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domingo, 8 de enero de 2023

Rogue one: una historia de Star Wars

Rogue one: A Star Wars Story (Gareth Edwards, 2016)


Es interesante volver a ver Rogue one después de ver Andor, aunque yo lo hice por otros motivos, porque se entiende muchísimo mejor lo que ocurre en la película, incluyendo diálogos puntuales que parecne un intento sutil de remarcar ciertos aspectos desagradables, tan sutiles que no guardábamos siquiera memoria de ellos. Pero no nos adelantemos.

No me quiero extender mucho, porque no hace falta, no estamos hablando de Bergman. Pero no puedo asegurar que lo consiga, entre otras cosas porque esta es, con mucho, mi película preferida de la franquicia Star Wars (con permiso de The Empire Strikes Back), y además la mejor, en mi poco humilde opinión.

Y lo es, entre otras cosas, porque hace lo que la continuación de la original señala (y ya con eso nos volvimos locos dado el infantilismo del resto), que es dejar claro que existen matices, que la bondad y la maldad es relativa y nunca son absolutas, y que hay héroes que han tenido que ser villanos para poder realizar la heroicidad por la que se les celebra. No solo eso, Rogue one se aleja del canon de princesas, herederos, políticos y magos galácticos (que sólo aparecen en forma de cameos para unir la trama a la de la trilogía original) para centrarse en los verdaderos héroes, los olvidados, los que hacen el trabajo sucio para que luego llegue el Jedi de turno a rematar, cuando ya de ellos no quedan ni las cenizas.

La historia de la consecución de los planos de la Estrella de la Muerte, que llevarán a su destrucción en el presunto Episodio IV de la saga oficial, no sólo fue la primera de las películas off-canon, sino la que más se aleja de la superficialidad del resto de la franquicia, y la que más se acerca a lo que puede ser un desarrollo de personajes. Y a la vez es una película con una trama relativamente sencilla, con una estructura básica similar a las películas originales, y que, quizá, más se acerca al espíritu inicial de lo que presentaba George Lucas. 

Su tipo de final es inédito para este producto, no sólo siendo potentísimo por lo que cuenta, sino, sobre todo, por lo que significa la caída, uno a uno, de los salvadores. Ese es el tema central de la película, al final, lo terrible de la guerra por más que luzca divinamente en pantalla.  Porque Rogue One no deja de ser la película antibélica que del resto siempre se intuyó, y cuyo mensaje ha continuado con el paso a la pequeña pantalla de ese Cassian Andor que acompaña a la protagonista de esta historia, además de la saga del Mandaloriano y de Bobba Fett. Ojalá se dejen de Kenobis y sigan por este camino.


Andor

Andor  (serie de TV, Lucasfilm)

 


No sabía yo hasta el anuncio de esta serie que Cassian Andor, aspirante a coprotagonista de Rogue One, tenía una base de fandom tal y como para merecer una serie. A lo mejor, de hecho, no lo sabían ni siquiera sus fans hasta que Disney+ lo decidió, también podría ser, pero la cosa es que existe y (¡oh, sorpresa!) parecen haberse enfadado mucho con el desarrollo de una serie que, como consumidor del universo Star Wars es, con mucho, de lo mejor que se ha hecho en esta franquicia, ahí ahí con la primera temporada de The Mandalorian.

Empiezo a pensar que el personal no tiene muy claro lo que es una serie, y demanda estímulos continuos, con capítulos donde constantemente estén pasando cosas para estar todo el tiempo emocionados, despreciando el noble arte de contar una historia con sus tiempos, sus reflexiones y sus pequeños pasos para poder entender de lo que se trata, vomitando a boca llena su desdén en redes sociales, haciendo cuanto más ruido mejor porque entienden que así conseguirán que hagan su versión, la buena, la fetén, la que ni siquiera está en su cabeza pero los showrunners y guionistas tienen que adivinar, porque si no, ¿qué hacer?, ¿crecer?

Pero ese no es el tema, afortunadamente. El tema es reivindicar (tarde para los estándares del streaming, también es verdad) una serie que cuenta la historia de uno de los pocos personajes del universo Star Wars con aristas, y el cómo pasa de buscarse la vida como contrabandistas a ser un peón de lo que será la futura Rebelión, como todas ellas, nacida desde el pueblo e instrumentalizada por los poderosos, que no quedan en buen lugar, ni siquiera los presuntamente "buenos".  

Durante doce capítulos donde sí pasan muchas cosas (quizá no tan trepidantes como algunos esperan, pero, desde luego, mucho más lógicas que toda Obi-Wan Kenobi, por poner un ejemplo concreto) va construyendo a paso lento, pero firme, lo que será su capítulo final, el objetivo que se buscaba narrativamente, y posible inicio (si los números dan) para las siguientes temporadas.

Como la película de la que surge, Andor es más oscura, madura y tiene una visión más adulta de lo que nos está contando, lo que personalmente agradezco, que todo el resto de Star Wars. Por más que hay algún que otro giro extraño en el guión, todo tiene sentido para conducir al personaje principal adonde tiene que llegar, y Diego Luna, en ese sentido, cumple con creces.

Visualmente no se le puede poner un pero, lo que no sorprenderá a nadie, el resto del reparto cumple más que bien, y hay un par de personajes (los presuntos villanos) que tienen un recorrido que normalmente se les niega, y que auguran una prometedora continuidad. Ojalá las horas esas que miden les den para confirmar nuevas temporadas. Por más que haya fandom al que no les guste. Total, no les va a gustar nada...


domingo, 3 de julio de 2022

Obi-Wan Kenobi

 Obi-Wan Kenobi (serie, Disney+)


Lo de que la única preocupación de los dueños de la franquicia de Star Wars es seguir sacándole los cuartos a los fans, y cada vez les importan menos sus propios productos audiovisuales, es algo de lo que ya nos dimos cuenta hace más de veinte años, cuando estrenaron La amenaza fantasma, de la que ya dijimos poco bueno en este blog allá por 2009. El cómo, después de esas espantosas precuelas, la cosa ha ido todavía a peor me parece hasta meritorio.

Y es que, alguna otra producción digna aparte, todas fuera de la historia original (hablo de Rogue One o The Mandalorian), la progresiva infantilización del universo Star Wars (partiendo de que ya era infantil de base) se ha ido agudizando hasta llegar a este proyecto, que sonrojaría hasta a un niño de teta si no fuera por todo el halo publicitario que ha convertido en mítico algo que simplemente era un divertimento.

Pero empecemos por el principio. Obi-Wan Kenobi fue un personaje efímero, presentado como legendario, dentro de la primera Star Wars. Su relevancia en la historia era servir de puro detonante, y desaparecía pronto para no tener que dar muchas más explicaciones, 

Se convirtió en personaje principal de las precuelas, como maestro y, casi creador, del futuro Darth Vader, y en base a ello, desde hace años, se escuchaba la idea de un proyecto sobre el personaje. De hecho, se anunció primero una película al estilo de lo que se hizo con Han Solo, que, nunca se supo por qué, terminó guardándose en un cajón, y finalmente, hace un par de años, cuando ya sólo los muy fans lo esperaban, y supongo que a raíz del éxito de The Mandalorian, decidieron hacer una miniserie que explorara parte de su estancia en Tatooine al cuidado de Luke Skywalker, me imagino que por terminar de hilar algo (el encargo de cuidarlo que le hizo Padme en su lecho de muerte y su práctica desconexión de Luke al inicio de Star Wars) que tampoco necesitaba ser hilado, no vaya a ser que a la gente le de por pensar y, ya puestos, se den cuenta de que la trama de toda la historia es un colador.

Pues puestos al lío, contratan a un montón de gente de renombre (cuando veía en los créditos que uno de los guionistas era Andrew Stanton, director y/o guionista de algunas de mis películas favoritas de Pixar, incluyendo Wall-E,  me quedé atónito), supongo que para echar por tierra su reputación, visto el resultado.

Y es que ahí está el quid de la cuestión. Teniendo en cuenta que la serie no es más que una sucesión de escenas de “en el peor escenario posible, escapamos del Imperio” que ya hemos visto mil veces, sólo que aún más inverosímiles y peor rodadas, ¿para qué ese despliegue? Todo es un sinsentido con escenas de acción artríticas, muertos de los que nadie se preocupa en asegurarse de que lo están, y un plan de aniquilación, incluyendo a La Fuerza, que sólo se cumple de forma aleatoria, todo sea para estirar el chicle y conseguir no uno, sino dos encuentros Kenobi-Vader que terminan como si tal cosa.

En fin, enésima demostración de que haga lo que haga Disney con la factoría no va a tener mayor interés, parece una burla a los fans, con especial sadismo teniendo en cuenta la importancia del protagonista. Si aún les gusta algo de este universo, no pierdan el tiempo y revísense La remesa mala, serie de animación infantil que le da cien mil vueltas a esta. Al menos a los fans infantiles parecen tenerle algo más de cariño, no por algo serán los que terminen viendo las siguientes diez trilogías que se saquen de la manga.

Eso sí, debe andar rondando los cincuenta, pero qué guapo sigue siendo Ewan McGregor.