miércoles, 21 de noviembre de 2007

Vueltas de tuerca: Somos otra cosa.

Somos otra cosa. (L-Kan, 2007)


Acaban de publicarlo, hace uno o dos meses. L-Kan es un grupo que descubrí con su anterior disco, Discazo, y con esa gran canción que se llama Aburrida de estar salida, que tiene uno de los videos musicales más divertidos que he visto nunca (aunque es de un remix, aclaro). Pero este no es el que toca hoy.
L-Kan es un grupo creado para el divertimento de los que lo componen y, sobre todo, de los que los escuchamos. Cronistas de su época, de la cotidianidad, y de las relaciones que se establecen dentro de un ámbito determinado (esa re-movida que se han inventado en Madrid desde hace años, y de la que en el resto del mundo no nos hemos enterado, porque, de hecho, no hay muchos signos que indiquen que existe), imprimen tanto a su música como a sus actuaciones un aire de ironía bastante de agradecer. Se disfrazan para cantar, hacen el mamarracho, se ríen hasta de su sombra... divertidos, y para gente sin prejuicios.
Su música se engloba dentro de ese movimiento llamado electro-clash, pero, con este nuevo disco, efectivamente, han ido evolucionando. A mi me gusta menos que el resto, claro que todavía lo he escuchado poco. Letras algo más bobas de lo normal, música más tendente a lo electrónico puro, menos voz de falsete, más presencia de O-Kan en las voces(en detrimento de la gran B-Kan)... En fin, que es lo mismo, pero de otra manera.
No está mal, pero a mi me gustaban más antes. Eso sí, recomiendo visitar su página, y echarle una ojeadita al consultorio.

Clásicos modernos, volumen 2: Super 8.

Super8. (Los planetas, 1994).


Los planetas es un grupo de tripas. O se les adora, o se les detesta. No hay más. Nunca hubo más. Ni siquiera con su primer disco.
Ejercicio de estilo, de lo que conformaría un estilo que se ha ido inventando y reinventando con el paso de los años y de los discos, Super8 fue el primer largo del grupo granadino, tras ese EP inconmensurable que fue Medusa. Super8 fue la continuación natural de ese EP, y el que comenzaría a dar a conocer a un grupo que ha sido grande, aunque sea tan solo por haber conformado uno de los puntos musicales de referencia de una generación en una época determinada, pasados ya los ochenta, y para un público que quería algo más que el rock habitual, la música vocal y los grupos standares de siempre.
Cabezas visibles del mundo indie, y, casi los únicos que se han mantenido dentro del star-system de los grupos que pertenecieron a ese fenómeno (y casi los únicos que siguen en activo dentro del panorama discográfico, desgraciadamente, pues había otros muy buenos), levantó pasiones, y todavía las sigue levantando, aunque cada vez entre menos gente tras el abandono por parte de muchos que los asociaba a un tiempo en su vida, y a los distintos cambios en lo musical que ha ido sufriendo a lo largo de los años. Este, su LP de debut, esconde muchos temas de una belleza y una fuerza enormes, pocas veces superados, incluso por ellos mismos.
Letras desgarradas, malsanas, anti-habituales (en cuanto a la crítica a lo establecido dentro de lo cotidiano), realistas y pesimistas, acompañadas de melodías vibrantes y orquestaciones imposibles (aunque no tanto como en otros), componen un gran exponente de lo que el ingenio (y genio) musical puede dar de si, y de lo que se puede transmitir en una canción de amor (o desamor, al final es lo mismo) más alla de lo del "te quiero" de siempre. El sufrimiento, en base al sentimiento de insignificancia, lo inunda todo, y metalingüísticamente, hacen de este disco una oda impresionante al amor y a la vida, como pocas veces hemos podido escuchar en muchísimos años.
Para cualquiera que tenga un poco de sensibilidad. Recomiendo, encarecidamente Jesús, De viaje y Si está bien.
PD: Por si no queda claro, yo soy fan.

martes, 20 de noviembre de 2007

Monty Python. Volumen 2: La vida de Brian.

La vida de Brian. (1979)


Parecía que los temas se iban agotando, tantos años después, por lo que los Python realizaron una película rizando el rizo. Como mofarse de la vida de Jesucristo directamente, lo mismo era demasiado (aunque para estos me temo que no había nada que fuera demasiado), lo hacen a través de un personaje (Brian) al que confunden con el susodicho salvador católico desde el momento en el que nace, y, en base a esto, los equívocos se suceden, para acabar con la crucifixión. El estilo es el mismo que el de Los caballeros de la mesa cuadrada, una sucesión de sketches con un débil argumento de conexión (aquí, el personaje de Brian), mientras van mostrando gags, que son exactamente los mismos que el Los caballeros de la mesa cuadrada. Repetidos hasta la saciedad, pero que, no por ello, pierden la más mínima efectividad. Lo bueno de los genios es que, cuando descubren algo que sirve, son los suficientemente inteligentes para no innovar.

Monty Python. Volumen 1: Los caballeros de la mesa cuadrada.

Los caballeros de la mesa cuadrada. (1975)


Los Monty Python son referentes en el mundo del humor por varios motivos. Entre muchas otras cosas, crearon, o definieron, un tipo de humor, paródico, que nunca dio mejores resultados. De entre los muchos iconos/arquetipos que despedazaron, uno de ellos, y uno de los más recordados, fue el Rey Arturo. La premisa de la película es la creación de la mesa de Camelot (aquí cuadrada), y el inicio de la búsqueda del Santo Grial. No dejan de ser una sucesión de sketches geniales, con esa anécdota argumental mínima que conduce una trama enloquecida, y que da para jugar con anacronismos, luchas con espadas, estereotipos, personajes, historias más o menos conocidas, todo ello montado de tal manera que no deja lugar a la quietud. Puede que para algunos haya algún chiste que resulte molesto, incluso cruel (lo de matar al viejo por nueve peniques, por ejemplo), pero dentro de lo cómico, estos genios saben jugar con el absurdo, por más desagradable que resulte, y repetir el gag hasta el punto de exprimirlo todo el tiempo, y aun así seguir provocando la risa. No apto para mentes estrechas, aviso.

domingo, 18 de noviembre de 2007

Vergüenza ajena: Mamá es boba.

Mamá es boba. (Santiago Lorenzo, 1997)
La verdad es que no creía que esta película fuera tan antigua (si es que en diez años se la puede calificar así), pero es otra de esas maravillas que tardé tanto en encontrar que probablemente la vi mucho después. Aclaro, no la vi en el cine porque me fue imposible. Leí la crítica en el Fotogramas y esperé, con mucha paciencia, a que la estrenaran en Sevilla. No se si no lo hicieron o fue un estreno relámpago (como el de Funny Games, que duró una semana en cartel), pero la cosa es que luego me tuve que tirar no se cuantito tiempo buscándola por todas partes, hasta que un día, en casa de mi madre, me la encontré en el Plus (cuando todavía era el Plus, y no el Digital plus), la vi, y me encantó.
Lo de la vergüenza ajena no es, ni mucho menos, porque la película la de (de mala, se entiende), sino porque es un espectáculo sobre la vergüenza ajena, bastante más que cualquier capítulo de El diario de Patricia. La historia es la de un chico, medio tontorrón, del que todos se burlan en el colegio, y que se avergüenza de unos padres que bien podrían haber salido de cualquier Semáforo (¿recuerdan semejante bodrio?). Tal es así, que se organiza una televisión local, a manos de unos desaprensivos de Madrid, que recuerdan peligrosamente a la Gemio en Sorpresa, sorpresa, aunque con un poco menos de tacto (si es que eso es posible). Cogen a la madre y la ridiculizan para divertimento de toda la ciudad, y, por si fuera poco, también ridiculizan a su ya de por sí ridículo marido, convirtiendo la vida de la familia en un auténtico infierno, y logrando que ese niño se avergüence más todavía de lo que ya lo estaba.
Arriesgada en las formas y en el fondo, y mostrando un especial cariño a esa familia, la película se convierte en un espectáculo cruel de cómo podemos, los que nos creemos gente "bien" utilizar a otras personas para nuestra propia diversión, sin importarnos precisamente, el que sean personas, y transmite la sensación de que somos, todos y cada uno de nosotros, una serie de bichos inhumanos que nos reímos de todo lo que tiene un toque particular, haciendo que nos demos cuenta de que quizá Santiago Segura y su programa no sean tan graciosos, sino más bien todo lo contrario.

Esta película debería ser imprescindible para el conocimiento de nosotros mismos, por lo que revuelve las tripas. Sobre todo para aquellos que pasan el día riéndose de los demás. Se podrán dar cuenta de que son muy malas personas.

South Park. Volumen 2.

La madre de Kyle es un putón.


Afirmo. Pero aquí me refiero a la canción. Sheyla Broflovski (o como se escriba el apellido, que no lo se) es uno de esos personajes que nunca caen bien. Judía, fundamentalista, sobreprotectora en exceso... es de esas hijas de puta que no dudan en hacer daño con tal de ver a sus hijitos "a salvo" de todo a lo que ella le tiene miedo, aunque sea a costa de esos mismos hijitos. Es una de esas madres que deberían estar deportadas en Siberia por el bien de toda la infancia en general. Y por eso, Cartman sentencia que la mamá de Kyle es un putón. Y lo canta.
Esta canción aparece en dos ocasiones, una de ellas en la película (cuya reseña podeis ver en el Volumen 1 de South Park, en este mismo blog), y la otra en el Especial de Navidad de El señor Mojón. Yo os dejo el enlace para el youtube, donde lo encontrais en varias versiones, entre ellas una (con el doblaje de la serie, no de la película) en el que superponen la canción a imágenes de una serie manga, que me suena pero no me acuerdo de cual es. Hay incluso una versión karaoke de la canción en inglés. Imprescindible.

South Park. Volumen 1.

South Park. Más grande, más largo y sin cortes (Trey Parker/Matt Stone, 1999)
Ayer volví a disfrutarla. Después de lo de los vaqueros (que no eran vaqueros, sino pastores de ovejas), necesitaba algo de diversión. Cuando fui a verla al cine, me encantó. De hecho, de la serie (que ponían a horas intempestivísimas para no estar haciendo otra cosa) había visto sólo unos cuantos capítulos, con lo que esta película fue mi inmersión en ese gran monumento de estudio sociológico de la cultura occidental (me repito, lo se), que es todo lo que sale de South Park y sus habitantes. Mi pasión por South Park es, en muchos momentos, desmedida, pero puedo afirmar, sin lugar a dudas, que esta película es el musical que más me ha gustado de todos los que he visto (y no han sido pocos). No creo que vaya a contar nada nuevo de lo que es la película ni la serie, una amalgama de "cafretadas" sin demasiado sentido, y que dejan a todo occidente como una panda de retrasados mentales, donde lo único sensato y coherente son estos cuatro "angelitos", cada uno en su estilo.
La película, sin embargo, pierde por la duración, no exagerada, pero si que, para tanta mala hostia, al final no tienes risa que soltar. Pero es rápida, los números musicales están muy bien (¿he dicho ya que es el mejor musical de la historia?) y son cortitos, está bien planificada y, aunque es demasiado títere de una vez, no deja ni uno con cabeza. Los militares son unos racistas ("operación escudo humano"), Bill Clinton es un bobalicón, se cargan a los Baldwin y a los Arquette, dejan como imbéciles a Winona Rider y a Brooke Shields ("yo tuve una ventosidad durante el rodaje de El lago azul"), los canadienses son casi héroes de la libertad de expresión, el infierno está lleno de gente conocida, el cielo de Kenny está lleno de tías en tetas... y la mamá de Kyle es un putón (aunque en esto ahondaremos más en la siguiente entrada, porque si no esta va a llegar...). Hombre, el malo es Sadam Hussein... pero no se puede tener todo. Eso sí, Cartman se lo carga al grito de "marica-capullo-cabrón-soplapollas-caca-pedo-culo-coño- pis-puta Barbra Streisand". Sin palabras.
Pero sí hay que ponerle un pero de verdad, a la versión doblada, es que no tiene ni los mismos guionistas ni las mismas voces que la serie, con lo que llaman "Señor Hat" al señor sombrero, el psicólogo dice " y tal" en vez de "saben", y los niños tienen voces de actores que se hartaron de helio... Y cuando se muere Kenny dicen "Cabrones" en vez de "Hijos de puta". El colmo.

En youtube he encontrado un resumen de diez minutos con lo supuesto mejor de la película (hay momentos mejores, como ese en el que Cartman canta aquello de "me han dejado sin vocabulario" al no poder decir tacos...). Si pinchais sobre lo que está resaltado, vais allí directamente, porque yo sigo sin saber cómo puedo meter los vídeos de allí en el blog. Aunque lo mejor es verlo todo, y más de una vez para darse cuenta de todos los detalles. No hay nada dejado a la improvisación. No digo más. A verla.

sábado, 17 de noviembre de 2007

Historias de amor: Brokeback mountain.

Brokeback mountain. (Ang Lee, 2005).
En ese grandísimo monumento de estudio sociológico que es South Park, hay un capítulo donde Robert Redford decide llevarse el Festival de cine independiente de Sundance a South Park, y a los niños los obligan a ver, al menos, una película "independiente", que, inmediatamente, son definidas por el gran Cartman como "películas de vaqueros gays que hacen puding", y que, cuando se aburren, exploran su sexualidad. Pues eso mismo. Sólo que aquí no hay puding, sino latas de judías que hacen al baño maría. No voy a entrar en la dependencia o independencia de las películas de cine indie, porque no viene al caso, y me dedicaré a hablar de esta maravilla.
Me he resistido mucho, sobre todo porque yo todo eso que se haga famoso lo llevo regular si no lo he descubierto previamente, uno es así de pedante. Y más cuando todavía sigo cabreado por la escasa repercusión mediática que tuvo una de las mejores películas de los 90, La tormenta de hielo. Que Ang Lee resonara con esta historia de vaqueros, siendo La tormenta de hielo la obra maestra que es (y teniendo siete años más) podía con mis nervios.
Pero al final la he visto. No me esperaba otra cosa, sigo a Ang Lee (más o menos) desde sus tiempos hongkoneses, su medio salto a la occidentalidad (qué buena es El banquete de bodas), y su permanencia en el staff de directores hollywoodienses con algo de personalidad. Con lo que ya se qué es lo que me voy a encontrar. Y que además me va a gustar.
Sensible (que no sensiblera), bella (visualmente y en el contenido), profunda, emotiva... Acabo de verla y no tengo palabras para calificarla. Todavía no puedo entender por qué me pongo tan burro cuando se me mete algo en la cabeza, y me arrepiento de llevar dos años perdiéndomela. En parte también porque hacía mucho que no lloraba con una película. ¿Por qué no le dieron el Oscar a Heath Ledger?

Resumen semanal (II): Muchachada Nui (9).

Muchachada Nui. Capítulo 9.
Presentado por Jonh Galliano, en una historia inspirada en El retrato de Dorian Grey, a mi me ha parecido bastante flojito, irregular, pero bueno en general, como de costumbre. En Celebrities sale Tita Cervera (que presentará el siguiente) hablando de su hijo, amarrada a un árbol... El padre de Ernesto Sevilla echándoles la bronca por lo malo que ha sido un sketch a su hijo y a Joaquín Reyes, y el VHS quejándose del fin de su uso, fue lo más destacable, aparte de Marcial, como siempre. Enjuto Mojamuto pone una cibercámara, y bajan las visitas cuando se desnuda. No se podía esperar otra cosa. Ayer me tiré todo el día en la calle y estoy de resaca. Por eso ha quedado esto tan bobo. Intentaré mejorar.

jueves, 15 de noviembre de 2007

Serie Z: Karate a muerte en Torremolinos.

Karate a muerte en Torremolinos. (Pedro Temboury, España, 2001).


A algunos les habrá parecido que Robert Rodríguez y mi adorado Tarantino han vuelto a resucitar el género con el inicio de la saga Grindhouse (que no sabemos si continuará, esperemos que sí), pero en realidad, es un género que nunca murió. La confusión puede venir de lo difícil que es que todo este tipo de cine salga de los videoclubs y se integre con cierta difusión en la gran pantalla. No fue el caso. Pedro Temboury, director malagueño experto en esta serie Z, dirigió, con más medios de los habituales, una película que quedará en la retina de todo el que la vea. Calificada como "la peor película española estrenada en cines" (cosa de la que se jactan en la carátula del DVD), se trata de serie Z en estado cuasi-puro. Se trata de una especie de experimento de cómo hacer serie Z con algo más del presupuesto del habitual. No se pretendía hacer una buena película, se pretendía hacer una buena película de serie Z, que no es lo mismo. Y lo consiguieron.
El doctor Malvedades resucita a cuatro zombies karatekas, que irán secuestrando "vírgenes recién folladas" por Torremolinos, con la intención de resucitar al monstruo de Jocántaro, que los ayudará a conquistar el mundo. A todos ellos les harán frente una pandilla de surferos católicos y un profesor en ciencias ocultas que lleva como arma un "Simon dice". Eso es la premisa. Lo demás es pura locura. No hay profundidad en nada, todo está hilado con seda dental, odas al hachis, sexo, humor, efectos especiales cutres y, sobre todo y ante todo, casquería, mucha casquería. Si alguien cree que todo esto no sirve para salir corriendo a conseguirla (cosa que no es nada fácil, yo he tardado unos cuantos años en lograrlo) y tragársela esta misma noche, es que no tiene ni idea de lo que es la diversión.