La ropa hace al hombre, y cuanto menos hombre hay más ropa hace falta.
lunes, 15 de junio de 2009
Frase de la semana.
La ropa hace al hombre, y cuanto menos hombre hay más ropa hace falta.
miércoles, 20 de mayo de 2009
Spider

Tenemos a un joven que llega a una ciudad. Su andar es lento, es el último en salir del tren que lo conduce allí. Busca una dirección que guarda en un calcetín dentro de sus calzoncillos, junto con otros objetos de valor para él. Encuentra la casa a la que se dirige y es recibido por una señora bastante desagradable. Allí conoce a algún que otro personaje extraño que le da consejos acerca de la gobernanta, que finalmente lo conduce a su habitación.
Vemos como esconde un pequeño cuaderno de notas en distintos sitios buscando el más seguro. Vemos como la única ropa que lleva en la maleta es un pijama a rayas demasiado parecido a los monos carcelarios antiguos, porque efectivamente está en una cárcel, en una cárcel de libertad vigilada adonde llega desde la efectiva reclusión en un manicomio, como se nos desvelará posteriormente. Vemos como se mueve por paisajes para él previamente conocidos, en los que Spider, sobrenombre puesto por su madre, la recuerda y la llora amargamente.

Vemos lo que pasa en la mente de ese hombre desde que era un niño, y cómo sus recuerdos van tergiversándose hasta llevarlo a la locura con una narración nada extravagante. Vemos el desarrollo de una esquizofrenia (porque esto si lo es) con todo lujo de detalles, incluidas las notas en ese lenguaje indescifrable y esa forma desestructurada y caprichosa de escribir, que conforman su intento de estructurar sus recuerdos para dar forma a lo que sucedió hace muchos años ya, y que lo llevaron a la pérdida del juicio. Vemos como en la cabeza de Spider todo se va engranando de forma que todo tiene sentido, incluso para nosotros, por más que haya algún momento en que sepamos claramente que las cosas no han sido así. Vemos como el niño descubre la sexualidad de su madre matándola (metafóricamente) por ello, y convirtiéndola en mujer (sexuada y lejos de su ideal), lo que aparentemente motivará el desarrollo de su enfermedad. Pero vemos también, lejos de argumentaciones simplistas, que ya el niño tenía problemas anteriormente.

Vemos una historia que nos esperamos desde el principio pero aún así no deja de sorprender al final. Y lo vemos todo porque Cronenberg se dedica única y exclusivamente a mostrar. Mueve la cámara alrededor del microcosmos que rodea a Spider sin artificios ni golpes de efecto. Cronenberg se maneja (y eso es lo que diferencia Spider de otras películas suyas que tratan el mismo tema) en lo real y consigue enseñarnos cómo se comportan sus personajes, como Spider mira el mundo que le rodea, con los mismos ojos que él, apoyándose para ello en unos estupendos actores y en un magnífico guión del autor de la novela del mismo título. Cronenberg hace cine de verdad, porque por más que quieran otros, el cine es guión, actores, y un director con talento para mostrar.
P.D.: hablando de locura, permítanme un poco de tiempo para volver a repasar El quimérico inquilino. Es otra que merece un hueco en estas páginas.
lunes, 6 de octubre de 2008
Videodrome
La gran pregunta por parte de los habituales sería: ¿qué va a decir nuevo de Cronenberg cuando no ha parado de hablar de él en los últimos dos meses? Pues poca cosa, me temo. Si que intentaré que esta sea la última hasta dentro de un tiempo, para poder renovar el repertorio.
Videodrome, puede que su primera gran película, es otra de sus cintas de cuando se dedicaba a cultivar el género fantástico, y con eso casi que se dice todo. Como buen autor, Cronenberg trata siempre los mismos temas y de la misma forma, consiguiendo sin embargo realizar films con identidad propia, menos parecidos de lo que a priori se esperaría.
En este caso Cronenberg apunta su discurso demoledor al mundo de la televisión, esa que los creadores de Videodrome quieren utilizar para controlar el pensamiento a través de una señal subliminal que produce tumores cerebrales que causan alucinaciones, y que están contenidas en cintas snuff que se ruedan en Pitsburgh. Renn (un guapísimo James Woods) será el encargado de retransmitirlas en la televisión a la que pertenece, una televisión que basa su programación en el sexo y la violencia y por lo que precisamente es la elegida para difundir el mensaje. Videodrome es la cría de cuervo que finalmente saca los ojos a su padre. Renn se ha dedicado a cultivar el germen que terminará con él.

Como en todos los universos de Cronenberg los personajes son siniestros, el mundo visual es inquietante y desagradable (demasiado a veces), nada es lo que parece, no hay buenos ni malos, la realidad se confunde con la ficción y no hay que fiarse de nadie. El periplo de Renn en busca de Videodrome y de su amante Nikki (Deborah Harry), esa a la que nunca amó, nos muestra todo lo que su autor trata en todos sus filmes. Y sobre todo el sexo... unido indefectiblemente al dolor y expresado de todas las formas posibles, aun en situaciones asexuadas, está presente con la misma o incluso más fuerza que en el resto de obras de Cronenberg, como forma de salvación, como esa vagina abdominal con dientes, el sitio donde guardar pistolas que nos llevarán a que sigamos adelante, aunque no sepamos hacia donde.
miércoles, 17 de septiembre de 2008
El almuerzo desnudo
Teóricamente está basada en el libro de William S. Burroughs. En realidad, tal y como avisó Cronenberg, lo está tan solo en cuanto a lo que a él mismo le interesó. Como yo el libro no me lo he leído, puedo opinar con tan sólo el visionado, liberando ese lastre tan odioso en las adaptaciones que son las comparaciones. Y tengo que decir que como película es fascinante.
Cronenberg realiza un estudio minucioso de la creación artística y su relación con las drogas a través de la historia de William Lee, un exterminador de cucharachas adicto a la heroína que terminará haciéndose adicto primero al polvo para matar cucarachas y después a un polvo extraído de un cienpiés acuático brasileño: “Soy adicto a una droga que ni siquiera existe” expresa en un momento de la película.
Asistimos ensimismado a su periplo vital en medio de la intoxicación permanente, en medio de la Interzona, un país musulmán al que se ve obligado a huir tras asesinar supuestamente a su mujer. Y digo supuestamente porque en esta película, igual que en otras de su director, la diferencia entre realidad y ficción es prácticamente inexistente. Y en esa ficción Lee ni siquiera se da cuenta de que es Burroughs, atrapado en el propio mundo de la novela que está escribiendo, El almuerzo desnudo, que ni siquiera reconoce cuando sus amigos se la leen. Un universo lleno de seres extraños, de personas que parecen estar destinadas a la soledad, de personas que no son personas, de máquinas de escribir que son insectos como las personas, de sexualidades cambiantes, de insectos que invaden la tierra... donde Lee es un agente que debe hacer lo que le mandan, sin saber muy bien qué es lo que está buscando y quién se lo manda... porque su fin último, y lo que finalmente le obliga es la consecución de la Carne Negra, esa droga que no existe gracias a la cual es capaz de convertirse en escritor, aunque sólo sea de informes en los que relata su vida y sus experiencias en ese mundo real que sólo existe en su intoxicada cabeza, y que Cronenberg nos muestra como él sólo sabe hacerlo, sin aspavientos pero sin censura, e impregnándolo todo de sexo, un sexo raro, extraño y ambivalente, donde la homosexualidad de Lee queda de manifiesto en base a las órdenes de las máquinas-cucharachas y de las altas esferas que le ordenan que sea “marica”.

Llevo media hora para escribir esto. Y es que estoy intentando dar sentido a lo que no se puede explicar. No porque no lo tenga, sino porque todo es tan complejo que tendría que hacer una reseña de tres páginas para poder explicar mínimamente la trama. Así que les recomiendo una cosa: si no la han visto, véanla. Ya están perdiendo tiempo. Y después me cuentan.
martes, 19 de agosto de 2008
eXistenZ
No se si podré ser breve. Con esta película creo que me va a costar, como con todo el cine de Cronenberg, otro de esos directores apasionantes y que algunos asociamos casi directamente con otro de los grandes, Lynch (¿o no, Justo?).
Quizá sea porque Cronenberg, igual que Lynch, tiene un universo personal, no transmisible, por el que, haga lo que haga, todo lo que filme sólo le pertenece a él. Y puede hacerlo rodando películas sobre óperas, intrigas de orden psicológica, estudios sobre la sexualidad o experimentos en lo fantástico, que es lo que intenta hacer aquí. Pero a diferencia de Lynch, y por eso Cronenberg gusta más, sus películas son aparentemente realistas, aparentemente coherentes y aparentemente, y sólo aparentemente en muchos casos, seguidoras de una trama más o menos lineal. Claro que aquí la linealidad brilla por su ausencia.
Todo parte del intento de asesinato de Alegra Geller (Jennifer Jason Leigh), creadora de eXistenZ, un juego futurista, último eslabón de realidad virtual, por medio de los “realistas”, un grupo defensor de la realidad real. Estamos en un futuro indefinido, estamos en un juego, eXistenZ, que está a medio camino entre la realidad y la fantasía, un juego que está a medio camino entre la vida y la muerte. Un juego cuyo receptáculo está vivo, una vaina proveniente de unos anfibios que se conecta a un “biopuerto”, herida en la piel en el que conectar a un sucedáneo de placenta, la vaina del juego, por medio de un cordón umbilical que dará vida a los jugadores, una nueva vida para aquellos cuya vida real no les satisface. Un cordón umbilical que da vida a quien no la tiene.

Haciendo énfasis en planos cortos que siguen definiendo y fotografiando el cuerpo como pocos pueden hacerlo, eXistenZ es, ante todo, una metáfora de la vida y de la muerte. De cómo empieza la vida y cómo se puede terminar con ella. Porque la vida en eXistenZ, como en la real, comienza con una penetración. Esa penetración en el cuerpo a través de la médula espinal para conectar el "biopuerto". Esa penetración por la que se nos inserta un cordón umbilical que nos dará vida, una nueva vida, por medio de una membrana que nos comunicará con la vida que uno quiere vivir. Y esa penetración que conlleva el sexo, ese sexo que está presente en todo el metraje de forma larvada y tiene su máxima expresión en la escena en que Jude Law, acompañante de Leigh en su huida de los realistas, queda fascinado por el biopuerto de esta e introduce allí su lengua, preámbulo claro de una tensión sexual dentro de la trama, y elipsis del acto sexual oral en sí mismo.

Aunque podríamos ahondar en mayores complicaciones inconscientes, en análisis de corte psicoanalítico, lo dejaremos para mayores profesionales, porque aquí se trata de dar retazos. Y porque, en realidad, e independientemente de todo lo que se pueda decir, lo más importante de cara al visionado de la película es que eXistenZ es un juego en sí. En una vuelta de tuerca a la metalingüística cinematográfica eXistenZ nos sitúa a los espectadores en el juego, ese mismo juego que se llama eXistenZ, dando vueltas a una trama que consigue que nosotros mismos lleguemos a un punto en el que, como los jugadores de eXistenZ, no podemos distinguir lo real de lo ficticio, la realidad de eXistenZ. Porque al final los que estamos jugando a eXistenZ somos nosotros.
lunes, 11 de agosto de 2008
Crash

Basada en una novela de J.G Ballard, cuenta la historia de un hombre, del mismo nombre que el escritor, James, casado con una guapísima mujer, Catherine (espectacular Deborah Kara Unger), dentro de una relación de pareja en la que logran excitarse sexualmente a base de relatarse sus relaciones extramatrimoniales con extraños. Así comienza lo que no deja de ser una historia de amor. Y es que estos dos personajes se quieren y siguen queriendo desearse, por más que para ello tengan que buscar alicientes en otras maneras de vivir el sexo.
Esas otras maneras llegan a entrar en lo perverso cuando, tras un accidente de coche de James, entran en contacto con un grupo de fetichistas de los accidentes y las cicatrices, cuyo líder, Vaughan, no deja indiferente a ninguno de los dos. Comienza así lo que ya había comenzado como un estudio de la sexualidad humana en una vertiente poco convencional y muy peligrosa, que levantó estómagos en su momento y los seguirá levantando más de diez años después.
Y es que todos nos podemos ver reflejados en esa búsqueda del placer que establecen todos estos personajes, por más que esa búsqueda sea sumergiéndonos en lo más profundo de nuestro inconsciente, allí donde los instintos campan a sus anchas. De ahí la fuerza y la capacidad repulsiva de esta cinta, que sin embargo Cronenberg rueda con elegancia y acertado sentido de la estética.
Coetánea de esa otra gran obra que es Carretera perdida, Cronenberg, al igual que Lynch, da una tremenda importancia al cuerpo. Pero mientras que Lynch lo utiliza de forma puramente estética, Cronenberg lo usa para que podamos observar lo mismo que fascina a sus personajes. Todo ello gracias a unos primeros planos que hicieron que más de uno se saliera de la sala de proyección (las piernas de Rossana Arquette son difícilmente olvidables), pero que permiten acercar una historia que, en manos menos hábiles, hubiera quedado más fría, mucho más agradable a la contemplación, pero mucho menos fiel a su contenido.

Quizá otra de las cosas admirables de esta película, pero que también contribuya a la creación de animadversiones, es que Cronenberg no juzga en ningún momento a los personajes. Eso es algo que muchas veces olvidan los directores. Cronenberg muestra, como una forma más de posibles interelaciones, las que se establecen entre todos los personajes, y nos deja a los espectadores la capacidad para decidir lo que nos parece, pero sin indicarnos en ningún momento lo que es o no permitible, y sin que podamos entrever en ninguno de ellos ningún rasgo de malicia que pueda hacer que los rechacemos. Y ahí está gran parte del poder de este film para lograr la identificación.
Y vuelvo a hablar de identificación porque, por más que lo neguemos, la hay. El sexo como instinto está unido a ese otro instinto fundamental que es la agresividad, y se pone de manifiesto en mayor o menor medida en una relación sexual que, en esencia, es agresiva, como demuestra el simple hecho de la penetración. Que en nuestra vida habitual la agresividad quede ahí o vaya a más es algo que decidimos nosotros de forma consciente, pero en lo fantasmático lo agresivo está unido a lo sexual de forma casi indisoluble. El problema lo podemos tener cuando lo unimos a lo sexual de forma consciente y no sólo como parte del acto, sino como forma de conseguir la excitación. Ahí es donde llega esta película, con toda la crudeza necesaria y sin ningún tipo de traba.
Puestos a realizar confesiones íntimas, aunque sean en base a conceptos teóricos, y a pesar de que se me pueda tachar de perverso, reconozco que la escena donde James penetra analmente a Catherine mientras ambos van comentando las fantasías homosexuales que a James le inspira Vaughan, me parece una de las escenas más eróticas que he podido ver nunca en ninguna pantalla. Y para que conste, dejo un fotograma.


