, para inmediatamente dejar de jugar verbalmente y comenzar la caza de la víctima inicial, que era ella, y que termina con una muerte espantosa que se nos muestra lo justo para que no le pusieran la clasificación aquella en la que no se podría emitir en casi ningún cine. Aparece después la protagonistas de verdad, cuya muerte es, en realidad la que se busca, hija de una víctima de asesinato a la que pretenden destripar coincidiendo con el aniversario del de su madre, llevándose por delante a todo lo que entorpezca el plan y a toda persona a la que la protagonista le tiene algo de cariño. Todo ello con muertes tremendas, mucho suspense y un final inesperado con resolución mínimamente favorable para nuestra heroína. Hasta ahí, lo normal. Pero lo importante, y lo verdaderamente interesante, es el tratamiento de la historia

Y es que Scream (la buena, la de verdad, la fetén), se disfrazaba de película de terror adolescente para, a través de la mirada de su guionista, un Williamson que explícitaba su intención de descomponer el género para recomponerlo después, es en realidad una sátira perversa donde la verdadera víctima es el espectador.. 

Desde la propia promoción, Scream juega con el que la ve. La actriz más famosa del elenco, reclamo publicitario fundamental, y a la que presentan como protagonista, es la primera víctima del juego del asesino (en realidad, la segunda víctima formal, pero la primera con la que se establece el juego previo al asesinato), dejando al respetable completamente descolocado, entre otras cosas para que no lleguemos a pensar que el villano es el que es, por más que durante todo el metraje se den pistas más que suficientes para ello, e incluso para pensar que tiene un colaborador necesario, también evidente desde el inicio. 

Williamson no tiene reparos en ponernos delante todos los tópicos del género, de forma mucho más profunda que los chistes habituales de quién es el primero que muere, diseccionándolos para entregarse de pleno a ellos, ridiculizándolos hasta lo risible (la amiga vestida de colegiala que intenta escapar del asesino por el peor sitio posible, las normas que no se pueden incumplir y que se incumplen sistemáticamente, el personaje de Dewey, policía bonachón, paleto y con tics exagerados, la reportera que se mete donde no la llaman y parece interesada en que la maten, los amigos muertos que se la sudan a los vivos una vez pasado el susto inicial...) a la vez que analiza la influencia del final de siglo, los medios de comunicación o la utilización del fandom.

Cuenta, además, con un Wes Craven que por momentos se homenajea a sí mismo, a Carpenter (las escenas de la comisaría podrían haber salido de Asalto a la comisaría del Distrito 13), a Hooper, a Friedkin o a Murnau, y que es suficientemente perro viejo como para poder rodar las escenas de tensión con solvencia y a la vez que se la sude todo muchísimo, tanto como para parodiar lo mismo que homenajea. 

El final es antológico, la ridiculización del móvil de los asesinos, unos adolescentes con mommy issues de manual, que son liquidados por una heroína que comienza a jugar con ellos tal y como ellos han ido haciendo todo el tiempo, y que pasa de ser una pobre víctima a una especie de Ripley que ni siquiera deja que el susto final, propio de todo este cine, tenga lugar.

Hacía mucho que no la veía y lo cierto es que el tiempo la ha tratado bien. Si ya saben lo que pasa, vuelvan a echarle un vistazo y miren más allá de los muertos. Es realmente buena.

miércoles, 27 de julio de 2022

... 2, ...

 Scream 2 (Wes Craven, 1997)


La secuela de Scream es, ante todo, una muy digna segunda parte, inferior sin duda a la original, no sé si quizá intentando cerrar el debate que ya la misma película propone acerca de la práctica inexistencia de segundas partes que mejoren las iniciales.

Atesora la mejor escena de toda la saga, ese inicio que sería parodiado (de forma brillante me atrevo a decir) en, creo, la segunda parte de Scary Movie, pero que cuando la vimos en el cine nos dejó petrificados (asesinato con público que, en el júbilo del fan, ni siquiera se da cuenta de lo que está ocurriendo hasta que ya es demasiado evidente), así como continúa intentando escudriñar los estereotipos del género, si bien pierde parte de lo irónico y se empieza a regodear en la autorreferencia. 

Lo metacinematográfico, que dará parte de los mejores momentos de la franquicia, comienza oficialmente con el estreno de la "Puñalada" original, basada en los sucesos de la primera, y cuyo estreno dará comienzo al derramamiento de sangre que no parará, con un patrón parecido al de su predecesora, hasta ese final en el teatro, donde todas las máscaras caen, y donde, de nuevo, vuelve a primar lo forzado, lo esperpéntico y lo autoparódico (la interpretación de la asesina como madre desquiciada es desternillante) que hicieron de la primera la joyita que algunos creemos que es.

Se toma más en serio de la cuenta durante todo el metraje, sorprende menos que la original (aunque no creo que pretendiera lo contrario) y tiene diálogos francamente vergonzantes. Pero aún así, guarda sorpresas, el ritmo es el correcto, no tiene prácticamente paja y otorga cierto significado (el final de la adolescencia oficial y el inicio del recorrido a la edad adulta, con la llegada de las responsabilidades por los propios actos) al recorrido que Williamson nos quiere enseñar. Me gusta, no voy a engañarles.

martes, 26 de julio de 2022

... 3, ...

 Scream 3 (Wes Craven, 2000)


El final de la historia del Scream original, con ya unos personajes que han pasado su etapa formativa y comienzan la edad adulta, los traslada a Hollywood, precisamente al rodaje de una de las secuelas de "Puñalada", la serie de slasher basada en los protagonistas, para cerrar la adolescencia de Sydney y que pudiera enfrentar la edad madura ya libre de peligros.

Wes Craven sigue dirigiendo muy bien, pero Kevin Williamson se desligó del proyecto (aparece como coguionista, pero parece ser que más a modo honorífico) y su falta se nota. Scream 3 es, con mucho, la peor de toda la saga, a pesar de los cameos, de hablar de las miserias de Hollywood y de situar la conflictiva (también hay que tener huevos cuando la producían los Weinstein) en una situación de abuso a una actriz. 

Es, quizá, la única en la que todas las pistas acerca de los posibles asesinos no orientan a él, cosa que, junto con el cameo de Carrie Fisher, es lo más destacable, el resto anda muy perdido e intenta dar unas explicaciones psicológicas más risibles que otra cosa. Al final, vuelven a aparecer los mommy issues como modo de explicarlo todo, pero ni el humor ni algún que otro asesinato más o menos original consiguen salvar los muebles. Por no hablar de que nuestros protagonistas están aún más torpes de lo que ya solían ser y que Sydney se convierte, por arte de magia, en una niñita desvalida, cliché del que, precisamente, huía su personaje como de la peste desde la primera película. 

Un despropósito comparado con los anteriores, muy superior a la mayoría de sus contemporáneas del género, por otra parte.

lunes, 25 de julio de 2022

... 4, ...

 Scre4m (Wes Craven, 2011)


Quizá queriendo tirar de una nostalgia que aún no había dado tiempo a desarrollarse, y coincidiendo con los diez años desde el estreno de su presunto final, Miramax quiso relanzar la franquicia haciendo una versión enfocada a los millenials que aún eran demasiado jóvenes cuando el estreno de las originales, pero que, por más que parece que gustó más que alguna de sus predecesoras, no tuvo el suficiente impacto para lograr su continuación.

La historia se retoma una década después de los acontecimientos de Scream 3, Sydney ahora es una escritora de éxito de libros de autoayuda, Gale se casó con Dewey y está más amargada de lo que ya era habitual viviendo en Woodsboro, y Dewey es ahora el sheriff del pueblo. No tiene otra cosa mejor que hacer la publicista de Sydney que organizar una firma de libros en su pueblo natal coincidiendo con el aniversario de todos y cada uno de los episodios anteriores, lo que da pie a que un nuevo par de asesinos comiencen a hacer de las suyas con tal de cargarse a nuestra protagonista, con el único móvil de lograr notoriedad ante el auge de las redes sociales.

Quiero suponer que esa mirada pollaviejista de la juventud del momento, a la que todo el guión va mostrando un desprecio más que evidente, fue parte del descalabro y de lo que iba a ser el fin de la serie, pero tampoco volquemos sobre ese único elemento la culpa del desastre, porque la película de por sí tiene mucha responsabilidad en ello.

Por más que el comienzo (ese chiste metacinematográfico que se repite para dar inicio al film) sea descacharrante y posiblemente lo mejor de toda la cinta,  hay que dar cierto crédito a Williamson por intentar reinventar la rueda y dar un marcado carácter paródico a determinadas situaciones, incluyendo un final que resulta casi hilarante. El resto del metraje, sin embargo, no deja de ser una concatenación de sustos más o menos previsibles, con una historia interna mínima, un discurso metalingüístico paupérrimo y lleno de obviedades y unas situaciones límites que llegan al ridículo. 

Termina siendo más larga de lo que debería y sobran la mitad de los personajes y situaciones. Pero para echar la tarde, la verdad es que entretiene, que es de lo que se trata.

domingo, 24 de julio de 2022

5,...

 Scream (Matt Bettinelli-Olpin, Tyler Gillet, 2022)


No sé si se habrán enterado de que Prime Video ha estrenado, dentro de su suscripción, el último producto de la serie del grito, sólo han hecho ochenta anuncios distintos para ello, pero ya está disponible para verla en sus propios domicilios, que es lo que este adolescente en los noventa hizo en cuanto se enteró.

La franquicia Scream surge como una rara avis dentro del cine slasher, a modo de trilogía conclusa donde, cine de terror adolescente mediante, realizar un estudio del desarrollo del mismo durante sus treinta años de existencia oficial, analizando sus esquemas y retorciéndolos a modo de relanzamiento, que, de hecho, salió muy bien. En lo que se convirtió no vamos a hablar ahora, porque no es lo que toca, pero sí que su influencia y éxito fueron tal que incluso llevaron a un intento de relanzar la propia serie a inicios de la anterior década, que no salió bien. Aunque de eso hablaremos mañana.

Hoy toca hacer una reseña de la última de las propuestas que se ha realizado aprovechando el tirón, y que, visto el éxito y lo mucho que ha gustado a los incondicionales del género, tiene toda la pinta de que acabará con la presunta trilogía que se anunciaba con ella, aunque no descarten que ese sea sólo el inicio.

Hábilmente, entre otras cosas porque los protagonistas originales ya están mayores para hacer lo que hacían en los noventa, lo que se hace en esta ocasión es una "recuela", término que la misma película ha puesto en valor, y que consiste en emular lo que ya se hizo con la última trilogía oficial de Star Wars: una secuela de las originales, pero reiniciando la serie con personajes nuevos (y, me imagino que si el espíritu es el mismo que el de la saga galáctica, cargándose poco a poco a los originales a modo de cierre).

La película funciona calcando, a veces hasta los propios planos, la película original. Los personajes son similares, hay una subhistoria nueva, porque de alguna forma tienen que estar relacionados los nuevos protagonistas con los antiguos, pero el esquema y el desarrollo es el mismo. No sólo son obvias todas las referencias (incluyendo metacinematográficas), sino que hasta la traca final se desarrolla en el mismo sitio donde terminaba el primer film, dejando claras sus intenciones y el homenaje que se quiere hacer.

Es divertida, en el sentido en el que puede ser divertida una película cuyo leit-motiv es encontrar a asesinos que se dedican a abrir en canal a gente, está bien rodada y los diálogos no dan demasiada vergüenza ajena, que ya es algo de agradecer en este tipo de producciones, y tiene momentos cómicos, no sé si voluntarios (la motivación de los asesinos, virgen santísima...), pero en el homenaje se olvidan de lo más importante de la película original, la auto-ironía.

Y es que, por más disfrutable que sea, el problema (y posiblemente el secreto de su éxito en los años venideros) pasa por ser una película de un género menor que se toma demasiado en serio. Entiendo que esa es su gran baza, dado al público que va dirigido, esa generación Z que cree haber descubierto la pólvora incluso a los que ya estuvimos allí (esos consejos que dan los supervivientes iniciales y que los listísimos protagonistas se pasan por el forro, consiguiendo, efectivamente, lo mismo que les advirtieron que iba a pasar) y que parece más preocupada en darle intensidad a cualquier cosa que en disfrutar de lo que le ponen por delante. Precisamente, de eso peca este film, busca tanto la trascendencia y  quiere ser tan lista que termina patinando. Será que pasé la adolescencia con las originales y, por tanto, no voy a ser yo quien vaya al cine a ver las nuevas películas, pero, personalmente, me gustan menos así.

sábado, 9 de julio de 2022

Veneciafrenia

 Veneciafrenia (Álex de la Iglesia, 2021)


Si algo ha caracterizado la carrera de de la Iglesia, desde luego, no ha sido la regularidad. Cosa que, personalmente, me entristece, teniendo en cuenta que el inicio de su filmografía fue brillante (si exceptuamos, precisamente, su debut en el largometraje, aquella Acción Mutante que no era más que un corto muy alargado, ya en estas páginas recogimos mi fascinación por Mirindas asesinas, El día de la bestia, Perdita Durango, Muertos de risa y La comunidad, y posiblemente sea uno de los directores de los que más se han hablado en estas páginas desde sus inicios) , pero al que el siglo XXI parece que se le ha quedado largo, artísticamente hablando.

Y no porque no sepa dirigir, los únicos momentos salvables de esta Veneciafrenia, precisamente, tienen que ver con su buena mano para el suspense, sino por lo errático de sus proyectos y, sobre todo, de la calidad de sus guiones, siempre en colaboración con su inseparable Guerricaechevarría, que siempre han sido su punto débil, y que en algunos casos, como el que nos ocupa, provoca más vergüenza ajena que otra cosa.

En Venecia aparece un asesino de turistas, cuyo disfraz conocemos desde la primera escena, y que parece tener relación con un movimiento popular en contra del turismo de masas que se está cargando la ciudad. A esto que llegan allí cinco post-adolescentes españolitos a hacer el cafre, coincidiendo con que es carnaval, y entre que ya los fichan desde el inicio y son el tipo de turistas al que no me extraña que cualquier camarero les escupa en las bebidas, se convierten en objetivo claro.

Parece ser que de la Iglesia quería hacer un homenaje al cine giallo, y no sé si entendió que para ello el guión tenía que no tener ningún sentido, los actores tenían que hacer todo lo posible por estar espantosos y no tener el más mínimo registro (bueno, siendo justos, Ingrid García-Johnson tiene tres) ni la más mínima evolución y todo se tenía que apostar al ambiente. Si es eso lo que pretendían, lo consiguieron. Lo de que eso se pueda considerar un homenaje, ya es otra cosa.

En fin, que entre una presentación del ambiente larguísima, que lo único que consigue es que deseemos con todas nuestras fuerzas es que los protagonistas mueran lo antes posible y con el mayor dolor y sufrimiento, el nudo se hace eterno y juega demasiado con la ingenuidad y buena intención del espectador, para llegar a una parte final donde, por fin, todo el dineral que se gastarían en conseguir esa fotografía tiene algún sentido, y de la Iglesia demuestra que sabe dirigir suspense, por más que todo lo que ocurre no tenga sentido ni en el más básico de los slashers. Y todo para, finalmente, revelar un plan que bien podría haber ideado cualquier malo de la Patrulla Canina y llevarnos a un final seudo-feliz, marca de la casa, sorprendente, ante todo, por lo anticlimático y por dejar muchas cosas en en tintero.

Resumiendo, si esta cinta fuera un Transatlántico de aquellos contra los que protestan los venecianos, no tendrían que preocuparse. Se habría hundido sin ni siquera haber avistado puerto.

jueves, 23 de junio de 2022

Little Monsters

 Little Monsters (Abe Forshyte, 2019)


Le acabo de poner un 7 en Filmin y no me lo explico. Entre otras cosas porque esta película, que me sorprende mucho que se presentara (creó que hasta compitió) en Sitges, no deja de ser una comedia romántica del subgénero “con niños” que cumple todos los clichés de todas las comedias de ese tipo. Con la única diferencia de que aquí añaden zombies al mejunje.

Un señor que  no soporta a los niños, porque él mismo todavía no ha superado su propia infancia, conoce a su sobrino y a otro montón de niños insoportables, se apunta de acompañante a una excursión con ellos para intentar ligar con la maestra, y pasan cosas que hacen que madure inmediatamente y se termine redimiendo, con final romántico feliz incluido.

Hasta ahí, todo contado de la misma forma que se ha contado mil veces, en un tono incluso más infantil de lo habitual, y sin mayor interés. Como el añadido inicial de los zombies, que es el conflicto que sirve para la redención de nuestro héroe, inicialmente, incluso, contado demasiado de forma family-friendly.

Pero en eso que al guionista le da por meter chistes de formas inesperadas, tanto visuales como verbales, con especial saña en el ejército estadounidense, que es el que lo lía todo y que pareciera sacado de Aterriza como puedas, para que en medio de toda ese producto predecible surja la sorpresa, la risa y varias escenas milagrosamente ingeniosas (toda la última parte de escape y salvación, incluyendo el bombardeo celebrado por los niños como fuegos artificiales justo después de un tiroteo que los ha aterrorizado, es inteligentísimo de puro absurdo), el poquito de gore (no es que sea gran cosa) llega en el momento más predecible, y a la vez, cuando ya habíamos perdido toda esperanza para ello, y, aunque se echa de menos, teniendo en cuenta lo alocado de la premisa, que esa locura se hubiera desarrollado más que la trama amorosa, me ha dejado con una sonrisa en los labios.

Será que con los años me he vuelto más ñoño.


viernes, 17 de junio de 2022

1984

 1984 (Michael Radford, 1984)


Tengo varios problemas a la hora de enfrentarme a valorar esta película, aunque quizá el más importante sea que mi cerebro decidió, allá por la adolescencia, fusionar esta obra con Un mundo feliz, y aún habiendo releído ambos en varias ocasiones, sigo confundiendo las historias una vez pasan un par de semanas desde que las termino. En ese sentido, y habiendo transcurrido mucho tiempo desde que volví a cualquiera de ellas, no creo ser la persona más indicada para hablar de lo fidedigno de su más famosa adaptación al cine.

En segundo lugar, y no menos importante, están mis propios prejuicios. He leído tantas cosas, y prácticamente ninguna realmente buena, respecto a ella, que he dejado pasar los años hasta que por fin me he decidido a echarle un vistazo. Y, para mi sorpresa, y sin entrar, como ya dije antes, en la adaptación, me he sorprendido para bien durante casi todo el metraje.

La primera escena, resumen del contexto histórico en el que se desarrolla toda la trama, me ha parecido una obra de arte. Apenas cinco minutos para encuadrar y describir un mundo hostil, opresivo y regulado por un totalitarismo alienante, al que no queda más remedio que adaptarse para sobrevivir, es el punto de partida del conflicto de una suerte de héroe que lo que busca, sobre todo, es una vida humana, una vida normal.

Es esa descripción, ese conflicto y la perpetua presencia de la vigilancia en forma del Gran Hermano (tanto en forma de pantallas omnipresentes como en el resto de equipos de la Policía del pensamiento, presentadas en ocasiones en planos casi pictóricos tenebrosos pero de composición impecable) donde están sus grandes bazas. 

El tono intimista inicial, donde prácticamente todo el texto son diálogos internos del protagonista, quizá peca de querer parecer arte y ensayo, no terminando de comprender las motivaciones del protagonista hasta bien entrada su historia seudo-amorosa con Julia, aunque a lo mejor era eso lo que se pretendía.

Sin embargo, la dificultad viene al final. Esa larguísima media hora, una vez descubierta la traición al Partido, donde se descubre hasta qué punto el poder falsifica a su antojo la información (incluso engañando a los que inicialmente tienen que falsificarla) para conseguir un mundo dominado donde todo esté bajo su propio control. 

John Hart está sublime. Richard Burton interpreta un último papel que le queda como un guante, pero ni entre los dos sostienen un desenlace que se antoja demasiado alargado y, a la vez, demasiado precipitado. 

Aún así, merece la pena. Aunque no recuerdo que el libro me haya dejado nunca tan mal cuerpo.

miércoles, 26 de enero de 2011

El maquinista

El maquinista (Brad Anderson, 2004)

Llevo tiempo sin intentar explicar una película sin decir nada y no tengo muy claro que me haya salido, así que debiera comenzar gritando ¡¡ATENCIÓN SPOILER!!, por si las moscas.


Que la
culpa ha sido una de las grandes inspiradoras de las artes es algo en lo que no cabe discusión alguna, y si alguien la quiere, le recomiendo encarecidamente que se repase cualquier obra de Dostoievski, por ejemplo, y luego me cuenta.
Claro que en el cine también ha dado, y muchas, grandes películas como la que nos ocupa. No es la primera vez que se trata el tema de la "locura" dentro del cine, ni necesariamente tiene que ser la mejor, entre otras cosas porque El maquinista no es, ni lo pretende, una película original.
Sólo dos años antes Cronenberg había hecho un acercamiento en la línea de lo que aquí hace Anderson en la magnífica Spider, y treinta años atrás Polanski había rodado, como antecedente directo de esta cinta, la espléndida El quimérico inquilino, cuento de terror a recuperar un día de estos. Pero el que tenga unos referentes (los dos primeros que me vinieron a la cabeza, que no los únicos) de la valía de estos no quita ningún tipo de mérito a lo que esta película consigue.
Mérito que va mucho más allá de la espeluznante transformación física de un Christian Bale más comedido que de costumbre, y que se concentra en dotar de veracidad la historia de terror en la que se va convirtiendo la vida del protagonista cuando la historia se repite.


Y en narrar esa historia desde la vivencia del la víctima en sus dificultades y en sus miedos, haciendo que compartamos con él ese mismo pánico a lo que piensa que le está ocurriendo.
Todo ello además sin que intuyamos, cosa que sólo ocurre hacia el final de la película, lo que realmente está pasando, en una construcción fílmica ejemplar de lo que debe ser una película de terror, sin escatimar sin embargo en el acercamiento necesario a la construcción psicológica y relacional de sus personajes no sólo como método intrigante sino como factor fundamental en el buen desempeño de lo que se nos cuenta.
Una película redonda, oigan.

viernes, 24 de diciembre de 2010

Recomendación navideña: A Serbian Film

A Serbian Film (Srdjan Spasojevic, 2010)


Me llena de odgullo y zatizfacción reencontrarme con mis compañeros bloguedos en eztaz fechaz tan zeñaladas y, como no podía ser de otra forma en este blog, aprovecharemos para hablar, no mucho, de la que probablemente haya sido la película más comentada de los últimos tiempos, empezando por un paso por Sitges que provocó protestas de todo tipo de asociaciones.
La visualización de A Serbian Film es una de esas raras ocasiones en que se hace necesario diferenciar claramente contenido y continente, y además no es demasiado difícil.
Esta película es, ante todo, un cuento de terror. Pero de un terror mucho más profundo del que pueden producir sustos, sangre y vísceras. Es una película aterradora en su fondo porque de lo que habla durante todo su metraje es de la conversión del mundo en pleno siglo XXI (me temo que, por más que el ejemplo se refiera a Serbia, desgraciadamente podemos hacerlo extensible a toda la supuesta civilización humana) en Esta
do feudal de algo tan superfluo como el dinero y el dueño de ese dinero.
Habla A Serbian Film de un mundo, al que no nos dirigimos, sino en el que vivimos, en el que "el que tiene el dinero hace las reglas" y que, por simple acuerdo económico, el llamémosle "empleador" tiene derecho a hacer todo lo que desee para los fines que desee con el "empleado".
Y cuando decimos "todo" nos referimos a las conductas más depravadas y abyectas que jamás he podido ver en una pantalla en una búsqueda desesperada de encontrar la excitación que el poder del dinero no puede dar, usando para ello los recursos que se hagan necesarios sin escatimar en drogas, coacciones, amenazas...
Se puede ver también, porque lo permite, como ese camino al que va conduciendo la actual filosofía seudo-hedonista (si los hedonistas de verdad nos viera
n renegarían de nosotros) que parece gobernar la cultura en la que vivimos y en la que la búsqueda del placer cuando ya los antiguos métodos que lo generaban dejan de proporcionar el suficiente por rutinarios, llevan a esos caminos de traspasar sistemáticamente todos los límites de la moral y la ética, y de la inmunidad que poseen los que pagan por ello (teniendo que expiar las culpas el que no dispone de esa cobertura).
Campo abonado para la disquisición acerca de la caída en picado de lo que hace al ser humano ser diferente del resto de animales, el pensamiento, y la conversión actual en animales que se guían casi exclusivamente por los instintos
(sexuales y agresivos, aun cuando estos consistan en la humillación y destrucción del prójimo como método de placer propio), A Serbian Film sin embargo falla, y estrepitosamente, en las formas.


Y no me refiero sólo al exceso sexual, de sangre, vísceras y violencia que parece haber sido la base última de la mayor parte de las críticas, me refiero a los personajes planos, a la planificación efectista, a la falta absoluta de ritmo narrativo que hace que nos aburramos como ostras hasta los tremebundos veinte minutos finales, a la reducción de todo el posible dramatismo al repaso último de lo acontecido en la vida del protagonista hasta que despierta en su cama manchado de sangre.
Pero si hay que reconocer que si hay algo que lastra la película de verdad es precisamente ese exceso de explicitud, y no sólo porque la visión de semejantes atrocidades puedan dar náuseas hasta al más curado de espantos, sino porque merma su capacidad de difusión y tiende a dejar todo el debate, como así parece que ocurrió durante su exhibición en Sitges, a los límites que a los que el cine no pornográfico puede llegar. Y créanme, esta película tiene mucha más tela que cortar que Saw VI... pero mucha más.
Y si no me creen, vean sola la última escena, que no revelaré aquí, la mejor de toda la cinta con mucho. Sin enseñar absolutamente nada y con sólo una frase produce más escalofríos que todo el resto de la cinta. Ni el mejor Haneke podría haberlo hecho mejor.

Eso sí, si alguien no quiere que lo vuelvan a invitar a comidas en navidad con la familia, no se me ocurre mejor forma que haciendo que hasta la abuela la vea. Pruébenlo y luego me cuentan.


martes, 25 de mayo de 2010

Bienvenidos a Zombieland

Zombieland (Ruben Fleischer, 2009)

La baja generalizada de la comedia mundial lleva a casos como el de Zombieland, considerada una de las mejores del año pasado y que, en condiciones normales, no debería pasar de mitad de la lista para arriba.
Zombieland es un divertimento correcto, con muchos aciertos en su revisión de la serie Z con presupuesto y medios, pero que no deja de fallar en algo tan simple como el desarrollo, alargado sin tino en una escena final tan innecesaria como aburrida y que además pierde (junto con otros momentos de amor adolescéntico) el tono cafre que daba el sentido a todo el circo anterior.
Pero no se puede negar que, pese a ello, Zombieland tiene toques de alta comedia, un cameo de Bill Murray que es de lo mejor que he visto en tiempo, un Woody Harrelson que se sale y unas matanzas divertidísimas a la altura de las mejores películas de Raimi o Jackson, igual de imaginativas resultan.


Todo ello en una de esas buenas películas que nos deja el cine palomitero de vez en cuando y que, inexplicablemente (o quizá no tanto por su supuesto disfraz de seudoterror), pasó por taquilla sin tanto éxito como el que hubiera merecido.
Aunque quiero dejar claro que merece la pena perder hora y media de la vida de uno en verla. Porque final aparte, pasas un rato estupendo... siempre y cuando no te asusten las vísceras.


jueves, 6 de mayo de 2010

Destrozando a... Alice in Wonderland

Alice in Wonderland (Tim Burton, 2010)


El que Burton realizara una película, supuestamente según creíamos su propia versión de los inmortales, complicadísimos y fascinantes libros de Lewis Carroll parecía buena idea.
Cuando nos enteramos de que Disney era la que financiaba el proyecto ya algo nos olía mal.
Cuando vimos las primeras imágenes retomamos la esperanza.
Pero yo la mía la perdí el sábado en cuento me enfrenté a ella en el cine y terminé con la sensación de que nos habían timado pero bien.
La cosa es que parece que Burton ha realizado una supuesta segunda parte (cronológicamente cercana a A través del espejo) de la película que sesenta años antes había realizado la factoría, tomando tan solo los elementos que no habían sido robados para ese primer proyecto del segundo (el más impactante, interesante y siniestro de los dos) libro sobre las aventuras de Alicia y construyendo una historia en forma de cuento que no tiene nada que ver con la obra de Carroll y que tan solo lo asemeja en cuanto a personajes y elementos comunes (algunos, leves, de los artificios lingüísticos que adornaban y daban sentido a toda la bella historia de hadas).


Que además se queda en la estética (fascinante, asombrosa e inquietante, sin duda lo mejor del proyecto) y el recorrido es lineal y aburrido (salvo ocasionales y muy celebradas muestras de humor, ciertamente lo único que podría hacer que el film pudiera ser salvado) es algo que no se esperaba de él.
Pero lo que personalmente me resulta realmente curioso es que siendo la segunda parte de una película que ha aterrorizado a los niños de varias generaciones, resulte más pobre, infantil y disneyana que la original.
Y eso a Tim Burton no se lo perdono. Como no le perdonaré nunca a Woody Allen la de Barcelona... y yo que creía que ninguno de los dos pisaría nunca esta sección...


viernes, 23 de abril de 2010

La caza

La caza (Carlos Saura, 1965)


Pocas veces en mi vida he sido testigo de un espectáculo tan estremecedor como el que nos mostró Saura hace ya cuarenta y tantos años. Y pocas veces ha sido tan evidente los muchos fallos que cometió la censura española dejando pasar obras supuestamente inocentes que, sin embargo, escondían una carga política mucho mayor que todas las que suprimió.
Porque La Caza es, ante todo, un espectáculo dantesco acerca de la vida en este país durante la dictadura franquista, La caza es un espectáculo de la degradación humana en condiciones de desigualdad, La caza es una de esas películas a recuperar para darse cuenta de que el cine español fue mucho más grande de lo que lo es ahora.


Y de que todos estos que se presentan como adalides del moderno cine patrio deberían volver a ver determinados clásicos para aprender como contar mucho con muy poquito... vamos que no hace falta reconstruir Alejandría y se obtienen muchos mejores resultados, sin comparación de hecho.


viernes, 12 de marzo de 2010

Nosferatu

Nosferatu (F.W. Murnau, 1922)

Versión libre del Drácula de Stoker, Nosferatu es uno de los pocos recuerdos (y qué recuerdos) que nos quedan de la etapa alemana de uno de los mayores cineastas de todos los tiempos y del posiblemente inventor del cine moderno.
El Conde Orlok, piedra angular, base y sustento de todo el film
y de muchos otros vampiros modernos, basa su llamémosle encanto, aterrador encanto, en la composición que realiza el mítico Max Schrek, actor cuyo misterio ha servido para alguna que otra película interesante... de la que no nos ocuparemos hoy.
La fascinación que produce se debe, ante todo, a las intensas apariciones del vampiro, ya sean en su castillo, ya en el barco, ya en la ventana de su casa en la ciudad, ya en la escena final, su aparición en sombras por la escalera, escena que ha quedado en los anales de la historia y que plasma la maestría del autor de este monum
ento cinematográfico que trasciende de la historia que nos contaba Stoker para enseñarnos parte de la supersticiosa e intolerante vida de la Europa en la que desarrolla la acción.


Nosferatu resulta portentosa visualmente y estremecedora en la mayor parte de su metraje, mesurado y rotundo, además de esbozar el desarrollo de las escenas en exteriores que marcarían definitivamente una era cuando rodara Sunrise, apenas cinco años después.
Siempre nos quedará la duda de lo que podría haber sido la carrera de Murnau si no hubiera fallecido antes de tiempo... claro que eso también sirvió para forjar su propio mito.


jueves, 11 de marzo de 2010

Destrozando a... Lobo

Lobo (Mike Nichols, 1994)

Tesis 1:
Jack Nicholson no puede sobreactuar más de lo que ya lo hace normalmente.

Antítesis 1:
Lobo.



Tesis 2:
Con buenos actores y buenos directores salen buenas películas.

Antítesis 2:
Lobo.



Tesis 3:
Si la gente va en tropel al cine, nunca se termina de olvidar la película.

Antítesis 3:
Lobo. ¿O es que alguien que no sea mi base de datos se acuerda de ella?