martes, 16 de febrero de 2010

Mucho ruido y pocas nueces

Mucho ruido y pocas nueces (Kenneth Branagh, 1993)


Much ado about nothing es una comedia romántica atribuida a Shakespeare (siempre hay gente discutiendo sobre sus autorías) y que contó, como no podía ser de otra manera, con su adaptación cinematográfica de manos de Kenneth Branagh, además de mantener la horrible traducción de su título original también en la película.
Claro que al final da lo mismo porque la película no ve mermada en absoluto su grandeza por ese pequeño detalle. Lo que hace tener un buen guión aunque tenga quinientos años es que el director se puede dedicar a dirigir, y Branagh se entrega a ello consiguiendo que hasta Keanu Reeves parezca buen actor.
Para ello tenemos que tragárnoslo a él interpretando, pero bueno... tampoco quita mérito a una cinta divertidísima y llena de ritmo que da millones de vueltas a cualquier comedieta de tres al cuarto de esas que estrenan en San Valentin.


Aunque también podemos ponerle peros. Y es que hay un problema que Branagh intenta solucionar pero no tengo claro si consigue: la absoluta falta de alma del director en la cinta.
Branagh pretende ser tan, tan fiel, que se olvida de darnos muestras de la identidad de su mano, resumiendo su adaptación en la sucesión de escenarios distintos como único recurso contra la excesiva teatralidad.
Es decir, Branagh firma una estupenda adaptación de una estupenda obra que transpira literalidad por todos sus poros, y ese es uno de los únicos defectos que le puedo a encontrar a esta cinta, además de que quizá no le hubiera venido mal un par de cortes en el metraje final...


2 comentarios:

Lo dijo...

Ciertamente no le vendría mal algún tajo, pero a pesar de todo directamente la adoro.

Ricardo Baticón dijo...

Todo un clásico de peli que cuando la vuelves a ver no decepciona... y siempre me acabo riendo con ella. Muy buena.