Si diez segundos antes de escuchar Criticar por criticar me hubieran dicho que dos años después iba a estar poniendo verde algo que hubiera hecho Fangoria me hubiera dado tal ataque de risa que no habría podido escuchar la susodicha canción y, por tanto, la decepción hubiera tardado algo más en llegar.
La historia de Fangoria comenzó con el desmembramiento de Alaska y Dinarama. Olvido Gara y Nacho Canut querían experimentar y Berlanga quería seguir haciendo novelas acústicas, o algo así se decía y se sigue diciendo. Los dos primeros formaron Fangoria y el tercero siguió carrera en solitario, haciéndose huecos pequeños en ambientes determinados, en el caso de Fangoria, como principales elementos de la electrónica patria, fundamentalmente dirigida a público gay. Era raro escuchar sus canciones más allá de Radio 3 o locales especializados, y comenzaron a ganarse un respeto que les ha durado mucho tiempo. Pero el por qué quizá lo trate otro día.
Con la enfermedad y posterior muerte de un Berlanga al que todavía le quedaba mucho por hacer, y, como si se hubieran liberado de un lastre, Fangoria comenzó a sonar en las radios comerciales (los 40 criminales, cadena 100-vivan los obispos...), sobre todo gracias a No se qué me das, una de las canciones más flojitas de un magnífico disco, Naturaleza muerta, pero que contaba con un ritmo bakala y un mensaje que la convirtió en objeto de culto de pastilleros diversos del país. La publicidad llegó con eso y volvieron a disfrutar de las mieles del éxito, esas mieles que habían hecho que Gara estuviera cada tres meses en Tómbola hasta que retiraron el programa. Se encontraban cómodos allí, por lo que se inventaron una triología "pop" y publicaron Arquitectura efímera, disco estupendo donde volvieron a los ochenta pero manteniendo la esencia de lo que era Fangoria.
He ahí que al manager y mujer... perdón, marido de Alaska, le ofrecen grabar un disco con las Nancys Rubias, proyecto seudotrash que en realidad esconde un afán de protagonismo desmesurado, consigue que Fangoria rompa su contrato con Subterfuge... y ya la hemos liado.
Desde el primer disco de las Nancys Rubias, y como protegidos de ellos, Fangoria y estas mamarrachas han sido un todo. Actúan juntos, graban juntos... y ahí es donde parece que ha llegado el final de lo que conocíamos. Como imbuidos en el mismo espíritu que el grupo de su mujer... marido, perdón, Olvido Gara parece que ha perdido el sentido, y Canut parece haberla acompañado. Lo que antes era metáfora, lo que antes era drama, lo que antes eran unas letras y unas melodías que transmitían dificultades existenciales, se han convertido en insustancialidad vaga y en intentos de profundidad sobre temas banales (para muestra el ya referido primer single, Criticar por criticar) que resultan más ridículos que otra cosa. Y con la autoproducción el sonido ha empeorado, y las remezclas son repetitivas, y los arreglos son cutres... y Fangoria perdieron el norte, perdieron el respeto, y se convirtieron en una caricatura de sí mismos. Y como el primer disco de las Nancys Rubias, El extraño viaje no he sido capaz de escucharlo entero sin echar mano de la analgesia.
Por si no queda claro, la culpa de todo la tiene el manager/mujer/marido de Alaska (táchese lo que proceda), un personaje que tiene claro que lo que quiere es que hablen de él, aunque sea mal. Lo que quizá se debieran plantear Gara y Canut es que ellos ya eran estrellas, y bastante respetadas, antes de que este hiciera su aparición musical, y que, por tanto, si alguien tiene que rendirse al otro, debería ser él. De todas formas, ante estas situaciones, sólo hay una palabra que me viene a la cabeza como solución: divorcio.
Por cierto, a Olvido y su mujer/marido les gusta Muchachada Nui, pues ahí tienen (para el que no lo haya visto, presten especial atención al regulador de egos):
