sábado, 10 de enero de 2009

Blancanieves y los siete enanos

Blancanieves y los siete enanos (Walt Disney 1938).


Hubo un tiempo, hace no demasiado, en el que la cultura occidental (Japón siempre fue otra cosa) trataba a los niños como seres inteligentes capaces de desarrollarse con normalidad y aguantar cualquier tipo de afecto. Era un tiempo en que la Disney hacía películas que ahora serían censuradas por traumatizantes, pero muchos niños crecieron con entretenimientos fílmicos basados en la muerte de los seres queridos (Bambi), abandonos forzados (Dumbo) y desgracias varias, sin que ninguno de ellos tuviera ningún problema. Es más, desde un punto de vista evolutivo, para alcanzar la madurez es necesario que el ser humano se vaya enfrentando y sea capaz de lograr estrategias para afrontar con éxito las circunstancias adversas, pero eso ahora no está de moda y hay que sobreproteger a los niños para que vivan en burbujas en las que nada les afecte y lleguen a los dieciocho con la misma edad mental que si tuvieran ocho... claro que eso es otro tema.


En ese tiempo se gestó este primer largo de animación de la historia, que por mucho enano gracioso y mucho baile con animales que contenga, en el fondo no es más que un cuento terrorífico sobre el poder, el poder de quien consigue lo que quiere y quiere más. Esa Reina, una de las mejores malvadas salidas de la factoría (con permiso de Maléfica), llegada a lo más alto, no se conforma con ello, y desea ser la más bella del reino, decretando la muerte para su rival, la adolescente hija de su marido que escapará por designios de la providencia. Juegos de luces y sombras casi expresionistas, colores matizados, ambientes y personajes oscuros (comenzando por el Espejo) y todas y cada una de las apariciones de la Reina, absoluta protagonista del evento, hasta su transformación, huida y muerte (magistral secuencia en sombras) sirven para dar cuerpo a una historia suficientemente infantilizada para sus fines pero siniestra como sólo de esa factoría salió años después Alicia en el país de las maravillas, quizá otra de mis películas favoritas. Luego ya...

3 comentarios:

dvd dijo...

No soy de Disney más que de ésta, FANTASIA y... y poco más, la verdad; tengo la firme creencia de que todos los males y tics del cine Disney se han ido trasladando paulatinamente al concepto de cine americano y sus ramificaciones varias, edulcorando hasta lo más horrible y convirtiendo lo que antes eran sentimientos y sensaciones en guiñapos virtuales que no se cree nadie... porque lo malo es que empiecen a creérselo y aceptarlo...

David C. dijo...

provoca volverla a ver.

Lola dijo...

Querido, admirado y amado RFP

¿y a mí que me hubiera encantado ser la bruja mala de Blancanieves?
Aunque con 90 niños y niñas a mi cargo de lunes a viernes...

La película tiene muchos guiños para adultos...

Un beso.