jueves, 30 de abril de 2009

Destrozando a... Mentiras y gordas

Mentiras y gordas (Alfonso Albacete y David Menkes, 2009)

Y al guión, que por lo visto lo tiene, aparte de los directores, la flamante Menestra de Verduras, Ángeles González-Sinde.
Primero, y sin que sirva de precedente, voy a hablar bien de quien se lo merece: los de marketing. Porque Albacete, Menkes y, sobre todo, Sindes, no se han visto en otra. Por fin parece que alguien se ha dado cuenta de que, para que la gente vaya al cine, hay que trabajárselo y darle al público lo que el público quiere: actores jóvenes televisivos que salen en bolas. Sólo con eso consiguió ser número 1 en taquilla el fin de semana de su estreno. Y eso, y ya empezamos con el despiece, a pesar de contar una historia vista mil veces y que a estas alturas ya no interesa a nadie.
Mentiras y gordas es una mezcla de Más que amor, frenesí e Historias del Kronen. De la primera coge a sus directores y de la segunda el sino trágico. Es la historia de unos chavales que se drogan mucho mucho y, claro, alguien termina mal, teniendo todas las papeletas (lo sabemos desde el principio) el más atormentado. Por ahí e
s la misma historia vista millones de veces. Ante esto, los guionistas (directores + Menestra) en vez de intentar dar una visión nueva, cogen todos los tópicos y frases hechas que se han dicho y escuchado en todas las películas malas del género y todas las series de televisión (incluída "la Iglesia no me quiere porque soy gay") y lo meten a presión.
Lo supuesto vanguardista tiene que ver con una filmación videoclipera que da más dolor de cabeza que otra cosa, y en meter caras nuevas del panorama nacional (porque los actores de Más que amor, frenesí ya están mayores para estos trotes... lo estaban hasta ya entonces), representados por todos los actores que alguna vez han puesto palote a alguien en una serie de televisión. A partir de ahí, muchas drogas, muchas escenas sexuales, mucha carne, mucho tópico poético... y tenemos esta cosa que está barriendo en taquilla sin demasiado trabajo para nadie.


Y con ello me refiero aparte de los mencionados, a los actores que están francamente horrendos, si esceptuamos quizá a Ana Polvorosa, la única que intenta poner cara de no estar colocada (que es lo que tienen que hacer los otros durante todo el metraje) con cierto éxito ocasional, aunque más bien parece estar toda la cinta pensando en dónde dejó las llaves. Eso sí, seguro que para esta "joya" del cine español, los españolitos hemos tenido que dar parte de nuetros impuestos. ¿A que sí, señora Menestra?

martes, 28 de abril de 2009

Miedo y asco en Las Vegas

Fear and loathing in Las Vegas (Terry Gilliam, 1998)


Gilliam siempre vuelve a hacerlo. Cuando parece que ha tocado fondo respecto a su análisis de la anormalidad y nos ha ofrecido posiblemente su obra más convencional (me estoy refiriendo a Doce monos), coge una novela publicada en 1971 y filma una película lisérgica donde da paso a una locura anteriormente no suficientemente diseccionada por el mismo: la de las drogas.
Sin embargo, el viaje al colocón de los protagonistas no es, en modo alguno, un simple experimento de cámaras y efectos especiales. Gilliam i
nserta a los personajes en el mismo entorno en el que se hallan los protagonistas de la novela en que se basa, el fin de la guerra de Vietnam y de los años 60, con las consecuencias que todo ello tuvo para el consumo yonqueril.
El periodista y su abogado inician un viaje a Las Vegas provistos de estupefacientes más que suficientes para andar colocados toda la vida, pero se lo meten en tan corto espacio de tiempo que lo único que consiguen es sembrar el caos y la destrucción allá por donde pasan, además de asustar a todo bicho viviente que se cruza en su camino.

Y Gilliam nos lo muestra como si nosotros mismos vivenciáramos lo que ellos están haciendo, con la finalidad última, parece, de que seamos conscientes del miedo y el asco que sus mismos protagonistas sufren en relación al consumo. Ese miedo y ese asco que hacen que el personaje de Johnny Deep emita perpetuamente un discurso desperanzado, asqueado, cargado de amargura... que sin embargo no evita que se siga drogando hasta perder el sentido de lo real y la conciencia misma.


Fear and loathing in Las Vegas narra la historia de una época, que tuvo su sentido y que lo seguirá teniendo, pero que ya pasó, y de lo que siguen haciendo los que no han sido capaces de pasar de página. Es una película crítica, incómoda, molesta, resulta difícil de ver. Quizá porque lo que pretende Gilliam es eso mismo, el que lleguemos a darnos cuenta de la degradación que se puede producir, de hasta donde puede denigrarse el ser humano en busca de lo que quiere aunque no le convenga. Y de cómo se denigran todos, incluso los que luchan contra ello. La conferencia sobre narcotráfico a la que asisten nuestros dos protagonistas en estado de narcosis es un ejemplo de ello, y de una contundencia y sentido del humor impresionantes.

lunes, 27 de abril de 2009

La soga

La soga (Alfred Hitchcock, 1948)

A veces me da por pensar que Hitchcock se pasó toda su carrera riéndose de nosotros. Ese pensamiento se hace más intenso cuando, por ejemplo, reviso esa auténtica (y espléndida) tomadura de pelo que es Los pájaros, quizá porque ahí me resulte más evidente. Pero desde que vi La soga, cada vez que leo o escucho algunos de esos halagos a sus publicitados méritos fílmicos, estoy más convencido de que esta podría ser su mayor broma, porque es precisamente en esta obra donde la realidad de la ficción menos tiene que ver con la ficción misma.
La soga no deja de ser un juego. Hitchcock juega con el espectador como los dos estudiantes con sus invitados a cenar, su profesor y los familiares de un compañero al que ellos mismos han matado y cuyo cadáver esconden en un baúl donde se celebra la cena. Se promete una película, pero lo que se ofrece es una obra de teatro. Se promete un solo plano pero hay varios cortes fácilmente visibles. Se promete un juego respecto a la inteligencia a la que el mismo Hitchcock parece someter al espectador. Se p
romete intriga y lo que causa es auténtico pavor ante el juego macabro que proponen los protagonistas y del que somos partícipes desde el primer momento.
La cámara se mueve como lo podría hacer el ojo de un espectador de la obra teatral en la que se basa, pasando de detalles generales a parciales según se va desarrollando la acción. Y es ahí donde más se pone de manifiesto el juego hitchcockiano, que tiene que ver con el mismo desarrollo del lenguaje fílmico: no les enseñaremos lo que quieren ver, sino lo que tienen que ver.


Aparte de estas elucubraciones, fruto posiblemente del aburrimiento en una tarde de domingo (cuidado con la publicación programada del blogger, la semana pasada adelantó un día la sección favorita de este espacio), La soga no deja de ser otro de los grandes films de intriga sacados de la imaginación de un magnífico director que, por más que se base en lo que sea, es capaz de manejar los hilos del suspense como pocos otros han logrado (aunque muchos se han creído). Y la historia que narra no deja de ser auténticamente terrorífica.

Frase de la semana


Es bueno estar en todo desde el principio. Yo tengo la impresión de haber llegado tarde a todo.


James Gandolfini en Los soprano.

domingo, 26 de abril de 2009

Hierro 3

Hierro 3 (Kim Ki Duk, 2004)

De sobras es conocida mi fascinación por ese cine oriental de corte intimista y lánguido del que Kim Ki Duk es una de sus más recientes adquisiciones. A pesar de ello, mi últimamente excesivo ojo crítico no sabe bien cómo poder defender esta película. Y no lo sabe porque acaba de decidir que su director tiende a repetir sus mismas formas sin modificar un fondo que ya se va acercando a lo puro vacuo. O al menos es la impresión que tengo tras ver otra vez esta película, que por otro lado me sigue encantando.
En resumen Hierro 3 es la historia de un fantasma que seduce a una mujer real que se convierte en fantasma. Ambos se miran, no se hablan dura
nte todo el metraje, y van ocupando casas desocupadas donde viven vidas que no les corresponden. El descubrimiento de que lo parapsicológico quizá no exista es inminente, y se lleva a cabo de la forma más trágica y estúpida que pueda imaginarse. Parece que los dos fantasmas duden de su corporeidad a pesar de haber tenido muestras de que existía y permanecen en una casa en la que no tenían que estar para ser descubiertos y separados nuevamente. El fantasma primero, hecho hombre, pretende volver a convertirse en fantasma y lo consigue, volviendo a encontrarse con la otra fantasma, vuelta mujer de su esposo, tras repasar todas y cada una de las casas donde vivieron y donde, sin decir una palabra, se enamoraron y fueron felices. Y se urde un plan para que ambos lo sigan siendo incluyendo al marido de la mujer, que ya habla, pero manteniendo la presencia fantasmal del chico en casa. Como si no fueran a ser descubiertos nunca, como si las cosas así pudieran durar.
Podríamos hablar de juegos de personalidades, de dos almas solitarias que se encuentran, de mundos interiores compartidos, de la pobreza de vivir la vida de los otros porque uno no tiene una propia (aunque sea en base a posesiones materiales)... aunque más parece que Kim Ki Duk echa mano de sus anteriores trabajos y dirige lo que buenamente se le ha ido pasando por la cabeza sin tener en cuenta nada más, sabiendo que va a salir bien parada en los festivales.


Fotografía preciosista adorna unos planos bellísimos que sin embargo no tienen comparación con lo que se está contando, tan tramposo y artificial como cualquier cinta de von Trier, pero aun así emociona y tranquiliza. Ya he dicho que me encanta, aunque todavía no sepa por qué.

viernes, 24 de abril de 2009

El ángel azul

El ángel azul (Joseph von Sternberg, 1930)


Lola-Lola es uno de los grandes papeles de la historia del cine y Marlene Dietrich prácticamente se lo debe todo a ella, empezando por el papel que ella misma interpretaría en su vida. Lola-Lola además es una heroína única en su especie.
La protagonista de una de las primeras películas sonoras de la historia del cine (y creo que la primera del cine alemán) es la perfecta encarnación
de lo perverso: seduce para, una vez hecho el trabajo, denigrar al seducido por pura diversión. Lola-Lola no tiene contrapunto, no hay yang para ella, nadie que de réplica de bondad a la ridiculización que ella produce. Lola-Lola se convierte en todo para el que cae en sus redes, y es capaz, sin que sepamos muy bien cómo, de hacer que nadie pueda escapar de ellas.
Y El ángel azul es el bar donde actúa Lola-Lola, un antro que desprende vileza y degradación desde antes de entrar en él, aunque esté escondida tras ese humo perpetuo que juega con las luces para conseguir hacer mayor su atracción. Un local adonde el profesor Rath se dirige para salvar de la perdición a sus alumnos, y donde encontrará la suya propia en manos de la pérfida cantante, que ganará todo lo que quiera de él.

El ángel azul es la amoralidad como estilo de vida en el que caen hasta los seres más íntegros, esos mismos que tantas lecciones dan de ética. El ángel azul es la perdición de los hombres en forma de mujer que conducirá a sus presas a su fatal destino. El mismo que el profesor, una vez recuperada su cordura tras su escarnio público, sufrirá. El ángel azul es el engaño y la pérdida, pérdida de la dignidad y de la vida. Pero sin remordimientos ni penalizaciones.


Lo más llamativo, aún a estas alturas, de la película es esa misma transmisión de lo inmoral como forma de vida, ese camino que escogen sus personajes de motu propio y que les traerá consecuencias, como modo de vida alternativa. El ángel azul, la película, se encuentra tan falta de moral como el antro del que lleva el nombre y como la protagonista que la cámara idolatra, y esa quizá sea una de las más interesantes lecciones morales que ha dado el cine.

miércoles, 22 de abril de 2009

Destrozando a... La lista de los 25 mejores discos de la MTV

Lista de los 25 mejores discos de la historia según Mtv:

1. Michael Jackson - 'Thriller'
2. Craig David - 'Born To Do It'
3. Guns N' Roses - 'Appetite For Destruction'
4. Radiohead - 'OK Computer'
5. Nirvana - 'Nevermind'
6. Oasis - '(What's The Story) Morning Glory?'
7. Oasis - 'Definitely Maybe'
8. U2 - 'The Joshua Tree'
9. Artic Monkeys - 'Whatever People say I Am, That's What I'm Not'
10. Amy Winehouse - 'Back to Black'
11. The Strokes - 'Is This It?'
12. Kanye West - 'The College Drop Out'
13. The Stone Roses - 'The Stone Roses'
14. Eminem - 'The Marshall Mathers LP'
15. The Smiths - 'The Queen Is Dead'
16. Rage Against The Machine - 'Rage Against The Machine'
17. Prince and The Revolution - 'Purple Rain'
18. REM - 'Automatic For The People'
19. Usher - '8701'
20. Pixies - 'Doolittle'
21. The Notorious B.I.G - 'Ready To Die'
22. Lauryn Hill - 'The Mis-education of Lauryn Hill'
23. Human League - 'Dare'
24. Jay-Z - 'Blueprint'
25. Dizzee Rascal - 'Boy In Da Corner'

[Fuente: yahoo]

Jajajaja.... bueno... jajajaja...

¿Cómo se hace una lista de los 25 mejores discos de la historia? Según Mtv, preguntando al público más objetivo: ¡¡LOS FANS!! Y al parecer, teniendo en cuenta discos sólo posteriores a 1981.
¿Y cómo es el resultado? Pues a la vista queda.
Sin querer desmerecer el supuesto mejor disco de Michael Jackson (todos sabemos que las listas son subjetivas y, por tanto, no podemos estar de acuerdo la humanidad en pleno), aunque a mi no me parezca gran cosa, ¿esto qué es? ¿Cómo pretenden venderme que entre los mejores discos de la historia no estén ni los ya consabidos Beatles y Rolling, sino tampoco The Clash, Ramones, Pink Floyd, Velvet Underground, Ramones....? Sin echar un ojo, tengo claro que en mi iPod hay metidos al menos cincuenta discos anteriores al 81 mejores que el noventa por ciento de los aquí presentes, y otros tantos posteriores.
Porque si sólo van a estar los posteriores a 1981, dónde están Pulp (en vez de los repetitivos Oasis), Placebo, Housemartins, Cure... cualquiera de cuyos discos son mucho mejores que cualquiera que haya hecho nunca Craig David.
En fin, que salvo el Ok computer, el Is this it y a los Smiths. Si alguien quiere salvar a alguno más, sabeis dónde están los comentarios.

martes, 21 de abril de 2009

Lo que queda del día

Lo que queda del día (James Ivory, 1993)


James Ivory, director estadounidense, se especializó durante un tiempo en realizar películas de época inglesas, y probablemente el mayor de sus logros sea esta adaptación, donde ese estilo pausado y poco personal suyo consigue sus mejores resultados.
Lo que queda del día es una película bellísima, tanto en la fo
rma como en el fondo, que más allá de la historia de amor entre los dos criados, habla del fin de una época determinada de servilismo, de cómo las lealtades en él basadas sólo sirven para llevar a la ruina (ya sea material como la personal) y de cómo no saber adaptarse.
Ivory muestra en toda su magnitud las magnificencias y decad
encias de un sistema de trabajo cuyo máximo exponente es el Sr. Stevens (Anthony Hopkins), ese mayordomo rígido e inflexible tan sólo ocupado en su trabajo y que pretende eliminar de si todo resto de afecto en aras de servir bien a su señor. Claro que el perfecto mundo en el que se mueve se ve alterado tanto por la enfermedad de su padre, ese que le enseñó todo y cuyos fallos se debe encargar de tapar, y la aparición de la nueva ama de llaves, la señora Kenton (Emma Thompson). Stevens se debate entre el deber y los afectos y opta por lo primero, aun con su padre muerto y con la señora Kenton en brazos de otro hombre, hecho este último que acaba por darle conciencia de la pobreza de su vida, y de que él mismo ha sido el encargado de empobrecerla hasta que sólo queda el trabajo.


Narrada con sumo tacto, incluso en las ideas pronazis del dueño de la casa, esa que Stevens no se cuestiona, a diferencia de Kenton, porque no debe entrar en los pensamientos de su señor, lo que más asombra de la película es la contención. Esa misma contención o esa misma frialdad que a Ivory lo pierde en ocasiones, aquí sirve para subrayar la personalidad y el entorno de los ocupantes de la casa, esos afectos que no se muestran o que se deslizan a otros términos, esas formas que hacen que el más mínimo roce de una mano pueda ser vivido con la misma desazón que cualquier otro acto erótico mucho más expreso. Esa misma contención que hace que tengamos toda la película el corazón en un puño queriendo que las emociones fluyan normalmente y que todo salga bien, pero que nos deja con el regusto amargo del que fracasa. Del que se da cuenta de que todos sus sacrificios no han valido para nada, porque lo que ha sacrificado, ante todo, es a sí mismo.

lunes, 20 de abril de 2009

Agárrame esos fantasmas

The Frighteners (Peter Jackson, 1996)


Antes de dedicarse a adaptar lo inadaptable, y después de hacer esa maravilla llamada Criaturas celestiales (de la que me ocupé aquí) Peter Jackson volvió por sus fueros iniciales y firmó una divertidísima historia de fantasmas terriblemente traducida en España, con mucho más presupuesto que sus iniciales historias y un tono un poco más amable.
Un estafador profesional capaz de ver fantasmas (y asociarse con ellos) tras un accidente de tráfico se ve envuelto en la aparición de unos crímenes en cadena por parte de una pareja (él también fantasmático) deseosos de conseguir el record guiness de asesinos en serie de forma muy patriótica.
Tan hilarante como el planteamiento es el desarrollo, incluídos algunos de los personajes, y resulta trepidante por momentos e incluso en ocasiones realmente aterradora, aunque un cierto tufillo puerilón la invade de vez en cuando y el final es un tanto simplista.


No obstante, esta es una de esas películas de entretenimiento puro que muchos dejarían pasar por el título y por su protagonista, pero que mereció mucha mejor suerte.

Frase de la semana


No me importa lo rico que sea. Con tal de que tenga un yate, un tren privado y su propia pasta de dientes.


Marilyn Monroe en Some like it hot.