domingo, 12 de octubre de 2008

Brazil

Brazil (Terry Gilliam, 1985)

Hay películas visionarias, esta es una de ellas. Es posible que Brazil sea más importante por lo que cuenta que por cómo está realizada, por más que tanto lo uno como lo otro sea impresionante.
Sin embargo si es cierto que la dirección, e incluso los recursos de la historia, son un tanto artificiales y, ante todo, efectistas. Claro que Gilliam todo lo que ha
ce lo hace así, cosa que le da valor porque él (y sólo él) sabe cómo usar el artificio y el efectismo para contar lo que quiere contar, incluyéndolo sin miramientos en el discurso narrativo de sus obras como unos personajes más, como parte fundamental de lo que está contando.


Como se vale de una iconografía y una puesta en escena determinados: en un futuro no demasiado remoto, la gente va vestida a la moda del cine negro de los años cuarenta, y las fuerzas del orden público se caracterizan por vestimentas sacadas del ejército nazi, la GESTAPO y demás elementos del nacional-socialismo. Ello también sirve para que el discurso quede claro. Porque en esta película todo está medido y más que medido para hablar de lo que quiere hablar.
Y es que si de algo trata Brazil es de un futuro no muy lejano
. Un futuro donde la burocracia lo ordena todo, donde el afán por el control de lo que pasa es tal que se construyen órdenes tan complejos que no se permiten fallar, que nunca fallan. Y que si fallan es culpa de otros. Una sociedad deshumanizada hasta tal punto que puede estallar una bomba en el restaurante donde se cena sin que nadie, salvo las víctimas, se inmuten, donde lo importante es estar bello y joven aunque nos cueste la vida. Un futuro donde nadie pide perdón porque nadie se equivoca, donde el responsable de los actos no es quien los realiza, sino a quien va dirigido el acto. Una sociedad donde el mensaje político es el de "no pasa nada" y "está todo controlado", mientras se difumina la conciencia con ayuda de los medios de comunicación (y especialmente la televisión). Una sociedad donde uno tiene que pagar una burocracia ineficiente hasta para que te torturen y te maten. Una sociedad de la que sólo se puede escapar mediante la locura, mediante la evasión a un mundo imaginario, el único en el que se puede estar bien, como ese Brazil del título, como esa canción del mismo título cuyas versiones suenan durante toda la película.


Temas recurrentes en la filmografía de Gilliam que nunca están tan claros como aquí, ni quizá ha tenido mejores resultados. Pero el adorno es igual que siempre, los espejos, los desenfoques, los escenarios opresivos, los personajes desencantados, la fantasía inspirada en superhéroes de cómic y cuentos infantiles... para una película que, bien mirado, lo único que hace es acercarnos a lo que nuestros queridos políticos y medios de comunicación van a conseguir que tengamos de aquí a no mucho. Yo no se si me volveré loco. Lo mismo me pego un tiro antes.

2 comentarios:

dvd dijo...

¿Qué, rizando el rizo? Veo que te ha dado por explicar algunas de las pelis más inexplicables de la historia del cine. Te aseguro que cuando vi ésta no entendí pero nada de nada. Ahora me ha quedado un poco más claro, pero sigo sin saber si es buena o no, no sé...

RFP dijo...

Tampoco es para tanto, pero si puedo resolver alguna otra duda, acepto peticiones.
Por lo demás hay directores que no son buenos o malos, solo gustan o no, como es el caso. Lo mejor, que si tienes las cosas algo más claras y dos horas de tiempo que no necesites para otra cosa, la vuelvas a ver y decides.
Un saludo.