jueves, 29 de enero de 2009

Destrozando a... Braveheart

Braveheart (Mel Gibson, 1995)


Con esta se que me van a caer hostias como panes, pero estoy dispuesto a aguantarlas. No puedo con ella. Que es mucho mejor película que la mayoría de las damnificadas en esta sección es algo que puedo permitir, pero esa especie de admiración que escucho de vez en cuando (de hecho, ayer mismo, y es lo que me ha decidido) al maniqueísmo de toda la cinta me pone los pelos como escarpias.
A pesar de que reconozco que Gibson tiene talento para dirigir (que como individuo sea deleznable ya es otro cantar), su obsesión por lograr el dramatismo en base al posicionamiento de buenos-buenísimos y malos-malísimos, discursos emocionantes de tipo político y secuencias ralentizadas como únicos medios resulta tan vago y tan infantil que el resto del metraje a mi no me vale para nada (y digo a mi). Además de la ridiculización del hijo del rey marica (la vi hace años, no me pidan que recuerde el nombre porque ni ganas que tengo) que me puso de los nervios por razones más que obvias. No se puede pretender hacer algo grande y riguroso y luego hacer chistes zafios en base a creencias fascistoides.
Ahora toca que ustedes me lapiden. Ahí abajo.


2 comentarios:

dvd dijo...

A mí no me gusta. Lo cierto es que ni siquiera he podido verla entera, de un tirón. Un día vi el final, otro el principio, una escenita por aquí, otra por allá... No me emociona lo más mínimo. Sigo pensando que su mejor película es EL HOMBRE SIN ROSTRO, porque, al menos, es la menos pretenciosa, la más humilde, que en el caso de Gibson es mucho decir...

RFP dijo...

¿A que sí? Menos mal que no estoy solo.