sábado, 11 de octubre de 2008

Clerks

Clerks (Kevin Smith, 1994)

O cómo la escasez de recursos agudiza el ingenio. Si es que la riqueza en el mundo no se reparte por eso, para que no nos volvamos tontos. Y vosotros que pensabais que Botín era avaricioso... mal pensados.
Diatribas políticas aparte, Clerks es la demostración primaria de que lo mismo hecho con más dinero no da mejores resultados. Porque todas las películas posteriores de Kevin Smith son Clerks versionadas, con mayor o menor acierto. Quizá la única que la supere, quizá digo, es Persiguiendo a Amy, que procuraré recordar para comentar cuanto antes, porque se centra más en la relación afectiva y no hay tanto batiburrillo de asuntos como en el resto. Pero por lo demás, todo lo hecho posteriormente es peor que Clerks, cuando al final está tratando lo mismo.


Con una premisa que usaría un par de años después Paul Auster para que Wayne Wang dirigiera la fantástica Smoke, pero siete u ocho o nueve veces menos dinero, Smith realiza un retrato de la parte de la sociedad que conoce y le interesa a través de un día en la vida de un cajero, Dante, que tiene que ir a trabajar su día libre, y los pintorescos personajes que se van cruzando con él, incluyendo a su mejor amigo, Randal, cajero del videoclub de al lado, y lo opuesto a él en intenciones y maneras, probablemente el mejor personaje de la película.
Las diserciones del film, tanto explícitas como tácit
as, se dedican a lo mismo de siempre en el cine de su director: las relaciones de pareja y los malentendidos que en ella se dan por las diferencias en calificación de actos sexuales; la amistad masculina como sustituta primera de una homosexualidad latente que aquí queda más o menos reflejada en los gustos pornográficos de Randal; iconos de la cultura pop expuestos a la discusión; adultos inmaduros que se empeñan en no responsabilizarse de sus vidas; chistes y más chistes acerca de superfluosidades; el tabaco, la maría, el resto de drogas, el sexo, el sexo, el sexo... y Jay y Bob el Silencioso cuando todavía traficaban. Y la cotidianidad de la ciudad, que lleva a que finalmente aquello parezca un pueblo donde todo el mundo se conoce y todo el mundo sabe las dificultades del resto de gente.


Diálogos ingeniosos para una comedia ágil y muy divertida que se aleja de los grandes temas para tratar de ese tema tan insignificante que es lo que hacemos con nuestra vida. Con dos duros muy bien utilizados Smith crea una película generacional que, afortunadamente para ella, no lo fue. Por eso no ha caído en el ridículo y sigue conservándose tan fresca. De Reality bites hablaré cualquier jueves de estos.

3 comentarios:

Justo dijo...

La he visto un porrón de veces. Es de mis películas favoritas de los 90 -me gustan también las dos siguientes de Smith, pero ésta la que más-.

¡Y la escena en el cuarto de baño, al final! La copiaron hasta en Los hombres de Paco.

Lo que tú dices, donde esté el ingenio, y las ganas de contar cosas.. Un abrazo.

RFP dijo...

Soberbia, soberbia... como casi todo el film. Una pena que luego haya decaído tanto. Mallrats me gustó, aunque menos, Persiguiendo a Amy me parece otra joyita, y después... mejor no hablar.

Chito dijo...

Buena reseña, para mí sigues siendo también la mejor de Smith, y con Mallrats me reí mucho.
Esta claro que en el cine al menos, el dinero no lo es todo.