miércoles, 30 de julio de 2008

20 centímetros.

20 centímetros (Ramón Salazar, 2005)



Teníamos todos los ingredientes para poder haber hecho una estupenda película. Desafortunadamente a Ramón Salazar le dio por tomarse en serio un planteamiento que sólo hubiera servido para una película insustancial y frívola, y salió esto que he visto últimamente. Y es que ya me temía que no me iba a gustar.
Lo supe desde el preciso momento en que vi Piedras, ya estrenada estos 20 centímetros, en casa de un amigo a quien le encanta este director (son malagueños los dos, sospecho que se conocen, aunque él siempre me lo negó). Piedras es un ejercicio de futilidad, de intentar dar profundidad a lo que no lo tiene quedando a medio camino de la nada. El tema está en que también contaba con todos los ingredientes para ser buena, pero no llegaba siquiera a decente, todavía no se muy bien por qué porque por supuesto no la he vuelto a ver.


Eso mismo le pasa a esta película. 20 centímetros podría haber sido buena, tenía todo lo que había que tener para hacer una buena película de cierta originalidad (incluido un presupuesto más que digno), pero acabó siendo un querer y no poder. Y lo es porque adolece de la misma dificultad que Piedras, intentar servirse de elementos frívolos pero a la vez hacer una película profunda. Los personajes quedan en clichés desdibujados, la estética videoclipera no ayuda para el desarrollo de una historia dramática, todo queda en meros sketches sin orden ni concierto, donde se entremeten unos números musicales inconexos, incoherentes y con estilos antagónicos en ocasiones, que no tenemos muy claro qué querían decir... para terminar de configurar un film arrítmico, plomizo y deslabazado, que queda a medio camino entre el melodrama y la comedia petarda sin gracia. Para lo que se sirve además de homenajes/plagios como la diferencia de fotografía entre las escenas de la realidad y las ensoñaciones de la protagonista que dan lugar a los números musicales (¿Sólo yo me acordé de Bailar en la Oscuridad?). Si que es cierto que puntualmente hay momentos brillantes (como el número musical de True Blue, divertidísimo, algunas interpretaciones, como la de Lola Dueñas, la escena de Cervera con la familia de Puyol e incluso algunos diálogos, como los establecidos entre Puyol y Cervera: "Yo a ti muy activo no te veo"), pero no es suficiente para sostener todo el metraje.
Teniendo en cuenta Hongos, corto estupendo del mismo director, me hace plantearme el qué es lo que le pasa a la gente a la hora de hacer largos. Si es que se les acaban las ideas o si es que no dan para más de quince minutos. Habrá que seguir investigando.

P.D. He encontrado probablemente lo mejor de toda la película, una foto de Pablo Puyol en bolas. Que la disfruteis los interesados.



2 comentarios:

Justo dijo...

Pues te doy la razón. "Piedras" me decepcionó -¡aunque tiene muchos defensores, no creas!- y ésta tb me dejó a medio gas, aunque creo que hay escenas buenas.

Y a mí me encantó el número marisolero en plena gran vía.

Groupiedej dijo...

Yo me quedo con el de True Blue, como ya he dicho, pero si que los números musicales sean lo mejor... por mucho que no peguen ni con cola. Con respecto a los defensores de Piedras, efectivamente, son muchos, y muy pesados. El problema es que no tienen razón.