lunes, 20 de febrero de 2012

La vida mancha

La vida mancha (Enrique Urbizu, 2003)



Sirva este post, perdido como estoy por distintas circunstancias de este mundo bloguero que tantas alegrías siempre me ha dado, como homenaje al que es, y lo creo fervientemente, uno de los mejores directores en activo del cine español, ayer por fin premiado en los premios esos que tan poco crédito me merecen. 




Creo que ya he dicho más de una vez que de Urbizu me gustan hasta sus obras menores, pero elijo hoy esta no sólo porque sea la última que he visto de él, sino porque realmente estoy más que convencido de que es una estupenda película. 
En realidad el guión no viene a ser más que el de cualquier otro melodrama de desgracias que tanto se estila en estas tierras: dificultades económicas, adicciones, triángulos amorosos... ya los hemos visto antes y, quizá, demasiadas veces. 
La particularidad, o mejor dicho, la grandeza de La vida mancha es alejarse del melodrama lacrimógeno para narrarnos con absoluta seriedad la historia de un reencuentro  y las dificultades que genera en un seno familiar que no anda escaso de ellas. 
Serena y muy cruel cuando tiene que serlo, el alarde de sensibilidad que nos regala Urbizu es digno de los mejores maestros, mesurado, contenido y sin desperdiciar ni un solo plano en vacuidad sensiblera. 
Lo de menos son las incógnitas, lo de menos es a qué se ha dedicado el personaje que, tan espléndidamente, interpreta José Coronado (con el que, desde ya, me reconcilio), lo que realmente importa son las emociones que se ponen en juego en lo cotidiano, las decepciones, las soledades, los desamparos, las esperanzas. 
Lo que más importa de La vida mancha son escenas como la del camisón o el rasurado de barba. 
Lo que más importa es la vida.

martes, 25 de octubre de 2011

El balneario de Battle Creek

El balneario de Battle Creek (Alan Parker, 1994)



Alan Parker tiene el dudoso honor de ser uno de los directores mejor considerados que ha desarrollado una carrera más irregular. 
Producto probablemente de razones alimenticias, su trayectoria mezcla joyitas como The Commitments con productos menores y hasta con una adaptación de un musical de Broadway a mayor gloria de Madonna.
Entre esos productos menores se encuentra este The road to Wellville, comedia fallida que rodó a mediados de los noventa y que, sin embargo, consigue retenerse en el imaginario del que la ve con ciertas simpatías. 
Puede que sea por el mismo planteamiento del film, el hacer reír gracias a los excesos cometidos en aras de la salubridad, puede que porque le de a Hopkins el papel de llevar al absurdo sus excesos interpretativos, puede que por Matthew Broderick, que siempre nos cayó bien.


Lo cierto es que esta cinta, del todo irregular pero conseguida, mezcla gags espléndidos con chistes burdos con una poca vergüenza sanísima, lo que hace que le perdonemos en parte su falta de ritmo y su caída final en el aburrimiento para poder salvarla de la quema. 
Al menos yo.

miércoles, 19 de octubre de 2011

La reina Margot

La reina Margot (Patrice Chéreau, 1994)



Hay muchas cosas que tenemos que envidiar a los franceses, y una de ellas es su cinematografía, capaz de haber desarrollado un sistema al que en este país aspiramos (pero, me temo, nunca llegaremos) basado en crear de forma sistemática productos de entretenimiento dirigidos al gran público y con un mínimo de calidad (comedias aparte, que ya sabemos que en lo de las comedias los franceses son como son) para luego poder hacer películas autorales sin miedo a que las taquillas las destrocen. 
El caso que nos ocupa, sin embargo, entra dentro de otro de los grandes aciertos del cine galo, el aunar ambas propuestas. Porque a mi todo lo que he visto de Patrice Chéreau me parece de una calidad más que aceptable (cuando no llega, como en Intimidad, directamente a lo sublime) y con una capacidad de llevar historias a su terreno que no tienen todos los considerados autores. 
La reine Margot se basa en un libro de aventuras de Alejandro Dumas y, sin embargo, trasciende más allá de lo que pueda aparecer en él, precisamente, gracias a la lectura que Chéreau realiza de la historia. 


Ambientada en las guerras de religión entre católicos y protestantes de la Francia del siglo XVI y centrada en la Matanza de los Hugonotes, la historia romántica de la princesa Margarita (en la que se centra casi todo el metraje) con un soldado y las intrigas palaciegas urdidas por su familia para conseguir su matrimonio con Enrique de Borbón (y la renegación de éste del protestantismo) son transformadas por Chéreau en un fresco vibrante de emociones ante la adversidad que, además, es capaz de entretener y mantener la tensión durante sus (larguísimas) dos horas y cuarto de metraje. 
Que no es una película perfecta lo demuestra tanto la elección de una Isabel Adjani demasiado operada ya como protagonista, pero que aún así compone su personaje con un aplomo y resolución envidiable (el film le sirve de vehículo de lucimiento, si bien quizá no mereciera tanto), y que la historia romántica a la que tanto tiempo se dedica se hace prácticamente invisible por el poderío demostrado en el resto del libreto. 
Pero aún así merece la pena pasarse por un metraje espléndidamente planificado, con una producción que no debió escatimar en gastos para conseguir una ambientación que ya hubiera querido Díaz Yanes para Alatriste, y una lectura sentimental de relaciones político-familiares que me siguen recordando mucho, años después, a esa joya que es El león en invierno
Y Virna Lisi, por cierto, como Catalina de Médici, madre de Margarita y araña tejedora de la gran red en la que están atrapados todos los demás personajes del film, se los come a todos con patatas.
 

lunes, 17 de octubre de 2011

Frase de la semana

Are you sure
Do you want to live like common people?
Do you want to see whatever common people see?
Do you want to sleep with common people?
Do you want to sleep with common people like me?


Pulp, Common People (Different class, 1995)  



domingo, 16 de octubre de 2011

Nadie hablará de nosotras cuando hayamos muerto

Nadie hablará de nosotras cuando hayamos muerto (Agustín Díaz Yanes, 1995)


Más que por razones cinematográficas lo que motiva su elección para intentar volver a dar vida a estas páginas es su título.
Y es que cuando la muerte (en todas sus posibles variantes, no sólo como pérdida de vida) se hace presente, este acertado epígrafe con que Díaz Yanes bautizó a su primera película (y única decente) me viene a la memoria insistentemente.
Dado que esta entrada ha sido improvisada (y que, desde hace mucho, siempre tengo en la cabeza haber hablado de la mayoría de las películas que posteo por
más que el buscador de blogger me diga lo contrario), seré conciso.
Las virtudes de este film, especie de drama policiaco en ocasiones salido de madre, son bastantes pero en los mismos terrenos donde falla. Y es que, sintiéndolo mucho, yo a Díaz Yanes le veo más bien poco talento incluso en su redacción de guiones.


Nadie hablará de nosotras cuando hayamos muerto se muestra excesiva desde el inicio. Una historia desmadrada, donde se juega sistemáticamente con las humillaciones, vejaciones y dramas extremos sufridos por la protagonista principal, se mantiene, precisamente, gracias al exceso de la interpretación de Victoria Abril, contrapunto perfecto de las actuaciones de Bardem y Luppi (mesuradas, contenidas) y baza fundamental para dar credibilidad a un libreto que, de no haber contado con ella, quizá hubiera salido peor parado.
Porque la emoción desesperada que infunde Abril a la desgraciada Gloria es lo que mueve todo el film y lo hace avanzar a pesar de sus excesos.
Porque Díaz Yanes intenta dejarse de ejercicios de estilo y, por una vez, de pretenciosidades y se limita a narrar.
Porque cogemos cariño por personajes sencillos que sólo quieren salir adelante.
Porque no vamos a ser demasiado malos el día que volvemos.


[P.D. Estoy oxidado, lo sé. Dadme tiempo]

lunes, 18 de julio de 2011

Frase de la semana


Nos asociamos.
Nos conectamos.
Estábamos en todo,
éramos como esponjas.
Hablábamos en fax,
igual que los modems.
Parecíamos delfines,
discutiendo de modas.

Hidrogenesse Asociados (Hidrogenesse, Gimnàstica Passiva, 2002).

domingo, 17 de julio de 2011

Volviendo

Pues eso, que a ver si me da por empezar mañana a retomar este blog, que ya es hora, y me aplico un poco.
El formato pretende ser el mismo, pero como todavía no lo he pensado, informaré de posibles cambios.
De momento me voy a dedicar a leeros a vosotros, que tampoco es que me haya prodigado mucho en los demás blos últimamente.
Nos vemos por aquí.


lunes, 23 de mayo de 2011

Texto de la semana


Cuando todo parece que marcha mal,

ten en cuenta que puede ser que sólo lo parezca.
Por si acaso, quédate cerca de mi,
a mi lado.

Los Planetas, Mi hermana pequeña (E.P. Medusa).

lunes, 16 de mayo de 2011

Frase de la semana


Yo no soy como Bunbury, que coge cosas y no dice de dónde.


Pablo Carbonell en un concierto el viernes.

domingo, 15 de mayo de 2011

Mil cretinos

Mil cretinos (Ventura Pons, 2011)


El cine de Ventura Pons gana mucho (muchísimo) según el texto en que se base. Así sus mejores películas, con diferencia, han sido adaptaciones, tanto de obras de teatro como de relatos cortos, como ya pudimos ver en El porqué de las cosas.
Vuelve a recurrir en esta Mil cretins, de hecho, a Quim Monzó, para hacer algo que ya hizo antes en la película señalada y que sigue dando excelentes r
esultados no por su labor (más artesanal que otra cosa) sino por la carga tremebunda que tienen los cuentos del escritor. Y es que lo que nos ofrecen, la escritura de uno y la cámara del otro, es un magnífico compendio de la estupidez humana.
Gracias a una labor actoral espléndida y a una dirección sobria y con oficio, los textos de Monzó cobran forma mostrando, gracias a la imbecilidad o desesperación de los protagonistas de los mismos, no sólo la idiotez de los que participan, sino la miseria de la humanidad, que es capaz de ver atrocidades sin que se le remueva un pelo de su sitio.


En sus quince episodios estructurados en tres partes que compone el mismo escritor que protagoniza los últimos, Mil cretins va desbridando comportamientos absurdos hasta su más íntimo significado en un tono seudohumorístico que no solo roza, sino que abraza la crueldad para hacernos ver lo principal: que esos mil cretinos que expone el título somos nosotros mismos.