viernes, 16 de octubre de 2009

Fantasía

Fantasía (James Algar y Samuel Armstrong, 1940)


Hay películas que valen no sólo por lo que cuentan sino por lo que significan o significaron. Fantasía (la original) fue una extraña obra dentro no ya de la animación en su tiempo, sino de la animación normal, donde la factoría Disney, todavía con ciertas miras de exquisitez y de inventar un género en pañales, experimentó con la imagen y el sonido para componer una colección de escenas las más veces bellísimas y arrolladoras en su concordancia con los sonidos de algunas de las más bellas partituras que se han podido oír en un cine.
Sus directores descubren que para emocionar no necesariamente había que matar a nadie (pobre Bambi) ni contar historias de amor rocambolescas (mírese la estupidez esa llamada Pocahontas), sino simplemente transmitir con imágenes lo que a cualquier artista les sugierieran las melodías seleccionadas.


Impresionantes los pasajes de las estaciones, el fragmento dedicado a la evolución (hecho en EEUU hace ya casi setenta años, no se si advierten la ironía) y la inmortal El aprendiz de brujo, que reconcilia con el ratón tontuelo ese a todos los que siempre preferimos a Donald. Que el segmento mitológico es del todo infantil y prescindible, pues sí... pero estamos hablando de Disney, del año 40 y de una película casi experimental... no se le pueden pedir peras al olmo, sobre todo cuando ya ha dado unas cuantas...


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