martes, 26 de abril de 2011

El hada ignorante

El hada ignorante (Ferzan Ozpetek, 2000)


Como uno tiene su orientación sexual pero no es militante, cada vez que me encuentro con el último descubrimiento de los cada vez más prolíficos festivales de cine LGTB (y pongo siglas sólo por recortar) tengo una extraña mezcla entre curiosidad y desazón que lo único que consigue es que salga huyendo de tal manera que si me encontrara con una reposición de Los bingueros, entraría a verla.
Claro que al final siempre caigo y hace pocos días, y gracias a mi suscripción a Filmin, tuve la grata sorpresa de ver cómo mis prejuicios eran firmemente abofeteados por una película bellísima que todavía hoy me tiene fascinado.
Entre otras cosas porque Le fate ignoranti se olvida, precisamente,
de toda la parafernalia activista que nos llega de esos festivales y se centra en algo que, por lo visto, cada vez cuesta más trabajo en el cine actual y que consiste en algo tan difícil como contar una historia.
Historia de amor, de desamor y de muerte, de pérdidas y encuentros, de secretos, mentiras y medias verdades que, lejos de caer en el dramón histriónico o en la telenovela de parvulario, consigue tratar con dulzura, respeto y sensibilidad (que no pararé de repetir que no tiene nada que ver con la sensiblería) unas experiencias tan duras como pueden a veces llegar a ser las movidas por los sentimientos.


Personajes que sostenían al ausente, aunque ellos creyeran lo contrario, héroes heridos al descubrir que sus mundos nunca fueron lo que parecían, Antonia y Michele, esposa y amante masculino del hombre muerto, descubren al intentar reemplazarlo no sólo su sumisión al otro en ese desatinado intento de normalidad, sino su propia individualidad y su manera de volver a ser ellos mismos.


lunes, 25 de abril de 2011

Frase de la semana


No puedes ser gay por una sola persona. A no ser que seas una mujer y conozcas a Ellen.


Liz Lemon en 30Rock (S02E07).

jueves, 21 de abril de 2011

Destrozando a... Vivir hasta el fin

Vivir hasta el fin (Gregg Araki, 1992)


Empezaré por decir que ya el título es espantoso (bueno, el original The living end tampoco es para tirar cohetes), pero de juzgado de guardia, vamos.
Y ahora iré al turrón.
Yo sigo sin ver dónde están las virtudes del cine de Gregg Araki, ese señor que consiguió convertirse en el abanderado del cine gay-indie-americano (aquella estupidez del New Queer Cinema... yo es que estoy ya de etiquetas hasta los mismísimos) aunque luego su relación sentimental más duradera fuera con una de sus actrices y terminara haciendo comedietas románticas bisexuales... pero eso es otro tema.
La cosa es que su tercera película, esta que comentamos hoy y que fue candidata a no se qué premio en Sundance (wikipedia dixit) es un perfecto ejemplo de todo lo que caracteriza a lo que se ha venido en llamar su "cine". Porque todas las películas que he visto de Araki, aunque lo he abandonado hace mucho, son prácticamente iguales.
Partimos de algún conflicto sexual entre varias personas (más o menos llamativo, aquí el descubrimiento de la seropositividad de un escritor y su encuentro con otro seropositivo un tanto psicopático), aparecen personajes secundarios "alocado
s" (que no aportan nada, que están ahí de adorno y que son totalmente prescindibles) y vemos muchas preciosas postales dialogadas con frases poéticas de mercadillo y que giran y giran y siguen girando acerca de la misma idea que es la que vertebra todo el guión (en este caso, eso de vivir rápido, morir joven y dejar un bonito cadáver).
Que puede tener su gracia, no digo yo que no, pero que aumentaría su valor si lo que van declinando tuviera algún sentido y, sobre todo, si Araki supiera dirigir (actores, entre otras cosas), lo tengo clarísimo.


Porque miren ustedes, yo puedo estar de acuerdo en que alguien quiera ser moderno y planifique las escenas con estilo pictórico seudopop, con que ese mismo alguien limite la actividad de los personajes a estereotipos motrices que se van repitiendo, con que ese alguien desarrolle la actividad dramática allende los actores y centrado en acciones vacuas, incluso con que ese mismo alguien acierte a desarrollar escenas cercanas al video-arte.
Pero con lo que no puedo estar de acuerdo, de ninguna de las maneras, es con que eso sea cine. Me niego.


lunes, 18 de abril de 2011

Texto de la semana


Consumidor y consumido, el niño-fetiche es el nuevo producto de nuestra civilización.

Françoise Dolto (La dificultad de vivir)

lunes, 11 de abril de 2011

Estrofa de la semana


Suplícame, que me está gustando.

Te enseñaré cómo lo hice yo.
Insísteme todo lo que sepas.
Y dame todo el tiempo la razón.

La Bien Querida en Queridos Tamarindos (CD Fiesta, 2007).

lunes, 4 de abril de 2011

Monty Python's Flying Circus

Flying Circus (BBC 1969-1974)


Creía haber hablado ya de esta serie, pero viendo la lista de entradas, parece ser que no. Claro que cuando la he tenido presente desde inicios de este blog, allá en 2007, mientras hacía anotaciones de las posteriores Los caballeros de la mesa cuadrada y La vida de Brian, también es fácil confundirse.
Estoy convencido de que pocas veces en la historia de la cultura del siglo XX ha habido más talento reunido que dentro de los Monty Phyton. Y con eso ya estoy
diciendo lo que va a ser esta entrada.
Amos absolutos del humor absurdo, creadores de un tipo de comicidad que luego ha sido explotado por todos los que han querido hacer humor inteligente y plagiados hasta por ellos mismos (The meaning of life no es otra cosa que una sucesión de sketches que bien podrían haber formado parte de esta serie), es en esta obra maestra incontestatable de la televisión donde dan forma, pulen y embellecen lo que nos ha llegado de ellos y conforma todo el universo que los rodeó cuando existían y los ha seguido rodeando tras su disolución.


En realidad lo que hacen no es más que lo que ya expliqué aquí antes, y tampoco me quiero repetir. Así que simplemente diré que, cuarenta años después, el circo de los Python sigue volando alto, alto, mucho más alto, que toda la comedia que hemos podido ver en la catodia desde entonces.
Y no hablemos, evidentemente, del producto patrio, que es harina de otro costal... Aunque es curioso que uno de los más divertidos e ingeniosos gags que tenía el programa fuera a costa de nuestra historia. Recuerden (y si el youtube me deja, lo insertaré) que Nobody expects the Spanish Inquisition.




Frase de la semana


Paris bien vale una misa.


Enrique IV de Francia (atribuida).

viernes, 1 de abril de 2011

Cantando bajo la lluvia

Cantando bajo la lluvia (Gene Kelly y Stanley Donnen, 1952)


De todos los posibles géneros del cine, sin duda del que menos he hablado ha sido del musical. Entre otras cosas porque es un género al que, al contrario de muchos de mis congéneres, no tengo demasiado aprecio, pero es innegable que independientemente del género existen películas y la que hoy nos ocupa, concretamente, no puede dejar de gustar a nadie.
Singing in the rain tiene muchas virtudes, además de muchos excesos (cantarines todos ellos), pero es lo que pretende y mucho más. Estamos ante una
película que, en forma de excesiva comedia romántica, nos cuenta la historia del paso del cine mudo al sonoro y el concepto de la inserción músical como parte de la estructura fílmica.
Como tal se nos presentaría un relato sensibloide con muchos números musicales al uso, pero en este caso va mucho más allá. En un casi perpetuo e irrepetible ejercicio metalingüístico (me doy cuenta de que últimamente hablo demasiado de ello, si) Donnen y Kelly (el gran artífice sin duda) exploran lo audiovisual del cine hasta hacer chistes (lo más divertido de la película, la voz de Jean Hagen) casi exclusivamente sobre la base auditiva y/o visual.
Decididamente ingenua como las mismas películas de las q
ue habla, colorista y optimista, Singing in the rain se apoya en los tipismos del cine para hacer otra cosa, para demostrarnos que lo de "vista una película, vistas todas" no necesariamente es así.


Elogio a la figura del autor y de la expresión artística, cuenta con algunos de los números musicales más recordados de todos los tiempos y con una banda sonora que ha llegado a nosotros de todas las formas posibles. Todo ello insertado con maestría en la línea argumental de la película y con un manejo de los artefactos que sería inspiración para la mayor parte de los musicales posteriores.
Homenaje al cine musical cuando ella misma se convertiría en el mayor musical de todos los tiempos, esta película seguirá siendo grande por muchas cosas, entre ellas el que música, espacio y movimiento hacen de ella una obra maestra de, esta vez si, algo que podemos llamar arte.
Y para muestra, precisamente la escena más recordada y la que da título al film. Disfrútenla.