domingo, 31 de enero de 2010

Tacones lejanos

Tacones lejanos (Pedro Almodóvar, 1991)


Y llegamos al homenaje mal entendido. No es que no me guste Tacones Lejanos, aunque ya a Almodóvar se le empiezan a notar demasiado los humos, pero si que eché de menos el intentar el homenaje mostrando menos interés por demostrar ser uno mismo... porque el que lo es no tiene que demostrarlo.
Llegamos a la versión histérica y pasada de vueltas de Sonata de otoño, de la que hablábamos ayer (o antes de ayer para ser exactos) y donde el manchego da rienda suelta a su exageración para retrotraer a Bergman a la fuerza y sin conseguir llegar donde llegó este, a pesar de contar con una de las más sobreactuadas interpretaciones de la generalmente estupenda Victoria Abril.
Almodóvar quiere demostrar que ha asumido a los clásicos y eso se puede unir a la tipología de barrio y mezclarlo con chaneles y armanis y al final queda un batiburrillo de ideas que emociona poco pero que consigue que pasemos el rato.
Momentos brillantes como el de la confesión del asesinato en el telediario, o el baile en la cárcel los hay. Estéticamente resulta impoluta e inconfundible. Se olvida más del gag y engarza mejor las situaciones.


Pero Miguel Bosé sigue sin ser buen actor y los implantes peliles dan mucho el cante, y los momentos grandguiñolescos a la vez que el intento de drama serio se queda en muchas ocasiones como la mayonesa cortada.
Y todo a pesar del intento de la Paredes de resultar sensata en su actuación, y a pesar de líneas de guión que recuerdan lo mejor que nunca hizo: comedia, amarga pero comedia.
Un querer y no poder, que sin embargo, se salva de la quema todavía no tenemos claro por qué. Aunque Carlos Boyero puede que lo sepa.

sábado, 30 de enero de 2010

Fondo de armario

Fondo de armario (Los punsetes, Los punsetes)

Que si, que ya he hablado de ellos y que ya puse el videoclip de Dos policías... pero es que me gustan mucho, y sobre todo la canción que abre su primer disco, perfecto resumen de su estilo y canción potente y corta, como deben ser. ¡Cómo me gustan!


viernes, 29 de enero de 2010

Sonata de otoño

Sonata de otoño (Ingmar Bergman, 1978)

El maestro Bergman visita poco estas páginas, más ocupadas en minucias yanquis que en grandes obras. Pero lo tengo siempre presente a pesar de que mis reseñas parezcan escritas por alguien que nunca llegó a ver más de dos minutos de una obra suya. Sin embargo mi fascinación por ellas no cesa, y me remueve las entrañas como pocos pueden hacerlo.
Elogios aparte, Höstsonaten tiene un puesto primordial en la historia del melodrama, tanto que otros la eligieron para homenajearla, sin conseguir sin embargo acercarse siquiera a su grandeza.
Bergman consigue contar una gran historia con apenas tres actores (pero qué tres actores y qué tres interpretaciones), una modesta casa como casi único esc
enario y un guión y una dirección que logran un dramatismo tormentoso, que remueve cimientos personales como un terremoto y que no se deja llevar por lo afectivo.
Bergman realiza una película sobria que cae encima del espectador como una losa perfecta que lo atrapa, lo atenaza y lo llena de dolor.


Bergman nos lanza nuestros conflictos paternos casi sin que nos demos cuenta, y lo acompaña de una banda sonora espléndida donde destaca, precisamente, esa sonata de Handel adonde se desplaza el conflicto entre una madre que nunca lo fue (impresionante Ingrid Bergman) y una hija que siempre la echó de menos (no menos impresionante Liv Ullman).
Y todo ello, ya lo hemos dicho, desde la sobriedad. De imitadores (y supongo que ya sabrán de quien les hablo), homenajeadores y usurpadores hablaremos este domingo. Hoy quedémonos con ella.

jueves, 28 de enero de 2010

Destrozando a... Torrente II: Misión en Marbella

Torrente II: Misión en Marbella (Santiago Segura, 2001)



Fuimos muchos los que vimos en Torrente muchas gotas (cuando no chorros) de calidad, como revisión y elaboración de las comedias casposas españolas de los sesenta y setenta, precisamente al llevar al absurdo todo ese discurso españolista pasado de rosca que lavó la cabeza de muchos durante años, y que elevaba a los altares a la figura del macho ibérico como objeto sexual deseado por todas las mujeres del mundo, entre otras cosas.
El problema es que creo que nos pasamos y a Segura se le subió demasiado a la cabeza, tanto que quiso repetir (con muchísimo éxito de taquilla) el experimento punto por punto, tan sólo aumentando lo exagerado para ya resultar ridículo y despreocupándose absolutamente por el guión, los actores, la planificación...
Luego llegaría la tercera, que todavía no he visto porque desufrir hay que desufrir lo justo... y amenaza con una cuarta...
¡Que Dios, que no existe, nos pille confesados!


miércoles, 27 de enero de 2010

Una rubia auténtica

Una rubia auténtica (Tom DiCillo, 1997)


La carrera de DiCillo es una muestra de talento no reconocido y, ante todo, errático. Su filmografía está lleno de obras interesantes, divertidas y curiosas que, sin embargo, no parecen llegar nunca a conseguir la gran película que quiere hacer.
De hecho, con The Real Blonde, su incursión en el cine de estudio, se consigue quedar a medias quizá más que en sus otras cintas.
DiCillo quiere, y consigue, hablar del culto al cuerpo, del gobierno de la estética, de la huida de lo real por medio de la fantasía... y lo hace con la historia de dos amigos, dudosos actores, cuyo mayor deseo en la vida es conseguir ligarse a una rubia "au
téntica", ese mito irrealizable que se presenta como la gran meta de dos adolescentes que hace años dejaron de tener edad para ello y que son incapaces de verse a si mismos y se dedican a menospreciar a los demás por el simple hecho del color del pelo.
Esa rubia es la fantasía del éxito, la fantasía de lo que quieren conseguir y donde quieren ir como si no hubiera más, la fantasía del conseguir lo imposible, de intentar hacer posible lo que nunca será.


El punto, sin embargo, lo tiene el trato de comedia descorazonada y descorazonadora, el no mostrar misericordia con nadie y el tener en el ridículo su razón de ser. Por ello no concuerda con esa especie de final forzado donde parece darse marcha atrás a todo esto, ni con esa salvación de los personajes a los que no ha habido duda en poner en la palestra.
Más que nada porque no da la impresión de que se haga por cariño, sino por exigencias de la productora. O eso parece.


lunes, 25 de enero de 2010

SG-1

SG-1 (Showtime, 1997-2007)



Ya es oficial, me estoy convirtiendo a pasos agigantados en el friski que todo el mundo reconocía en mi.
Y me he dado cuenta no porque cada vez esté más tiempo asocial, sino porque me está gustando demasiado SG-1, primera de las series basadas en la película Stargate (hay unos cuantos spin-off por ahí) y que funciona igual que todas las series de ciencia ficción de los setenta y ochenta: hay un grupo de gente que tiene unos enemigos mortales que aparecen de vez en cuando y que se dedican a recorrer distintos mundos a través de un transporte interestelar (en este caso una puerta egipcia) conociendo distintas culturas a las que adoctrinan acerca de las ventajas de la sociedad terrestre (sobre todo la yanqui).


Ni siquiera que el protagonista sea McGuiver ha podido para a mi pobre mente carcomida de ponzoña espacial. Todavía espero que derrote a Apophis con un chicle y una pajita.
Por favor, que alguien me ayude antes de volver a ver Star Trek.


Frase de la semana


Todos deberíamos creer en algo. Yo creo que me tomaré otra copa.

Plagio de Steele a la Filosofía de Alguien, La Ley de Murphy (Andrew Bloch)

domingo, 24 de enero de 2010

Justino, un asesino de la tercera edad

Justino, un asesino de la tercera edad (La Cuadrilla, 1994)

Creo que era al hablar de Siete mil días juntos, tiempo ha, que me refería al año 1994 como un año de buena cosecha de cine español. En realidad ahora no tengo claro por qué lo decía entonces salvo a un par de títulos que me gustaron sobremanera, pero que si se encontraban dentro de uno de los géneros que más y mejor ha cultivado el cine de este país, y que parece haber desaparecido de la mente de los productores desde entonces ahora, la comedia negra.
La Cuadrilla, dueto de directores formado por Santiago Aguilar y Luis Guridi, aterrizaba en el largo precisamente con una comedia negrísima y elegantísima q
ue contaba la historia de Justino, puntillero jubilado a la fuerza que pasa de rematar toros a rematar personas que le hacen la vida más o menos molesta a raíz de un accidente que cambiará su vida, y cuyo deseo insatisfecho, y por lo que lucha con ardor, es marchar a envejecer tranquilamente a Benidorm con su amigo Sansoncito.


Populismo y popularismo en forma pura, topiquismo llevado al absurdo, La Cuadrilla se toma con interés su historia y la trata con la seriedad del que pretende ser entendido. Justino sirve como contraejemplo de la protección del mayor, Justino es un jubilado que se vale por si mismo y a quien las normas dictan que hay que arropar como si fuera un niño. Justino es la barbarie del toreo y su justificación. Justino es un Saturnino García inconmensurable construyendo el que puede que fuera el papel de su vida.
Y lo hace tan bien que, junto a sus directores, crea una obra muy difícil de digerir pero que lejos de parodias, consigue lo que se propone: hacer reír con una mueca en la cara, y que nos preguntemos de qué.


sábado, 23 de enero de 2010

Cerca de Shibuya

Cerca de Shibuya (El sonido efervescente de La Casa Azul, La Casa Azul, 2000)


En estos momentos, y si no hay problemas y los controladores aéreos no se ponen en huelga porque les van a bajar el sueldo al cuádruple de lo que cobramos los que ejercemos profesiones bien remuneradas, estaré camino de El Cairo para gastar mis últimos días de asueto del año pasado (benditos días de asuntos propios) y redimirme así de haber estado trabajando casi todas las navidades (quiero vacaciones escolares ya). Así que os dejo con el único grupo que hace que llegue al trabajo de buen humor y mi canción preferida de ellos. Como dice Lo, ¿por qué mi vida no puede ser un musical?



viernes, 22 de enero de 2010

Dune

Dune (David Lynch, 1984)

Con tanto escuchar hablar de Avatar y de su discurso seudofilosófico, no he podido dejar de pensar en varias cintas que me recordaban lo oído (porque por supuesto me he negado a verla) y que me remitían una y otra vez a esta obra magna de la ciencia ficción que dirigió mi queridísimo Lynch alejándose de sus habituales mundos para, a pesar de las malas críticas iniciales, haberse convertido en un auténtico fenómeno de culto veinticinco años después.
Lynch realiza una obra estéticamente impoluta, magnética y arrolladora, consiguiendo dar forma al universo ideado por Frank Herbert y a su llamamiento a la sensatez en el desarrollo frente a los intereses de los poderosos, con el final "triunfo" de los débiles frente a los que querían su sometimiento y exterminio.


Todo ello sin sentimentalismos y basado en un lenguaje fílmico, el de Lynch, concreto y sin aspavientos, más preocupado del detalle que de los grandes planos (que también los hay) y que se mueve con inusual soltura dentro de la intriga propia de una película de acción sin mostrar más acción de la necesaria, sino haciendo caso a lo realmente importante, el discurso.
Porque, volvemos a repetir y ya van muchas veces, se puede hacer ciencia ficción y a la vez una gran película que hable de algo. Dudo mucho que Avatar tenga un discurso más maduro que el de esta obra y que, por lo tanto, le llegue a la suela del zapato por más entretenida que resulte... y espero no tener que desdecirme.