miércoles, 8 de septiembre de 2010

Atrápame si puedes

Atrápame si puedes (Steven Spielberg, 2002)


No pensaba hablar de ella, pero dado que ayer decidí que esta sería la semana Spielberg, aprovecharemos que la vi hace poco para, me temo, repetirme en parte con lo que dije ayer.
Porque por más que Spielberg consiga, que lo hace, realizar una película mucho más madura de lo que es habitual en él, sigue cagándola donde siempre, en un final edulcorado hasta la médula que casi logra deshacer el encanto de todo lo que nos ha contado antes.
Un final basado en la redención de un tipo que logró estafar a todo el sistema bancario, no sólo estadounidense, y que es, con mucho, la parte menos interesante de lo que nos está contando.
Sin embargo, si somos capaces de abstraernos de la moralina recalcitrante pro-capitalista, por muy vergonzosa que resulte, lo que nos ha emocionado previamente sigue manteniéndose.
Y es que un chico de dieciseis años que ve como la fachada de la felicidad familiar se le ha ido descascarillando hasta hacerse pedazos se dedique, precisamente, a impostarse dentro de los papeles más descabellados, como metáfora de la propia mentira que ha envuelto su vida, podría irse de madre en manos de alguien más efectista.
Pero la corrección habitual de Spielberg potencia esa historia, real, que en tono casi cómico nos narra las peripecias del que busca la felicidad real valiéndose de engaños y sólo consiguiendo una amistad más o menos duradera con su perseguidor, el único anclaje al mundo que él mismo no se ha inventado.
El retrato de la estupidez humana, capaz de cambiar de idea simplemente por un traje (de piloto de Pan Am, desde luego), capaz de confundir ignorancia con sabiduría o capaz de no darse cuenta de una confesión a tiempo con tal de tener enfrente a quién ellos desean tener, es otra pieza más de ese puzzle falso que el estafador compone con demasiada poca astucia para no ser cazado.

Y aún así logra escapar una y otra vez y se deja capturar de la forma más absurda, quizá para huir de esa farsa que parece necesitar para salir de su incómoda realidad, pero que no termina de darle eso que durante tanto tiempo ha ido buscando.
Quizá porque todos nos hacemos mayores y necesitamos anclarnos a algo real, aunque sea al peor de nuestros enemigos.
Quizá porque nuestros enemigos nunca lo fueron tanto.


2 comentarios:

dvd dijo...

A mí me gusta con reservas, pero me emociona más que MINORITY REPORT. Eso desde luego...

Ricardo Baticón dijo...

Sí de acuerdo que el final es azucarado... Spielberg, qué quieres?... pero la peli está guapa y uno se lo pasa pipa viéndola, o no?