sábado, 6 de diciembre de 2008

Pink Flamingos

Pink Flamingos (John Waters, 1972)



Me acabo de dar cuenta de que a estas alturas todavía no le he dedicado un post a mi adorado Waters, hecho harto insólito teniendo en cuenta lo que me he reído y las veces que he estado a punto de vomitar con las películas de este director.
Pink Flamingos, su obra de culto por antonomasia, es una de esas películas que, como muchas otras obras de principios de los setenta, tienen mucho más de importancia por su significado que por su calidad fílmica, discutible en todo caso. Conocida sobre todo por su ignominiosa, repugnante y arriesgadísima escena final, esa en la que Divine, en su afán por ser la más asquerosa de todas las asquerosas, se come un moñigo que un perro acaba de excretar en un plano que no deja lugar a dudas de su certeza, todo el film, sin embargo, está teñido de pura y dura provocación hacia el sistema, ese mismo en el que Waters se mueve actualmente con bastante más acierto que muchos otros, pero ese será otro tema.
La guerra que Divine establece con sus vecinos, en ese afán por s
er los más inmundos del mundo los lleva al secuestro, las violaciones, la zoofilia, el incesto, el sexo sórdido... todo grabado con la más absoluta falta de censura y buscando, en el caso de Waters, la provocación como primer y último fin, que al fin y al cabo era lo que pretendía el underground, no nos llevemos a engaño. Aún así, en esa falta de censura y en ese "todo vale", Waters demuestra tener ideas y talento que no todos sus compañeros de escuela poseían, y rodea a la sin par Divine de una serie de personajes extravagantes, fascinantes y maravillosos (comenzando por su madre, enjaulada en una cuna y obsesionada con los huevos duros) que no hacen más que subrayar lo que Waters luego iría depurando.


Obra maestra del underground, lo que no tiene nada que ver con que lo sea del cine, es una de esas películas que hay que ver por aquello del mito, aunque sea una vez en la vida, y aunque sea con un barreño delante. Ya advierto que hay dos o tres escenas francamente asquerosas, pero la final, la del boñigo... hasta a mi me pone los pelos como escarpias.

3 comentarios:

Justo dijo...

Creo que Divine se asesorò antes de decidirse a comer la caca de perro, escena que como tù dices es real, y le dijeron que no conllevaba riesgo para la salud -lo cual no deja de ser una buena noticia para amantes de este tipo de proezas, que hay gente muy freak por ahì-.

Suscribo todo lo que dices. La pelìcula es una cumbre.

Un abrazo muy fuerte, ya tenìa gana de volver por aquì.

dvd dijo...

Hombre, por lo menos Waters tiene más sentido del humor que Morrissey. La peli es mala con avaricia pero te ríes un rato. Un "crítico", no recuerdo cuál, dijo que era un clásico del underground... ¿Puede haber dos cosas más contrapuestas?

RFP dijo...

A falta de desarrollo posterior, el underground se ha convertido en un género clásico mal que le pese. Lo de "mala con avaricia" me ha cautivao, creo que lo voy a adoptar con tu permiso (y sin él también).