domingo, 7 de diciembre de 2008

Manderlay

Manderlay (Lars von Trier, 2005)

Continuación natural, en todos los sentidos, de Dogville (reseña en estas mismas páginas pinchando aquí, de vez en cuando escribo estupendamente), es deudora, por tanto, de todos sus aciertos y errores. Más condescendiente quizá, algo menos cruel con el género humano, la parte de la triología americana de von Trier dedicada a la libertad, y que ya comienza con la imposición de Grace, la hija del ganster que huía de Dogville tras el desolador final de la anterior, de dicha libertad a los esclavos de la plantación de Manderlay, esa imposición de la democracia que nadie quiere, gansters de por medio, adolece sin embargo, de una menor implicación moral, se centra más en la historia pura y deja algo de lado el afán corrector de von Trier, cosa que, sin embargo, no da los resultados esperados.
Y no los da por tres motivos. Primero porque como historia dos horas y media le vienen largas, por mucho que von Trier intente rellenarlas con las mismas exageraciones dramáticas tramposas que tan bien le funcionan siempre (conmigo también, lo reconozco), pero que ya le empezamos a conocer. Segunda porque, si bien el planteamiento físico, ese casi teatral puede resultar original la primera vez, la repetición le quita fuerza y poder. Y sobre todo porque, tras Dogville, ya conocemos a Grace, no nos la creemos, sabemos de sus defectos, y no cae especialmente bien en esa falsa bondad suya que lo único que esconde son sus propias ansias de sobresalir. Por ello mismo la película flaquea en la humanidad que era donde Dogville triunfaba, en esa identificación con la protagonista que hacía que en Dogville se pusieran los pelos como escarpias y que aquí ya no es posible porque la hemos descubierto. Y sin hablar de la trama social que es en Manderlay mucho más vacua, abandonándose el metraje prácticamente a las disertaciones y descubrimientos de la propia Grace sin ahondar más que en lo anecdótico en los personajes que la rodean.


Pero no hay que quitárle todo el mérito. El estudio que quiere realizar von Trier acerca de esos esclavos que eligieron seguir siéndolo resulta fráncamente interesante, sobre todo como mensaje para todos esos que pretenden, como Grace, imponer la "libertad", los actores están estupendos, y sigue resultando hasta cierto punto reveladora de la crueldad (aunque sólo hasta cierto punto).
Si que von Trier, que todavía no ha terminado la tercera parte de la vida de Grace, debería plantearse que si ya con la segunda dio el bajón que dio, lo mismo la fórmula está algo gastada y debiera modificar alguna cosa. Porque además lo más polémico de la película (von Trier es parte de lo que busca, no nos engañemos) fue el polvo interracial (en fin, hay gente que se escandaliza con poco) y la historia del burro que mataron para el rodaje (escena que no se añadiría finalmente al montaje final) porque von Trier es así de guay. ¿Será que nos vamos quedando sin ideas?

2 comentarios:

dvd dijo...

Von Trier es capaz de llegar hasta a realizar culebrones existenciales... Piénsalo...

Groupiedej dijo...

Nunca hubo mejor definición, yo es que lo de sintetizar lo llevo regular, pero es lo que quería decir...