lunes, 22 de septiembre de 2008

C.R.A.Z.Y.

C.R.A.Z.Y. (Jean-Marc Vallé, 2005)

Películas acerca de la atormentada vida de los homosexuales adolescentes en los 60-70-80 o incluso antes hay a patadas, y la mayoría cuentan los mismos traumas, las mismas dificultades y las mismas cantinelas de “seres especiales”, con lo que a estas alturas, la mayoría de ellas no tienen mayor interés. El problema es que, entre tanta morralla, de vez en cuando aparece alguna que merece la pena, y muchas veces no podemos discernir entre unas y otras. Intentaremos servir de ayuda.
Si algo aporta C.R.A.Z.Y. al género de las represiones es que, pese a se
r parte muy importante de la vida de Zach, el protagonista y la Z del título, no lo es todo. C.R.A.Z.Y. nos cuenta la historia de una familia donde hay un miembro, el ya mencionado Zach, que es “especial”, que todos sospechan desde pequeño que es homosexual, y que se encarga de desmentirlo en aras de la “normalidad”. Pero a pesar de caer en todos los tópicos posibles, lo esencial es el desarrollo de esa familia, lo que la familia (ante todo su padre) piensa, espera y ve frustrado con la inclinación del hijo que, por otra parte, era el favorito de papá. Y su convivencia y los problemas que tiene con su hijo mayor, enganchado a casi todo, y sus hijos medianos, prototipos del buen estudiante y del deportista, y con el benjamín, gordito y mimado. Y de cómo pasan los años, las modas y las músicas (qué gran banda sonora), y de cómo las relaciones entre ellos van cambiando en base a esos “vicios pequeños” que se ocultan para no hacer daño.


Es envidiable en esta película el tratar la cotidianidad, y tratarla con humor, por más que todo la historia sea dramática. El problema es que al caer en tantos tópicos, alguno se le podía ir a su director de las manos. Y así fue. Como en todas las películas de este tipo, el protagonista inicia un viaje “iniciático” (en este caso a Jerusalén), y ahí es donde lo que era un agradable paseo por la historia de una familia se va de madre. Eso sin hablar del ya tópico típico de lo mal que acaban los yonquis. Pero a pesar de ello el mensaje es optimista, es capaz de ser sensible sin caer en los sentimentalismos facilones, y tiene momentos brillantes, casi todos protagonizados por un padre al que lo que le molesta de su hijo no es que haya salido “marica”, es que no le va a dar nietos.
En resumen, podría haber dado para más, pero se empeñan en hacer lo de siempre, y se quedan a medio camino. No obstante, sigo creyendo que merece la pena.


3 comentarios:

Capri c'est fini dijo...

Me gustó esta película, muestra bien lo que es una familia. Además está genial la música y la ambientación sesentera o setentera tiene su gracia. La historia de la dificultad para salir del armario es menos original, pero el conjunto es muy bueno. Saludos.

Justo dijo...

Es muy difícil, como tú dices, filmar una película sobre esta temática de un tiempo a esta parte tan trillada, y emocionar.

Y a mí C.R.A.Z.Y. me emociona mogollón: la he visto tres veces y siempre acabo llorando a moco tendido.
Quizá tenga que ver que el chico que se retrata es de mi generación, y aunque transcurra en Canadá reconozco muchas cosas, vamos casi todo, incluida la banda sonora -¡¡qué pedazo de escena con el Space Oddity: nada más que por eso merece la pena la película!!

Si tuviera que elegir una película de temática gay, elegiría ésta. Y aún reconociendo que hay partes en que flojea, me parece que se trata simplemente de una muy buena película, independientemente del género en que la situemos.

RFP dijo...

Pues de acuerdo con ambos, qué os voy a decir. Lo de llorar con la peli me temo que tiene más que ver con tus propios recuerdos que con otra cosa, querido Justo. De un tiempo a esta parte soy de lágrima fácil (cuando estoy solo, en público no lloro nunca) y ni siquiera se me puso el nudo en la garganta. Pero efectivamente es emotiva y emocionante.
Gracias por pasaros.