lunes, 31 de mayo de 2010

Texto de la semana


Genio y figura tienen las palabras... algunas de ellas... sobre todo los verbos, que son muy orgullosos... Con los adjetivos puede uno hacer lo que le de en gana, pero no con los verbos... Sin embargo ¡yo los voy a meter en cintura!¡Impenetrabilidad!¡Es lo que yo digo!


Humpty Dumpty en A través del espejo.

sábado, 29 de mayo de 2010

No se cómo te atreves

No se cómo te atreves (Los Planetas, Una ópera egipcia, 2010)

Lo han vuelto a hacer. Cuando creíamos, sobre todo tras escuchar Cuatro Palos, el supuesto adelanto, que este nuevo disco iba a ser una continuación de La leyenda del espacio, J y los suyos reinventan su reinvención del flamenco para volver a cambiar rotundamente sin que parezca otra cosa que ellos.
Este primer single que cantan con La bien querida, es una maravilla a la altura de sus mejores canciones.



Y el videoclip (que youtube no me deja insertar, pero podeis ver aquí) es espectacular.

P.D.: Sigo siendo fan (o casi) a mis años...


jueves, 27 de mayo de 2010

Bwana

Bwana (Imanol Uribe, 1996)


O el vivo ejemplo de que para hacer una película no es suficiente con buenas intenciones. Y ya no digamos para hacer una buena película... que por lo visto hubo gente a la que se lo pareció, tanto como para darle la Concha de Oro en San Sebastián (ax aequo con otro truño bienintencionado).
A mi no, a mi me pareció una patata aburridísima, evidentísima y superficial. Por muy bueno que estuviera el negro.

P.D.: Tenía pensado, desde hacía tiempo, que este jueves lo dedicaría a poner verde la última temporada de Lost... pero como me reconcilié con el impresionante último capítulo, he tenido que improvisar. ¿No se ha notao mucho, verdad?


miércoles, 26 de mayo de 2010

Todos dicen I love you

Todos dicen I love you (Woody Allen, 1996)


Corrían mediados de los noventa cuando la carrera de Woody Allen empezaba a cuestionarse, a pesar de la interpretación de Mira Sorvino en Mighty Aphrodite. Y como si estuviera dando los últimos retazos de lucidez y de coherencia, osaba terminar la más valorada y regular parte de su filmografía con su homenaje al musical (y con su última sesión de psicoanálisis posteriormente, me sigue encantando Deconstructing Harry).
Sigo sin ser excesivamente entusiasta con ese género, que en general me aburre soberanamente, pero como en otros casos escepcionales Everybody says I love you me encantó.
Es Allen en estado puro, con su ambivalencia hacia las mujeres, su crítica al judaísmo, su discurso político desencantado, su nihilismo vital, pero mucho más alegre, mucho más optimista y con el toque kitsch justo que a un musical de los cincuenta se le presupone.


Sus ciudades favoritas (y sus rincones preferidos de ellas) realzan el carácter casi de cuento de las mismas historias de amor que sirven de hilo conductor a sus preocupaciones habituales, y el elenco es más de lujo que nunca (incluyendo un pequeño y maravilloso papel hasta para Julia Roberts).
Divertida como sus mejores obras, y ácida también como todas ellas, Allen homenajea un estilo sin llegar a perder el suyo, cosa que luego pocas veces más ha podido repetir.
Y la historia del hijo republicano de la pareja demócrata que recupera la "cordura" cuando desaparece un trombo en alguna arteria cerebral... qué grande que es Allen cuando quiere, señores.


martes, 25 de mayo de 2010

Bienvenidos a Zombieland

Zombieland (Ruben Fleischer, 2009)

La baja generalizada de la comedia mundial lleva a casos como el de Zombieland, considerada una de las mejores del año pasado y que, en condiciones normales, no debería pasar de mitad de la lista para arriba.
Zombieland es un divertimento correcto, con muchos aciertos en su revisión de la serie Z con presupuesto y medios, pero que no deja de fallar en algo tan simple como el desarrollo, alargado sin tino en una escena final tan innecesaria como aburrida y que además pierde (junto con otros momentos de amor adolescéntico) el tono cafre que daba el sentido a todo el circo anterior.
Pero no se puede negar que, pese a ello, Zombieland tiene toques de alta comedia, un cameo de Bill Murray que es de lo mejor que he visto en tiempo, un Woody Harrelson que se sale y unas matanzas divertidísimas a la altura de las mejores películas de Raimi o Jackson, igual de imaginativas resultan.


Todo ello en una de esas buenas películas que nos deja el cine palomitero de vez en cuando y que, inexplicablemente (o quizá no tanto por su supuesto disfraz de seudoterror), pasó por taquilla sin tanto éxito como el que hubiera merecido.
Aunque quiero dejar claro que merece la pena perder hora y media de la vida de uno en verla. Porque final aparte, pasas un rato estupendo... siempre y cuando no te asusten las vísceras.


lunes, 24 de mayo de 2010

Lost

Lost (ABC, 2004-2010)


Ya llegó a su fin. Todos lo estaban esperando, algunos desde hacía seis años y otros (como yo), desde hacía pocos meses. Y el final ha defraudado a casi todos. Pero a mi es, con mucho, lo que más me ha gustado de toda la serie. Pero empecemos por donde hay que empezar.
Desde la primera temporada, esa a la que tanto nos costó engancharnos a algunos, Lost ha sido una brutal tomadura de pelo. Y no lo digo en sentido peyorativo, ojo.
Lost
es el invento de unos guionistas que, en poco tiempo, idearon todas y cada una de las líneas argumentales de las seis temporadas de una serie que nacía, desde el inicio, para jugar con el espectador.
En tono entre dramático y terrorífico se nos acercaba al inicio de este mito televisivo (porque lo será) a los supervivientes de un accidente aéreo en mitad de ninguna parte mientras se nos daban los retazos justos de una vida anterior para que nos diéramos cuenta del motivo que los llevó a La Isla, y que fue (falsamente) desconocido para muchos hasta que Jacob lo dijo en el antepenúltimo capítulo.

A partir de ahí esos mismos guionistas jugaban con el tiempo, el espacio y los muertos que no lo estaban para construir un artilugio de apariencia complicadísima pero que en realidad era más simple que el mecanismo de un botijo, como bien se ha visto en este capítulo final.
Todo consistía en deslabazar la historia en distintas líneas argumentales, ir añadiendo personajes (para luego cargárselos) y que todo confluyera en un mismo punto, ese que era el leit motiv de toda la historia: descubrir qué era La Isla y por qué tenían que estar allí.
En medio viajes, idas y venidas y un cartel de personajes que englobaban todos y cada uno de los defectos humanos, detestables en la mayoría de los momentos (ese Jack Shepard ha sido odioso hasta el final) pero humanizados en el sufrimiento que los mantenía juntos y que conseguía las más increíbles alianzas, como en las mismas guerras que mantienen todos ellos.
Juegos de luces y sombras que desconcertaban a la gente que quería respuestas y que pretendían solucionarse en una sexta temporada en la que se han desvelado muchísimos secretos que ya intuiamos y no se ha terminado de ver lo que más inquietaba, aunque también sabemos lo que es.
Ese es precisamente el gran acierto de Lost, y lo que ha conseguido que trece millones de estadounidenses (y muchos más fuera de EEUU) lo sigan en directo: el engañar al espectador y hacerle creer que se le va a dar mucho más de lo que ya sabe.


Y esa ha sido su gran perdición, precisamente en esta última temporada. No había nada que desvelar, Lost es una gran pantomima, una suerte de fuegos de artificios impresionantes pero que suben hasta estallar y bajan al suelo exactamente igual que los cohetes, aunque arrojando mucha luz y haciendo esperar mucho. Pero es una pantomima que engancha, que retiene y que está magníficamente bien rodada.
En esta sexta temporada, decía, se ha visto eso precisamente. Que el desarrollo, lineal por más coexistencias temporales que se quisieran, no podía extenderse mucho más y que las explicaciones resultaban demasiado vagas para las espectativas.
Que no hay grandes respuestas que valgan y que lo que hubo siempre fue una serie de intriga bien llevada.
Que no sabemos conformarnos con lo que tenemos y que siempre queremos investigar hasta el fondo aunque lo hayamos rebasado con creces.
Que se puede hacer un último capítulo donde lo enlacen todo espléndidamente dando una buena hostia a todos los que esperaban La Verdaz.
Que se puede emocionar, y mucho, con cosas tan simples como un falso reencuentro.
Que todo podía haber vuelto a ser un sueño de Resines, pero esta vez hubiera sido fantástico.


Frase de la semana


Toma un poquitín más de te.


La liebre de marzo en Alicia en el País de las Maravillas (Lewis Carroll).

jueves, 20 de mayo de 2010

Destrozando a... la carrera de Julio Medem

Julio Medem (director que empezó siendo de cine y terminó haciendo Caótica Ana)


Intento no repetirme pero el domingo me quedé con ganas. Así que hoy hablaremos de una de las carreras más erráticas, incoherentes e infundadas de la última historia del cine español (donde con historia quiero decir que ha pasado el tiempo, no se confundan).
Medem comenzó en los cortos, como todo hijo de vecino, y pasó al largo con Vacas, de la que no hablaré más porque ya lo hice hace cuatro días (sólo teneis que mirar un poco más abajo y si no, aquí), que pese a todas sus irregularidades sigue siendo su película más lograda.
Posteriormente se metió algo y le salió La ardilla roja, esperpento fotográficamente impoluto donde conseguía sugerir mucho sin contar nada coherente y donde empezaba a oler el existencialismo, o al menos esto pretendía.
En esas que tuvo un momento de lucidez para firmar Tierra, su película más sencilla en planteamiento y consecución y posteriormente ese cuento de hadas trágico que fue Los amantes del círculo polar. Y hasta la cosa estaba más o menos bien.
Disloques oníricos se mezclaban con realidad, saltos temporales y rupturas narrativas que contaban historias ligeras de amor y muerte de forma original y curiosa y con bastante acierto en la provocación de emociones en el respetable.Pero he ahí que Medem se empezó a tomar demasiado en serio, se quiso volver artista, renunció a lo que había sido su cine y perpetró Lucía y el sexo, un drama absurdo, disfrazado de intelectual, suerte de cine S de categoría, donde no contaba absolutamente nada más allá de los impulsos sexuales irrefrenables de unos cuantos personajes que no sabían hacer otra cosa y que consiguieron que los modernos españoles (esos que creen que el cine español es bueno simplemente por serlo) lo arroparan en una taquilla que se disparó de mala manera. Aun así, Lucía y el sexo podía tener un pase.
Pero ya lo de después...


Ya dije (fue antes de tener este blog, creo) que hay pocas cosas de las que más me arrepienta en mi vida que de haber pagado una entrada para ver ese engendro que es Caótica Ana. Circunstancial, deshilachada, absurda, zafia y confusa elevación del estilo de vida hippiepiji a la categoría de existencialismo transcultural, transgeneracional y transreligioso, semejante mamarrachada sólo sirvió para que muchos de los que disfrutamos de su primer cine nos lo pensáramos a la hora de ir a ver una nueva película suya.
Y así le está yendo a Habitación en Roma en taquilla... porque yo al menos no tengo ningún interés de ver a dos señoras simulando coitos durante dos horas mientras no pasa nada y encima me pretendan engañar queriendo hacerlo pasar por filosofía. No, Medem, no...

P.D.: Del documental aquel no hablo porque ni siquiera lo vi... no era lo que yo esperaba de él.


miércoles, 19 de mayo de 2010

The game

The game (David Fincher, 1997)


Puede que haya demasiados directores que me caen bien, soy consciente. Y Fincher es uno de ellos a pesar de Alien 3, sobre todo porque después realizó Seven y The fight club, dejémoslo claro. Pero en medio de las dos tuvo un (semi)tropiezo llamado The Game que no gustó a casi nadie y a otros nos dejó un tanto confusos.He llegado a la conclusión (donde conclusión toma la acepción de ocurrencia, como todas las mías) de que Fincher hace muy bien su trabajo (dirigir), aportando a sus películas cierto tono autoral (basado en su tipo de dirección), pero que, al contrario de los autores personales, el resultado depende mucho de la base escrita. Y eso en The Game quizá es lo más flojo. Y sin embargo no es malo...


Pero no se qué le pasa a esta película que no termina de enganchar. La historia es aceptable, las posibles interpretaciones múltiples y complejas, la dirección es solvente, emocionante y más que adecuada y tanto Michael Douglas (la película está hecha para su lucimiento personal) como Sean Penn (menos sobreactuado que de costumbre) realizan trabajos sin fisuras... y aún así The Game no termina de convencer, hay algo que falla y que impide que creamos que es la gran película que puede ser... aunque yo sigo sin saber qué es...


lunes, 17 de mayo de 2010

Texto de la semana


[...]En estas ocasiones suele decirse: por haberme sido otorgado inmerecidamente este magnífico premio. Yo no lo diré. En primer lugar, este premio no es magnífico. En realidad es una ridiculez. […]


Duslav en El final de Duslav (Tres vidas de santos, Eduardo Mendoza).