martes, 29 de septiembre de 2009

Días extraños

Días extraños (Kathryn Bigelow, 1995)


La carrera de Bigelow es una de esas que perdí de vista hace años a pesar de haber realizado alguna película destacada en los noventa. Y es que si no tiene mérito sacar casi oro (para lo que podría haber sido) de la estulticia del guión de Point Break (consiguiendo a pesar de las limitaciones que su libreto imponía que Le llaman Bodhi pueda ser considerada una de las grandes películas de acción de la pasada década), por favor que alguien me explique qué lo tiene.
No obstante Bigelow se quiso alejar de la pantomima detectivesca americana típica y creó en su siguiente trabajo, esta Strange Days de la que hoy nos ocupamos, una pequeña joyita, imperfecta pero llena de aciertos, que bajo la apariencia de una película de acción ambientada en un futurista comienzo del año dos mil (y más teniendo en cuenta su realización tan sólo cinco años antes del cambio de siglo), le sirve para realizar un deprimente retrato de una generación preapocalíptica envuelta en el nihilismo
relacional y donde se hace preciso el intercambio de experiencias vía realidad virtual para intentar dar sentido a unas vidas marcadas por la monotonía y la desgracia.
Angela Basset y, sobre todo, un Ralph Fiennes más guapo que nunca, sustentan la acción y el dramatismo de la historia, mientras que Bigelow rueda con habilidad y crea una película estéticamente impactante que ayuda al desarrollo de una trama que se mueve por mundos oníricos casi con tanta coherencia como si fueran reales.


Después de esto, a Bigelow le perdí la pista, y ahora me entero que dirigió El peso del agua (de la que leí algunas críticas buenas en su momento, pero que jamás vi) y está en espera de estrenar su última película, ganadora de varios premios menores en Venecia 2008. Tendré que ponerme a ello.

lunes, 28 de septiembre de 2009

Frase de la semana


Cada uno tiene derecho a elegir su propia manera de vivir, su camino para ser felíz, ¿o no?


Almudena Grandes, El capitán de la fila india (Estaciones de paso)

sábado, 26 de septiembre de 2009

Way down the hole

Way down the hole (Tom Waits, album Big Time, 1988)

Todos los amigos seguimos haciéndole el duelo a The Wire, y es por ello por lo que quiero hacer constar que el gran tema inicial de la serie, incluyendo sus ocasionales variantes, se lo debemos al no menos grande Tom Waits, que ya ha sido en alguna ocasión objeto de comentario aquí (con The Black Rider creo) pero cuya discografía conozco tan desordenadamente que soy incapaz de escribir algo coherente de un disco completo suyo.
Así que aquí tienen una canción fascinante y espeluznante a la vez, llena de esa mezcolanza de estilos y la voz quebrada de Waits, una especie de jazz recompuesto que es, como todas sus canciones, una absoluta delicia.




viernes, 25 de septiembre de 2009

La dama de Shangai

La dama de Shangai (Orson Welles, 1948)

Si miramos con lupa la película de Welles no es de extrañar que a la hora de su estreno obtuviera tantas malas críticas. Viniendo de quien siete años antes había fascinado a propios y extraños con una de las consideradas, aun hoy en día, mejores películas de la historia del cine, la poderosa Citizen Kane, el modo de presentar y rodar The lady from Shangai resulta tan confuso como el devenir del principal personaje de la trama, ese irlandés prendado de la seductora mujer que salva del ataque de unos ladrones en la primera escena, interpretado por el propio Welles.
La historia de la película viene siendo parecida a las de tantas femmes fatales (hablamos, por ejemplo, de Perdición en estas mismas páginas hace algunas semanas) y quizá es lo de menos en este y en otros muchos casos. Lo fascinante de The lady from Shangai se centra en el trato dado a las imágenes, en esa planficación extraña
con planos descentrados, escenas que no cuadran, juegos de luces y sombras, en esa preocupación estética que turba tanto como la atracción de Welles por Hayworth, quizá en un juego metalingüístico que muchos no supieron ver en el momento.


Lo demás es de sobras conocido, y gloriosa escena final de los espejos (imitada hasta la saciedad, entre ellos por Woody Allen al final de Manhattan Mistery Murder) es uno de esos momentos cinematográficos sublimes y únicos, de esos que sólo por su existencia merecen el visionado de la cinta completa, aunque al principio resulte dura, dura... y no tengamos muy claro qué es lo que nos vamos a encontrar.

jueves, 24 de septiembre de 2009

Destrozando a... El club de los poetas muertos.

El club de los poetas muertos (Peter Weir, 1989)


Hallámonos aquí ante la historia de unos niños pijos que, gracias a la intervención del siempre cargante Robin Williams en la piel de un profesor de filosofía para retrasados (o algo así), cambian su forma de ver el mundo, se rebelan, y salvo el que muere (porque para que surja efecto tiene que morir alguien), se convierten todos en mejores personas...sniff, sniff... ¡qué bonito!
Es decir, estamos ante una película de sobremesa, enésima revisitación de Rebelión en las aulas (más las que vendrían después, que son todavía peores), que lo único que cambia es la escuela para marginados por la universidad para señoritos. Ñoña, aburrida, cursi y muy patética, se llevó sin embargo las gracias de mucha gente que no sabe ni de qué idioma viene el famoso Carpe Diem ni mucho menos quién era Horacio...


Una cosa lamentable de esas que Joyivú hace para que creamos que no sólo con pistolas es lo que se les ocurre. En fin...

miércoles, 23 de septiembre de 2009

La vida soñada de los ángeles

La vida soñada de los ángeles (Erick Zoncá, 1998)



La vie reveé des anges pasó con cierta efímera gloria por las carteleras hispanas para desaparecer después del imaginario colectivo. Y tanto lo uno como lo otro tienen que ver con el cierto boom que surgió tras el (merecidísimo) premio compartido que obtuvieron sus dos protagonistas (y prácticamente únicos personajes de peso de la película) en Cannes.
Su olvido entre las grandes obras de los noventa es inmerecido, y su rememoramiento por parte del autor de este blog tiene que ver con que se va a conocer París a finales del mes que viene y le ha dado otra vez por lo gabacho.


La película de Zoncá (director del que no he vuelto a ver nada más) es una de esas historias sin historia que destilan desesperación e humanidad, y que se cimenta casi en exclusiva en un guión precioso y, efectivamente, en el magnífico trabajo de unas actrices de las que también hace años que no escuchamos hablar (aunque de Bouchez hubiéramos escuchado demasiado para mi gusto ya antes) y que dan perfecto empaque a esas almas perdidas encontradas y separadas brutalmente al final.
Una película dura, emotiva y trágica que tendríamos que revisar y que debería haber mantenido mayor difusión con el tiempo. Una pena.


martes, 22 de septiembre de 2009

Los increíbles

Los increíbles (Brad Bird, 2004)


Pixar se está convirtiendo en la factoría cinematográfica más laureada desde su debut en el largo con Toy Story. Bien es cierto que en su matrimonio intermitente con Disney, la animación en tres dimensiones desarrollada por esta empresa devolvió al gigante americano su esplendor de tiempos remotos (cuando realizaban películas que no necesariamente eran para bebés) filmando cintas que bajo la apariencia casi de cuento de hadas modernos exploraban mundos más adultos que los de sus homólogas en animación tradicional.
Sin embargo, y a pesar de todos sus logros, sus extremadamente buenas críticas hacen pensar en qué es lo que la crítica nacional e internacional juzga como buen cine, y dónde está el criterio que llevó a considerar Amanecer, por poner un ejemplo, una obra maestra.
Los increíbles es una buena historia, divertida, entretenida y con cierto grado de profundidad, acerca del paso del tiempo y las secuelas que ese tiempo deja en nosotros, en este caso en una panda de superhéroes venidos a menos que tedrán, años después, que recuperar su estatus en un mundo que ya no los necesita. Y en esa lectura casi existencial reside gran parte de los valores de una cinta que el director de la magnífica El gigante de hierro conduce con habilidad por sendas en las que fácilmente se podría haber caído en el tópico y la cursilería.


Bird demuestra dominar el cine que hace y consigue disfrazar con humor lo que podría dar para un drama sesudo, ayudado por la necesidad de hacer una película para todos los públicos. Pero precisamente eso es lo que al final la pierde.
Los increíbles es una muy buena película, ágil, trepidante e hilarante a partes iguales... pero excesivamente puerilizada para ser considerada la obra de arte que muchos consideran que es, cosa que reside en bastante más que en filmar de forma efectiva en tres dimensiones y crear escenas colosales e impresionantes.
No es que quiera quitarle méritos, que son muchos, pero a la hora de calificar algo en grado sumo, también hay que tener en cuenta los defectos, incluso el más mínimo, que lo es.


lunes, 21 de septiembre de 2009

Frase de la semana


No se puede sucumbir a la nostalgia de lo que aún no ha comenzado, y sin embargo eso fue lo que hice yo aquella tarde al completar la última de mis tareas, tirarme en la cama, cerrar los ojos e imaginar que no estaba sola, que sabía por qué suceden las cosas y que no echaba nada de menos.


Almudena Grandes, Receta de verano (Estaciones de paso).

domingo, 20 de septiembre de 2009

Beltenebros

Beltenebros (Pilar Miró, 1991)



No soy especialmente amante del cine de Miró. Le reconozco cierto valor autoral y estético, pero sus films (a excepción quizá de El perro del hortelano) me resultan extremadamente lentos y casi descafeinados en su búsqueda de lo afectivo. Pero Beltenebros es otra cosa.
Por más que es cine de su autora, y lo es en su filmación de principio a fin, Beltenebros tiene algo que otros films suyos no tienen, y es que resulta entretenido e intrigante en su cadencia. Quizá porque al cine negro le puede venir muy bien la forma de rodar de la directora, quizá porque ya la historia de Muñoz Molina en la que se basa sea suficientemente interesante, Miró consigue uno de sus mejores trabajos gracias a un reparto mayoritariamente británico, a una cuidada producción y a una excelente fotografía.
En la mente de todos queda el striptease de Kensit disfrazada de Gilda, pero Beltenebros está llena de espacios oscuros, de imágenes memorables... que Miró usa para contarnos la historia de unas personas atrapadas en una época que pocas veces se trató en el cine más allá de la visión "maqui" o desde la resistencia hispana. Una historia fascinante que Miró lleva a buen puerto y que a mi me reconcilia con ella.


jueves, 17 de septiembre de 2009

Destrozando a... The Spirit

The Spirit (Frank Miller, 2008)


Cadena de hechos:
1) El señor Miller era un reputado dibujante de cómics que abandonó el discurso por la estética y le salió bien (amigos comiqueros dixit).
2) En esto llega Robert Rodríguez y realiza un magnífico trabajo con su Sin city, a pesar de las supuestas reticencias que Miller tuvo al principio del proyecto.
3) En eso que Miller se termina de convencer de que la estética lo es todo y pretende hacer otro Sin city, pero esta vez partiendo de un p
ersonaje ajeno, The Spirit de Will Eisner.
4) Y lo que le salió fue un churro como una catedral y posiblemente una de las peores películas del 2008.


Fundamentalmente porque la originalidad funciona sólo cuando es original y porque para hacer cine se necesita bastante más que cuatro niñas monas (incluída la divísima Paz Vega que para lo que sale se podía haber quedado en casa) y mucho croma. No se si ahora entienden el concepto de supuestas reticencias que tenía Miller para Sin city, vamos...

miércoles, 16 de septiembre de 2009

Secretos y mentiras

Secretos y mentiras (Mike Leight, 1996)


Todas las revistas especializadas destacaban, entre toda la cosecha llegada a Cannes en 1996, dos películas entre las que se debía encontrar la palma de oro. Una era la apabullante Rompiendo las olas, de von Trier, y la otra esta obra de Mike Leight.
El gato al agua se lo llevó esta última, que, no contenta con ello, terminó dando la pasada maestra al dios danés del ego al hacerse también con el premio a la mejor actriz. Claro que el trabajo de Brenda Blethyn como la madre biológica de la hija negra que dio en adopción es soberbio, impresionante, escalofriante... pero no está mejor que el resto de los estupendos actores en los que Leight soporta su intenso discurso s
obre la familia.
Secrets and lies es una grandísima película, que a diferencia del histrionismo de su competidora, pasa casi sin hacer ruido, casi sin dejar rastro si uno no va preparado, casi sin querer que nos demos cuenta que detrás de esa especie de drama costumbrista británico se esconde una película emotiva y bellísima, divertida a la vez que terrible, sobre la falsedad de nuestros mundos y cómo un error del pasado puede llevar a tambalear los cimientos de todo lo que conocemos ahora.

Secrets and lies precisamente utiliza esos secretos y esas mentiras que hacen que nuestra vida sea más fácil y los va descubriendo sutilmente para que nos demos cuenta de que esa vida es ilusoria, esa vida es la que nosotros hemos querido conformar, pero donde todo al final rinde cuentas.


Y nos lo muestra precisamente desde la perspectiva del "error", Hortense, la hija negra que la protagonista abandonó y que parece ser la única que es capaz de entender desde el principio su drama mientras asiste como nosotros, en ocasiones atónita, a cómo se va desarrollando la vida cotidiana de esa típica familia inglesa en la que ella podría haber estado y de la que, finalmente, parece que formará parte.
Leight maneja perfectamente los hilos que hilvana para formar la red en la que se mueve sin necesidad de posicionarse e insuflando cariño a todo lo que le ocurre a sus personajes, por ello estuvo antes seis meses con los actores preparando el guión... se nota que todos lo trabajaron pero bien.


lunes, 14 de septiembre de 2009

Frase de la semana


Miradme y ved con qué infamantes grillos

estoy aquí sujeto
en la roca más alta de esta sima,
montando, en centinela,
una guardia que nadie envidiaría.

Prometeo en Prometeo encadenado.

domingo, 13 de septiembre de 2009

Ataque verbal

Ataque verbal (Miguel Albaladejo, 2000)


Albaladejo se está convirtiendo en una especie de neorrealista en un mundo donde el realismo interesa poco. En medio de toda su filmografía y en colaboración con Elvira Lindo, Albaladejo propone un juego que no creeríamos de él pero que no deja de ser lo mismo que ha contado siempre.
Siete diálogos duales se van sucediendo en la pantalla en apenas hora y cuarto para dejar claro que en las relaciones (las de pareja, las de amistad, las de reencuentro...) prima el dolor por encima de todas las cosas.
Albaladejo centra su mirada como siempre en pequeñas personas y en pequeñas cosas, haciendo evidente el cariño que siente hacia unas criaturas imperfectas que no saben mantener la boca callada cuando tienen que hacerlo, y a las que dirige una cámara indiscreta que se inmiscuye en sus más profundos miedos.
Ejercicio arriesgado para la cinematografía de la que viene, más preocupado en copiar productos anglosajones que en idear nuevas fórmulas, Ataque verbal quizá no sea la película perfecta, pero resulta ágil, entretenida y remueve algunas entrañas... tantas como nos imaginamos que surgirán del vientre del personaje de Sergi Sánchez cuando Antonia San Juan se decida por fin y termine tirándolo por las rocas...


sábado, 12 de septiembre de 2009

Performance

Performance (Astrud, 2004)


Como últimamente no hay quien me saque de La casa azul y al único concierto que he ido en todo el verano fue al de Astrud en Nocturama (Sevilla), concierto del que espero saquen disco inmediatamente, pasaré a dejaros un par de temas del que posiblemente sea mi disco preferido del dúo. Performance es Astrud en estado puro, es cinismo donde sólo parece que hay cotidianeidad, es música cuasielectrónica que pierde su esencia, es arte y no hay más que decir (por más que muchos consideren artístico otras cosas, y quien quiera entender...). Maravilloso, vamos.
Y para muestra la canción inicial (Masaje) y una de las canciones de mi vida (Vamos a un bar). Que las disfruten.






viernes, 11 de septiembre de 2009

Perdición

Perdición (Billy Wilder, 1944)

Parece que de vez en cuando se nos olvida (a todos) que Wilder hizo bastante más que comedia. Es cierto que será recordado por la mayor parte de la humanidad por genialidades como Con faldas y a lo loco y El apartamento, pero más allá de sus obras más recordadas, Wilder demostró (mucho antes de realizar estas, además) que era un gran cineasta que podía tocar todos los palos.
Así pasaba en El crepúsculo de los dioses (Sunset Boulevard), ya comentada anteriormente, y así sucede en la grandísima Perdición, ejercicio de intriga realizado por Wilder a mayor gloria de la figura de la femme fatale, encarnada aquí por la también grandísima Barbara Stanwyck.

La historia es la misma de siempre: mujer aparentemente amargada en su matrimonio embauca a un hombre que la ayuda a deshacerse del marido para poder ser rica y vivir los dos juntos, hasta que ella le da con la puerta en las narices.
Lo maravilloso del film de Wilder no deja de ser su capacidad hipnótica, sus luces y sus sombras, sus mentiras casi visibles (escenificadas en la escena de la puerta), su planteamiento de falta de honradez generalizada con la que nosotros mismos simpatizamos.


Porque al igual que con guionista de Sunset Boulevard, no podemos hacer otra cosa que congraciarnos con el agente de seguros que finalmente comete tantos crímenes como la embaucadora que lo seduce, con ese hombre llevado al mal que terminará precisamente como se merece por más que nos duela. Y es que todos nos hemos sentido atraídos por el lado oscuro alguna vez que otra... ¿o no?

jueves, 10 de septiembre de 2009

Destrozando a... Antichrist

Antichrist (Lars von Trier, 2009)


¡EXTRA!¡EXTRA! CONFIRMADO: A LARS VON TRIER SE LE HA TERMINADO DE IR LA PINZA.



El director estrenó hace pocos días en España Antichrist, su última producción, rodeada de polémica desde antes de su presentación en el último Festival Internacional de Cine de Cannes, habiendose convertido para muchos en la expresión fidedigna de la insanidad mental del danés.
Es bien conocida la afición de este director a rod
ar películas que a muchos resultan desagradables, según algunos expertos por su reconocida capacidad para explorar las miserias del alma humana y transmitir toda clase de sentimientos negativos a su audiencia.
Muchos tachan sus films de tramposos y artificiosos, mientras que otros alaban su capacidad para realizar dichas trampas en lo que suponen un conocimiento completo del arte cinematográfico. No obstante parece que el crédito del danés termina para muchos aquí.
Incluso alguno de los que alabaron obras como Bailar en la oscuridad o Dogville quedaron pasmados ante la "salvajada" y el "cúmulo de despropósitos" que a su juicio entraña esta producción.

Los mismos espectadores no dejan de reconocer la habilidad de von Trier "no sólo para mostrarlos, sino para activar los mecanismos de angustia más básicos", pero se preguntan "si había necesidad" de mostrar escenas violentas que incluyen incluso mutilaciones "sin que la cámara se aparte, incluso alguna casi a cámara lenta".
Para ellos es señal de que la megalomanía de von Trier y su afán provocador ha sobrepasado a su calidad como cineasta y manifiestan un arrepentimiento extremo por haber pagado una entrada "para ver semejante sarta de ideas confusas y vomitivas".


Ni siquiera el "disfrazar" la supuesta historia de la terapia de una mujer que ha perdido a su hijo y que realiza su propio marido de cuento de terror, salva las "incongruencias" y los "caprichos" del cineasta danés, según comentan estas mismas fuentes, que abogan por un ingreso psiquiátrico urgente para von Trier con la finalidad de "salvar algo, si se puede".
El director no ha podido realizar declaraciones a esta columna debido a la medicación.


miércoles, 9 de septiembre de 2009

Lo opuesto al sexo

Lo opuesto al sexo (Don Roos, 1997)

Tenemos a una Christina Ricci de buen año intentándo que todos olviden que es la protagonista de Casper, una Lisa Kudrow pretendiendo tener una carrera más allá de Friends cuando ya se preveía su final, un Martin Donovan queriendo que la gente dejara de relacionarlo con Hal Hartley y un director que quería hacer algo original.
Para ello dibujaron una serie de personajes bien caracterizados e incluso adorables en su repugnancia [donde por supuesto se lleva la palma Dedee, esa lolita entrada en carnes que no hace nada sin interés y que Ricci borda a la perfección], tenemos a esa lolita narrando la historia que queremos ver e insinuandonos lo que no queremos ver, tenemos que somos parte del juego perverso de la que nos cuenta su historia, tenemos una de las comedias indie mejor resueltas de los noventa... hasta que empezamos a hablar de sexo.
En un mundo cada vez más simplista no es de extrañar, y los ejemplos son muchos, que todos los directores modelnos puerilicen las relaciones interpersonales entendiendo que se limitan a un intercambio de fluidos en una idea tan cosmopolita como estúpida. En ese sentido el director, que definitivamente quiere ser modelno, llevan esa máxima a su esplendor aún incluso en contra del discurso que nos presenta y de las relaciones profundas que se establecen entre los personajes de su obra.


Que eso es absurdo, pues miren ustedes, sí... pero no menos que el periplo de una ciudad a otra que viven los protagonistas en busca de no se sabe muy bien qué, pero ,a pesar de lo que se nos cuenta, y gracias al cielo tenemos neuronas para percatarnos de ello, bastante más que un polvo como resumen de la vida afectiva de nadie. Faltaría más.

martes, 8 de septiembre de 2009

Inglorius Basterds

Inglorius Basterds (Quentin Tarantino, 2009)


Tarantino es uno de los pocos directores que tiene etiqueta personal en este blog, lo que ya quiere decir algo para el que todavía no se de cuenta. Por ello me cuesta tanto decir que probablemente estemos ante su peor película, pero es lo que hay.
Inglorius Basterds es la aproximación tarantiniana a una película bélica que, por supuesto, tiene de todo menos cine bélico. Lo difícil de entender, y más aún de explicar, es qué es lo que falla en una película que lo tenía todo para triunfar: complejidad argumental, lecturas varias, momentos inspiradísimos y la mano de alguien que, como poco, entretiene con todo lo que hace. Y puede que esa sea la dificultad.

Tarantino, el gran plagiador, tiene, como Beck, la habilidad para llevar a su terreno las más peregrinas ideas que se han ido observando en el cine, coge algo de cada uno de sus referentes y lo mezcla con cuidado para terminar haciendo algo sólo suyo... claro que no podemos hacerlo nuestro y además del resto todo a un tiempo.
Tarantino realiza la tercera parte de Kill Bill (con tanta referencia nos quedamos esperando que aparezca Elle Driver) pero olvida que Kill Bill es un cómic y que, siendo así, no puede tratarlo como una película seria.


El punto de partida es espléndido, la escena inicial parecería rodada por Leone, los múltiples personajes e historias dan ritmo, la planificación de las grandes escenas es espectacular, la estética y el uso de los idiomas está cuidadísimo... pero algo falla.
Todo el mundo, comenzando por él mismo, han señalado las prisas para acabar el rodaje y montar la película, y eso se nota. Parece que la película ha sido diseñada tan rápidamente que chirría por muchos sitios: los Bastardos están desdibujados, prácticamente no existen y podrían ser precindibles incluso, la sucesión de capítulos sin límite intermedio y con esos mismos golpes de efecto que en la historia de La novia (incluyendo canciones ya oídas en sus dos partes) resultan simpáticas pero confusas, el metraje es tan largo que parece que alguna de las larguísimas escenas no haya sido pensada para una obra finita... y por más bello que sea el discurso cinematográfico, pues al cabo de cine trata toda la cinta, resulta fuera de lugar en un juego tan cargado.
Que, visto lo visto en las carteleras, probablemente estemos ante una de las mejores películas que coincidan en estreno... pues posiblemente. Que podría haber sido mucho mejor... también, para qué negarlo. Así que yo, al menos, soñaré con la posibilidad. Una vez montada es lo único que me queda.
Eso sí, aquí les dejo el trailer.




lunes, 7 de septiembre de 2009

Little Britain

Little Britain y Little Britain USA (BBC y HBO)


Aunque también están Little Britain Abroad y el especial de navidad y el programa de radio...
O sea, que mientras nosotros tenemos a Aída, los ingle
ses tienen a Vicky Pollard, algo así como comparar la mortadela Mina con la siciliana, vamos... que sigue siendo el mismo embutido grasiento pero no hay color, quiero decir.
Little Britain, creado por los actores Matt Lucas y David Walliams comenzó como programa de radio, dio el salto la televisión, primero en Gran Bretaña y después en EEUU, e incluso llegó a tener un videojuego. Todo consistía en crear caricaturas más o menos tópicas a los que ellos mismos daban vida en forma de sketches con cierto tono surreal y con un sentido del humor que puede calificarse de cualquiera cosa menos elegante, con lo que conseguían, sin embargo, un grado de sutileza altísimo en lo que no era sino una burla de todos los tipos en que se basaban.


Así Vicky Pollard es una delincuente pandillera orgullosa de serlo, Daffyd Thomas niega la evidencia de no ser el único gay del pueblo para poder seguir quejándose sobre la homofobia, Marjorie Dawes maltrata a sus poco más pesados que ella pupilos en sus clases de autoayuda para gordos, Carol Beer esconde a una inepta vendedora a la que es el ordenador el que siempre dice no, Bubbles DeVere es una oronda ex-mantenida que miente para seguir viviendo del cuento, Andy Pipkin es un falso minusválido que no deja de putear a su amigo y cuidador Lou, Sebastian Love es un asistente del Primer Ministro británico enamorado de él y que no termina de extrañarse de que éste tenga una mancha blanca en el traje después de una entrevista con el Presidente de los EEUU... y por si fuera poco está ese narrador que tergiversa la historia y las leyes al más puro estilo Pyton diciendo algunas de las burradas más grandes que nadie ha podido oir en una pequeña pantalla.


Porque Little Britain es, ante todo, una crítca feroz y sin miramientos, reparte estopa para todos lados (incluyendo minorías, minusválidos, políticos, jueces, empresarios...) en un alarde de incorreción política que deja a Family Guy a la altura de un jueguecito para bebés, más que nada porque demuestra que hay cosas más allá del pedo, que las hay.

Texto de la semana


Y esto se repite una y otra vez. Como una danza macabra con la Muerte antes del amanecer. Y la razon es que la tormenta no es algo que venga de lejos y que no guarde relación contigo. Esa tormenta, en definitiva, eres tú.


Haruki Murakami, Kafka en la orilla.

domingo, 6 de septiembre de 2009

Aviso informativo

Con motivo de mi seudoparón postestival había decidido ordenar por fin mi vida. Pero como eso sigue sin ser posible, he decidido ordenar los contenidos del blog para saber de qué escribir cada día, y si, esta idea la he copiado...
Ni que decir tiene que no voy a mentir a nadie afirmando que voy a actualizar diariamente, sólo que cuando tenga algo que contar lo haré en el día correspondiente de la semana... o algo así.
O sea que los lunes citaremos libros o diálogos de cine en la Frase de la semana y hablaremos de televisión cuando corresponda, los martes y miércoles tocará cine (más o menos actual, más o menos valioso), los jueves continuaremos la carnicería, dejando los viernes para los Clásicos del séptimo arte (o lo que a mi me parezca que lo es, que para eso esto es una columna de opinión), los sábados recopilaremos música por ahí y los domingos los dejaremos para tratar de cine español. Pues más o menos.
Y para que nadie se queje, esta primera semana del resto de la vida de todos los que continuamos vivos nos traerá algo de Murakami, un poco de comedia británica, lo último de Tarantino (aún por estrenar), cine indie de los noventa, repetirá Billy Wilder, seguiremos con nuestro afán promocional de Astrud y recordaremos una de las primeras cintas de Miguel Albaladejo. Por no hablar del jueves, para el que hay un candidato seguro... sólo que puede cambiar si voy finalmente al cine a ver lo que he quedado en ver... un follón igual que siempre, vamos.
Les espero.


jueves, 3 de septiembre de 2009

Perdón por el retraso

Se me olvidó comentar que anoche decidí que este blog va a estar de descanso hasta el lunes. Es que eso de no tener vacaciones blogueras...

martes, 1 de septiembre de 2009

Resumen verano 2008

Como me di cuenta más tarde que pronto que no había hecho el resumen de julio, decidí juntar los meses de estío en este resumen que ofrezco a continuación... y que voy a hacer porque me acabo de acordar y toca, en realidad pensaba otra entrada que dejaré para mañana... un desastre como cada vez que me voy de vacaciones... Total, que con el calor no hemos tenido mejor cosa que hacer que hablar de:

Cine:
- La noche del cazador.
- Rojo oscuro.
- Ser o no ser.
- El pueblo de los malditos.
- Memento.
- El silencio de un hombre.
- Hamlet de Kenneth Branagh.
- Tres reyes.
- Luz que agoniza.
- Un día de furia.
- Tras el cristal.
- La novia de Frankenstein.
- Escándalo en el plató.
- Cómo casarse con un millonario.
- Gosford Park.
- El show de Truman.
- El extraño viaje.
- La reina anónima.

Música:
- Gling-Glo (Björk)
- Tres años harto (Astrud)
- Let love in (Nick Cave and the bad seeds)
- Turistas (Fila India)
- The flight of the conchords.

Televisión:
- The Big Bang Theory.
- Flight of the conchords.
- El misterio de Salem's Lot.
- True Blood.

Libros:
- Nocilla Dream.

Hemos tomado prestado trozos de:
- Metamorfosis (Ovidio)
- Una mirada atrás (Edith Wharton, gracias a Lo que Sócrates diría a Woody Allen)
- Las Argonáuticas (Apolonio de Rodas)
- El arte de amar (Ovidio)
- La comunidad (Alex de la Iglesia)
- In treatment.
- The Big Bang Theory.
- Gosford Park (Robert Altman)
- Sin noticias de Gurb (Eduardo Mendoza)

Y hemos despellejado (más o menos) a:
- Asesinos natos.
- El verano (en sí)
- La informática (y microsoft, one more time)
- El hijo del Caíd.
- Sin noticias de Dios.
- Demasiada carne.
- Top Gun.
- La hoguera de las vanidades.
- La roca.

Creo que no se me olvida nada... perdón si así sucede. Mañana más (y por supuesto, siempre mejor, faltaría más...).