lunes, 31 de octubre de 2022

La escuela del bien y del mal

The School for Good and Evil (Paul Feig, 2022)


Llevo semanas leyendo artículos y/o pensamientos varios acerca de esa especie de nuevo orden de las cosas según el que todo se reduce a lo puro dicotómico, no sea que si se plantean todos los aspectos de una película, por ejemplo, tengamos que pensar si nos merece la pena.

Viene a colación para esta adaptación perpetrada por Netflix no porque genere dudas acerca de su calidad, ciertamente escasa, sino porque, precisamente, la base del conflicto que se genera tiene que ver con una separación dicotómica que, como no podía ser de otra forma, se revela no sólo como falsa, sino como perversa.

Quizá eso, por más que se desvele como una parte ínfima dentro de un metraje desmesurado, y los momentos de comedieta romántica adolescente, de haberse potenciado, podían haber salvado una cinta que, sin embargo, se decanta por la acción y el misterio de una historia que no tiene ni lo uno ni lo otro, a costa de unos efectos especiales justitos y de una dirección artrósica..

Por momentos parece un telefilm carísimo, la mayoría de los diálogos son vergonzantes y sólo los actores adultos parecen estar medianamente cómodos, como si estuvieran en una película distinta.

No es la peor película del año, ni la peor de Netflix, ni siquiera llegará al top 10 de lo peor que ha hecho la compañía en el año, por más que los titulares se empeñen en lo contrario. Es una película mediocre que podría no haber estado mal como entretenimiento, si se hubieran propuesto eso y no se lo hubieran tomado tan en serio.



jueves, 27 de octubre de 2022

Lightyear

Lightyear (Angus MacLane, 2022)



Pixar parece empeñado en querer reinventar la rueda que ellos mismos perfeccionaron, contándonos una vez tras otra la misma película que ya nos han enseñado un millón de veces. Y eso no necesariamente es malo, si la rueda funciona, ¿qué hay de malo en usarla? Pues, a mi modo de ver, que la película de aventuras perfectamente diseñada, con el discurso de lo sentimental como motor de todo lo bueno, ensombrece lo interesante de algunas propuestas, como la interesantísima reflexión acerca del paso del tiempo y los riesgos que esconde la obediencia acrílica con base ideológica.

Porque Lightyear es una estupenda cinta de aventuras, pero sería mucho mejor película si hiciera más caso a lo que cuenta que a hacer la comedieta aventurera familiar perfecta. Todo ello para que haya padres de familia que la boicoteen por una escena que dura, literalmente, un segundo, y que puede ayudar a que mucha gente termine de entender que hay familias que existen y van a seguir existiendo. Sólo por eso, merece un punto más.

miércoles, 26 de octubre de 2022

La momia

The Mummy (Alex  Kurtzman, 2017)


Supongo que intentando arrimar el ascua a la sardina del MCU, Universal intentó relanzar su Dark Universe, esa especie de universo cinematográfico de monstruos desarrollada por la compañía desde sus inicios hasta principios de los sesenta, olvidándose de sus remakes más exitosos y comenzando una nueva era “rehaciendo” esa maravillosa La Momia de 1999 (fantástica película de aventuras) en un aparente tono más oscuro y, supongo, ¿adulto?, y dando como resultado un despropósito descomunal que no terminó de descalabrarse en taquilla, pero que fue masacrada, con razón, por crítica y público.

De lo peorcito que ha hecho Tom Cruise en los dosmil, y tiene competencia, sólo los primeros treinta minutos de este bodrio son capaces de explicar el por qué ese relanzamiento se canceló hasta nueva orden. Las otras dos horas que siguen ya se ven por puro masoquismo. Qué espanto, virgen.

domingo, 23 de octubre de 2022

Community

Community (serie de TV, Krasnoff Foster Productions/Sony Pictures Television/Harmonius Claptrap/AGBO/Universal Media Studios)



Hace un par de semanas, justo después de que acabara de ver la serie, anunciaron, siete años después de su finalización, el proyecto de hacer la película de la que se hablaba en chiste más repetido en la serie, “seis temporadas y una película” y que, una vez acabado el producto televisivo, es lo único que parece justificar el alargamiento de una serie que podría, y debería, haber terminado, como mucho, en su cuarta temporada. Y me explico.

No creo que Community sea, ni mucho menos, una mala serie de comedia, entre otras cosas  porque no es exactamente una serie. Community es una comedia de situación en la que una serie de personajes que difícilmente encajan entre sí, se ven obligados, por su propio fracaso, a compartir espacio en una de esas desastrosas universidades públicas yanquis, a raíz de un intento de ligoteo que genera un improbable grupo de estudio que llega a centrar la vida de sus integrantes, y de la que todo el mundo quiere ser parte.

La gracia, sin embargo, es que la historia inicial es un mero pretexto para lo que realmente es lo más interesante de toda la serie, el homenaje que hace a lo audiovisual (la televisión, el cine, incluyendo el stop-motion y los videojuegos) y a su industria, y que lleva a centrar cada capítulo en una temática, que es en realidad lo que podría ser considerada de temática uniforme.

Porque, por lo demás, más allá del arrastrar a sus personajes por los más absolutos ridículos en las tramas más absurdas posibles (el paint-ball anual o la guerra con la Universidad Municipal son de traca), la fundamental línea argumental es la cabeza de Ahmed y su obsesión en vivir en una serie (de la que harían “seis episodios y una película”), por más que se aproveche para realizar críticas sociales brutales (cuanto más exageradas, más divertidas y efectivas) y se alerte de los peligros del sistema individualista/neocon, que dificultaron la propia producción de la serie, interrumpida en varias ocasiones, y cuya última temporada fue emitida directamente por internet, y todo gracias al mismo fandom que ahora ha conseguido que se vaya a terminar el proyecto.

El problema es que, por más divertidas que sean las primeras temporadas, la premisa absurda para empezar la cuarta y, sobre todo, la progresiva desintegración del grupo original (con la marcha de Chevy Chase y Donald Glover en la temporada 5, y de Yvette Nicole Brown en la seis), todo muy ligado aparentemente a las dificultades de producción (y de Chevy Chase con todo el mundo), la serie parece ir dando tumbos con tal de terminar sus seis temporadas, sin que los divertidísimos nuevos personajes sean capaces de compensar la falta. El que el resto de personajes principales se conviertan (si no lo eran ya) en caricaturas de ellos mismos (el tratamiento que se le termina dando a Brita me enervó personalmente) tampoco ayuda.

En todo caso, los muchos peros en los que parece que me he centrado, porque me ha salido así, no empañan una de las comedias más ingeniosas que he visto. Denle una oportunidad si aún no lo han hecho.


miércoles, 19 de octubre de 2022

Broadway Danny Rose

 Broadway Danny Rose (Woody Allen, 1984)


Parece que últimamente hay que pedir perdón por ver el cine de Allen, pero no será este espacio desde donde se haga, porque aquí se le tiene respeto al cine e interesa relativamente poco la vida de los que lo hacen. 

En ese sentido, negar la genialidad de prácticamente todas las comedias hasta finales de los 90 de un personaje que, especulaciones aparte, nunca me ha resultado simpático, no es algo que me plantee, y mucho menos de esta pequeña joya que no recuerdo haber disfrutado hasta hace poco.

Danny Rose es un representante de artistas improbables, absurdos y difícilmente representables, cuya entrega hará que se vea inmiscuido en un lío de faldas de su representado más importante, terminando perseguido por la mafia de New Jersey, para ser finalmente traicionado por su representado y la amante de éste, origen de todos sus problemas con la cosa nostra

Allen aprovecha su talento para la comedia irreverente y los gags visuales, además de a una Mia Farrow cambiadísima y que pocas veces estuvo mejor, para realizar su particular homenaje al mundo del show businnes americano, y especialmente a los cómicos que se dedican a ello, que estaba empezando a ser devorado por la publicidad y el mainstream. 

Todo ello en una película de noventa minutos, porque no se necesita más, de situaciones absurdas, familias patológicas, estafadores de distinta calaña, diálogos endiablados que se superponen entre ellos, y todo con un ritmo envidiable que sólo cesa para que cojamos resuello entre carcajada y carcajada.

Si no saben separar al autor de su obra, no la vean. Aunque se perderán una de las mejores comedias de los ochenta.

lunes, 3 de octubre de 2022

La marquesa

La marquesa (serie de TV, Komodo Studio)



No tenía el más mínimo interés en ver el enésimo blanqueamiento de la fundamentalista católica hija de la Preysler, pero tras leer un par de artículos ensalzando sus virtudes, con los que estoy bastante de acuerdo, me animaron a ello. 

Empecemos por decir que a mi la niña esta me interesa nada, y la serie no deja de ser un megareportaje publicitario de las marcas que la patrocinan, incluyendo la que le ha regalado su pedazo de ático nuevo en Puerta de Hierro, pero en realidad a eso es a lo que menos importancia se le da.

La serie, en realidad, es una autoparodia, posiblemente en contra de la voluntad de su protagonista, de una niña rica, de su familia, de su “padrastro” intelectual, de sus aficiones, de sus creencias y de la superficialidad en la que se mueve todo ello, con la pretendida excusa de la “espontaneidad” de la protagonista (sus caras a la producción son memorables), aunque salvo el capítulo dedicado a su religión (las tomas rezando parece sacadas de cualquier sketch de los Monty Python), la edición no es tan bestia como podría.

Al contrario que en Salvar al Rey, lo bueno de esta serie es el cómo lo cuenta, una pena que lo que cuenta no tenga interés alguno salvo que seas una cotilla reconocida, como el que firma esto.

domingo, 2 de octubre de 2022

Salvar al Rey

 Salvar al Rey (serie de TV, Campanilla Films/Producciones Mandarina/HBO España)


La premisa es buena, el resultado no tanto. Salvar al Rey es una mini-documéntales-serie de apenas tres capítulos donde se hace un recorrido por el reinado de Juan Carlos I y lo que todos los poderes de este país se han esforzado en ocultar de sus miserias, todo, supuestamente, por el bien de Ejpaña.

Mirándolo con cierta perspectiva, lo que nos presentan viene a ser un heredero de una monarquía rancia, cuya decadencia a lo largo de los últimos dos siglos no ha impedido nunca que se crean por encima del bien y del mal, que es elegido por un dictador que también se creía elegido por designio divino y cuya dictadura,  como todas, se sostenía en una red clientelar corrupta, que el nuevo monarca adopta como fórmula de obtener una riqueza a la que cree tener derecho. Un privilegiado legalmente que incumple sus deberes a su antojo, conocedor de ese privilegio, más preocupado por su propia líbido y de sacar tajada que de las obligaciones que le dan derecho a su estatus, y al que no le pasa nada antes porque todos se preocupaban de que no se notara, cuando no nos lo vendían como el salvador del país.

Por tanto, lo que nos cuentan no es nada nuevo para el que haya visto con cierta frecuencia un informativo, por más que haya muchos rasgándose las vestiduras por haberse dado cuenta ahora de que vivimos en un país de pandereta. Se aportan algunos datos, muchas anécdotas sin mayor importancia, y se ignora o se pasa por alto temas importantes y más graves que un par de amenazas (ni nombran el caso de Sandra Mozarowky, la implicación en el 23F se presupone por una conversación, pero se habla de ello de pasada y no se aporta ni un solo dato…), y ese es uno de los problemas del documental, que lo único que hace es medio ordenar lo que ya se sabía sin que salpique demasiado, no vaya a ser.

La estructura es desordenada, se centra demasiado en los casos conocidos (Bárbara Rey y Corina son casi más protagonistas que el propio rey) y el tono es chapucero, por más ambiente lúgubre que presenten. El retrato se queda a medias y parece más orientado a vanagloriar a los que se intentaron poner puertas al campo intentando, realmente, salvar al propio rey de sí mismo, y salvar a los que consiguieron que abdicara, especialmente a su hijo, realizando ellos mismo el salvamento que se critica del emérito.

No deja de ser interesante, no sé si me habré expresado bien, pero parece que tienen miedo a profundizar, cosa que hace sospechar todo lo que habrá debajo. A medias me quedo. Veremos si algún día alguien se atreve.

domingo, 25 de septiembre de 2022

La perdición de los hombres

 La perdición de los hombres (Arturo Ripstein, 2000)

 

 

No recordaba haber visto esta película, por más que ya al inicio me sonaban todas las imágenes y diálogos, y sigo sin recordar haberla visto por más que lo hubiera hecho cuando se estrenó. Quizá debido a que, pasados los años,  mi lectura de ella debe haber sido completamente distinta a la primera vez que la vi, lo que no es malo, por otra parte, creo que ahora la he conseguido entender mejor.

Estructurada en tres actos y un epílogo, la película comienza con el asesinato de un hombre a manos de dos conocidos, que lo llevan a su casa, lo amortajan y lo velan, debatiéndose entre el respeto al muerto y la rabia que les producía su comportamiento, llegando finalmente a robarle unos botines de serpiente que eran su única posesión de valor. Son esos asesinos los que verbalizan en varias ocasiones, durante ese primer episodio, que la motivación del asesinato tiene que ver con "las mujeres", tal y como canta el corrido mejicano, premisa de la que, se nos da a entender, trata el film. 

En la segunda parte vemos a las dos mujeres que han supuesto "la perdición" del muerto en comisaría, ambas con hijos de él, y que se pelean por el cadáver, como una especie de reconocimiento de su familia como la verdadera. Se centra la atención en una de ellas y su hija adolescente, la primera mujer del hombre, una aparente miserable que parece estar más preocupada por las posesiones (incluyendo el cadáver, pero también los botines de serpiente robados) que por cualquier otra consideración que tenga que ver con la pérdida y que, finalmente, será agraciada con el cadáver, para cuyo traslado le permiten la ayuda de un detenido, ni más ni menos que uno de los asesinos, que ha terminado en el calabozo por cualquier otra cosa. 

En el tercer acto se nos muestra el traslado a su casa del cadáver, y cómo, tras reconocer la mujer los botines que lleva el asesino, sale todo a la luz, llevándose por ello varios golpes, teniendo que devolver del botín y enfrentándose al dolor de la viuda y a que esta le haga consciente de su responsabilidad y sus errores. 

Posteriormente, y a modo de epílogo, Ripstein y Paz Alicia Garciadiego, nos muestran la vida del hombre y los acontecimientos que lo llevan a su muerte, contradiciendo la letra del corrido que no para de cantarse durante el metraje, y demostrándonos que le perdición del hombre (al igual que la de su asesino) sólo tiene que ver con el egoísmo y la estupidez.

 Patricia Reyes Spindola está soberbia, como de costumbre, en esta tragicomedia macabra en la que, sin embargo, sobra un epílogo demasiado largo que no aportaba mucho más de lo que ya se hablaba en el tercer acto, y además hubiera podido resumirse muchísimo con el mismo resultado y sin que terminara provocando esa sensación tediosa con la que concluye. 

Me recuerda mucho al cine mexicano más "social" de Buñuel (la gestión de la miseria, como en Los Olvidados), aunque por momentos el ambiente opresivo sea parecido, también, a El ángel exterminador, si bien Ripstein no pierde sus señas de identidad (esos planos secuencias larguísimos), y nos da una versión más moderna de una sociedad que, tal y como la presenta, continúa viendo como miserable y profundamente machista.

Me alegro de haberla vuelto a ver.

martes, 20 de septiembre de 2022

Banda aparte

 Bande à part (Jean-Luc Godard, 1964)


No hay mal que por bien no venga, y la reciente muerte de Godard ha servido para que recordarme que, a pesar de ser uno de los movimientos cinematográficos más influyentes de la historia, la nouvelle vague francesa casi no ha pasado por mi educación cinematográfica.

Me he dispuesto, por tanto, a intentar mitigar esa falta, y para ello he decidido empezar por una película de la que llevo años escuchando maravillas, y que puedo decir, sin lugar a dudas, que, como el resto de cine que he visto de aquella ola, no es la mejor opción para ver después de un día de intenso trabajo.

Modernísima, incluso ahora, Godard adapta una novela estadounidense como aparente forma de hacer un homenaje al cine negro, aunque a mi difícilmente me lo parece. La historia comienza con un coche recorriendo los suburbios de París en busca de la casa de Odille, una chica a la que Franz ha conocido en clases de inglés, y donde vive al cuidado de una pareja mayor que esconde mucho dinero, según Franz le cuenta a Arthur. Arthur seduce a Odille, a pesar de no querer nada serio con ella, traicionando a Franz, enamorado de la joven, a la que, a la vez, convencen para que les ayude a robar la fortuna que esconden sus hospederos. Odille se muestra ambivalente, aunque finalmente accede al plan inicial, que tendrán que cambiar en el último momento por varias circunstancias, llevando a un final seudotrágico, disfrazado de falso final feliz en el último momento.

Bande à part es otro de esos ejemplos de que Lars von Trier no sólo no inventó absolutamente nada cuando se sacó de la manga aquello de su proyecto Dogma, sino que hubo otros que lo habían superado con creces mucho antes de que él ni siquiera supiera que quería rodar cine.

Me gustan mucho alguno de sus hallazgos formales, la estructura casi teatral de algunas escenas, incluyendo movimietos coreográficos, no entiendo, por más que me hayan fascinado, algunas de las ocurrencias estructurales, y puedo entrever el aire de novela negra de lo que, a mi modo de ver, es la historia de tres jóvenes que se encuentran y quieren disfrutar de la libertad que les concede la juventud, pasando por alto su propia inexperiencia. 

Personajes que se definen completamente en poco más de unas líneas de diálogo y cuatro acciones concretas, varios aparentes fallos de racord perfectamente buscados, primeros planos espectaculares y una mímica que recuerda al cine mudo, un breve paso al color, en medio del blanco y negro, y la escena del baile... me ha dado más de lo que esperaba, por más que todavía no lo haya terminado de digerir.

viernes, 16 de septiembre de 2022

La Reina

The Queen (Stephen Frears, 2006)



Aprovechando la muerte de la recién fallecida reina más longeva de Europa, en La1 volvieron a emitir una cinta de aparente homenaje a la vez que justificación, y que le valió a Helen Mirren un más que merecido premio de aquellos del copyright.

Volví a verla porque me pilló de paso sin otra cosa que me atrajera más, y porque con las películas de Stephen Frears siempre me pasa lo mismo, me gustan.

La cinta gira en torno a una especie de fantasía de lo que le debió ocurrir en aquella semana horrible para la monarquía británica en la que murió Ladi Di, y la monarquía siguió queriendo ser la misma monarquía de siempre en un mundo que ya no era el mismo, y que teóricamente les exigía otra cosa, por más que al final el espíritu británico haya terminado imponiéndose.

Puede que lo mejor de la película sea la interpretación de Mirren, soberbia, pero por más que no sea, quizá, una gran película, me resulta muy interesante la escasa conmiseración que se tiene no sólo con los miembros de la familia real, sino especialmente con los políticos laboristas, aunque terminen salvando tanto a la Reina como a Tony Blair. 

Estamos ante una película muy británica,  con un tratamiento más parecido a las cintas noventeras de revoluciones irlandesas que a la grandilocuencia de un aparente homenaje a la figura real, posiblemente buscada y que aparece como natural en esta mirada, posiblemente más simpática de lo que merecía, al cargo real y a la carga que eso conlleva. 

Siempre he pensado que Frears sabe hacerlo muy bien. No deja de ser un artesano, pero un artesano listo y muy hábil, tanto como para saber transmitir la dureza autoimpueata en esa preciosa escena del ciervo, la única en la que la Reina llora amargamente, en un momento ya de gota que colma el vaso, de espaldas a la cámara y a la que alegra la vista del animal al que intenta salvar, igual que lo está intentando con su imagen.

Como ya he dicho, no es una grana película, quizá, pero me gusta.