

Quizá esa La noche de Halloween, nueva reinterpretación, esta vez del cine de terror, sea la película menos westeriana de Carpenter, porque lo que hace este director (o al menos todo lo que yo he visto de él, que ha sido mucho) son películas del oeste, aunque la única "reconocida" como tal quizá sea esta. Y es que Vampiros no es una película de terror, por más que la temática trate de semejantes seres sobrenaturales. Vampiros es un western con temática poco común, pero rodada según los preceptos del género, al que añade además bastante sentido del humor, lo que da un plus a la hora de entretener, que es de lo que se trata.

Quizá es que hay gente que fue a ver Vampiros pretendiendo ver a Bergman, pero es que hay que saber a lo que se va al cine. Vampiros, como La cosa, como La niebla, como Rescate en Nueva York, son películas de entretenimiento puro y duro. Y no hay más, y de hecho no hace falta nada más. También en el cine de entretenimiento se pueden hacer buenas y malas películas. Para darse cuenta de ello sólo hay que comparar algunas de las que he dicho con, por ejemplo, las tres de Spiderman para darse cuenta de que no hay color. En ninguno de los sentidos. El guión puede ser más o menos endeble, que no es el caso, pero lo que no se puede negar son unos actores en estado de gracia, una planificación y una composición de escenas de la que muchos deberían aprender y una tensión que no abandona todo el metraje. Que todo se soluciona de forma demasiado fácil al final... puede ser. Pero eso no es óbice para un espectáculo visual que tendrá divertido al que lo desee durante dos horitas. Y de un rodaje de secuencias de acción que nada tiene que ver con lo videoclipero, eso que está tan de moda entre los nuevos directores y que convierte en tedioso cualquier secuencia que, bien rodada, debería ser divertida. ¿Que hay gente que no está de acuerdo? Pues me parece muy bien, pero a mi esta película, años después, me sigue encantando.
















